miércoles, 27 de noviembre de 2019

Cómo Dostoievski influyó en Edvard Munch

Dostoievski

Cómo Dostoievski influyó en Edvard Munch

¿Alguna vez has tenido la impresión de que las sombrías imágenes de Munch son ilustraciones para las obras de Dostoievski? Resulta que esta corazonada esconde una verdad.


En abril la Galería Tretiakov de Moscú acoge la primera gran exposición del pintor noruego Edvard Munch, tras varios años de negociaciones con el Museo Munch de Oslo. Aunque en Rusia se conocen relativamente pocas obras suyas, la conexión del pintor con el país eslavo es mayor de lo que podría parecer a primera vista. Fiódor Dostoievski fue su ídolo y fuente de inspiración. De hecho, su cuadro más famoso, El grito, parece que está poseído por uno de los demonios de Dostoevski.

Dostoiveski / Diario de un escritor



Dostoievski

Cinco razones (inútiles) para odiarlo
En “Diario de un escritor” (Páginas de Espuma), Paul Viejo ha compilado por primera vez en castellano los diarios completos del autor de “Crimen y castigo”. Aquí, el mismo editor y traductor nos habla apasionadamente de un autor que fue a la cárcel por oponerse a los privilegios de la aristocracia y que defendió elevados conceptos éticos pero que no podía refrenar una pasión por el juego que le hacía estar siempre arruinado. Genio y figura. 

martes, 26 de noviembre de 2019

Liudmila Petrushévskaia / Un destino oscuro







Liudmila Petrushévskaia

UN DESTINO OSCURO 




Eso era ella: una mujer soltera de treinta y pico años que había hecho todo lo posible por convencer a su madre -le había llegado a implorar- de que se fuera a pasar la noche a algún sitio. Por extraño que parezca, la madre se había se había resignado y se había largado Dios sabe dónde. Y entonces la mujer había llevado un hombre a casa. Se trataba de un hombre ya viejo, calvo, rechocho, que tenía complicadas relaciones con su mujer y con su madre -unas veces vivía con la primera y otras con la segunda, acá o allá-,  que refunfuñaba respecto a su situación laboral y se mostraba descontento, aunque de vez en cuando afirmaba con aplomo que llegaría a ser jefe de laboratorio. ¿Tú qué crees, llegaré a ser jefe de laboratorio? Así lo decía él, un niño ingenuo de cuarenta y dos años, un tipo acabado, con una familia a cuestas y una hija que se estaba convirtiendo como quien no quiere la cosa en una mujer de catorce años, satisfecha de sí misma a quien las chicas de su casa habían estado a punto de darle en el patio una paliza por un chico, y cosas por el estilo. El hombre se había embarcado en aquella aventura de una manera muy práctica. Por el camino habían parado a comprar una tarta; en el trabajo era conocido por su afición a los pasteles, el vino, la comida, los buenos cigarrillos, y de que en los banquetes no paraba de zampar. Pero la culpa de todo eso la tenía su diabetes y esa eterna ansia de comer y beber todo lo que le perjudicaba -y que había acabado por perjudicarle también en su carrera-. Tenía un aspecto desagradable y punto. Iba con la cazadora desabrochada, el cuello abierto, tenía el pecho pálido y sin pelo. La caspa sobre los hombros, la calvicie. Las gafas de cristales gruesos. Esa es la joya que se llevó esta mujer a su piso de un solo espacio, decidida a acabar de una vez por todas con la soledad y todo eso, pero no con energía, sino con una oscura desesperación en el alma que por fuera se manifestaba igual que el gran amor humano, es decir, con exigencias, reproches y súplicas para que él le dijera que la amaba, a las que él contestaba: «Sí, sí, estoy de acuerdo.» En fin, no había sucedido nada agradable por el camino, ni al llegar a casa, ni al temblar de miedo cuando hizo girar la cerradura -temblaba por su madre, aunque con eso no hubo problema. Pusieron la tetera a hervir, descorcharon el vino, cortaron la tarta, se comieron una parte y bebieron vino. Él se desplomó en el sillón y se quedó mirando la tarta, pensando si debía terminársela, aunque tenía la barriga hasta los topes. No paraba de mirarla, y al final cogió con los dedos la rosa verde del centro, se la llevó a la boca tan feliz, se la comió, y se relamió los restos con la lengua, como un perro.

