jueves, 14 de junio de 2007

Bob Dylan / Botas de cuero español


Bob Dylan

Bob Dylan

Botas de cuero español

La música y la poesía de Bob Dylan logran el Premio Príncipe de Asturias de las Artes


Diego A. Manrique
14 de junio de 2007

Dinamitó las convenciones de la música popular. Renovó el lenguaje literario del rock estirando sus límites. Fue, a su pesar, profeta de la insurgencia juvenil de finales de los sesenta. Y ayer, Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.

Asombro y deleite. El último reconocimiento oficial a Bob Dylan llega de un país que ignoró su obra durante sus años álgidos: en los sesenta, en España apenas se publicaron discos de Dylan. No estaban en las tiendas, no se pinchaban en las grandes emisoras, no existían para TVE. Los derechos de su compañía, Columbia Records, habían caído en manos de Discophon, disquera barcelonesa que no entendía cómo aquello se podía considerar música. No eran los únicos pillados fuera de juego: en una revista musical de la época, se excusaban de publicar la letra de Like a rolling stone por ser, aseguraban, "intraducible".





Más allá de las anécdotas, propias de la autarquía cultural del franquismo, resulta comprensible el desconcierto de la vieja guardia: Dylan no era un cantante más. Hasta su electrificación, en 1965, su música sonaba árida, una guitarra de palo y una voz nasal. Y si se entendía su inglés, el desconcierto aumentaba: podía hacer canciones de amor pero no trataban de dilemas tipo "ella me quiere / ella no me quiere"; de hecho, era capaz de regodearse ante las miserias de antiguos objetos del deseo, como en la catártica Like a rolling stone. Le adjudicaban el papel de cantante protesta pero eso constituía una porción menor de su repertorio.
Tras sus gafas oscuras, Dylan dinamitó muchas convenciones de la música popular. En un momento de candor, él mismo se pasmaba de su brutal impacto: se atribuía el haber hundido Tin Pan Alley, como se conocía al entramado de compositores y editoriales neoyorquinos que generaban el cancionero que animaba Broadway, Hollywood y los clubes nocturnos. Hasta los conjuntos británicos, encabezados por los Beatles y los Rolling Stones, acusaban su influencia: con Dylan, se renovaba el lenguaje literario del rock y se ampliaba su temática. Todo se podía cantar, incluso de la manera más personal y compleja.
El liderazgo social de Bob Dylan en los sesenta no tenía parangón. Gracias a The times they are a-changin o Blowin' in the wind, se había convertido en profeta de la insurgencia juvenil, un movimiento generacional que estallaría en 1968 en Praga, París o México DF. Para entonces, cierto, Dylan ya había renunciado simbólicamente a cualquier papel de portavoz o guía espiritual. Refugiado en una casa de Woodstock, en la zona montañosa de Nueva York, ignoraba al mundohippy y cuidaba de su familia.
Se pueden entender sus últimos 40 años como un constante intento de escapar de aquel personaje de gurú generacional. Nadie, ni siquiera John Lennon, era seguido tan estrechamente por sus adeptos: hasta se fundó un Dylan Liberation Front, que vaciaba su cubo de basura en busca de información sobre un mítico pacto según el cual renunciaba a ser el Lenin del rock a cambio de tranquilidad y -según una teoría delirante- tolerancia para una supuesta adicción a las drogas.
Esa vigilancia desembocó en un antagonismo latente que ha marcado la relación de Dylan con parte de su parroquia. Aparte de su retirada del politiqueo contracultural, se atragantaron inicialmente decisiones como la aproximación a la música vaquera (Nashville skyline, 1969) o al gospel, que comenzó con Slow train coming (1979). Sus vaivenes religiosos, de la recuperación del judaísmo familiar a la integración en una secta fundamentalista, no le impidieron actuar ante Juan Pablo II. Un divertido tema del cantautor vizcaíno Iñigo Coppel, Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo, especula sobre la existencia de "un malvado hermano gemelo", al cual se responsabiliza de discos penosos como Self portrait o Dylan & The Dead.
La relación de Dylan con España ha sido menos estrecha de lo que podría hacer creer la abundancia de títulos con la palabra spanish: sólo Boots of spanish leather se refiere específicamente a España, y lo hace en un contexto doloroso (el abandono de una novia, Suze Rotolo). En 1977, también por motivos sentimentales, se planteó editar un elepé en español, aunque el proyecto -consistía en añadir letras traducidas a las pistas instrumentales ya grabadas- resultó impracticable.
Tardó en debutar en España; su estreno en el madrileño estadio del Rayo Vallecano, en 1984, fue un significativo acto social de la era socialista. Desde entonces, ha venido con regularidad y hemos podido disfrutar del arriesgado placer que supone verle en directo, su especialidad consiste en reinventar su cancionero, no siempre con resultados estimulantes, ignorando al respetable. Una cuidadosa explotación de sus archivos ha servido para recordar sus inmensas aportaciones a la música popular. Ahora mismo, la recopilación de grabaciones con los Traveling Wilburys es número uno en el Reino Unido. Este jugador siempre tiene un as en la manga.Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.








