domingo, 26 de noviembre de 2017

‘The Deuce’ / El sexo y el Nueva York más sórdidos


Maggie Gyllenhaal

‘The Deuce’, el sexo y el Nueva York más sórdidos

La serie de HBO tiene lo mejor y lo peor de las series de David Simon. Es David Simon 100%






Maggie Gyllenhaal
NATALIA MARCOS
14 NOV 2017 - 14:30 COT

David Simon no hace series fáciles ni para todos. The Deuce, su última creación junto a George Pelecanos, tampoco lo es. La recién terminada primera temporada, que se puede ver al completo en HBO España, traslada al espectador al Nueva York de los años setenta en una producción donde se nota el poderío económico que la cadena ha puesto al servicio de uno de sus creadores estrella, de esos que le dan caché para poder seguir presumiendo de no ser televisión, sino HBO, como rezaba aquel famoso eslogan.

Show Me a Hero / David Simon vuelve a las calles de HBO



David Simon vuelve a las calles de HBO

El creador disecciona en ‘Show Me a Hero’ las miserias de la política


PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL
Los Ángeles 14 AGO 2015 - 12:49 COT




El actor Oscar Isaac, en una imagen de la miniserie 'Show Me a Hero'.
Una nueva serie de David Simon ve la luz con todos los elementos de su marca personal. El creador de The Wire y Treme presenta en el canal HBO la miniserie Show Me a Hero, que en España se podrá ver en Canal + Series de forma simultánea a Estados Unidos en la madrugada del 16 al 17 de agosto a las 2.00 y se volverá a emitir el lunes a las 22.30 en versión original subtitulada. De nuevo, Simon se sirve de un microcosmos de personajes alrededor de la política local para crear una alegoría sobre problemas de fondo. En este caso, Simon utiliza un episodio de política local en los años ochenta para hacer “una alegoría de los problemas raciales de Estados Unidos”, en palabras del propio creador.