Liudmila Petrushévskaia / Cuentos de amor negro

Liudmila Petrushévskaia


Liudmila Petrushévskaia 

CUENTOS DE AMOR NEGRO

Liudmila Petrushévskaia hace que entendamos más a las mujeres




C
Carlos Montañés
15 de julio de 2015

¿Por qué los cuentos son cortos? Solo conozco dos respuestas adecuadas a esta pregunta: o porque explican pocos hechos (los relatos de Katharine Mansfield) o porque los explican de una manera muy sintética (las vidas imaginarias de Marcel Schwob). Se sobreentiende que si los hechos son abundantes y la narración no es sintética, entonces lo que tenemos entre las manos es una novela.

Dostoiveski / Un paseo por San Petersburgo

Museo de Dostoiveski
San Petersburgo


Un paseo por San Petersburgo de la mano de Dostoievski

ALISA ZAJÁROVA
22 de julio de 2013


Seguir las huellas de los protagonistas de la famosa novela 'Crimen y castigo' es una excelente forma de conocer el San Petersburgo sin galas que plasmó Dostoievski.




El número de casas en San Petersburgo donde Dostoievski vivió de alquiler en San Petersburgo llega a veinte. Las causas de las mudanzas eran materiales: el escritor siempre tuvo problemas de dinero. Fiódor Mijáilovich intentaba elegir pisos en las esquinas con balcón y vistas a alguna iglesia. Una de estas casas, en la travesía Kuznéchny 5/2, se convirtió en la Casa Museo del escritor. Las ventanas de esta casa dan a la catedral de Vladímir y uno de los lados del edificio a la calle que recibió su nombre en honor al escritor, cerca de la estación de metro Dostoyévskaya, junto a esta hay un monumento al escritor.

Dostoievski / Un estilo exento de toda finura


Fedor Dostoievski

Un estilo exento de toda finura

Juan Benet
28 de enero de 1981

Hace hoy exactamente cien años que fallecía en San Petersburgo (actual Leningrado) Fedor Mijailovich Dostoievski (1821-1881), una de las más grandes figuras de la novela universal de todos los tiempos. De familia cuyos orígenes, más o menos de aristocracia campesina, provenían de una doble estirpe rusa y polaca, el nombre de Dostoievski hijo de médico, perteneciente a la burguesía liberal de la época zarista -a cuyas primeras convulsiones asistió el escritor-, ha representado durante más de un siglo para todos los lectores del mundo del espíritu de la vieja Rusia prerrevolucionaria. La Unión Soviética, tras haber silenciado su nombre en los primeros tiempos, ya hace algunos años le rehabilitó y hoy cuenta entre sus clásicos.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Liudmila Petrushévskaia / Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina / Reseña


Liudmila Petrushévskaia 

Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina

Lina Vargas
20 de diciembre de 2011

En los cuentos de la escritora rusa Liudmila Petrushévskaia reunidos en Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina, se encuentran de la manera más afortunada lo cotidiano y lo fantástico. Una mezcla entre Poe y Chejov, sugiere la editorial Atalanta. El lector queda perturbado y, en no pocas ocasiones, aterrorizado. Tal vez por eso se ha dicho que los relatos de Petrushévskaia tienen mucho de literatura infantil. Es cierto. Nada más parecido a la sensación que produce en un niño la aparición de una casa embrujada en Hansel y Gretel que la aterradora certeza de que algo muy grave va a ocurrir en estas historias. Y, sin embargo, su autora no descuida la rigurosidad del realismo. Nada está de más. Todo encaja. Higiene, uno de sus mejores cuentos, empieza así: “Una vez, en casa de los R. llamaron a la puerta y una niña pequeña fue a abrir”. Nunca se desvía, usa frases cortas y pocos adjetivos. La tensión se mantiene intacta y el miedo es constante. Es una suerte que su obra, que tuvo que sortear la censura del régimen soviético, esté siendo traducida al español.

