Así comienza
EL ARRECIFE DEL ESCORPION
de Charles Williams
Puesta de sol
Tenía algo de fantasmal. El piloto y los dos marineros de primera que componían el destacamento de abordaje se miraron, incapaces de creer lo que veían.
No había señales de violencia ni de enfermedad a bordo y el Golfo había estado de un humor benigno durante las últimas semanas. Las velas estaban desplegadas y aspiraban suavemente la brisa de la puesta de sol; la caña del timón estaba amarrada y el barco se deslizaba con serena determinación rumbo al sudeste, hacia el estrecho de Yucatán. El chinchorro seguía en su sitio, encima de la cabina, y todo estaba en perfecto orden, salvo que no había ni un alma a bordo. El barco estaba tan misteriosamente desierto como la Mary Celeste.



























