miércoles, 25 de marzo de 2026

Giovana Madalosso y “Suite Tokio”, dos historias paralelas de mujer, dos mundos desiguales




Emma Rodríguez 

23 de septiembre de 2025

Fernanda, una de las protagonistas de Suite Tokio, de la escritora brasileña Giovana Madalosso, reflexiona sobre la idea “de que la vida tiene una trayectoria, de que todo saldrá bien en algún momento”. Esa ilusión tan generalizada, sobre todo en la juventud, de que se pueden tomar las riendas, de que los planes trazados llegarán a cumplirse, se va al traste cuando las circunstancias y experiencias nos llevan a entender “que no tenemos control sobre nada”; peor aún , que “no existe la trayectoria”.

De este aprendizaje, de esta constatación, trata esta novela que habla de esos momentos en los que todo salta por los aires, en los que un simple impulso puede provocar giros imprevistos. Nos cautiva Madalosso con esta entrega llena de autenticidad, de desparpajo, capaz de desmontar los tópicos sobre la vida familiar, sobre la maternidad, sobre la carrera imparable hacia el éxito profesional. Los patrones sociales que mueven los trayectos de tantas personas, que marcan los deseos y rigen los comportamientos, no llevan necesariamente a la felicidad, a la satisfacción personal, conduciendo en demasiados casos a la ansiedad, a la frustración, al desasosiego. 

Todo esto asoma, nutre los fondos de una historia que se parte en dos: en las vivencias de dos mujeres totalmente diferentes, unidas por Cora, una niña cuyo cariño y cuidado son puestos por su madre, Fernanda, una productora de cine demasiado ocupada, en manos de otra mujer, Maju, quien, ya desde la frase inicial de la primera página, deja claras sus intenciones. “Estoy raptando a una niña”. Interesante este arranque, este punto de partida que pone de manera directa las cartas sobre la mesa, que tira de nuestra curiosidad por conocer las motivaciones de la niñera, los elementos que mueven su acción. Os diré que la expectación está presente en todo momento y que la tensión es constante en esta novela que se detiene en la exploración psicológica de los personajes principales, en la introspección en sus deseos, en sus inquietudes; en la comprensión de sus devenires, de sus procesos vitales.

Giovana Madalosso nos introduce en la vida de las dos mujeres, al tiempo que, a través de ellas, afronta el tema de las desigualdades, de las diferencias de clase, de la explotación. Le basta con situar frente a frente a Fernanda y a Maju. La primera, representante del lado privilegiado de la sociedad, una adicta al trabajo, con capacidad para hacer su voluntad, para comprar todo lo que desea; la segunda miembro del colectivo de las empleadas domésticas y cuidadoras, denominado en la novela “ejército blanco”, formado por mujeres vestidas con uniformes blancos, que empujan cochecitos de bebé, que hacen volar a niños y niñas en los columpios… Fernanda parece tenerlo todo, pero no consigue ser feliz en su convencional vida burguesa, mientras que Maju nunca ha tenido nada fácil y ni siquiera ha podido satisfacer su deseo de ser madre, aún teniendo las mejores cualidades para ello, la entrega y la capacidad de dar amor que a su empleadora parecen faltarle.

LOS PATRONES SOCIALES QUE MARCAN LOS DESEOS Y RIGEN LOS COMPORTAMIENTOS, NO LLEVAN NECESARIAMENTE A LA SATISFACCIÓN PERSONAL, CONDUCIENDO EN DEMASIADOS CASOS A LA ANSIEDAD, A LA FRUSTRACIÓN, AL DESASOSIEGO. TODO ELLO ASOMA EN «TOKIO SUITE».

Consigue la escritora que pongamos el foco en la maternidad, en las sombras que la oscurecen. Pocas mujeres se atreven a reconocer que no les gusta desempeñar el papel de madres, seguir las reglas e imposiciones sociales al respecto. Fernanda da voz a esas mujeres. Esta novela abre un profundo debate sobre ello. Y también explora las servidumbres y dependencias del trabajo, con su poder para convertir a las personas en meros mecanismos para la productividad. No hay equilibrio en las sociedades de las prisas. No se acepta la pausa ni se estimula la empatía, el cuidado, la comprensión hacia los otros. 

Las dos protagonistas de Tokio Suite, cuyas historias se van alternando, toman decisiones llamadas a cambiarlo todo. Como madre, Fernanda ha delegado en su niñera, en su marido, que es quien se ocupa del entorno doméstico. Su matrimonio está estancado, deteriorado por las dinámicas de la convivencia, pese a la complicidad que aún mantiene a la pareja, y se agrieta aún más cuando conoce a Yara, una documentalista de espíritu libre, indómito, con la que mantiene una apasionada relación, mientras que Maju es abandonada por el hombre con el que tiene una relación, con el que anhela tener un hijo, debido al poco tiempo que le dedica, a los muchos días que pasa viviendo en la “Suite Tokio” que la señora ha preparado para ella; confort y subida de sueldo para comprar su total disponibilidad, algo que acepta sintiéndose dentro de una especie de cárcel, sin apenas vida propia.

Para compensarla, transformé el cuarto de servicio en un lugar claro, moderno y dotado de comodidades como televisión y minibar; un cuarto que podría ser perfectamente la suite de un hotel japonés. Por eso, y para sentirme menos esclavista, lo bauticé como Suite Tokio”, escuchamos la voz de Fernanda. Son muchos los pasajes del libro que transmiten la desigualdad de forma directa, brutal. La escritura de Giovana Madalosso es directa, sí, afilada, áspera, pero también cálida, emotiva, llena de texturas, de musicalidades diversas, capaz de despertar los sentidos. 

CONSIGUE GIOVANA MADALOSSO QUE PONGAMOS EL FOCO EN LA MATERNIDAD, EN LAS SOMBRAS QUE LA OSCURECEN. POCAS MUJERES SE ATREVEN A RECONOCER QUE NO LES GUSTA DESEMPEÑAR EL PAPEL DE MADRES, SEGUIR LAS REGLAS E IMPOSICIONES SOCIALES AL RESPECTO. FERNANDA DA VOZ A ESAS MUJERES. 

El amor a la niña une a ambas mujeres y también el deseo de fuga en momentos de transformación. Hay similitudes en los procesos que viven, pese a la distancia abismal entre sus mundos, sus miradas, sus costumbres y lenguajes; de hecho, la manera de mostrar y trabajar las diferencias se convierte en uno de los grandes aciertos de la novela, es clave para alcanzar la autenticidad que emana de sus páginas. 

Fernanda huye de las comodidades y conformidades de su vida en São Paulo, a través de los paisajes abiertos, de las aventuras que le abre Yara, un personaje muy interesante porque a través de ella la civilización, el mundo regulado, el tiempo medible de las ciudades, se contrapone a los entornos incontrolables de lo salvaje que aún existen, a esos lugares a los que “Starbucks” no ha llegado, “alejados de la mano del capital”, como indica la directora de documentales.  

Yara ama vivir fuera de las urbes. Lo ha hecho desde pequeña por las profesiones de sus padres, conoce muy bien el mundo animal y tiene la pesadilla recurrente de que “las luces de la ciudad invadían el campo como una plaga”. Respecto a esto último le dice a Fernanda: “A veces creo que esa pesadilla realmente está ocurriendo. ¿Sabes qué porcentaje de los mamíferos son salvajes? (…) Cuatro por ciento. El resto son seres humanos y sus animales de granja. Transformamos tanto la naturaleza que hay un biólogo que dice que la era en la que vivimos ni siquiera debe llamarse el Antropoceno, sino el Eromoceno. ¿Qué quiere decir eso? La era de la soledad”…

Giovana Madalosso. Fotografía: Renato Parada.

Es Yara quien convence a la productora de viajar a Acre para encontrarse con el pueblo indígena de los yawanawa, con la consiguiente participación en una tradicional ceremonia en torno a la “ayahuasca”, un hecho que se convierte en esencial en la novela, que resulta clave para entender los temores de la madre de Cora, sus culpas y contradicciones, la crisis que atraviesa, la sensación que tiene de estar en camino de convertirse en otra persona capaz de hacer las cosas a pesar del miedo. Se ve a sí misma de niña y la toma en sus brazos; tiene una visión de su hija intentando abrir una puerta minúscula sin lograrlo; toma consciencia de que uno de sus problemas consiste en “juzgarlo todo, todo el tiempo”…

Llevada por la música, sentí que la barrera entre las personas y las plantas y la luna y yo se desintegraba. Y siendo todo, ya no era yo. Y al no ser yo, no sufría tanto. Fue la experiencia más cercana que tuve a lo divino, algo que ninguna religión había logrado ofrecerme con todo su esfuerzo litúrgico”, vamos leyendo.

EL MUNDO REGULADO, EL TIEMPO MEDIBLE DE LAS CIUDADES, SE CONTRAPONE EN LA NOVELA A LOS ENTORNOS INCONTROLABLES DE LO SALVAJE QUE AÚN EXISTEN, A ESOS LUGARES A LOS QUE “STARBUCKS” NO HA LLEGADO, “ALEJADOS DE LA MANO DEL CAPITAL”.

El viaje que emprende Fernanda en su ruta hacia el norte del país, en su exploración de otro tipo de amor, es un viaje de autodescubrimiento, de revelación. El de Maju, en autobús, por carretera rumbo al sur, a Mandaguaçu, en el estado de Paraná, el lugar en el que se crió con su abuela, me atrevería a decir, que es un viaje de supervivencia, pues parece moverla la percepción, el espejismo, de que en el amor que es capaz de dar a Cora, en la relación que ha establecido con ella de forma tan especial, puede estar su salvación, su salida. 

En este sentido, en este lado de la historia, Madalosso levanta una novela de carretera, en la que, a medida que se avanza, va saliendo a la luz el doloroso pasado de quien huye llevando en sus manos el destino de una niña. Resulta conmovedor el recorrido, con sus incidentes, con sus paradas. Mientras el camino discurre va asomando el pasado de Maju: la pobreza, los abusos, las heridas, la sensación de abandono tras la muerte de su abuela, quien tanto anhelaba que saliera de la pobreza, que se labrara un futuro… Hay capítulos muy crudos, de gran tensión, donde se huele el peligro. Como todo viaje de transformación suceden cosas imprevistas, salen al encuentro señales, que van modificando el rumbo, las intenciones. 

Suite Tokio nos atrapa, nos sobrecoge, nos lleva a identificar los pilares de un sistema social injusto a través de la historia de dos mujeres a las que llegamos a entender en sus contradicciones, porque sus trayectos son explicados y ellas son el fruto de los orígenes, los parentescos, las experiencias vividas, los afectos y las heridas. Hay un momento en el que, en la búsqueda desesperada de su hija, cuando lo daría todo por abrazarla, Fernanda, llega a un escenario que en circunstancias normales nunca habría pisado (gente que vive en la calle, niños chupando plásticos, rostros mugrientos…) y, por primera vez en su vida, dice entender el significado de la palabra “miseria”. 

Giovana Madalosso en un acto de la Biblioteca Pública – Curitiba, 2022. Foto: Kraw Penas/SECC.

En el otro lado, en la otra historia, la mujer que huye con la niña mira la ciudad de São Paulo y la describe como solo ella puede hacerlo, desde sus propias vivencias. “Ese montón de edificios sin color. Capullos apilados uno sobre otro, millones de capullos. Dentro de cada uno, una oruga que hila todo el día, toda la semana, toda la vida. La mayoría nunca se vuelven mariposas. Yo intenté alzar el vuelo, pero parece que quien nace para hilandera no usa seda, usa poliéster y viscosa, como el ejército blanco. Me imagino a mis colegas ahora, dentro de sus pequeños capullos, apagando el despertador, lavándose la cara, cepillándose los dientes, recogiéndose el cabello, vistiendo el uniforme para entrar al gran capullo y preparar el café, poner la mesa, cambiar el pañal, dar papilla, organizar los juguetes (…) Con tanto por hacer, ninguna aparecerá por la plaza antes de las siete”.

Tanto Fernanda como Maju, cada una a su manera, acceden a otra parte de sí mismas en esta novela que, como ya he señalado, explora conflictos y grietas de fondo en las sociedades capitalistas. Como señala la escritora Elena Medel en un texto introductorio lleno de complicidad, estamos ante “una novela de la identidad” que trata de “las personas que somos, de las personas que querríamos ser”. Destaca asimismo Medel la multiplicidad de visiones que despliega, la mirada feminista de Madalosso, conocida, además de por sus libros, por impulsar el movimiento “Um grande dia para as escritoras”, nacido como un encuentro fotográfico en la Feria del Libro de São Paulo, que se extendió durante meses a otras ciudades del país, reuniendo a más de 2.300 escritoras afincadas en Brasil y emigradas a otros países con el objetivo de conocer sus voces, de trazar un mapa literario múltiple y plural y de dibujar un poderoso abrazo colectivo. 


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Suite Tokio ha sido editado por la editorial Consonni, con prólogo de Elena Medel y traducción a cargo de Diego Cepeda.


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