sábado, 7 de diciembre de 2019

Rock, alcohol y literatura: las primeras batallas de Knausgård

Karl Ove Knausgård

Rock, alcohol y literatura: las primeras batallas de Knausgård

Javier García
27 de mayo de 2017

Fuma mucho y lee vorazmente. Descubre autores y los estudia y relee. También escribe. “Estuve escribiendo toda la noche, con la lluvia golpeando en la ventana a mis espaldas”, cuenta Karl Ove Knausgård (1968) en la penúltima entrega de su saga autobiográfica, Mi lucha, compuesta de seis volúmenes.
Titulada Tiene que llover, en ella el escritor noruego recuerda cuando era un veinteañero alumno de la Academia de Escritura de Berger. Tiene hambre de convertirse en un escritor de verdad, mientras tropieza con fallidas relaciones amorosas, publica su primera novela, muestra su amor por el arte, se emborracha y duda, sobre todo duda.
“Escribir significa derrota, humillaciones, encontrarse a uno mismo y reconocer que no se era lo bastante bueno”, señala en el ejemplar de más de 600 páginas que acaba de publicar editorial Anagrama en España. Una serie de copias deberían llegar a Chile a fines de junio. El título reproduce poemas y canciones compuestas por el narrador, traducido a 22 idiomas y convertido en el gran fenómeno literario del siglo XXI.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Joan Didion / El año del pensamiento mágico / Entre dos muertes

Los 25 mejore

libros


del siglo XXI

No 10

Joan

Didion


EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO

Entre dos muertes



EDUARDO LAGO 
2 de septiembre de 2006

Un estilo preciso, una lucidez en la visión de los temas que retrata y un tono alejado del sentimentalismo definen la prosa de Joan Didion. A pesar de esa aparente frialdad, sus libros consiguen emocionar vivamente a sus lectores.
Joan Didion y su marido el escritor John Dunne,1977
En una entrevista concedida a este periódico con motivo de la publicación de Lunar Park, Bret Easton Ellis colocaba a la cabeza de la lista de autores norteamericanos contemporáneos de mayor relieve a Joan Didion, para constatar a renglón seguido la sorpresa mayúscula que causaba siempre entre los escritores estadounidenses comprobar que alguien del calibre de Didion fuera una perfecta desconocida, no ya en España, sino en general en toda Europa. El hecho resulta llamativo no sólo porque estamos ante una narradora de gran calado, en cuyo haber figuran cinco novelas de sumo interés, sino porque Joan Didion posiblemente sea uno de los nombres de más prestigio (para muchos, el primero) entre quienes hoy día cultivan el género ensayístico en Estados Unidos.

Joan Didion y John Dunne
Californiana de quinta generación, la autora de El año del pensamiento mágico (su último libro, con el que ha ganado el Premio Nacional del Libro estadounidense en la modalidad de no ficción y publicado en España por Global Rhythm Press) le atribuye un significado al hecho de haber nacido en aquella parte del mundo ("los nativos de California vivimos con plena conciencia de que en cualquier momento puede sobrevenir una catástrofe natural").
La obra de no ficción de Didion ejemplifica a la perfección el género conocido como "ensayo personal", una forma de escritura cuyo objetivo es someter a examen circunstancias de orden histórico o sociológico desde una perspectiva radicalmente subjetiva. La fuerza de los ensayos de Didion estriba en que su autora está siempre presente en lo que describe o analiza; en ellos la experiencia subjetiva discurre paralelamente a las circunstancias objetivas, que en ocasiones pueden revestir caracteres catastróficos. El entronque de la realidad a observar con las experiencias personales provoca una eficaz identificación con los lectores.

Así comienza / Joan Didion / El año del pensamiento mágico


Joan Didion

BIOGRAFÍA 

EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO

1

La vida cambia deprisa.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.

Los puntos cardinales de Joan Didion

Joan Didion
David Levine

Los puntos cardinales de Joan Didion


A sus 82 años, la legendaria periodista y escritora estadounidense sigue vigente: a principios de año publicó South and West, apuntes de dos viajes, uno al sur profundo de su país y otro a San Francisco, en la década del 70. No publicó ninguna de esas crónicas hasta ahora, en que sus indagaciones arrojan nuevas luces y sombras sobre la identidad de Estados Unidos bajo Trump. Didion hace, como pocos, que lo personal sea político: sus propias ansiedades sirven para hurgar en las de su país.