AÚN NO HA OSCURECIDO


Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.
Caen las sombras y llevo aquí todo el día,
Hace demasiado calor para dormir y el tiempo se escapa
Siento como si mi alma se hubiese vuelto de acero,
Aún tengo las cicatrices que el sol no sanó
Ni siquiera hay sitio suficiente como para estar en ningún lado
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
Mi sentido de la humanidad se ha ido por el desagüe
Detrás de cada cosa hermosa ha habido siempre algún tipo de dolor,
Ella me escribió una carta y la escribió tan amablemente
Puso por escrito todo lo que se le pasó por la cabeza
No acabo de ver por qué habría de preocuparme
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
He estado en Londres y también en el alegre París
Seguí el río hasta llegar al mar,
He alcanzado el fondo de un mundo lleno de embustes,
No estoy buscando nada en los ojos de nadie
A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
Nací aquí y aquí moriré en contra de mi voluntad
Ya sé que parece que me muevo, pero estoy quieto y de pie
Cada nervio de mi cuerpo está ausente e insensible,
Ni siquiera recuerdo de qué me estaba escapando cuando llegué aquí
Ni siquiera oigo el murmullo de una oración.
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.
Canción del disco Time out of mind, 1997.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de junio de 2007



miércoles, 13 de junio de 2007

Bob Dylan gana el Príncipe de Asturias de las Artes


Bob Dylan

Bob Dylan gana el Príncipe de Asturias de las Artes

El jurado ha premiado al célebre cantautor por ser "faro de una generación que soñó con cambiar el mundo"


Oviedo
13 de junio de 2007

Dylan ha conjugado "la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas" y ha sido "un reflejo del espíritu de una época que busca las respuestas en el viento", ha añadido el veredcto del jurado, leído por el ex ministro de Comercio José Lladó.
Compositor, músico, escritor y poeta, sus letras se conviertieron en un catalizador del malestar social de la Norteamérica de los sesenta y lo coronaron como uno de los referentes de la cultura pop de los últimos cincuenta años.
Su último disco, Modern Times, publicado en agosto de 2006, le ha vuelto a colocar, a sus 65 años, en la cabeza de las listas de ventas en Estados Unidos.
El jurado se ha reunido esta mañana ya ha decidido el nombre del galardonado entre los cinco candidatos que, además de Dylan, han llegado a las últimas votaciones: la pianista portuguesa Maria Joao Pires, los arquitectos Frank Gehry y Rafael Moneo y el músico Andrew Lloyd Webber.
Varios miembros del jurado habían coincidido en destacar la importancia de que entre las candidaturas presentadas este año figurase la del cocinero español Ferrán Adrià, que este miércoles presentará su obra en una prestigiosa feria artística, la Documenta de Kassel (Alemania), una de las citas más importantes del arte de vanguardia.
El jurado del Premio de las Artes, el segundo que se falla en esta edición tras el de Cooperación Internacional, concedido al ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, comenzó sus deliberaciones en Oviedo presidido por el ex ministro de Comercio José Lladó.
Más de 50 aspirantes
Al galardón concurrían 58 candidaturas, después de que a las 51 remitidas a la Fundación Príncipe de Asturias se sumaran otras siete planteadas por los miembros del jurado.
Entre los candidatos se encontraban el cineasta Milos Forman, la cantante Cesaria Evora, los arquitectos japoneses Fumihiko Maki, Arata Isozaki y Tadao Ando, el cantautor español Joan Manuel Serrat y el compositor italiano Ennio Morricone, los cineastas Clint Eastwood, Emir Kusturica, Fernando Trueba y Víctor Erice, el músico brasileño Caetano Veloso, la actriz Irene Papas, o el escritor Fernando Arrabal.
Además de Lladó, del jurado forman parte también el cineasta José Luis Garci; el ex director general de Bellas Artes Benigno Pendás; la directora de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial Rosina Gómez Baeza; la filósofa Amelia Valcárcel; el director del Teatro Real, Miguel Muñiz, y los periodistas Beatriz Pécker, Juan Carlos Laviana, Fernando Argenta, Fernando Delgado y Jordi García Candau.
Almodóvar, último premiado
El director del cine español Pedro Almodóvar fue el último galardonado con este premio, con el que también han sido distinguidos a lo largo de las veintiséis ediciones concedidas hasta ahora Woody Allen, Miquel Barceló y Paco de Lucía.
Los ocho Premios Príncipe de Asturias, que tradicionalmente entrega Don Felipe de Borbón durante una ceremonia que se celebra en el Teatro Campoamor de Oviedo, están dotados con 50.000 euros y con la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró.