Baltimore / El final del sueño americano



Baltimore: el final del sueño americano


Carlos Mármol 
16 de abril de 2012 a las 6:03
El célebre autor de The Wire fue periodista antes que guionista. En Homicidio nos explica cómo funciona la vida real en las urbes de los Estados Unidos.
Lo primero que hay que hacer, si se quiere sobrevir, es aprender a pisar el suelo que está bajo tus pies. Patear las calles. Mirar correctamente hacia determinadas esquinas oscuras. Todo lo demás viene solo: consiste en saber ver, escuchar, ser capaz de reproducir con cierto grado de verosimilitud la vida real –cazar al vuelo algunos diálogos, revivir ciertas puestas en escena, experimentar algunos desengaños– y esperar. Sobre todo esperar. Todo el rato. El tiempo y los detalles secundarios son los que dan solidez a los buenos relatos.
Si el periodismo, este oficio tan noble y tan en cuestión en estos momentos difíciles, tiene algún futuro no está ya –quizás– en los diarios impresos, ni siquiera en las tabletas tecnológicas que nos vende la empresa de Steve Jobs. Está en los libros. Un formato secular –los hijos de Gutenberg– que todavía es perfecto. Imbatible. El periódico se hace liviano, se llena de políticos y de compromisos. La televisión y la radio nos reproducen sin descanso el parte oficial con todas sus manipulaciones incluidas. Nadie, sin embargo, nos cuenta la vida más inmediata: esa inmensa espiral que nos pasa por encima casi sin darnos cuenta. Nos quejamos de que la gente ya no quiere pagar por leer las noticias. ¿Pagaríamos nosotros por lo que le damos? Lo dudo.
David Simon, lanzado a la fama por su trabajo como guionista en algunas míticas series de televisión –The WireTreme–, fue fraile antes que cura. Esto es: periodista de calle antes de convertirse en el nuevo Homero de las películas por cable. Y se nota: en los trece años que pasó en la redacción de The Baltimore Sun, el diario del que le despidieron en una de las habituales reducciones de plantilla que los ejecutivos norteamericanos perpetran cuando no saben ya cómo reducir los gastos ajenos, ignorando que el problema de los medios escritos no es financiero, sino que se trata de una profunda crisis identidad, aprendió algunas de las nociones básicas para desenvolverse en la tarea –apasionante– de contar historias de gente ordinaria que trascienden lo anécdótico para plantar ante nuestros ojos, atónitos, el cáncer en que se ha convertido la sociedad. Un género que los periódicos, extrañamente, han abandonado por completo para contar la endogamia de un mundo oficial que no le importa a (casi) nadie.
Parte de ese fondo de comercio periodístico lo volcó en Homicidio, un libro primerizo que escribió en el año 1991 y que no ha visto la luz en español hasta 2010, cuando la editorial Principal de Los Libros lo publicó. Un buen ejemplo de periodismo puro. Sin retoques. Sin carpintería. Directo y al cuello. Le duela a quien le duela. Algo que ya casi no se encuentra. Fue un éxito (en Estados Unidos, claro) y tuvo hasta su secuela: La Esquina, también publicado en español por la misma casa y firmado por Simon junto a Ed Burns, un viejo policía. Juntos relataban al detalle lo que ocurría en la esquina de las calles Fayette y Monroe, en Baltimore (Maryland). Dicho en pocas palabras: las transacciones tóxicas y vitales de un supermercado de la droga abierto las 24 horas del día que aporta los únicos ingresos reales a un barrio que se muere. Dólares ensangrentados; puro capitalismo a escala básica. La rueda del beneficio perpetuo, que no deja de girar sin importar las consecuencias y los daños colaterales. Una realidad pertinaz contra la que los discursos de los políticos y las buenas intenciones se derrumban. Siempre.
La novela Homicidio trasciende la historia concreta de La Esquina. En lugar de ceñirse a un barrio, nos cuenta cómo es la vida en una ciudad –Baltimore– que, además de ser cuna de Edgard Allen Poe, poeta asombroso, primer escritor de novela negra del mundo, es la urbe de Estados Unidos con mayor índice de criminalidad y violencia por metro cuadrado. Pura estadística. El reverso de un sueño que se tornó hace tiempo en pesadilla. Es una ciudad portuaria, claro. Una ciudad donde la mayoría de la población es de raza negra y donde los crímenes se suceden como la lluvia en los días de invierno.




Simon se empotró durante más de un año en la unidad de homicidios de la ciudad. Técnicamente, era como un policía más. Aunque en realidad su papel era funcionar como una grabadora humana: registrar todo, jerarquizarlo, darle forma y plasmarlo después en un libro (en América estos trabajos todavía se becan) que cuenta el lado más oscuro del Imperio. Un mundo donde la vida no vale nada si de lo que se trata es de obtener algún tipo de beneficio de la necesidad de los demás.
El libro es pura literatura negra. Mejor dicho, periodismo negro. Aunque en realidad el adjetivo es innecesario: el periodismo blanco sencillamente no es periodismo, son efemérides. Está contado como una gran novela coral, pero el relato del Baltimore portuario, donde los huesos de Poe se pudren en un hermoso cementerio parroquial, es absolutamente fiel a la agria realidad. Los policías son héroes involuntarios e imperfectos –los únicos héroes posibles– y los delincuentes son víctimas que matan a otras víctimas. A esto se reduce todo. Una perfecta tragedia griega pero en los tiempos modernos.
Por supuesto, la trama está estructurada para cazar al lector: entre el sinfín de fiambres que pueblan las páginas de la novela destaca, como principal hilo conductor, el extraño asesinato de una niña de once años que, frente a otras desgracias violentas, parece despertar cierto grado de humanidad, si es que la compasión es realmente un sentimiento noble, tanto en los duros agentes de homicidios –acostumbrados a librar con la muerte a diario– como en muchos de los propios traficantes que te dispararían sin dudarlo por cualquier incidente del negocio de las drogas. Nobleza involuntaria, tácita. Lo dijo hace tiempo Dylan con otras palabras: “Para vivir fuera de la ley, hay que ser honesto”.
Todos los personajes siguen sus particulares recetas para sobrevivir en mitad del caos. Todos tienen su propio decálogo para salvar el pellejo en un mundo en el que cada uno va a lo suyo. Los policías, los primeros. Su mayor sabiduría –saber leer lo que dice la calle– se resume en un fantástico catecismo cuyos mandamientos dan una idea de la titánica tarea a la que se enfrentan.
Dice así:
“1) Todo el mundo miente. Los asesinos mienten porque es lo que tienen que hacer; los testigos mienten porque es lo que creen que tienen que hacer, y los demás mienten por el mero gusto de hacerlo y para no desobedecer la norma general de que no hay que dar información a un policía.
2) La víctima es asesinada una vez; la escena del crimen puede ser asesinada miles de veces.
3) Las primeras 10 ó 12 horas después de un asesinato son vitales para el éxito de la investigación.
4) Si dejas a un hombre inocente en una sala de interrogatorios se quedará despierto, frotándose los ojos; si dejas a un hombre culpable en el mismo sitio, se dormirá.
5) Ser bueno es bueno; tener suerte es mejor”.
Y así hasta la décima regla. Afortunadamente, está llena de esperanza.
“10) No existe el crimen perfecto”.
Todo un consuelo.

http://blogs.grupojoly.com/disidencias/2012/04/16/baltimore-el-final-del-sueno-americano/






sábado, 25 de noviembre de 2017

Lope de Vega, el dramaturgo de las aventuras galantes


Lope de Vega según 


Lope de Vega, el dramaturgo de las aventuras galantes

La vida convulsa y mujeriega de uno de los máximos representantes del Siglo de Oro contrasta con las 5.000 obras que escribió


ALBERTO LÓPEZ
25 DE NOVIEMBRE DE 2017

Lope de Vega es uno de los escritores más importantes del Siglo de Oro y, por extensión, de la literatura española. El llamado 'Fénix de los ingenios', 'Ingenio de España', 'Poeta del cielo y de la tierra' y hasta 'Monstruo de la Naturaleza', este último apelativo de Miguel de Cervantes a pesar del gran enfrentamiento que mantuvieron, renovó las fórmulas del teatro español en un momento en el que comenzaba a ser un fenómeno masas. De hecho, tiene tanta relevancia su figura que sus obras siguen representándose en la actualidad y constituyen una de las más altas cotas alcanzadas en la literatura y las artes españolas.

David Simon / “Soy un espectador de televisión terrible”

David Simon


David Simon: “Soy un espectador de televisión terrible”

El creador de 'The Wire' cuenta con un presupuesto de 12 millones para el piloto de su nueva serie



 "Los guionistas en el cine no tienen el control. Y yo quiero tener el control, dar el visto bueno final. En el cine, una vez que les das el guion de la película, ya no te necesitan, ya tienen el guion. En la televisión, te necesitan porque no saben cómo acaba la historia"

NATALIA MARCOS
Barcelona 9 ABR 2016 - 17:50 COT



David Simon, el viernes en Barcelona.
David Simon, el viernes en Barcelona. XAVIER TORRES-BACCHETTA


¿Qué más puede desear hacer en televisión el hombre que hizo historia con The Wire? "Yo no lo siento de esa forma, lo veo como que tuve una racha muy buena pero siempre hay más historias que contar. Es increíble la velocidad a la que pasa el tiempo y los proyectos necesitan tiempo para hacerse. No puedes llegar a todo. Y si quieres contar buenas historias necesitas tiempo. Para mí, The Wire es... me impresiona la cola que ha traído, lo lejos que ha llegado".


David Simon (Washington D.C., 1960) recibe a EL PAÍS en un bar de Barcelona, ciudad a la que ha acudido como estrella invitada del Serielizados Fest. En la televisión estadounidense, los guionistas son las estrellas, y él, como responsable de la que muchos consideran la mejor serie de la historia, lleva a sus espaldas dos días llenos de actos, charlas y entrevistas. No oculta su cansancio, pero sigue atendiendo a las diferentes peticiones con plena disposición. No parece que le guste pontificar sobre la televisión y se muestra modesto cuando se alaba una carrera en la que ha firmado historias como la mencionada The Wire, TremeThe Corner o Show Me a Hero, avales suficientes para que su próximo proyecto, The Deuce, centrado en el surgimiento del mercado del porno en la Nueva York de los años setenta y ochenta y que se grabará entre mayo y octubre de este año, vaya a contar con un presupuesto de 12 millones de dólares solo para su capítulo piloto.

Simon defiende una forma de hacer televisión que no se preocupa por gustar a todo el mundo. Ya es mítica su frase "que se joda el espectador medio". "En realidad es 'que se joda el espectador casual", puntualiza. "No creo que sea un buen consejo para un canal en abierto; ahí probablemente sería contraproducente decirlo y hacerlo. Pero me da igual. Si puedes estar haciendo la colada, ir al baño y seguir viendo la serie como si nada, no me interesa. Ya me entiendes, yo no leería un libro en el que los capítulos son intercambiables. Estamos pidiendo a la gente que invierta mucho tiempo en nuestra serie. Así que nos lo tenemos que tomar en serio".

Simon se describe a sí mismo como un contador de historias ("eso es lo que soy, puedo contar una historia muy bien"). Y también como un terrible espectador de televisión. "No veo suficiente televisión, y normalmente veo las series después de que mis amigos me las recomienden. Necesito que la historia tenga un principio, un desarrollo y un final, un tema, una buena evolución de los personajes y del guion... Por eso vi Los Soprano, Deadwood o Breaking Bad después de que se emitieran. Prefiero esperar. Soy un mal espectador de televisión. HBO necesita gente que la vea y aquí estoy diciendo yo a la gente que se conviertan en unos espectadores terribles...", reflexiona tras incidir en las bajas audiencias que The Wire tuvo en su momento. "Para ser justos, y aunque mucha gente dice que le gustaría que toda la televisión fuera así, demostramos también que hay cosas que no funcionarían en la televisión tradicional. La gente vio la serie porque existen los DVD y había funcionado el boca a boca", recuerda.








El guionista David Simon.
El guionista David Simon. XAVIER TORRES-BACCHETTA


Exreportero de The Baltimore Sun, Simon reconoce que a veces echa de menos ejercer como periodista. "Lo pasé muy bien, y echo de menos eso de estar en la calle y ser reportero. Es una buena forma de gastar el tiempo". De trabajar en el periodismo local y de sucesos durante 13 años pasó a la televisión para adaptar sus libros Homicide: A Year on the Killing Streets y The Corner, coescrito con Ed Burns. De ahí a The Wire y de The Wire, al Olimpo de la televisión. Ahora, HBO sigue confiando en su talento a pesar de que sus historias no incluyen lo que, según él, la gente busca en la televisión: zombis, sexo, romance... "Si te quieres alejar de eso, tienes que hacerlo con mucho cuidado".
Parecería lógico que alguien como David Simon tratara de dar el salto al cine. Sin embargo, no le llama lo más mínimo. "Los guionistas en el cine no tienen el control. Y yo quiero tener el control, dar el visto bueno final. En el cine, una vez que les das el guion de la película, ya no te necesitan, ya tienen el guion. En la televisión, te necesitan porque no saben cómo acaba la historia", concluye.

El tiempo para la entrevista se acaba y David Simon está cansado. Antes de poder retirarse a descansar posa para alguna foto más y atiende a algún fan. Al fin y al cabo, es historia de la televisión.





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The Wire / Serial / Las malas calles de Baltimore


Las malas calles de Baltimore

Con su retrato de la violencia urbana, las series de 'The Wire' y 'Serial' han puesto a la ciudad en el centro de la narrativa en EEUU


GUILLERMO ALTARES
Madrid 28 ABR 2015 - 09:55 COT




Baltimore
Un chico frente a la policía, durante las protestas del lunes en Baltimore.  AP

Dos de los productos más interesantes e influyentes de la cultura popular estadounidense de los últimos años tienen como escenario Baltimore, la serie The Wire y el podcast de la radio pública NPR Serial, que relata la investigación de un crimen que tuvo lugar en esta ciudad de Maryland en 1999 y que mantuvo en vilo a millones de oyentes el año pasado. No es una casualidad. Al igual que el peligroso Nueva York de los años setenta y ochenta planeó sobre la ficción estadounidense como un símbolo y un síntoma de lo que ocurría en el país —Tarde de perros, de Sidney Lumet, o Malas Calles, de Martin Scorsese, son los ejemplos más conocidos—, Baltimore, escenario de violentos enfrentamientos tras un episodio de brutalidad policial, ocupa ahora ese lugar.
A través de personajes que se han convertido en iconos como el policía Jimmy McNulty y su compañero de patrulla Bunk, el teniente Daniels, el ladrón de traficantes Omar o el barón local de la droga que decide aplicar técnicas modernas de marketing a su negocio, Stringer BellThe Wire, que HBO emitió entre 2002 y 2008, significó un enorme salto adelante en el mundo de las series. Además de ser una estupenda historia de gansters a la vieja usanza, era un retrato despiadado de una ciudad que no funcionaba. Su autor, David Simon, es un periodista que conocía muy bien los bajos fondos de la ciudad, que retrató en su libro Homicidio, que también fue una serie. The Wire es su hermana mayor.
David Simon

Cada una de las cinco temporadas retrata un aspecto de la urbe: los traficantes de droga, el puerto, la política, la educación y la prensa. Y en cada una de ellas el cataclismo es mayor. La burocracia entierra las investigaciones policiales, nadie controla de verdad uno de los puertos más importantes de la costa este, los barrios de casas quemadas o con sus puertas y ventanas clausuradas con tablas de contrachapado están dominadas por bandas y traficantes, el sistema educativo es incapaz de sacar a los chavales de la tela de araña social en las que están atrapados y la prensa, en crisis, no tiene medios para relatar a los ciudadanos lo que ocurre a su alrededor.
David Simon ha realizado este martes en su blog un llamamiento para tratar de frenar la violencia en su ciudad en el que reconoce que muchos de estos problemas siguen marcando Baltimore. "Dad la vuelta. Volved a casa. Por favor", escribe en un breve texto en el que asegura "que hay muchos problemas sobre los que discutir, debatir, a los que hay que enfrentarse". "Este momento, que parecía tan inevitable, puede acabar siendo transformador, si no redentor para nuestra ciudad. Los cambios son necesarios, hay voces que deben ser escuchadas. Todo esto es cierto y todo esto es posible, a pesar de lo que se ha desatado ahora en nuestras calles. Pero ahora toda esta violencia debe detenerse", prosigue este guionista, que como reportero de sucesos pasó muchas horas en las malas calles de Baltimore. Como demuestra el estallido que se ha apoderado de la ciudad después del entierro de Freddie Gray, un joven negro que murió bajo custodia policial, todo lo que contó en The Wire sigue ahí.

Serial, la serie de Podcast —programas radiofónicos descargables en el móvil o el ordenador— de la periodista Sarah Koenig, es muy diferente a The Wire. No es un relato que trate de englobar toda la ciudad aunque sí emergen muchos de sus problemas. Lo que hace Koenig es desmenuzar con enorme precisión todas las circunstancias que rodearon la condena de un adolescente de origen paquistaní, Adnan Syed, por el asesinato de su novia, Hae Min Lee. Uno de los escenarios de la serie, que era descargada por millones de personas en todo el mundo y que se convirtió en un fenómeno inusitado, es el parque Leakin, donde fue encontrado el cuerpo de la víctima. Koenig resume este escenario en una frase que lo dice todo: "Es conocido por sus cadáveres".
Preguntada por The Baltimore Sun sobre el retrato de la violencia urbana que refleja su serie, la periodista respondió: "En cualquier juicio con jurado que se celebre en Baltimore que esté relacionado con violencia, ya sea asesinato o asalto, uno se da cuenta de lo que ocurre en la ciudad cuando se pregunta a los posibles candidatos durante la selección: '¿Conocen a alguien que haya sido objeto de un crimen?' y de repente decenas de personas se levantan y se ponen en fila para hablar con el juez: 'Sí, a mi hermano le dispararon, a mi tía la violaron".
La violencia retratada en The Wire o Serial ha vuelto a estallar en las calles, la creación cultural se ha vuelto a apoderar de la realidad, como ocurrió en Nueva York durante los setenta y ochenta. El año más violento es ahora el de Baltimore.
EL PAÍS






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