jueves, 2 de abril de 2015

Personajes siniestros / Andreas Lubitz

Andreas Lubitz

PERSONAJES SINIESTROS

“El copiloto no tenía depresión ni era un enfermo mental, era un narcisista maligno”

Francisco Toledo

P. SÁNCHEZ
La Crónica del Pajarito
Lunes, 30 de Marzo de 2015

El psiquiatra Francisco Toledo recibió hace unos días el premio Doctor Francisco Guirado en Molina de Segura. Este profesor asociado de Psiquiatría de la facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y psiquiatra titular del Hospital Virgen de la Arrixaca responde a las preguntas de La Crónica del Pajarito sobre temas tan actuales y candentes como los motivos que pudieron llevar al copiloto alemán Andreas Lubitz a estrellar el avión contra los Alpes franceses, según le acusa la Fiscalía. Además, Toledo avanza el programa del VI Curso de Psiquiatría en la Vida Cotidiana, organizado por la Fundación de Estudios Médicos (FEM) de Molina y la Universidad Internacional del Mar.
¿Qué supone para usted haber recibido el premio Doctor Francisco Guirado? 
Siento un profundo agradecimiento a Molina, a su Ayuntamiento y a su alcalde por haber propuesto mi candidatura al premio. Yo conocí a Francisco Guirado y a cualquiera le provoca orgullo este galardón, y más a un molinense, como me considero yo tras vivir ya más de diez años en Molina. Es también un reconocimiento a los cursos de psiquiatría en la vida cotidiana, que este año llegan a su sexta edición y que los dirijo con mucho cariño.
Estos cursos son ya una auténtica referencia a nivel regional y nacional.
Creo que sí. Lo que hacemos con ellos es luchar contra el estigma y contra los miedos que hay sobre los enfermos mentales, e intentar conseguir una mayor integración social. Todos los años traemos a psiquiatras clínicos de gran trayectoria profesional y hasta ahora presentamos un balance de más de 50 conferencias y más de 700 alumnos, algo que es un éxito para los organizadores, la Fundación de Estudios Médicos (FEM) de Molina y la Universidad Internacional del Mar.
¿Está cerrado ya el programa del VI curso de psiquiatría en la vida cotidiana? 
Se va a celebrar del 7 al 10 de julio, una vez más en Molina de Segura, y este año repite Juan de Dios Molina, que hablará sobre las habilidades en la entrevista psiquiátrica. El doctor Antonio Galbis, miembro de la directiva de la Asociación Española de Psiquiatría, dará una conferencia sobre manías, supersticiones y obsesiones, y contaremos con un ‘crack’ como el doctor Celso Arango, uno de los principales investigadores europeos en salud mental y director científico del Centro de Investigaciones Biomédicas en Red en Salud Mental (CIBERSAM), que ahora está trabajando en California y que impartirá la charla ‘El futuro de la salud mental: prevención, prevención y prevención’. La conferencia estelar será la de Eduard Vieta, que está considerado el número uno en la investigación del trastorno bipolar y que nos hablará sobre lo que sabemos y lo que nos falta por saber de este trastorno. A nivel local, tendremos a Luis Valenciano, que abordará la psicoterapia del paciente impulsivo; Emilio López, que hablará sobre esquizofrenia y psicosis tóxicas; al doctor Salmerón (´Cuando el cerebro confunde la realidad’) y a Mateo Campillo (‘Enfermedad física y vulnerabilidad psíquica’). También vendrán el doctor Mesones (‘El suicidio: todo lo que quiso saber y no se atrevió a preguntar’) y el doctor Pedro Pozo, presidente de la Sociedad Murciana de Psiquiatría, que hablará sobre el estigma de la enfermedad social. Pepa González Molina dará la conferencia ‘Abordaje del adolescente con trastornos de conducta’ y yo mismo hablaré sobre mitos y tópicos de la psiquiatría.
En términos psiquiátricos, ¿qué es la normalidad? 
Es una pregunta complicada de responder. Vamos a ver si me explico: para la psiquiatría la normalidad no es un punto, es un segmento, un patrón de conducta que se repite y que es aceptado como razonable. Es un comportamiento o estado de salud razonable que permite un funcionamiento óptimo.
¿Cuándo un problema de salud mental se convierte en una enfermedad? 
No todos los trastornos de conducta inexplicables tienen que ser un trastorno mental. Hay personas buenas, pero también hay personas malas que no tienen ningún trastorno mental. Para que una persona estrelle un avión no tiene que ser un enfermo mental, tiene que ser una mala persona.
Me está hablando del copiloto Andreas Lubitz, acusado de estrellar el avión en los Alpes con 150 personas dentro. En muchos medios de comunicación se dice que tenía depresión y estaba en tratamiento. ¿Qué ha podido llevar a esa persona a realizar un acto tan espeluznante? 
No creo que tuviera depresión, pues esta enfermedad conlleva una idea de culpabilidad e incluso de autoagresión, pero nunca hacia fuera, nunca hacia los demás. Una persona que se suicida se quita de en medio para no sufrir y para que los demás no sufran. Lo del copiloto no tiene nada que ver con la depresión ni con enfermedades mentales. Todo indica que fue premeditado y responde a una personalidad narcisista de tipo maligno que ha actuado así ante una frustración no superada. Al parecer, él mismo dijo que iba a hacer algo por lo que su nombre sería conocido en todo el mundo y eso es propio de un narcisista maligno, de un trastorno de personalidad. Estos individuos son conscientes de lo que hacen en todo momento. Son malas personas.
Entonces, ¿me está dando a entender que no se habría podido evitar la tragedia tratándose de una persona de este tipo? 
La psiquiatría no tiene respuesta para la maldad y este copiloto era un enfermo de tipo social. Los enfermos mentales son víctimas y no culpables, y este no es el caso del copiloto del avión estrellado. Todas las cosas no se pueden prevenir. Por ejemplo, por muchas campañas que se hagan nunca se acabará totalmente con los accidentes de tráfico o con la violencia de género. Se puede reducir, pero en el caso de la maldad no hay respuesta inherente a esta condición humana.
Pero lo que está publicando es que tenía problemas mentales de los que estaba siendo tratado y que incluso intentó ocultar. Y no se para de hablar de que tenía depresión. 
Faltan elementos para sacar conclusiones definitivas, pero todo apunta a que había premeditación y cálculo para estrellar el avión. Una depresión no puede ser que lleve a alguien a hacer algo así. Si alguien se suicida por una depresión da mensajes de dolor y deja una carta de despedida o de arrepentimiento. Este copiloto tampoco es un psicótico, pues ni deliraba ni tenía alucinaciones. Yo creo que sabía aparentar que no era malo. Este tipo de personas se repiten sistemáticamente en la historia de la humanidad en todos los ámbitos, no les detiene el dolor ajeno y hacen sufrir a los demás de manera indiferente. Para comprender necesitamos poner etiquetas, como la depresión, pero este hombre no tiene esa etiqueta.