domingo, 20 de mayo de 2007

Vargas Llosa / Elogio de Blanca Varela


Blanca Varela

Mario Vargas Llosa

Biografía

Elogio de Blanca Varela

MARIO VARGAS LLOSA
20 MAY 2007

Llueven los premios sobre Blanca Varela -ayer el Octavio Paz de Poesía y Ensayo, el Ciudad de Granada, el Federico García Lorca, ahora el Reina Sofía- justamente cuando no está en condiciones de saberlo, pues se halla retirada y sola en un territorio que imagino tan privado, misterioso y mágico como su poesía. Pero, si pudiera enterarse, sé muy bien cuál sería su reacción: de maravillamiento y susto, porque, entre todos los poetas de este tiempo que me ha tocado conocer, no hay uno solo tan ajeno a la feria de las vanidades y a la ilusión o a la codicia del éxito como Blanca Varela. Aunque, sin duda, la poesía haya sido la pasión más sostenida de su vida, para ella nunca fue un oficio, un quehacer público. Más bien, un vicio recóndito, inconfesable, cultivado en la clandestinidad, con celo y reserva tenaces, como si su exposición a la luz, a los ojos de los demás, pudiera dañarlo.
Que llegara a publicar esa media docena de libros ha sido una especie de milagro, más obra de la insistencia de sus amigos que de su propia voluntad. Entre esos lectores privilegiados a los que mostraba sus versos a escondidas estuvo Octavio Paz, que prologó su primer libro y la ayudó a ponerle título. (Ella quería que se llamara Puerto Supe y a él no le gustaba. "Pero ese puerto existe, Octavio". "Ahí tienes el título, Blanca: Ese puerto existe).
La conocí a mediados de 1958, cuando ella y su esposo de entonces, el pintor Fernando de Szyszlo, hacían maletas para viajar a los Estados Unidos, donde pasarían dos años. Vivían en un estudio precario construido en una azotea del barrio limeño de Santa Beatriz. Yo partía en esos días a Europa y durante cuatro años no volví a verla, pero, sin embargo, desde ese primer día la quise y la admiré, como han querido y admirado a Blanca Varela todos quienes han tenido la fortuna de frecuentarla, de gozar de su generosidad y de su inteligencia, de esa manera tan cálida y tan limpia de entregarse a la amistad, de enriquecer la vida de quienes se le acercan. En medio siglo de amistad, sobre todo en aquellas largas reuniones de los sábados, la he oído hablar casi de todo. De esa generación de poetas del cincuenta de que formó parte, Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, que, con dos poetas de una generación anterior, César Moro y Emilio Adolfo Westphalen, revolucionaría la poesía peruana, enclavándola en la vanguardia de la modernidad. De Breton y los surrealistas, de Sartre, Simone de Beauvoir y los existencialistas a los que conoció en los años que vivió en París. De sus filias y fobias literarias y de tanta gente que la impresionaba y que amó o detestó. Y la he oído, cómo no, muchas veces, ayudada por un par de whiskies para vencer su timidez, decir esas maldades y ferocidades impregnadas de tanta gracia y humor que hacían la felicidad de sus oyentes y que irremediablemente se volvían bondades porque Blanca, pese a haber pasado por experiencias muy difíciles y haber sido tan perceptible y tan sensible al dolor y al sacrificio, ha sido siempre un ser ontológicamente alérgico a toda forma de maldad, mezquindad e incluso a esas menudas miserias que resultan de la vanidad, el egoísmo y demás sordideces de la condición humana. Pero estoy seguro de no haberla oído jamás decir palabra sobre su propia poesía, y, en cambio, la he visto tantas veces, cuando la interrogaban sobre ella, escabullirse con frases esquivas y cambiar rápidamente de conversación.
Su poesía participa de esa misma reserva y, aunque alude a muchos temas, es de una parquedad glacial sobre sí misma. A diferencia de otras, a veces de alta estirpe, que se lucen y pavonean, orgullosas de sí mismas, la de Blanca Varela se retrae y disimula, mostrándose apenas en escorzos, y dejando sólo huellas, anticipos, a fin de que, nuestro apetito desatado por esos lampos de belleza, busquemos, indaguemos, lo que oculta en su entraña, ejercitando nuestra fantasía y volcando nuestros deseos para gozarla a cabalidad.
Discreta y elegante, como las hadas de los cuentos, la poesía de Blanca Varela ha ido apareciendo de tanto en tanto, con largos intervalos, en unos poemarios breves, ceñidos y perfectos, Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993) y, por fin, su poesía reunida, con dos recopilaciones inéditas, Donde todo termina abre lasalas (2001). Cada libro suyo dejaba a su paso un relente de imágenes de engañosa apariencia, pues, bajo la delicadeza de su factura, sus juegos de palabras, la levedad de su música, se embosca una áspera impregnación de la existencia, una fría abjuración del ser en trance de vivir para morir. La vida late siempre en ellas, pero amenazada y en capilla, sometida sin cesar a ordalías atroces. En uno de sus más intensos poemas, de Ejercicios materiales, la vida ("más antigua y oscura que la muerte"), aparece transfigurada en una ternera a la que acosan miles de moscas, un patético animal impotente para defenderse de las menudas bestezuelas que la atormentan. La fuerza del poema reside en que consigue hacernos sentir que aquel destino no es sólo lastimoso, que hay en él cierta inevitable grandeza, la de los héroes de las tragedias clásicas, que morían sin resignarse, resistiendo, a sabiendas de que la derrota sería inevitable.
Así ha resistido Blanca la adversidad y las pruebas a que está sometida toda vida, con gran coraje y estoicismo, y con una elegancia natural, inconsciente. Toda su vida trabajó, en trabajos alimenticios que afrontaba con buen humor y empeño -periodismo, relaciones públicas, librera, editora-, creciéndose hasta lo indecible, con temple de hierro, ante las vicisitudes más duras, incluida la más terrible de todas: la pérdida de su hijo Lorenzo, en un accidente de aviación, hace once años. Al mismo tiempo, siempre hubo en ella el ser que escribía, un ser frágil, delicado, inseguro, sensible, indefenso por su inconmensurable decencia e integridad ante las vilezas y ruindades cotidianas de este mundo sórdido, de frustraciones y traiciones, por el que ella siempre consiguió pasar incontaminada, sin hacer una sola concesión, sin desfallecimientos ni cobardía. Ésa es la historia que relata su avara y sutil poesía, bajo sus inusitadas metáforas, y sus extrañas exploraciones en el mundo de las cosas menudas, los insectos, los rumores del mar, los pájaros marinos, las voces del arenal y los paisajes del cielo.
A fines de los años setenta, cuando, más por amistad hacia mí, que se lo pedí, que porque la tarea la entusiasmara, Blanca resucitó el centro peruano del P. E.N., viajamos juntos a esas conferencias y congresos que convoca aquella organización de escritores que por tres años me tocó presidir. En Egipto, en Dinamarca, en Alemania, en España recuerdo a Blanca haciendo esfuerzos denodados para pasar inadvertida, para ser invisible, y la angustia que la sobrecogía cuando no tenía más remedio que intervenir (lo hacía en voz baja y veloz, en un francés monosilábico, pálida y demacrada por el esfuerzo). Y, sin embargo, todos los que se codearon con ella y la conocieron en aquellas reuniones, la recuerdan y siempre voy encontrando por el mundo poetas y escritores que me preguntan por ella, porque en esos fugaces encuentros su inconfundible manera de ser, su halo, su varita, su silencio locuaz, su encanto involuntario, los chispazos luminosos de su inteligencia, se les grabaron en la memoria, y les dejó el convencimiento de haber entrevisto a un ser fuera de lo común, a una mujer de carne y hueso que estaba también hecha de sueño, gracia y fantasía.
Pese a ella misma, en los últimos años, poco a poco, la poesía de Blanca Varela ha ido conquistando dentro y fuera del Perú los lectores y la admiración que merecía, rompiendo el círculo entrañable en que hasta entonces estuvo reducida, y muchos poetas jóvenes, sobre todo mujeres, se han ido acercando a ella, buscando su amistad y sus consejos. Eso debe haberla hecho feliz, sin duda: sentir que estaba viva entre los seres más vivos que tiene la existencia, que son los jóvenes, y, sobre todo, saber que su poesía no sólo a ella la había hecho vivir y defendido contra el infortunio, que también a otros ayudaba y daba fuerzas para soportar la existencia y ánimos para escribir.
Blanca, queridísima Blanca: yo siempre lo supe, pero qué bueno que en este invierno callado de tu vida, cada vez más gente lo sepa también, y te lea, te quiera, te premie y reconozca en ti toda la inmensa sabiduría, talento y humanidad generosa que has contagiado a tu alrededor, con que has escrito y vivido la poesía.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Festival de Cine de Cannes / Celuloide, 'glamour' y negocio



60º FESTIVAL DE CINE DE CANNES

Celuloide, 'glamour' y negocio

Empieza Cannes, que mantiene su posición como primera cita cinematográfica internacional



OCTAVI MARTI

Cannes 16 MAY 2007


Es un aniversario extraño. Se cumplen 60 ediciones del festival pero la máquina arrancó hace 67 años. ¿Se quita años el festival? Todo tenía que haber empezado en septiembre de 1939 pero sólo hubo tiempo para una única proyección: acababa de estallar la II Guerra Mundial y Charles Laugthon y las otras estrellas que ya estaban en Cannes abandonaron a toda prisa eso que nuestros abuelos llamaban una "estación balnearia". En 1939, en Cannes aún había pescadores y campesinos, los grandes hoteles de la Croissette alternaban con villas de veraneo y la población era una maravilla de equilibrio.

La decisión de hacer un festival de cine en Cannes la habían tomado franceses, ingleses y americanos, indignados ante el palmarés de la Mostra de Venecia de 1938. La Italia de Mussolini había coronado dos películas abiertamente fascistas -una exaltación de la raza aria firmada por Leni Riefenstahl, la reina del kitsch, y un elogio del heroísmo italiano realizado por Goffredo Alessandrini-. Las democracias escogieron Cannes para contraatacar con su oferta alternativa pero la guerra aplazó la maniobra.
En 1946, cuando por fin se pone en marcha el festival, otro conflicto ha comenzado, la guerra fría. De lo que se trata, entonces, es de ser mejores que los soviéticos. Durante años es el Ministerio de Asuntos Extranjeros quien decide qué países pueden ser invitados. Por ejemplo, la China Popular y la República Democrática Alemana eran países cinematográficamente vetados. Y de qué lado se inclinaban las simpatías del certamen no era ningún misterio: en 1949 se proyectaron 12 películas estadounidenses por una soviética.
Americanos y franceses -luego se sumarían los italianos, sobre todo las italianas, Lollobrigida y la Loren- llenaban la playa de Cannes de estrellas. El festival servía de plataforma comercial al cine de Hollywood y a algunas producciones europeas, al tiempo que de traducción artística de la superioridad del Plan Marshall sobre el Pacto de Varsovia. Eran los países seleccionados quienes elegían las películas que el Festival proyectaba y eso acentuaba la dimensión política del tinglado. En 1953, por ejemplo, el actor Edward G. Robinson, que formaba parte del jurado, reclamó que se cortase el último plano de Bienvenido mister Marshall, de Berlanga, porque lo estimó "degradante para la imagen de EE UU. El artículo 5 del reglamento estipulaba que "los cortes o la retirada de una película pueden ser exigidos si una de las naciones participantes se siente ofendida". Y durante la guerra fría todo el mundo era muy susceptible, como probó la crisis de Estrellas fugaces, cinta de Helmut Kautner en la que se enamoraban un alemán de un lado del telón de acero de una alemana del otro lado. "Un inimaginable idilio pequeño burgués", dijo la delegación soviética. Estrellas fugaces fue retirada del programa.