ARCADIA



DE OTROS MUNDOS

Cuentos



Escuchar a Liudmila Petrushévskaia

Liudmila Petrushévskaia





Escuchar a 


Liudmila Petrushévskaia no está en la sala aún.
Explica Xenia Dyakonova [1] que durante los días en que ha estado acompañándola se ha dado cuenta de que es una mujer que no cesa de inventar historias. En la calle observa a los transeúntes y, fijándose en ellos, viéndolos pasar, cuenta cómo son, qué sucede en sus vidas. Para corroborar cómo las historias sobre las personas se albergan vivas como llamas en ella, añade que días atrás habían estado conversando un buen rato con una chica que les contó que había viajado a Moscú después de decidir romper la relación con su novio, y cuyo recuerdo de ese viaje era el de estar recorriendo la ciudad con los ojos llenos de lágrimas. Petrushévskaia y Dyakonova se despidieron de la chica y prosiguieron con sus paseos y compromisos. Y pasadas las horas, cuando para Dyakonova aquella chica y lo que les había contado se habían volatilizado como un fugaz episodio de aquel día, Liudmila Petrushévskaia comenzó de repente a hablar de ella. Ese detalle de que lloraba mientras recorría Moscú. A aquella chica no había dejado a su novio, sino que él la había dejado a ella. Ésa era la auténtica verdad de la historia que les había contado.

La profunda influencia de Dostoievski en cinco grandes escritores


Dostoievski
Fernando Vicente

La profunda influencia de Dostoievski en cinco grandes escritores

El escritor ruso del siglo XIX ha influido en autores como Nietzsche y Hemingway, además de la filosofía existencialista.
¿Qué puede ser más valioso para un escritor que el reconocimiento de alguien más famoso? Veamos lo que pasó con Fiódor Mijáilovich Dostoievski, uno de los autores de la literatura rusa más admirados del mundo.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Los poderosos que blindaron al pedófilo Jeffrey Epstein

Jeffrey Epstein

Los poderosos que blindaron al pedófilo Jeffrey Epstein

Para poder cautivar a sus víctimas, el millonario se rodeó de famosos como Donald Trump, Bill Clinton, Woody Allen, Naomi Campbell y hasta Stephen Hawking


Sandro Pozzi
Nueva York, 24 de noviembre de 2019

Jeffrey Epstein tenía el perfil perfecto para que la alta sociedad neoyorquina le abrazara sin hacer preguntas. Se ganó la reputación de ser un financiero de éxito, un filántropo comprometido y un pensador. Así le veían el expresidente Bill Clinton o el príncipe Andrés de Inglaterra. Hacía funcionar el dinero y de esta manera estableció un poderoso círculo de conexiones que protegió su trama pedófila, mirando a otro lado.

Dostoievski / El profeta que desentrañó los secretos del alma humana



Dostoievski
El profeta 
que desentrañó 
los secretos del alma humana

El 11 de noviembre se celebra el 195º aniversario del nacimiento de Fiódor Dostoievski. El escritor austriaco Stefan Zweig consideró al maestro ruso "el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos". Sputnik repasa su vida, su estilo literario y su legado a través de los testimonios exclusivos de especialistas y admiradores.

Óscar Segura, Miguel Ángel Julià, Manuel Regalado
11 de noviembre de 2016
El viento inclemente sobre el río Nevá apenas hace mella en el inexpresivo rostro del hombre. Camina con pasos firmes, cortos y rápidos en paralelo al río, sumido en cavilaciones indescifrables. Quizá su mayor preocupación sea hacer frente a las deudas contraídas en el juego. Si quiere revertir los estragos causados por su ludopatía, deberá entregar en el plazo estipulado la novela que ha moldeado en poco menos de un mes, dictada palabra por palabra a la taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, cuyas veloces manos han hecho cristalizar el milagro creativo.

Así confesaron su amor Tolstói, Dostoievski, Chéjov, Pushkin y Nabokov




Así confesaron su amor Lev Tolstói, Fiódor Dostoievski y Antón Chéjov

En la literatura rusa las historias de amor no suelen tener un final feliz. Aunque no fue siempre así con los autores. Echemos un vistazo a sus cartas de amor.
1. Alexánder Pushkin a su futura esposa, Natalia Goncharova. Marzo de 1830
“Hoy es el aniversario del día en que posé mis ojos en ti por primera vez; este día... en mi vida... Cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que mi existencia no puede separarse de la tuya. Fui creado para amarte y seguirte. Todas mis otras preocupaciones son un completo malentendido y una locura”.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Los 100 libros de David Bowie


Los 100 libros de David Bowie

De Homero al manga japonés pasando por Camille Paglia, un volumen explora y comenta la lista de los 100 libros que, según confesión propia, más influyeron en David Bowie


DIEGO A MANRIQUE
22 de noviembre de 2019

La devoción de David Bowie (1948-2016) por los libros no siempre fue bien entendida. En los años setenta, cuando evitaba los aviones, solía viajar con una verdadera librería: unos baúles que, una vez abiertos, se desplegaban sosteniendo hileras de libros. Muy sospechoso para los guardafronteras soviéticos, encargados de revisar el expreso que iba desde Varsovia hasta Moscú. Cuando descubrieron tomos dedicados a Albert Speer y Joseph Goebbels, creyeron haber detectado algún tipo de espía o agitador. David se apresuró a explicar que estaba documentándose para una posible película. Antinazi, por supuesto.
Por supuesto, no existía tal proyecto de película. El interrogado, veterano de viajes accidentados en el Transiberiano, sabía que mejor no complicarse la vida con el KGB: difícilmente iban a entender que era un consumidor de ideas que ponía a prueba en entrevistas y conversaciones, un alquimista que convertía la información en conceptos vendibles, en forma de canciones, giras, vídeos.

Marta Rebón / La cáscara y el grano


Dostoievski


La cáscara y el grano

Algunos políticos se bastan con la bandera, la familia, la religión y las fronteras para salir a la arena pública



Marta Rebón
23 de enero de 2019


Cualquier lector de Dostoievski sabe que debe echarse a temblar cuando la realidad empieza a parecerse a una de sus novelas. En la república de las letras, el ruso es el retratista de las ideologías: cómo nacen, nos gobiernan, se propagan y… ¿mueren? No, mutan en boca de una nueva generación. Porque echemos un vistazo a lo que pasa por ahí: en Estados Unidos encontramos funcionarios en jaque por el enroque de Trump con el muro; en Brasil, barra libre para las armas de fuego; en Hungría se prohíben los estudios de género en las universidades; en Polonia… ¿Seguimos?

Guerras literarias / Disputas entre grandes escritores rusos


Dostovieski


Guerras literarias: disputas entre grandes escritores rusos


Las disputas entre escritores son casi tan viejas como la propia literatura. Recordamos algunas de las mayores míticas enemistades de las letras rusas.


1. Dostoievski vs. Turguéniev
Fuente: Grigory Avoyan
Estos dos grandes escritores del siglo XIX tenían ideologías absolutamente distintas. Iván Turguéinev, autor de la novela Padres e hijos, era europeísta y un liberal convencido. Fiódor Dostoyevski era conservador y eslavófilo. En las novelas El idiota y Los demonios advertía que los liberales pervertirían a Rusia y la llevarían a su destrucción, y aconsejaba a los rusos conservar su propia vía y la fe ortodoxa.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Carlos Geli / Una tarde con Teresa

Últimas tardes con Teresa - Juan Marsé | Planeta de Libros

Una tarde con Teresa

Sin saber nada del fotógrafo Oriol Maspons, ni de la vida, se me ocurrió imitar la mítica portada de ‘Últimas tardes con Teresa’

Carlos Geli
Barcelona, 22 de noviembre de 2019


Una joven contempla la fotografía completa de Oriol Maspons, de la que salió la portada original de la primera edición de  'Últimas tardes con Teresa', de Juan Marsé.
Una joven contempla la fotografía completa de Oriol Maspons, de la que salió la portada original de la primera edición de 'Últimas tardes con Teresa', de Juan Marsé. MAR SIFRE



Carlos Geli
Barcelona, 22 de noviembre de 2019


No sé bien qué busco en los libros. Bajo una lámpara de los años 30 y los pies cruzados sobre el reposabrazos fue, tardes de infancia, evasión y vidas imposibles por delegación. A la misma luz y butaca, tiempo retapizado, interpretación: intuía que la vida no enseña, que en la calle estaba el mundo, pero que desde ahí no lo entendería. Buena excusa para una misantropía que se reforzaba las noches de los sábados.
Siempre hay una fecha. Ahora, el 19 de agosto de 1982. Es la de mi Últimas tardes con Teresa, el libro que más me ha marcado. Según la anotación náufraga entre el ocre de las páginas quemadas por la acidez del tiempo, fue regalo de mi hermana, manifestación de sus futuras dotes de psicóloga. Ya saben de qué va: correrías y equívocos amores de un rufián del Carmel (el Pijoaparte) con Teresita Serrat, universitaria de buena familia de Sant Gervasi que juega a la subversión política con sus también riquitos (y tontillos) compañeros. Ella ha confundido al ladrón de motos con un militante obrero y cree que “la arrancará de su clase y la salvará de sí misma”, como resumió Mario Vargas Llosa; el chico, que le ha tocado la lotería social que le abrirá las puertas del tecnicolor mundo burgués.
Me gusta pensar hoy que para Marsé la novela fue tan importante como para mí: es quien mejor ha descrito mi infancia y su paisaje. No es su preferida, pero es la que le afianzó su hasta entonces vacilante vocación. Mi ejemplar es la sexta reimpresión de la séptima edición, revisada por el autor en febrero de 1975, pero mantiene la portada de la primera, de 1966, de Oriol Maspons, con el plano cenital de una chica al volante de un descapotable. El fotógrafo ya había ilustrado el primer libro publicado de Marsé, Encerrados con un solo juguete, de 1960: utilizó a una modelo francesa, Babà, leyendo indolente revistas en la cama; era la habitación de las hijas del editor Carlos Barral en su casa de Calafell.




El Innocenti mutó, como la carroza de Cenicienta, en calabaza Ford Fiesta rojo, por supuesto no descapotable, lo que obligaba a un escorzo tan sufrido de mi amada por la ventanilla que temí que se partiera el espinazo

Maspons ilustraba la colección Biblioteca Breve ya desde el póster fundacional de junio de 1958. Mínimo iluminó 42 portadas. En otra ocasión, al menos, exhibió también un coche y una mujer, esta vez conduciendo, de noche y frontal: Lo más tarde en noviembre, de Hans Erich Nossack. La destinada al libro de Marsé es historia conocida de la fotografía catalana y del espíritu de la Gauche Divine. Es tan icónica que se ha atribuido a Leopoldo Pomés y a Colita, a ésta a partir del polémico filme sobre Jaime Gil de Biedma, El cónsul de Sodoma, en una sesión en la que supuestamente estaba Marsé, su mujer y el poeta, lo que el escritor desmintió a su biógrafo Josep Maria Cuenca en Mientras llega la felicidad.
Nada más lejos. Maspons tomó la foto desde un balcón de La Pedrera, donde vivían los padres de la modelo Susan Holmquist, que ya para siempre fue, en el imaginario colectivo, Teresita Serrat. Inevitable una modelo extranjera porque, desde que en 1954 fotografiara en Ibiza a Monique Koller, Maspons utilizó mayormente modelos de allende los Pirineos, rubias y aire nórdico: para él, encarnaban a la mujer moderna y sensual. Con los años, las mutó en maniquís, muñecas casi inexpresivas en poses de contorsionista.
A Holmquist (el Conillet de vellut de la canción de Juan Manuel Serrat, tras su relación sentimental) también la hizo doblarse y mirar hacia arriba, en un encuadre anómalo en la época. El coche era de ella: un Innocenti descapotable que la ya Miss Dinamarca se había comprado hacía poco en Milán. Como el original de la fotografía está entre las 503 imágenes que conforman, en el MNAC, la primera gran exposición sobre Maspons, me fijé en algunos detalles. Tontos, claro. Por ejemplo, la matrícula: MI 854142. O que el vehículo estaba algo sucio de polvo, como delatan esos dibujitos que la gente suele hacer en ellos con el dedito (mejor eso que la envidiosa rayita del chasis). Y que junto a la antena telescópica de radio, canónicamente torcida al final, había un adhesivo muy de la época, un trébol de cuatro hojas verde…




¿Qué busco aún hoy en mi mitad de un libro? Apenas un poco de orden en la tragedia

La patológica obsesión tiene atenuante, que requiere unas coordenadas personales de 1982 y que se explican si de la historia de Marsé se borran trazos de arribismo y mala fe y se cambian los escenarios de la Costa Brava por Castelldefels y el rancio abolengo de la dinastía Serrat por un empresariado de posibles hecho a sí mismo. Y el pelo rubio por el castaño, pero no los ojos azules. Y ahí lo dejamos.
La cosa es que, sin yo saber a mis 19 años absolutamente nada de nada de la imagen ni del fotógrafo (ni de Marsé, ni de la vida, en definitiva), se me ocurrió una tarde de verano hacer lo propio con mi Teresa. Entrañable… pero dramático: el estilizado Innocenti mutó, como la carroza de Cenicienta, en calabaza Ford Fiesta rojo, por supuesto no descapotable, lo que obligaba a un escorzo tan sufrido de mi amada por la ventanilla que temí que se partiera el espinazo. Tampoco sé cuántas veces disparé porque cuando no encontraba el encuadre resulta que entraba un rayo de sol o vislumbraba mueca u ojo entrecerrado en su rostro. La clandestinidad de la cosa (los vecinos de la chafardera, angosta y humilde callejuela del barrio; mi tía viuda rondando en funciones de carabina veraniega y mi impericia con la cámara sustraída a mis padres) provocó que en casi todas las pocas imágenes que se salvaron en el revelado se colara la barandilla del balcón.
Perdí las copias, quizá todas rotas cuando la relación concluyó, más por imberbes despechos tontos que por incompatibilidad personal o social, aunque la presión en su familia fue grande (sólo le caía bien a su abuela). Pero, sin reconocerlo, mantengo la esperanza de que alguna, un día, aletee al coger un libro demasiado tiempo olvidado. En el fondo, en aquella historia, como en la de Marsé, no hubo “ni rencor ni condena, ni tampoco autoengaño, sino metamorfosis lírica”, como leyó Pere Gimferrer. “El autor solo escribe la mitad de un libro; de la otra mitad debe ocuparse el lector”, sostenía Joseph Conrad. ¿Qué busco aún hoy en mi mitad de un libro? Apenas un poco de orden en la tragedia.
EL PAÍS

Manuel Vilas / Las bailarinas

Las bailarinas

Celebremos las páginas que hombres y mujeres escribieron al servicio y dictado de la vida y que no leeremos jamás

MANUEL VILAS
12 FEB 2019 - 04:59 COT



Franz Kafka, en Praga, en 1920. On Prague'S Old Town Square (Around 1920). (Photo by:)
Franz Kafka, en Praga, en 1920. On Prague'S Old Town Square (Around 1920). (Photo by:)SOVFOTO / UIG / GETTY IMAGES

Sé que moriré sin leer muchos libros que me hubieran salvado la vida. Se quedarán perdidos, sepultados, escondidos, en el caos de mi biblioteca o de otras bibliotecas. Cientos de libros excepcionales no serán leídos nunca por seres humanos excepcionales. Por eso me sonrío cuando los editores de revistas, o de periódicos, o de libros, me piden textos inéditos. Pienso: Cervantes es un escritor inédito para el 90% de los españoles. Toda la historia de la literatura está inédita para millones y millones de seres humanos que no leen. Para millones de seres humanos “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” podría ser un verso escrito ahora mismo.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Yasunari Kawabata / El crisantemo en la roca


Yasunari Kawabata

El crisantemo en la roca

Con el fin de averiguar cuál era la naturaleza de aquella roca consulté algunos libros como el Manual en color de rocas y piedras del Japón, de Wada  Yaezo y Awazu Hidekoji, pero no encontré nada. En materia de piedras soy un ignorante. Aunque extendiese la guía delante de la roca misma, me resultaría muy difícil identificar el ejemplar correspondiente en la tabla. Con mayor razón si no la he visto en treinta años. Me refiero a una roca que había en mi lejano pueblo natal.

Yukio Mishima / Después del combate





Yukio Mishima
DESPUÉS DEL BANQUETE



Primera Edición japonesa
Después del banquete (Utage no ato, en japonés) es una novela escrita por el muy célebre artista Yukio Mishima. Este escritor es una verdadera figura de culto, no solo en su país, sino en el mundo entero. Publicada en 1960, Depués del banquete fue reconocida por el New Yorker como el mejor trabajo de Mishima hasta ese momento, afirmación por demás hiperbólica. Como todo mundo sabe, Mishima, al igual que Kawabata, cometió suicidio, justo en el apogeo de su carrera, en 1970, a los cuarenta y cinco años.

Los temas
El tema de esta novela es la política, las elecciones, y cómo estas trastornan la vida de una mujer madura, dueña de un prestigioso restaurante, y un diplomático retirado que de repente se convierte en el candidato del Partido Radical por la Prefectura de Tokyo. También trata del poder del dinero en la democracia, en este caso la del Japón de finales de los años cincuenta, a menos de tres lustros de la rendición frente a los Estados Unidos. Pero en el fondo, es una novela que, a mi juicio, simboliza la emancipación femenina.