Joan Didion / Sobre tener un cuaderno de notas



Joan didion

SOBRE TENER UN CUADERNO DE NOTAS


6 de noviembre de 2108

«Esa tal Estelle —dice la nota— es en parte la razón de que actualmente George Sharp y yo estemos separados». Salto de cama de crepé de China sucio, bar del hotel de la estación de Wilmington, 9.45 de la mañana de un lunes de agosto.

Como la anotación está en mi cuaderno, imagino que en algún momento debió de significar algo para mí. Me paso un buen rato examinándola. Al principio solo tengo un recuerdo muy vago de lo que yo estaba haciendo un lunes de agosto por la mañana en el bar del hotel de delante de la estación de la Pennsylvania Railroad de Wilmington, Delaware (¿esperando un tren?, ¿perdiéndolo?, ¿era 1960?, ¿1961?), aunque sí que recuerdo haber estado allí. La mujer del salto de cama de crepé de China sucio había bajado de su habitación para tomar una cerveza, y el camarero ya había oído antes la razón por la que George Sharp y ella estaban separados en la actualidad.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Coetzee / Verano



Por Rafael Narbona
EL CULTURAL
16 de abril de 2010

La mentira es la pasión del escritor. Coetzee nos ha mentido muchas veces y sólo podemos agradecérselo porque sus mentiras han iluminado sus textos, transformando la triste verosimilitud en prodigio estético.
Coetzee
Sciammarella
            Nos mintió cuando retrató a su padre como un brutal afrikánder; continuó engañándonos al fingir cierto desapego hacia un país ensombrecido por el apartheid y nos confundió definitivamente con Elizabeth Costello, permitiendo que la ficticia novelista australiana (vegetariana estricta y moralista infatigable) suplantara su personalidad, sin molestarse en aclarar que  Coetzee (huraño, reservado, real) y la Costello (extrovertida, indiscreta e inexistente) a veces discrepaban o no coincidían en absoluto. Después de leer Verano, la última entrega de su autobiografía novelada, que se inició brillantemente con Infancia (un libro que eludía el sentimentalismo, pero no la nostalgia) y prosiguió con Juventud (un relato áspero y con cierta frialdad), descubrimos que Jack, el progenitor de Coetzee, no es un supremacista blanco, ni una presencia intimidatoria compensada por una madre rebosante de ternura, sino un viudo apático, solitario e infeliz, que sólo se emocionaba con las arias de Renata Tebaldi y los partidos de rugby. Coetzee nos confiesa (¿o miente de nuevo?) que se planteó abandonarle cuando le diagnosticaron un cáncer de laringe, pues consideraba imposible cuidar a un enfermo terminal, sin renunciar a sus proyectos personales. Nos escamotea su decisión, tolerando que sospechemos lo peor. No actúa como Rousseu, que en sus Confesiones se complace en presentarse como un canalla, pero ni se incrimina ni se exculpa.

Coetzee / Un hombre entregado a las palabras

Coetzee
Fernando Vicente



John M. Coetzee 

Un hombre entregado a las palabras


¿Qué hace tan importante la obra de Coetzee, el Nobel de Literatura del 2003, de visita en Bogotá?

ALFONSO CARVAJAL
9 de abril de 2013

¿Qué hace tan importante la obra de Coetzee, el Nobel de Literatura del 2003, de visita en Bogotá?


Muchos supimos de él cuando ganó el Nobel (2003). J.M. Coetzee era un escritor de culto y su obra circulaba en editoriales pequeños e independientes, antes de que R.H. Mondadori lo tomara para sí.

Rafael Narbona / Coetzee antes del Nobel


Rafael Narbona
COETZEE ANTES DEL NOBEL


Rafael Narbona
8 de enero de 2011

Hace unos años, Harold Bloom nos recordaba la imposibilidad de repetir el verso de Mallarmé: “la carne es triste, ay, y ya he leído todos los libros”. Nuestra condición de seres mortales se ha acentuado ante la avalancha de títulos que inunda el mercado editorial. Nunca ha sido tan urgente discriminar entre lo esencial y lo irrelevante, pero en el caso de Coetzee no cabe ninguna duda. Sus novelas son obras esenciales, necesarias, que surgen en el contexto del apartheid, pero que nos ayudan a comprender al ser humano en todas sus flaquezas y virtudes, adquiriendo una resonancia universal. Su prosa depurada, sin retórica ni filigranas, garantiza una más que probable supervivencia. Al igual que Chejov o Walser, Coetzee sobrevivirá a los cambios de modas y estilos. De hecho, ya podemos considerarlo un clásico iracundo, desesperanzado, demoledor, que aprecia los gestos de redención, pero sin ninguna fe en una humanidad liberada de sus egoísmos, mezquindades y aberraciones morales.

José María Guelbenzu / Verano / La verdad de Coetzee

J.M. Coetzee
Ilustración de Fernando Vicente

José María Guelbenzu
VERANO
LA VERDAD DE COETZEE


Feria del Libro de Madrid
El País, 05/06/2010

El Nobel sudafricano abre nuevos caminos literarios con la tercera parte de su autobiografía, Verano. Repasa su vida en los años setenta a través de unos pocos hechos cruciales


A partir de Elizabeth Costello, J. M. Coetzee entró en un territorio literario donde el juego ficción-realidad, preferentemente enmarcado en textos más o menos autobiográficos, supuso un cambio de rumbo en su narrativa, un cambio asumido con tanto espíritu como riesgo, que está dando como resultado obras que se adentran decididamente en la construcción de la novela del siglo XXI. Diario de un mal año era un texto a tres bandas que contenía un ejercicio de indagación en la senectud extremadamente inteligente gracias a esa simultaneidad de voces y actitudes (un viejo, una muchacha sensual y su novio) con la que establecía un expresivo ejercicio de perspectiva y autoanálisis. Con Infancia y Juventud entraba en una suerte de memorias sui géneris cuyo tercer capítulo, bajo el subtítulo de 'Escenas de una vida de provincias III', lo constituye este Verano que ahora comentamos. Todos estos libros han sido editados en España por Mondadori.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Adolfo Bioy Casares / Borges




Los 25 mejore

libros


del siglo XXI

No 08

Adolfo

Bioy Casares


 BORGES

MEMORIA INÉDITA DE DOS ESCRITORES

Borges viene a cenar




Adolfo Bioy Casares relató en un diario de 1.700 páginas los encuentros con su amigo


Javier Rodríguez Marcos
Madrid, 14 de octubre de 2006

Una tarde de 1931, uno de los escritores jóvenes de mayor renombre en Argentina conoció a un muchacho envenenado de literatura. Hablaron de libros y se volvieron inseparables. El joven, de 32 años, se llamaba Jorge Luis Borges. El muchacho, de 17, Adolfo Bioy Casares. No había pasado un lustro cuando concibieron su primera obra a cuatro manos, un extravagante folleto comercial sobre las virtudes de "un alimento más o menos búlgaro": la cuajada. Lejos de toda frivolidad, aquel legendario cuadernillo tuvo para Bioy un carácter iniciático: "Después de su redacción yo era otro escritor. Toda colaboración con Borges equivalía a años de trabajo". Aquella primera tentativa de literatura láctea desembocó en el nacimiento de Bustos Domecq, el nombre con el que los dos amigos firmaron varias colecciones de cuentos policiales en los que, según Borges, él ponía los argumentos y Bioy, "las frases".
Borges y Bioy Casares











"María Kodama lo castigaba con silencios. Junto a ella vivía temiendo enojarla"

Lo mismo cabría decir de las notas que el propio Bioy Casares dedicó en sus diarios al autor de El Aleph. En efecto, aquél puso los argumentos y éste, las palabras a lo largo de centenares de encuentros consignados la mayoría de las veces con el mismo encabezamiento: "Come en casa Borges". De las 20.000 páginas de cuadernos íntimos que Bioy escribió a lo largo de su vida, su relación con Borges ocupa 1.700. Son las que antes de morir, en 1999, preparó para su publicación con la ayuda de Daniel Martino, su albacea. El resultado es un vibrante adoquín lleno de nombres pero sin índice onomástico que, con el escueto título de Borges, la editorial Destino publicará en todo el mundo de habla hispana el próximo día 19. Aunque el libro se extiende entre 1931 y 1989, la verdad es que Bioy resume los 15 primeros años en una decena de páginas. Eso sí, brillantes. Son los tiempos del primer encuentro, de la cuajada, la fundación de revistas y editoriales efímeras y de la boda, en 1940, entre Adolfo Bioy Casares y la también escritora Silvina Ocampo. El padrino fue, por supuesto, Borges.

Bioy Casares / Esta tarde murió en Ginebra

Jorge Luis Borges


MEMORIA INÉDITA DE DOS ESCRITORES

Esta tarde murió en Ginebra


Adolfo Bioy Casares

14 de octubre de 2006




- 1986. Viernes 14 de febrero. Ferrari me dice que está preocupado por la falta absoluta de noticias de Borges. [...] Al rato me confiesa que Fanny le contó que según el nuevo médico Borges está en una clínica, probablemente en Ginebra. Borges me dijo: "No estoy nada bien. No sé cómo me irá. Tanto da morir en una parte o en otra". A Fanny le habría dicho: "Ojalá que en este viaje me muera". (Sin embargo, últimamente Borges recordaba el proverbio chino que dice: "No hay hombre tan joven que no pueda morir mañana, ni hombre tan viejo que no pueda vivir un año". ¿No es que desea morir? Pienso que proclama eso porque es más fácil expresar el deseo de morir que el deseo de seguir viviendo. Además, el que desea la muerte es un filósofo valiente y el que desea seguir viviendo es un mentecato ofuscado y ególatra).



MÁS INFORMACIÓN



- Lunes 12 de mayo. Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, llamó al teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvina le preguntó cuándo volvían: María no contestó a esa pregunta. Silvina habló también con Borges y volvió a preguntar: "¿Cuándo vuelven?". Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía, para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal, y que le hablara en voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. "Regular, no más", respondió, "Estoy deseando verte", le dije. Con una voz extraña, me contestó: "No voy a volver nunca más". La comunicación se cortó. Silvina me dijo: "Estaba llorando". Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.
Borges y Bioy Casares
- Sábado 14 de junio. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear. Un individuo joven, con cara de pájaro, me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: "¿Por qué?". "Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: "Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez". Pensé: "Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de octubre de 2006

Borges & Bioy casares / Una amistad


Bioy Casares y Borges

MEMORIA INÉDITA DE DOS ESCRITORES
BORGES & BIOY CASARES

Una amistad


Alberto Manguel
14 de octubre de 2006

La primera vez que los vi juntos fue en el vasto departamento que Bioy y Silvina Ocampo ocupaban cerca del cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires. Yo los había conocido separadamente: a Borges en la librería en la que yo trabajaba, a Bioy en un café cerca de su casa. Esa tarde, yo había ido a ver a Silvina, a quien le había pedido un texto para una antología que preparaba la editorial Galerna. Estábamos hablando en el salón (Silvina hacía preguntas íntimas que yo no sabía cómo contestar) cuando de pronto escuchamos a dos hombres riéndose a carcajadas en una de las habitaciones del fondo. "Esos dos se divierten como chicos malos", comentó Silvina. Cuando al rato aparecieron, las sonrisas no se habían borrado. La de Borges era la más contagiosa, quizá porque era la más visible. Al reírse, abría la boca, cerraba los ojos, y la cara se le arrugaba como si tratase de contener algo a punto de explotar. La sonrisa de Bioy era más discreta, quizá porque era más joven. "Siempre se portan así cuando escriben juntos", me explicó Silvina. "En cambio yo, si algo de lo que escribo me divierte, me tengo que reír sola".

Oímos a dos hombres riendo. "Estos dos se divierten como chicos malos", comentó Silvina

Es fama que Bioy y Borges se conocieron gracias a Victoria Ocampo. La madre de Bioy, amiga de Victoria, le confesó un día que le inquietaban las veleidades literarias de su hijo adolescente y quería saber si Victoria sabía de alguien, con cierta experiencia en el mundo de las letras, que pudiera guiarlo. Sin dudarlo, Victoria nombró a Borges. Adolfito, como lo llamaban entonces, tenía 17 años; Borges, 32. Su primera conversación, según recuerda el mismo Bioy, fue en el trayecto de regreso de la casa de Victoria. Con la torpeza del joven escritor ante el ya consagrado, Bioy emprendió "el elogio de la prosa desvaída de un poetastro que dirigía la página literaria de un diario porteño".