El gran cambio vino tras el Mayo del 68. Aquel año, los cineastas lograron que el festival se suspendiera para manifestar así su solidaridad con la rebelión que estaba dejando París sin adoquines. Carlos Saura y Geraldine Chaplin se colgaron de las cortinas del palacio de festivales para impedir que comenzase la proyección de Pipermint frappé. Louis Malle, que acababa de regresar de India, estaba escandalizado ante el despilfarro de las fiestas de Cannes. El exiliado Polanski miraba escéptico a quienes criticaban Cannes por ser "la vitrina del capitalismo", Godard entraba en su fase maoísta y reclamaba la revolución.
En 1969 se creó la Quincena de los realizadores, una sección paralela gestionada por los cineastas. La Quincena obligó también a modificar los criterios de la selección oficial a concurso. Un filme contra la guerra de Vietnam -M.A.S.H.-ganó en 1970, una cinta argelina -Chronique des années de braise- que narra la lucha por la independencia y contra los franceses fue Palma de Oro en 1975 y, en 1981, una película polaca -El hombre de hierro-, de Andrzej Wajda, que no había sido presentada a la censura de su país, es la triunfadora. El espíritu crítico y la independencia han ganado, en apariencia, la batalla. Pero la gran novedad -y la gran verdad de Cannes- fue que tras la crisis de Mayo del 68 se han multiplicado las proyecciones y las secciones. Este 2007 la selección oficial incluye 49 largometrajes de 25 países distintos. De esas cintas, 21 compiten por la Palma de Oro. Esa selección es fruto del visionado de 1.615 filmes. En el mercado del filme habrá unas 1.500 proyecciones ante los más de 10.000 compradores potenciales. Más de 3.000 productoras de 80 países vienen a vender sus últimas producciones. Y 4.000 periodistas nos hacemos eco de todo lo concerniente al negocio del cine. En Cannes ya no quedan ni pescadores ni campesinos. La ciudad es la más fea de la Costa Azul.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de mayo de 2007


viernes, 4 de mayo de 2007

"Renaldo y Clara" / Las ideas y obsesiones de Bob Dylan


"Renaldo y Clara"

Las ideas y obsesiones de Bob Dylan

Primer largometraje escrito y dirigido por el cantante

EL PAÍS
27 DE ENERO DE 1980

Mañana, (lunes 28 de enero de 1980), se estrena en Madrid Renaldo y Clara, primer largometraje escrito, dirigido e interpretado por Bob Dylan, uno de los monstruos sagrados de la música pop. Con él actúan en el filme Joan Baez, Sara Dylan, Ronnie Hawkins, Ronne Blakley, Allen Ginsberg, Roger McGuinn, Arlo Guthrie y Roberta Flack.
La versión que se distribuye en España, con una duración aproximada de dos horas, es considerablemente inferior a la originaria, que se proyectó en el festival de Canes de hace dos años, con una duración de cerca de cuatro horas. Película-collage, en la que se intercalan situaciones de ficción, diálogos literarios y actuaciones de los cantantes, fue realizada entre 1975 y la primavera de 1976, coincidiendo con la Rolling Thunder Revue, gira de Dylan y una numerosa troupede amigos que actuaban en pequeñas salas sin publicidad previa. Cantaban con Dylan, además de Joan Baez, Roger McGuinn, Jack Elliot, David Blue y el poeta Allen Ginsberg. