martes, 27 de agosto de 2019

Peter Olov Enquist / La visita del médico de cámara / Reseña de Fátima Uribarri

La visita del médico de cámara, de Per Olov Enquist

La visita del médico de cámara, 

de Per Olov Enquist


Fátima Uribarri
1 de octubre de 2018

Per Olov Enquist es todo un personaje. Ha escrito crítica literaria, teatro, novela, cine (es autor del guión de películas como la ganadora de un Óscar, Pelle el conquistador) y ha competido en salto de altura en competiciones internacionales. También ha tenido sus periodos oscuros debido a su alcoholismo (superado, según él, gracias a la literatura). Y es un eterno candidato al Premio Nobel de Literatura. En Suecia (nació allí, en el remoto pueblo de Hjoggbüle, en 1934) es un veterano autor de prestigio. Publica libros desde los años 60 y suele combinar las obras más convencionales con otras en las que innova y experimenta. La visita del médico de cámara, publicada en 1999 y que ahora rescata en una nueva edición la editorial Nørdica, es uno de sus mayores éxitos literarios: se vendió muy bien en hasta 20 países, entre ellos España. Con ella Per Olov Enquist ganó el Premio August y el Independent Foreign Fiction. Su buena acogida obedece sobre todo al interés histórico: esta novela despierta el hambre de conocimiento por la Historia de los países escandinavos; por el devenir de las distintas monarquías europeas, y por supuesto por la Ilustración. El interés de este escritor por la historia no es nuevo. También ha escrito, entre otras obras, Los legionarios (1968) donde novelaba la huida a Suecia de soldados alemanes tras la Segunda Guerra Mundial, y La partida de los músicos (1978), ambientada en el conflicto vivido en unos aserraderos. 

Enquist lleva treinta años escribiendo obras de teatro. Lo dicho, es un autor veterano, curtido, prestigioso y que ha contado con el aplauso del público, sobre todo, en lo que se refiere al género novelístico con La visita del médico de cámara, sin duda, su gran éxito. La novela narra lo que en Dinamarca se ha llamado “el periodo Struensee”, entre 1770 y 1772, cuando el médico alemán Johann Friedrich Struensee se convirtió en el valido del rey Christian VII y llevó a cabo una serie de reformas inspiradas por el espíritu de la Ilustración. El escritor siembra la intriga desde la primera página. Todavía los lectores no conocen a Struensee, pero ya saben que sus tiempos han terminado y no demasiado bien. El arranque tiene fuerza porque entra en escena el rey Christian VII de Dinamarca, uno de los protagonistas mejor logrados de esta novela en la que los personajes son muy escasos, apenas hay cuatro principales y otros cuatro secundarios.

La narración gira en torno al rey Christian VII, a su mujer, la princesa británica Carolina Matilde, hermana de Jorge III de Inglaterra, y de dos hombres antagónicos que simbolizan en cierto modo el bien y el mal. Uno es el médico alemán Johann Friedrich Struensee; el otro el atormentado y maquiavélico Ove Hoegh Guldberg, un plebeyo que ha ascendido en la corte gracias a su ambición y astucia. Struensee encarna los ideales de la Ilustración. Es un hombre ingenuo, dueño de buenas intenciones, pero carece de instinto político. Y en una corte en la que se masca la tragedia, su destino está marcado. Hay un aire muy shakespeariano en esta corte danesa; y sí, en este libro Hamlet aparece de vez en cuando: también hacen unas breves apariciones importantes representantes de la Ilustración, como Diderot y Voltaire.

Struensee y Guldberg pugnan por el favor del rey, un pelele que da auténtica pena. Christian había sido un chico listo. Podría haber sido un rey hábil. Pero el monstruo que se encargó de su educación lo destruyó: sometió al chiquillo a un maltrato psicológico brutal y continuado que acabó con las luces del pobre muchacho. Cuando asciende al trono a los 17 años, Christian es un alfeñique desnortado. Confunde la realidad con la ficción. Balbucea. Tiene ataques de ira. Se autolesiona. Lo sacuden los tics. Le puede el miedo y la inseguridad. Es un pobre pelele. Siempre ha sido manejado por alguien. Su padre, un alcohólico irresponsable, lo despreció. Su madre murió pronto, cuando él apenas tenía dos años. Y para su madrasta no es más que un incómodo obstáculo. 

Es un rey patético, un monarca absoluto que nunca reinó: se limitaba a firmar los papeles que le ponían delante. Solo se tranquilizaba cuando lo dejaban jugar con su perro y con un niño negro, un paje que compraron para entretenerlo. Solo parece preocuparse por Christian uno de sus instructores que ha sido oportunamente expulsado de la corte. Solo parece quererle el conde alemán Johann Struensee, aunque es cierto que también lo utiliza para poner en marcha reformas ilustradas.

También juega un papel primordial la reina, Carolina Matilde, la inglesita a la que casaron con el loco, la joven a la que menospreciaron: Carolina Matilde tiene más carácter y vale mucho más de lo que pensaron los daneses. Por supuesto, es difícil mantener relaciones íntimas con el rey loco. Por supuesto, el valido Struensee, alto, rubio y atractivo, es lo contrario del rey. “Si desde el principio no la hubieran juzgado mal, creyendo que no poseía cualidades propias, se habría podido evitar la catástrofe”, se dice en La visita del médico de cámara. Por supuesto, Struensee y la reina se enamoran.

No hay descripciones que añadan vistosidad a las escenas que se cuentan. A Enquist no le interesa mostrar la vida de la Dinamarca de la segunda mitad del siglo XVIII. El autor sueco eleva su punto de mira. Su novela es un retrato del tremendo choque entre la oscuridad de siempre y una nueva luz que pretende asomarse. Es un libro sobre el espíritu de la Ilustración. Sobre el eterno temor del hombre a los cambios. Es lógico que la reina madre se oponga a las revolucionarias decisiones tomadas por el ilustrado Struensee, al fin y al cabo podrían poner fin a los desmesurados privilegios de los que gozan ella y los suyos. Pero a las reformas del médico alemán tampoco las celebró el pueblo, el beneficiario de decisiones como la reducción de las pensiones superfluas a los funcionarios; la prohibición de la tortura, la instauración de fondos de ayuda para hijos ilegítimos... Struensee incluso quiso terminar con la servidumbre.

“El pueblo devora a su benefactor”, se afirma en La visita del médico de cámara. También se menciona la impaciencia de los hombres buenos. Struensee se equivocó por hacer demasiadas cosas. Per Olov Enquist se centra en la colisión entre las ideas absolutas y la complejidad del comportamiento humano. Esta novela es un drama sobre la impotencia de asumir la libertad: algo que le sucede al propio Struensee, a la reina, y al pueblo danés. 


Respecto al estilo, Enquist utiliza un lenguaje llano y directo. Es eficaz. Pero abusa de la repetición. Con ese recurso el escritor sueco siembra cierto desconcierto en el lector. Y sin embargo, a pesar de prescindir de los adornos y de que las repeticiones a menudo resulten cansinas, Enquist logra zambullirnos de lleno en su narración. Hay emoción en esta novela sin adornos. Hay combate ideológico, filosofía, duelos morales. Y a Per Olov Enquist le gusta hacer hincapié en el paradójico comportamiento humano. En ese sentido es muy significativa una escena crucial: un mar de rostros se reúne ante el cadalso para ser testigos de cómo el verdugo primero corta una mano y después secciona la cabeza del condenado. El que va a morir mira al público de su ejecución y piensa: son ellos. Esa es la gente a la que él quiso salvar. Esos a quienes ha querido ayudar han ido a ver su derrota y su muerte. “Las ideas se ensucian con la realidad”, manifiesta esta novela tan ilustrativa.

BLOG DE JAVIER SÁNCHEZ



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Per Olov Enquist o la novela abisal / La biblioteca del capitán Nemo

Per Olov Enquist.
Per Olov Enquist.


Per Olov Enquist o la novela abisal 
La biblioteca del capitán Nemo
imagen descriptiva
Per Olov Enquist
Jesús Ferrero
13 de julio de 2015

A finales del siglo pasado hubo un desembarco de escritores nórdicos en España, entre los que destacaba Per Olov Enquist, al que tuve la suerte de conocer.

Enquist era un hombre delgado y largo, al estilo del actor Max von Sydow. Su rostro esculpido me pareció de una expresividad tan dolorosa como incisiva.

Enquist era amable y a la vez escurridizo. Apostaba por la parquedad; era muy observador y sabía escuchar. Con apacible claridad nos habló de Suecia y de esa variante del cristianismo que obliga a los fieles a imaginarse dentro de las llagas de Cristo. Llagas que se presentan como las cuevas benignas del Dios Hijo en las que poder refugiarse de la ira del Dios Padre, eternamente torturador y castigador.

También nos habló de la endogamia rural de la Suecia que el conoció, de los subnormales, de los pueblos aislados y terribles, de la desolación y de la mezquindad. Finalmente nos habló de El ángel caído: una narración cruzada sobre la conciencia en sus límites más atroces: la conciencia de los que saben que les miran como a monstruos por sus deformaciones físicas, o sus deformaciones psíquicas, o su melancolía mortal.

¿Como puede ser la conciencia de un ser que lucha desesperadamente para que reconozcan su humanidad? La respuesta está en El ángel caído, que dentro de su brevedad es una novela total. (No hacen falta miles de páginas para apresar la plenitud más abismal del mundo). Lo he dicho mil veces y lo vuelvo a repetir.

Más tarde leí, esta vez en francés, su visión de Fedra en tallados versos libres (Pour Phèdre) y la novela La visita del médico de cámara, donde explora la vida del príncipe loco Cristian VII, que tanto nos recuerda a Hamlet. Una vez más, Enquist volvía a adentrarse con coraje en los límites de la normalidad y los límites de la monstruosidad.

En la época en que lo conocí, Enquist me habló especialmente de la novela La biblioteca del capitán Nemo como una de sus preferidas, y que este año ha sido publicada en español por Nórdica-Libros en una excelente traducción de Martín Lexell y Mónica Corral Frías. Él mismo Enquist me regaló un ejemplar de la edición francesa, que devoré en una noche de sofocante calor. Me entusiasmó, y mientras la abordaba comprendí todo lo que nos había dicho su autor sobre la Suecia rural y sobre ese Dios que “significaba la eternidad aterradora”.

También percibí que una vez más Per Olov Enquist nos colocaba ante un ángel caído (y sustituido por su propio doble), evolucionando en un mundo en el que una parte del ser vive es una especie de exilio estremecedor, que nos conduce al universo íntimo e intimidador de Bergman. En ese universo, el protagonista (que sólo protagoniza su doble alienación) busca en el mito del capitán Nemo un universo donde los excluidos hallan el refugio submarino y poéticamente enlazado al de las llagas del Hijo torturado por el Padre.

Per Olov Enquist es dueño de un estilo elíptico, de frases cortas y cortantes, que avanzan formando líneas quebradas, a la vez que ascienden y descienden creando círculos concéntricos de naturaleza absorbente.

Su lectura supuso para mí una experiencia parecida a la lectura de Bajo el volcán. El mismo Enquist nos dijo que escribió el libro tras salir de un infierno de alcoholismo y desesperación. Acabé de leerlo al amanecer y miré por la ventana. El cielo parecía una imagen de la aurora boreal como la que se desvanece al final de La biblioteca del capitán Nemo.

Gracias, señor Enquist, por haber escrito libros tan espléndidos.  

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), OpiumEl efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosasÁngeles del abismoEl beso de la sirena negraLa noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).
Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.
Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

EL BOOMERAN



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Lisbeth Salander se despide de ustedes



Lisbeth Salander se despide de ustedes

Llega la sexta entrega de Millennium. Tras 100 millones de ejemplares venidos, será la última... al menos para David Lagercrantz, el escritor que continuó la historia de Larsson


BIOGRAFÍa de stieg larsson

Iñigo López Palacios
Estocolmo, 26 de agosto de 2019




La actriz Rooney Mara en un fotograma de la saga Millennium.
La actriz Rooney Mara en un fotograma de la saga Millennium.

La chica que vivió dos veces comienza con un mendigo muerto en pleno Estocolmo. Lo encuentran en uno de los parques de Södermalm, la isla que sirve de epicentro de las novelas de la serie Millennium y el lugar donde residía su creador, Stieg Larsson y, casualidad, David Lagercrantz, el escritor encargado de continuar con su trabajo

¿Quién mató a la novela negra nórdica?

Lisbeth Salander
Ilustración de Fernando Vicente


¿Quién mató a la novela negra nórdica?

El empuje de nuevas potencias literarias y los efectos de la globalización del género criminal ponen en jaque la hegemonía del 'noir' nacido del frío


Juan Carlos Galindo
Lyon, 2 de abril de 2017

La novela negra vive una revolución global. El declive de la moda escandinava y el poderoso empuje de otras literaturas, otras geografías y otras realidades están cambiando el panorama. Hay una reacción a aquella amable e imparable invasión que se dio a partir de Millenium. Arnaldur Indridason, Jo Nesbo o Camilla Lackberg son ejemplos del poder comercial y a veces literario de la literatura criminal del norte de Europa, pero ya no es lo mismo. Francia, donde la tradición es extensa y rica y donde en la actualidad uno de cada cinco libros vendidos pertenece al género negro, es un excelente termómetro. El Quais du Polar de Lyongran reunión mundial de la ficción criminal, el mejor sitio para abordar este asunto. “La de la novela negra es la única globalización positiva que se está dando”, comenta Bernard Minier ante un café en una soleada tarde de viernes. “Hoy estoy en Lyon, pero la semana pasada estaba en Dubai, en una mesa sobre la geografía del género con un autor anglo sudanés y otro indio. Esto antes no pasaba”, explica el nuevo rey del thriller francés (más de 1,5 millones de libros vendidos).

lunes, 26 de agosto de 2019

Natalia Vodianova / “Vivir en la pobreza me enseñó a defenderme”



Natalia Vodianova



Natalia Vodianova: “Vivir en la pobreza me enseñó a defenderme”

El apodo Supernova se queda corto para esta modelo cuya historia parece un cuento de hadas. Imagen de Guerlain y alma de la fundación 'Naked Heart', conoce muy bien los mecanismos de una industria. 




Natalia Vodianova: “Vivir en la pobreza me enseñó a defenderme”
Abrigo con capucha, blusa con lazada y pendientes, todo de Valentino (c. p. v.). En la mirada se ha aplicado el blush bitono 03 Soft Coral sobre el párpado, utilizando el iluminador en el lagrimal para aportar más luz. En los labios KissKiss 343 Sugar Kiss. Todo de Guerlain. FOTO: CUNEYT AKEROGLU. REALIZACIÓN: NATALIA BENGOECHEA
Ninguna otra historia tiene ese halo de cuento de hadas. Natalia Vodianova(Nizhni Nóvgorod, Rusia, 1982) pasó de la pobreza a los altares de la moda con 17 años. Podría haberse dejado deslumbrar por el lujo de una industria acostumbrada a maquillar la realidad y cincelar las más exquisitas formas de fantasía. Pero jamás tuvo intención de olvidar su niñez. Los recuerdos del pasado se convirtieron en su aliento e impulso para consolidar su meteórica carrera y transformar su nueva vida –de riqueza, éxito profesional y personal– en un trampolín para conseguir algo más grande. Con 22 años fundó la organización benéfica Naked Heart. «Ser modelo nunca fue suficiente», reconoce. Ahora tampoco lo es.

Margaret Qualley, la hija de Andie MacDowell, es la nueva revelación

Margaret Qualley


Margaret Qualley, la hija de Andie MacDowell a la que no puedes perder de vista


Si ya has visto la última película de Quentin Tarantino, Érase una vez en… Hollywood, es probable que te haya llamado la atención la actriz que interpreta a Pussycat, la actriz que interpreta a la joven acólito de Charles Manson conocida como Pussycat.

Sólo para fetichistas / Margaret Qualley


Sólo para fetichistas
Margaret Qualley


Brad Pitt / Margaret Qualley / Érase una vez en Hollywood



Brad Pitt / Margaret Qualley
Érase una vez en Hollywood





"Quentin, es una mala idea. He hecho puntas durante demasiado tiempo como para mostrarle los dedos de los pies al mundo."
Margaret Qualley












Érase una vez… el nepotismo de Hollywood

Maya Hawke y su madre Uma Thurman, y Margaret Qualley, y su madre Andie MacDowell


Érase una vez… el nepotismo de Hollywood

Tarantino contrata para su novena película a cuatro hijas de famosos: Maya Hawke (Uma Thurman), Margaret Qualley (Andie MacDowell), Rumer Willis (Demi Moore) y Harley Quinn Smith (Kevin Smith)


Eneko Ruiz Jiménez
Madrid, 11 de agosto de 2019

"Soy producto del nepotismo de Hollywood. Cuando dos famosos copulan, este es el resultado". Carrie Fisher, hija de la actriz Debbie Reynolds y el cantante Eddie Fisher, nunca temió en bromear con las razones genéticas por las que ella, y no otro, había logrado un puesto en la primera plana de la meca del cine, y el calvario que eso supuso. Allí nunca se escondió, así que hasta Quentin Tarantino saca provecho a estos clanes cinematográficos en su último canto de amor a la industria. A la sombra del primer encuentro entre dos de las mayores estrellas en décadas, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, el elenco de Érase una vez en... Hollywood reúne a cuatro de las hijas de quienes eran estrellas cuando él comenzaba: Maya Hawke (Uma Thurman), Margaret Qualley (Andie MacDowell), Rumer Willis (Demi Moore) y Harley Quinn Smith (Kevin Smith).

domingo, 25 de agosto de 2019

Los Soprano / El minuto y medio que cambió la historia de la televisión


MOMENTOS ESTELARESEl minuto y medio que cambió la televisión

El minuto y medio que cambió la historia de la televisión

Los títulos de crédito de 'Los Soprano' anunciaron una nueva era en la televisión


Guillermo Altares
22 de agosto de 2019


James Gandolfini / Tony Soprano
Antes de los dragones de Juego de tronos y de los pistoleros derrotados de Deadwood, antes de la familia de enterradores de A dos metros bajo tierra y McNulty y toda la panda de los suburbios de Baltimore de The Wire, un tipo cruzó el túnel Lincoln entre Manhattan y Nueva Jersey, con un puro en la mano y música de Alabama 3, y cambió la historia de la televisión. El minuto cuarenta y cinco segundos que duran los títulos de crédito de Los Soprano dejó claro que empezaba una nueva era en la televisión. HBO emitió el primer episodio de esta serie de mafiosos de medio pelo el 10 de enero de 1999 y desde entonces nada fue igual.

Veinte años de Los Soprano / ¿Por qué se fueron los patos, Tony?


Veinte años de Los Soprano

¿Por qué se fueron los patos, Tony?

Hoy hace 20 años se emitió el primer capítulo de 'Los Soprano', una serie que revolucionó la televisión y reflejó magistralmente los contrastes del alma humana


Fernando Navarro
10 de enero de 2019

Sentado en la sala de espera de la consulta, Tony Soprano observa la estatua de una mujer desnuda. Sus ojos perezosos se fijan en la imagen provocativa e imperturbable de la figura. Ella, a diferencia de él, parece tenerlo todo claro, incluso su condición de estar expuesta a la vista de todos. Con su gesto torcido, Tony Soprano desconfía. La cámara se le acerca lentamente. ¿Quién narices puede tenerlo todo claro? ¿Quién demonios puede estar en este mundo sin que nada le perturbe? ¡Quién fuera estatua y dejase de transitar cargando con el maldito saco de la vida! Tony Soprano está a punto de reaccionar, casi de reprochar a la figura algo o más bien levantarse y marcharse de la consulta, impulsado por el pensamiento más fuerte de todos: ¿Qué pelotas hago yo en un psiquiatra? Pero, entonces, la psiquiatra le llama a su primera consulta. Nunca más saldría de ella, incluso cuando dejó de entrar.

Tony Soprano / Cinco momentos inolvidables


The Soprano

Tony Soprano: cinco momentos inolvidables

James Gandolfini, fallecido a los 51 años, interpretó con maestría al gánster más reconocible de la televisión

Repasamos los mejores momentos de la serie. OJO, contiene spoilers


El actor James Gandolfini / LUCY NICHOLSON (AFP)
James Gandolfini, fallecido este miércoles a los 51 años de edad, interpretó con maestría a Tony Soprano, el gánster más reconocible de la televisión. Aunque no se parecían en nada –el actor era culto y pacifista, el personaje violento y grotesco– uno y otro quedarán asociados para siempre, como si fuesen la misma persona. Gandolfini no dio vida al típico capo de una banda mafiosa, mil veces retratado con anterioridad, sino a un macho alfa en bata y calzoncillos que con su sola presencia lo inundaba todo.