¿Eso explicaría esa frialdad del copiloto? Lo digo porque en la grabación de la caja negra se refleja que su respiración no se alteró en los ocho minutos se descenso antes del choque en los Alpes. 
Mantener la respiración normal en una situación así es propio de una persona muy fría, y tampoco tiene nada que ver con creencias políticas o con razones religiosas. Este tipo de personas muestran una gran frialdad y les importa poco el mundo de los demás.
Se ha publicado que sufrió hace años ataques de pánico y ansiedad… 
Quizá tuviera algún diagnóstico de ansiedad, pero eso no explicaría nada, no existe ningún nexo con lo ocurrido. Insisto en que esta persona debía tener un trastorno de personalidad, no era un enfermo mental, sabía perfectamente lo que hacía y tenía una intolerancia brutal a la frustración, quizá por los problemas de visión que le impedían ascender profesionalmente, y seguramente no toleraba que no era el mejor.
Para las familias de las víctimas el hecho de que el copiloto estrellara deliberadamente el avión debe ser algo tremendo de aceptar. 
Hay personas a las que les da igual en qué circunstancias se ha producido la muerte de un familiar, pues el caso es que ha muerto y eso les produce dolor. A otras no les ocurre lo mismo. Cada uno se defiende del dolor como mejor puede y algunos necesitan dirigir su pena hacia un objetivo, pero eso no produce alivio. Sería doloroso e injusto que tras lo que ha ocurrido con el avión algunos dirigiesen ese odio a pacientes con problemas psiquiátricos. Eso haría mucho daño, pues el enfermo mental no es peligroso, es una víctima. El 20 por ciento de la población sufre depresión al menos una vez en la vida y eso no debe ser un estigma. Estamos trabajando mucho para evitar ese estigma. Sin embargo, se puede ser inteligente y ser muy mala persona. Hay personas malas en política, en el mundo empresarial, en nuestros compañeros de trabajo…
En la prensa europea no tanto, pero en algunos países los medios de comunicación han cargado tintas contra el copiloto y le llaman de todo: kamikaze, asesino, ‘killer’
… Que le llamen como quieran, pero que no le llamen enfermo mental, porque las personas con enfermedades mentales no se merecen esto.
Cambiando de asunto, siempre me he preguntado por qué no existe en la sanidad la figura unificada del terapeuta mental, en vez de esa separación entre psiquiatras y psicólogos. ¿Se ha experimentado en algún país? 
No se debe ni se puede. El psiquiatra y el psicólogo son absolutamente complementarios. Algunas personas no necesitan psicoterapia y otras no necesitan un enfoque biológico de pastillas.
¿Para salir de una depresión es absolutamente necesario tomar pastillas?Para la depresión, como enfermedad que es, se necesita un tratamiento farmacológico, igual que para la hipertensión. No es suficiente con la psicoterapia y no hay ningún psicólogo que se atreva a decir que es mejor tratar la depresión sin pastillas. Otra cosa son las conductas de tristeza adaptativas, que se abordan bien con un enfoque psicoterapéutico. La dificultad está en saber discernir qué tiene una persona. Está claro que siempre vienen bien cosas como las terapias de grupo.
Hay medicación, como los ansiolíticos, especialmente las benzodiacepinas, que al parecer son bastante adictivos. Y normalmente existe un rechazo en el paciente a estar, como se suele decir, empastillado. 
El tabaco también es adictivo. Si lo que quieres preguntar es si se abusa en la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos, la respuesta es que quizá sea cierto, y creo que hay situaciones que se podrían solucionar sin pastillas. Sí, pienso que hay un cierto exceso de uso y abuso de medicación. Poner un tratamiento farmacológico es fácil, pero en ese momento hay que pensar también en cómo lo vamos a quitar luego. En el caso concreto de las benzodiacepinas sí hay un abuso.
¿Quizá el problema arranca de los propios médicos de familia? 
En España, los médicos de familia tienen un gran control para empezar a tratar trastornos psiquiátricos, pues tienen una gran preparación.
¿Qué opina usted de las terapias alternativas para tratar problemas de salud mental? 
Pues que siempre que hay que valorarlas partiendo de los principios científicos de verificación de resultados. Si a lo que te refieres es al chamanismo, la gente que acude a él suele tener un nivel cultural más bien bajo, con todos mis respetos. Pero bueno, hay gente a la que le ayuda, por ejemplo, rezar, y no tengo nada contra eso.
Y qué me dice de las técnicas de neurocirugía para tratar trastornos psíquicos como los obsesivo-compulsivos. Parece que funciona eso de colocar electrodos en algunas zonas del cerebro… 
Hasta ahora la única indicación de la psicocirugía es para trastornos obsesivo-cumpulsivos (TOC) severos, y para un bajo porcentaje de pacientes. En estos casos la psicocirugía tiene una respuesta terapéutica de en torno al 50 por ciento y a veces es la única opción que queda. En algunos tipos de depresiones muy graves también se colocan electrodos en el cerebro para producir una estimulación cerebral eléctrica profunda. Se está avanzando mucho en este campo y tiene futuro por delante, pero no confundamos esta neurocirugía con otras cosas como las lobotomías que se practicaron hace años.
Los psiquiatras afirman que a día de hoy enfermedades como la esquizofrenia no tienen cura. ¿Qué esperanza les queda a estos enfermos? ¿Se conseguirá una cura en el futuro?
Ahora mismo la esquizofrenia no tiene cura como tal, pero sí puede sobrellevarse de una manera adecuada sin que ocasione molestias, siempre y cuando el paciente siga a rajatabla la medicación de por vida. La esquizofrenia ha existido siempre y afecta a un uno por ciento de la población en todo el mundo. En los últimos veinte años se ha avanzado mucho en los tratamientos. Debemos de tener en cuenta que el primer tratamiento para esta enfermedad se descubrió en 1952. En la actualidad existen varios adelantos que permiten a los pacientes llevar su medicación de una manera más controlada y mejor; estoy hablando de unas inyecciones que han sustituido a las clásicas pastillas diarias, y que se administran cada 15 ó 30 días. Y en el futuro habrá más avances.


