viernes, 13 de marzo de 2026

Un letrista alcohólico y un jugador de ping pong insoportable, por el Oscar a mejor


Ambos eran de origen judío -cosa que siempre le ha gustado a Hollywood- y ambos frecuentaron las calles de Manhattan. Uno de ellos solía estar en Sardi’s, un bar cerca de Times Square donde se reunía la flor y nata del teatro de Broadway (todavía existe) y el otro se codeaba con jugadores de tenis de mesa y apostadores en el Lawrence’s, un local clandestino a solo unos diez minutos a pie (ya desaparecido). Uno tuvo un éxito enorme en los años treinta; el otro a partir de los cincuenta. Y ambos, para bien y para mal -caracteres vulnerables, explosivos, a veces insoportables- fueron, en lo suyo, inolvidables.

Se trata de Lorenz Hart, uno de los mejores letristas de musicales de todos los tiempos, y de Marty Reisman, el mejor jugador de tenis de mesa estadounidense… también de todos los tiempos. El primero está interpretado porEthan Hawke en la película Blue Moon y el segundo por Timothée Chalamet en Marty Supreme. Los dos aspiran al Oscar a mejor actor en la gala que se celebrará este domingo. Es una de las grandes disputas “oscariles” de la noche con permiso de Michael B. Jordan por su papel en la megafavorita, Sinners

Alcoholismo y desamor

Por supuesto, son dos biopics muy a la estadounidense porque prácticamente nadie los conoce por estos lares. Ellos son muy de bucear en sus personajes, aunque estén al margen de lo más mainstream. Pero desde aquí es interesante sumergirse en ambas figuras por su legado y por su personalidad. Arrasadora y no siempre para bien. 

Lorenz Hart nació en Harlem (EEUU) en 1895 y era hijo de una familia que había hecho dineroy que le escolarizó en colegios privados. Desde muy joven acudió al teatro, que sin duda era una de las grandes actividades ociosas de su época. Le gustaba escribir y por eso se matriculó en periodismo, pero le tiraba más la ficción que la realidad. El gran cambio de su vida ocurrió al conocer a Richard Rodgers (en la cinta está interpretado magistralmente por Andrew Scott) en la Universidad de Columbia a mediados de los años diez, ya que enseguida se pusieron a componer. Les costó llegar, pero cuando llegaron… la escena fue suya. 

placeholderEthan Hawke como Lorenz Hart junto a Margaret Qualley, como una de sus admiradoras en la cinta 'Blue moon'.
Ethan Hawke como Lorenz Hart junto a Margaret Qualley, como una de sus admiradoras en la cinta 'Blue moon'. 

Su primer gran éxito fue The Garrick Gaietiesde 1925. Era una parodia de los temas de actualidad de Nueva York: se metían con cómo funcionaba el metro, por ejemplo, o con el propio Teatro Guild que les producía… O criticaban al presidente del Gobierno, Calvin Coolidge. O el famoso juicio de Scopes (se llevó a juicio a un profesor por enseñar evolución humana: eso era EEUU y sigue siendo). Es probable que no se conozca, pero tiene alguna canción como Manhattan, que habla de los placeres que traía consigo la ciudad, que si la escuchan no les sonará extraña. 

En realidad, muchas de sus composiciones. Sus grandes éxitos llegaron en los años treinta cuando crearon un musical muy moderno -muchas cosas han llegado a nuestros días- y que no se limitaba a hablar (y cantar) frivolidades. A Hart le gustaba la polémica y tocar temas serios. Por ejemplo, Babes in arms (1937), que luego sería una película más descafeinada (1939) tiene fuertes connotaciones políticas -hay hasta un personaje comunista y un par de afroamericanos- y por él revolotean toques de Nietzsche. E incluye My funny Valentine, una de las más conocidas canciones de jazz.

Hart también introdujo el musical más recitado y menos cantado, es decir, más conversacional. Y compuso Blue Moon (Blue moon, you saw me standing alone/ Without a dream in my heart/ Without a love of my own…), un completo hit que sigue deslumbrando a día de hoy. Ya triunfó cuando apareció por primera vez en 1934 y Hart -esto se cuenta en la película- se hartó un poco de él porque a él, en realidad, lo facilón no le gustaba demasiado. No vería, no obstante, en qué se llegó a convertir: lo cantó Elvis Presleyen 1954 y lo reventó; los Marcels, con su estilo Doo-Wop lo llevaron al número uno; después llegarían Frank Sinatra, Billie Holiday, Ella Fitzgerald… Y nadie hasta la fecha ha dejado de cantar Blue Moon, una de las canciones más tristes y desgarradoras que puede entonar un ser humano abandonado (excepto por la luna). 

El letrista se sentía un poco así… casi siempre. Al menos así lo cuenta esta película que nos habla de una de sus últimas noches, la del 31 de marzo de 1943, tras el estreno de Oklahoma!, el musical que su amigo Rodgers firma por primera vez con Oscar Hammerstein III. La fiesta tiene lugar en Sardi’s y allí está un Hart que se siente solo y traicionado por su amigo y con ya un alcoholismo bastante rampante (que era lo que, de alguna manera, también había distanciado a los dos amigos). Pero Hart quiere seguir mostrándose abierto, efusivo, generoso… quiere amar y que le amen, aunque muchas veces sea eso también lo que causa repulsa. 

Y ahí es donde Ethan Hawke, a sus 55 años -ya ni es el de El club de los poetas muertos, ni Reality Bites, ni Gattaca, ni Training day ni la trilogía del Amanecer, atardecer y anochecer - despliega todos los matices posibles como actor. El director Richard Linklater ha vuelto a demostrar que sabe sacarle punta. Eso es lo que le ha llevado a su cuarta nominación. Y no ha ganado nunca. Quizá este domingo hacen justicia con él, uno de los mejores de su generación y que ha demostrado que está en plena forma. 

Provocador inaguantable

Mucho rechazo provoca también el Marty de Timothée Chalamet. Es un personaje insoportable desde los primeros minutos del largometraje. Soberbio, arrogante, prepotente, mentiroso y embaucador. Una joyita. Eso sí, un extraordinario jugador de tenis de mesa. Así parece que era también el verdadero Marty, si bien su familia se ha quejado bastante de este biopic de Josh Safdie. Dicen que se han pasado. 

Chamalet, que también es productor de la cinta -si gana en las dos categorías sería el primero en llevarse el Oscar a productor y actor por una misma película- ha dicho que han partido de forma libre de la autobiografía de Marty Reisman The Money player (1974) y que más que un biopic, es una inspiración. Todo lo demás aparece en la película.

Reisman, hijo de un taxista y una ama de casa judíos de origen ruso (los de Lorenz Hart eran de origen alemán: otra muestra de la inmigración en este país), empezó a jugar al tenis de mesa en la década de los cuarenta a los 9 años de edad. Lo hizo para rebajar algo parecido a lo que hoy se llamaría TDAH, pero pronto se volvió extraordinariamente competitivo en los salones clandestinos que visitaba. Como el Lawrence’s, entre Broadway y la 96th. Esto sí sale en la cinta. Como también algunos de sus triunfos en las ligas americanas y mundiales. Incluso sus partidos en broma con los Globetrotters para entretener a la gente. 

Y pronto se vio que más que un jugador era casi un acróbata de circo con su forma de mover la paleta. Lo suyo era puro espectáculo y a él le gustaba. Tanto que empezó a salir a jugar en traje y con accesorios llamativos como sombreros de todo tipo de formas. También eran muy características sus gafitas. Con su delgadez y sus accesorios se daba unos aires de intelectual que escondían a un killer de la pista (y en la vida). De hecho, le llamaban ‘La Aguja’.


placeholderChamalet como Marty Mauser en 'Marty Supreme'.
Chamalet como Marty Mauser en 'Marty Supreme'. 

También porque le gustaba pinchar a los demás. En la pista insultaba al otro. Se metía con su familia, sus parejas. Provocar era su manera de jugar y de estar en el mundo. En la película acaba resultando desquiciante

No es la primera vez que Chamalet hace una cinta biográfica. Ya el año pasado estuvo nominado por A complete Unknown en la que se metía (estupendamente) en la piel de Bob Dylan. Otro carácter fuertecito. Aquí llega con buenas cartas aunque digan que después de su comentario sobre la ópera y el ballet - “ya no interesan a nadie”, dijo en una conversación ligera con Variety- lo ha perdido. En realidad, lo dijo con tono socarrón y en un contexto que se puede entender. Pero ahora es que no se quiere entender nada. Tiene 30 años, es uno de los favoritos y podría llevárselo a casa. Y hacerle al personal un corte de mangas. Como su provocador Marty.

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