Charles Aznavour / La bohemia

Charles Aznavour
 Charles Aznavour
LA BOHEMIA



LA BOHEMIA

Bohemia de Paris
Alegre, loca y gris
De un tiempo ya pasado
En donde un desván
Con traje de Can-Can
Posaba para tí y
Tu con devoción

Pintabas con pasión
Mi cuerpo fatigado
Hasta el amanecer
A veces sin comer
Y siempre sin dormir
De bajo de un quinqué

La mesa del café
Feliz nos reunía
Hablando sin cesar
Soñando con llegar
La gloria conseguir
Y cuando algún pintor
Hallaba un comprador
Y un lienzo le vendía

Solíamos gritar
Comer y pasear
Alegres por Paris
La bohemia, la bohemia
Era mirar ..amanecer
La bohemia, la bohemia
Era soñar con un querer

Hoy regrese a Paris
Cruce su niebla gris
Y lo encontré cambiado
Las lilas ya no están
Ni suben al desván
Moradas de pasión
Soñando como ayer
Rondé por mi taller
Pero lo han derrumbado
Y han puesto en su lugar
Abajo un café-bar
Y arriba una pensión
La bohème
La bohème
On était jeunes, on était fous
La bohème
La bohème 






La bohème


Je vous parle d’un temps (Yo les hablo de un tiempo)
Que les moins de vingt ans (Que los menores de veinte años)
Ne peuvent pas conaître (No pueden conocer)
Montmartre en ce temps-là (Montmartre en ese tiempo)

Accrochait ses lilas (Descolgaba sus lilas)
Jusque sous nos fenêtres (Justo bajo nuestras ventanas)
Et si l’humble garni (Y si el humilde cuartito)
Qui nous servait de nid (Que nos servía de nido)

Ne payait pas de mine (No tenía buen aspecto)
C’est là qu’ont s’est connu (Es ahí que nos conocimos)
Moi qui criait famine (Yo que pasaba hambre)
Et toi qui posais nue (Y tú que posabas desnuda)

La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Ça voulait dire on est heureux (Eso quería decir “uno es feliz”)
La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Nous ne mangions qu’un jour sur deux (No comíamos sino un día de cada dos)

Dans les cafés voisins (En los cafés vecinos)
Nous étions quelques-uns (Nosotros éramos unos)
Qui attendions la gloire (Que esperábamos la gloria)
Et bien que miséreux (Y a pesar de ser miserables)

Avec le ventre creux (Con el estómago vacío)
Nous ne cessions d’y croire (No dejábamos de creer que nos llegaría la gloria)
Et quand quelque bistro (Y cuando algún bistró)
Contre un bon repas chaud (A cambio de un buen plato caliente)

Nous prenait une toile (Nos tomaba una pintura)
Nous récitions de vers (Recitábmos versos)
Groupés autour du poêle (Agrupados alrededor de la estufa)
En oublient l’hiver (Olvidando el invierno)

La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Ça voulait dire tu es jolie (Eso quería decir “tú eres bonita”)
La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Et nous avions tous du génie (Y todos teníamos talento)

Souvent il m’arrivait (Seguido me tocaba)
Devant mon chevalet (Frente a mi caballete)
De passer des nuits blanches (Pasar noches en blanco)
Retouchant le dessin (Retocando el dibujo)

De la ligne d’un sein (De la línea de un seno)
Du galbe, d’une hanche (de un perfil, de una cadera)
Et ce n’est qu’au matin (Y no es hasta la mañana)
Qu’on s’asseyait enfin (Que nos sentábamos al fin)

Devant un café-crème (Frente a un café-crème)
Epuisés mais ravis (Agotados pero radiantes de felicidad)
Fallait-il que l’on s’aime (Hacía falta amarse)
Et qu’on aime la vie (Y amar la vida)

La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Ça voulait dire on a vingt ans (Eso quería decir “uno tiene veinte años”)
La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Et nous vivions de l’air du temps (Y nosotros vivíamos del aire del tiempo)

Quand au hassard des jours (Cuando al azar de los días)
Je m’en vais faire un tour (Voy a dar una vuelta)
À mon ancienne adresse (A mi antigua dirección)
Je ne reconnais plus (Ya no reconozco)

Ni les murs, ni les rues (Ni los muros ni las calles)
Qui ont vu ma jeunesse (Que vieron mi juventud)
En haut d’un escalier (Desde lo alto de un graderío)
Je cherche l’atelier (Yo busco el atelier)

Dont plus rien ne subsiste (Del que ya no queda nada)
Dans son nouveau décor (Con su nuevo aspecto)
Montmartre semble triste (Montmartre se mira triste)
Et les lilas sont morts (Y las lilas están muertas)

La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
On était jeunes, on était fous (Éramos jóvenes, éramos locos)
La bohème, la bohème (La bohemia, la bohemia)
Ça ne veut plus rien dire de tout (Eso ya no significa nada en absoluto)




Cassia Lupo / Pinturas II

Purple penguin

Cassia Lupo
PINTURAS II



A good man is hard to find_Intermediate

A good man is hard to find

Cassia Lupo / Pinturas I

Green Man

Cassia Lupo

Pinturas I


Battery Hen

Black Face

Charles Aznavour / Soy política y poéticamente incorrecto

Charles Aznavour 

“Soy política y poéticamente incorrecto”

A sus 90 años, el cantante universal —francés de origen armenio— sigue en plena actividad. Un nuevo disco de estudio (‘Encores’) y una nueva gira (que incluirá en mayo Madrid y San Sebastián) así lo atestiguan



El cantante y compositor Charles Aznavour, ayer, en Madrid. / SAMUEL SANCHEZ
A bordo de una camisa de floripondios multicolores y de unas zapatillas desgastadas, el cantante de los 100 millones de discos vendidos exhibe un rictus y una verborrea improbables para alguien de 90 años. La bohème, Il faut savoir, Que c’est triste Venise… puro motor de besos y lágrimas, de alegrías y penas, Charles Aznavour(París, 1924) sigue contradiciendo el orden natural de las cosas. Y en la brecha.
Pregunta. Señor Aznavour… ¿se le puede tocar?
Respuesta. ¿Cómo dice usted? ¿Por qué?
P. Tocarle, con los dedos, para ver si es real.
R. Soy real, soy real [mira el dedo del periodista tocando su rodilla].
P. ¿Cómo se ve el mundo desde ahí, desde el escenario, casi 80 años después?
R. Ochenta y tres. No se ve nada. No se ve al público. O sea, el público es una persona. Yo no canto para 100 o 1.000 personas, canto para una. Así, cada espectador piensa que canto sólo para él. Esa es la verdad absoluta. Esa, y que sigo buscando temas.
P. Sin embargo, en Je m’voyais déjà (Ya me veía) usted canta: “No fue culpa mía, fue la culpa del público, que no entendió nada”.
R. Sí. Esa fue la primera canción con la que tuve un gran éxito. Hace ya… más de 60 años, y está todavía muy viva.
P. La historia de un cantante que cree que ya ha llegado a lo más alto y…

Vida y discos

Charles Aznavour, de nombre real Shahnour Varinag Aznavourian, nació en París el 22 de mayo de 1924, de padres armenios.
Se calcula que ha vendido más de 100 millones de discos en 70 años de carrera.
Su nuevo trabajo de estudio, en francés, se titula Encores.
R. …No, que cree que va a llegar a lo más alto. Aunque puede que ese cantante sea malo. Pero está convencido de que triunfará. Esa es la sensación que deben de tener la mayoría de los artistas que debutan.
P. ¿Por qué la compuso?
R. Porque me gusta escribir lo que los demás no escriben. Esa es mi enfermedad.
P. Así que a sus 90 años sigue buscando.
R. Sí, pero yo siempre encuentro. En 1970 compuse Comme ils disent, una canción sobre la homosexualidad. La siguiente que se compuso sobre los homosexuales tardó 30 años. Me gustan los retos. Pero a veces me cuesta horrores, como cuando escribí J’ai connu, una canción sobre el genocidio judío.
P. En un mundo tan estupendo, tan empaquetadito y tan políticamente correcto…
R. ¡Yo no lo soy! Soy política y poéticamente incorrecto.
P. ¿Le han dado muchos palos por eso?
R. No, no, fui muy criticado en mis comienzos, dijeron de todo sobre mí, cosas horribles. Nunca respondí. Seguí. Sólo podía seguir. Yo no soy Julio Iglesias, ¿me entiende, verdad? Físicamente no soy como él. Así que tuve que buscar otra cosa, otro lugar para mí.
P. ¿Y cuál fue ese lugar?
R. Las cosas que la gente piensa y no sabe expresar. Ese es mi sitio. El público no es tonto. Y el que lo crea comete un error monumental. Lo que hay que darle es verdad. Hay que ser uno mismo. Yo lo soy. O me aceptas o no. No puedo cambiar para gustar al público o a las modas.
P. Oiga, con 51 años uno puede sentir pereza ya por tantas cosas…
R. Es usted un chiquillo.
P. Es decir, ¿cómo se las arregla usted con 90 para no sentirla y seguir en la brecha?
R. No soy perezoso, nunca lo fui. Podría haberlo sido si, cuando empecé en esto, hubieran dicho que era buenísimo. Como dijeron que todo era malo en mí —el físico, la voz, la escritura…— tuve que probar a aquellos imbéciles que yo valía.
P. Claro, y acabaría cantando con Edith Piaf, con Sinatra, con Liza Minnelli…
R. Canté con los más grandes. Sinatra, Dean Martin, Peggy Lee, Plácido Domingo, Julio Iglesias…
P. ¿Aprendió de todos ellos o a veces hubo jaleos?
R. De todos. Yo aprendí, sobre todo, de Charles Trenet, Maurice Chevalier, Edith Piaf y Carlos Gardel. Se aprende de todo el mundo. De un escritor, de un cantante, de un periodista...
P. Mmm, no creo.
R. Pues sí. Veo todas las noches las noticias en televisión y estoy muy informado. Los temas nuevos los encuentro en las noticias. Y leo mucho, siempre lo hice. Dejé el colegio cuando tenía diez años y medio. Así que me fabriqué una cultura personal. Nadie me la enseñó, no tuve maestros.
P. Digamos que hizo la escuela de la vida.
R. Mi única escuela ha sido la vida. Soy un niño de la calle, sí.
P.Cuando uno viene de la escuela de la calle, ¿desconfía de muchas cosas y de mucha gente?
R. Yo no desconfío de nada. Soy muy tonto para eso. Confío en la humanidad. Y he sido estafado, robado, vendido… pero no importa. Nunca hice daño a nadie.
P. Ya es casi inaudito oír hablar así.
R. Soy optimista, mi padre lo era y aprendí de él. Cuando no teníamos nada, decía: “Dios nos lo dará”.
P. ¿Dios es importante para usted?
R. Muy importante, aunque no sé si soy creyente. Dudo. Pero ¿qué pierdo yo no siendo ateo? Nada. En ese aspecto soy un egoísta, claro. Si no existe, pues nada pasará. Y si existe, me recibirá bien porque le he honrado en mis canciones.
P. Algunas interpretaciones que de Dios se han hecho han infligido un daño enorme a la humanidad, ¿no cree?
R. Sí, pero él no tiene la culpa. La culpa es de los hombres.
P. Usted ama profundamente su profesión, ¿verdad?
R. Mi mujer me dice que la escena es mi amante. Y yo le contesto: “Sí, pero la escena no me cuesta dinero” [risas]. Y no es que no me cueste: es que me da dinero.
P. ¿Dónde encuentra el talento, la inspiración?
R. No tengo inspiración.
P. No le creo.
R. Que sí, sólo tengo ideas. El trabajo se convierte en talento, no al revés. Tampoco tengo imaginación. Nunca escribiría una canción sobre ovnis, por ejemplo.
P. ¿De quién será el mañana?
R. De los artistas. De los pintores, escultores, arquitectos. Desde luego, no de los músicos ni de los que hacemos canciones.

miércoles, 1 de abril de 2015

Antonio Muñoz Molina / Detrás del rostro


Antonio Muñoz Molina

Detrás del rostro

Nunca sabremos lo que sucedió en la mente de Andreas Lubitz en los minutos que permaneció solo y encerrado en la cabina del avión que posteriomente estrelló


Foto personal de Andreas Lubitz en San Francisco. / AP
Es difícil aceptar que algo no pueda llegar a saberse: que a un paso de lo conocido y lo visible hay una oscuridad en la que por mucho que lo intentemos no podemos vislumbrar nada, a no ser la proyección de nuestras obsesiones y nuestros fantasmas.

Erik Larson / Me averguënza no haber leído a Proust


Erik Larsson
















Erik Larson: 

"Me avergüenza no haber leído a Proust"


"De todos modos, aquí también tengo que decir que mis dos obras 
de narrativa de no-ficción favoritas son A sangre fría de Truman Capote 
e Hiroshima de John Hersey."

El escritor americano acaba de publicar Lusitania (Ariel)

EL CULTURAL | 30/03/2015 

En la estantería de Erik Larson (Nueva York, 1954) es posible encontrar rarezas como una guía de Baedbeker sobre el Berlín de 1928 y un libro de fotografías de dioramas en miniaturas sobre escenas de crímenes sangrientos. "Un regalo de un amigo", dice. El autor de Lusitania habla en esta entrevista de los libros que lee, y de aquellos a los que vuelve una y otra vez, de sus novelistas favoritos, de su formación intelectual e incluso del escritor en el que le gustaría reencarnarse.

Pregunta.- ¿Qué libros tiene actualmente en su mesilla?
Respuesta.- Vida después de la vida de Kate Atkison, Estación once de Emily St. John Mandel y El giro de Stephen Greenblatt. Aunque estoy molesto con Greenblatt porque el protagonista del libro, Poggio Bracciolini, es un tipo del que un día pensé que sería un buen tema para un libro. Claramente era el caso. Supongo que Greenblatt lo hizo mejor.

P.- ¿Quién es su novelista favorito de todos los tiempos?
R.- Por mucho que suene a cliché, tendría que decir Tolstoi. Me convertí en un adicto en la universidad. Ayudó que estuviera totalmente enamorado de mi profesora de literatura rusa, que me llamó la atención por ser muy del estilo a Anna Karenina. Cada vez que me siento a releer Guerra y paz (la he leído tres veces) siento como si estuviera viviendo otra vida. Estoy a punto de empezarla por cuarta vez. (Revelación: me salto los ensayos del final). Después de decir eso, mi novela favorita no es de Tolstoi sino de Hammett y es El halcón maltés.

P.- ¿Cuáles son las mejores obras de no-ficción que ha leído? ¿Alguna que considere como obra maestra del género?
R.- Yo diría que hay un empate entre John McPhee y David McCullough. Aunque McCullough batió a McPhee por su presencia divina. Creo que en una vida pasada McCullough escribió los diez mandamientos. Ambos han tenido una gran influencia en mí. McPhee vino a dar una charla a mi escuela de posgrado de Periodismo en Columbia y habló sobre su tipo de construcción narrativa. Aproveché todo lo que pude. En cambio fue el libro The Johnstown Flood de David McCullough el que encendió mi imaginación, el que me enseñó realmente cómo escribir un libro de no-ficción, aunque Morning on Horseback, sobre el joven Teddy Roosevelt, es mi novela favorita del escritor. De todos modos, aquí también tengo que decir que mis dos obras de narrativa de no-ficción favoritas son A sangre fría de Truman Capote e Hiroshima de John Hersey.

P.- Estudió Historia y cultura rusa en la Universidad de Pensilvania. ¿Le gusta leer literatura rusa?
R.- Me encanta. No tengo una lista de deseos pero si la tuviera, una de las entradas sería desempolvar a mi universidad rusa y pasar una gran parte del año leyendo, o intentando releer, Guerra y paz como debería ser leída, en ruso, con todo el murmullo inherente al lenguaje. Puedo hacer las partes en francés.

P.- ¿Qué libro nos sorprendería encontrar en sus estanterías?
R.- Veamos: un manual práctico sobre el interrogatorio policial, la colección completa del trabajo de Kipling de 1890 sobre tableros marroquíes con esvásticas en la encuadernación -el símbolo indio de la buena suerte- que plantea un problema de visualización; una guía de Baedbeker sobre el Berlín de 1928 y un libro de fotografías de dioramas en miniaturas sobre escenas de crímenes sangrientos, un regalo de un amigo.

P.- ¿Qué tipo de lector era de pequeño? ¿Su libro favorito? ¿El personaje más querido?
R.- Era un lector promiscuo. Me encantaban los libros de Nancy Drew y Tom Swift -nunca los Hardy Boys- pero también leía a Dumas, Dickens, Poe, Conan Doyle y los libros de guerra de Cornelius Ryan. En cuanto a mi personaje favorito estoy dividido entre Nancy, con el que tuve un flechazo indecoroso y Edmond Dantés, el Conde de Montecristo. Mi libro favorito de pequeño era, de hecho, El Conde de Montecristo, sin duda alguna. Aún recuerdo vívidamente un día en particular cuando me fui enfermo a casa del colegio y me pasé el día leyendo el libro y soñando despierto.

P.- Si tuviera que escoger un libro que le ha hecho ser quien hoy es, ¿cuál sería?
R.- El silencio de los corderos. No, perdón. Me encantaba ese libro pero no me convirtió en lo que soy, gracias a Dios. Tendría que irme a las historias de Nick Adams en En nuestro tiempo de Hemingway. Puede que Hemingway no haya sido la persona más amable del mundo pero su obra me ofreció una nueva manera de pensar en la escritura, el valor de eliminar los adjetivos y los verbos. Era, por encima de todo, el maestro en el arte de no decir. Pero las historias de Nick Adams tuvieron una resonancia más personal, algo se enroscó en mis pasiones enturbiando mi alma cuando era un chico en la universidad e inmediatamente después. Destacaría esta frase: "Llevaba mucho tiempo despierto antes de recordar que su corazón estaba roto".

P.- ¿Qué libro le recomendaría leer al presidente?
R.- Hiroshima de John Hersey. Pero sospecho que ya lo ha leído. O al menos eso espero. Para mí, solo hay un problema que debe preocuparnos, la detonación, accidental o a propósito, de un arma nuclear. Cambiaría todo y, bajo las circunstancias correctas o incorrectas, podría incluso acabar todo.

P.- Si pudiera conocer a cualquier escritor, vivo o muerto, ¿quién sería? ¿Qué querría saber?
R.- ¡Oh, buena pregunta! Hemingway. Me hubiera encantado conocerle en París para tomar algo en Closerie des Lilas (donde, de paso, hay una pequeña placa que marca su lugar en el bar). Después de un par de Pernods, le preguntaría por qué era tan mezquino con Fitzgerald y porqué Catherine tuvo que morir al final de Adiós a las armas. Me gustaría hablar con él sobre el arte de no decir, en particular sobre una de mis historias favoritas, Colinas como elefantes blancos. Probablemente saldría pensando que es un idiota. Pero aún así.

P.- ¿Qué libro cree que tendría que haberle gustado pero le decepcionó? ¿Cuál fue el último libro que abandonó sin terminar?
R.- Oh. Estamos contando secretos oscuros, ¿no? No. Necesito todo el buen karma que pueda tener. Pero una vez dicho esto, claro que hay libros que me dejaron rascándome la cabeza y preguntándome por qué eran tan populares. Me solía forzar a mí mismo a terminar cualquier libro que empezaba pero en cuanto he ido creciendo, me he dado cuenta de que es absurdo, como pedir algo de cenar solo porque la persona con la que estás ha pedido lo mismo. Y aun así, por alguna razón, esos libros siguen viviendo en mis estanterías. Solo unos pocos que me molestaron terminaron en la papelera de reciclaje.

P.- ¿Cuál es el libro que le gustaría que escribiera otra persona?
R.- Una historia de fantasmas genial. Algo de mal humor y terrorífico pero exquisitamente bien escrito. Shirley Jackson (The Haunting of Hill House, mi historia de fantasmas favorita) está muerta, pero a lo mejor algo de Susan Hill me complacería. O de John Ajvide Lindqvist.

P.- ¿Quién le gustaría que escribiera su biografía?
R.- Nora Ephron. O Bill Byrson. O David Sedaris. Porque, honestamente, los momentos que más aprecio de mi vida son aquellos en los que nada iba según lo planeado. Como aquella vez que iba hacia mi primera entrevista de trabajo real y paré en Penn Station para usar el cuarto de baño y, por alguna imposible razón, el urinario descargó el desinfectante azul hacia fuera. Llevaba una camisa blanca. Conseguí el trabajo, en Grosset&Dunlap, que -podemos pararnos un momento para honrar la circularidad- ha publicado los libros de Nancy Drew que tanto me gustaban cuando era niño. Ahora bien, si estuviéramos hablando de cineastas haciendo un biopic sería mucho más fácil: Simon Pregg.

P.- ¿Le gusta releer? ¿A qué vuelve una y otra vez?
R.- Me encanta releer. Vuelve de manera usual a Ragtime de Doctorow, Guns of August de Barbara Tuchman (ese maravilloso primer párrafo), A sangre fría de Truman Capote, Martin Dressler de Steven Millhauser, En nuestro tiempo de Hemingway, Caroline's Daughter de Alice Adams (también una de las favoritas de mi mujer), The Shipping News de Annie Proulx, La Brava de Elmore Leonard o El día de la Independencia de Richard Ford. Pero siempre, siempre, siempre vuelvo a El halcón maltés de Hammett, como he dicho mi novela favorita. Y, por supuesto, Una visita de San Nicolás, que leo a mi familia todos los años en Nochebuena, aunque soy algo propenso a cambiar el lenguaje a cosas como 'vomité sobre la hoja'. Lo sé. Pero tienes que estar allí.

P.- ¿De qué libros que no ha leído se siente avergonzado?
R.- Proust. No he leído nada de él. Es como si una parte de mi cerebro se hubiera ido durante una cita con el dentista en la infancia, como si toda la capacidad para leer a Proust se hubiera ido allí.

P.- ¿Qué es lo siguiente que planea leer?
R.- Proust. 


EL CULTURAL




Julio Villanueva Chang / Soy un lector omnívoro y promiscuo




Julio Villanueva Chang

“Soy un lector omnívoro y promiscuo”

Julio Villanueva Chang, fundador de 'Etiqueta Negra', se somete a un carrusel de preguntas


El editor Julio Villanueva Chang. / GUACAMOLE PROJECT
Julio Villanueva Chang nació en Lima el día de Navidad de un año que prefiere no desvelar. En la capital peruana fundó Etiqueta Negra, una de las revistas de crónica más importantes del mundo. También es autor de varios libros, entre ellos uno de perfiles, Elogios Criminales.
Pregunta. ¿Cuál es el último libro que le hizo reírse a carcajadas?
Respuesta. Más que carcajadas, fue una sonrisa multiplicada: La jornada de un periodista americano en 2889, de Julio Verne. Todo libro sobre el futuro, y más sobre el futuro del periodismo, carga un humor involuntario.
P. ¿Qué libros están normalmente en su mesa de dormir?
R. Soy un lector omnívoro y promiscuo: siempre vuelvo a Memorias del subsuelo, de Dostoievski; Mitologías, de Barthes; Poemas humanos, de Vallejo. Y en la misma mesa, puedo tener El pulgar del panda, de Stephen Jay Gould; Hombres en tiempos de oscuridad,de Hannah Arendt; cuentos de Chéjov y de Keret, poemas de Szymborska y Watanabe, crónicas de Villoro o de Luis Tejada, o Why Knot?, un manual de instrucciones sobre cómo hacer nudos, de Philippe Petit.
P. ¿Qué libro le cambió la vida?
R. Aunque nos devuelvan la fe en ella o nos la arruinen un poco, ningún libro por sí solo me cambió la vida. Sí me la han cambiado el humor, la generosidad, la inteligencia, la curiosidad, el talento y la rebeldía de algunas personas.
P. ¿Cuál es su rutina diaria para editar?
R. Dormir no más de cinco horas, comer a deshoras, y estar más o menos nueve horas solo.
P. ¿Qué personaje literario se asemeja a usted?
R. Siempre he estado al otro lado del espejo. A veces más cerca del cómic: de niño quería ser Spiderman, por esos tiempos el único superhéroe que hablaba solo y me hacía sonreír. Incluso cuando caía al vacío con música de suspense.
P. ¿Qué significa ser un editor?
R. Un ignorante experto en hacer buenas preguntas.
P. ¿Qué libro le regalaría a un niño para introducirlo a la literatura?
R. Lo abrumaría con El Libro Guinness de los records de 1977.Luego con Los cachorros, de Vargas Llosa, y cuentos como La insignia y Por las azoteas, de Ribeyro. Después Las aventuras de Sherlock Holmes, de Conan Doyle; Demian, de Herman Hesse y El barón rampante, de Calvino.
P. ¿Cuál es su lugar favorito?
R. En verano, Lima con vistas al mar. Cádiz, en septiembre. Y el lugar común: Nueva York.
P. ¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?
R. La Metamorfosis, de Kafka.
P. ¿Qué cambiaría de usted mismo?
R. Todo, todo, excepto una que otra pregunta.
P. ¿Qué lo deja sin dormir?
R. Mi insomnio y Law & Order.
P. ¿Lo último que compró y le encantó?
R. Una lámpara con luz amarilla.
P. ¿El mejor souvenir que ha llevado a casa?
R. Un paraguas común y corriente que una noche lluviosa me dio Gay Talese al despedirnos en la puerta de su casa.
P. ¿La última música que descargó?
R. Soy un anticuado: compro cds. ¿El último? The name of this band is Talking Heads.
P. ¿Su espacio favorito en su casa?
R. Dos viejas butacas de cine donde me tumbo a leer.
P. ¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?
R. Con Stephen Jay Gould y la reina del carnaval de Río.
P. ¿Qué es para usted un buen fin de semana?
R. Salir a bailar a medianoche.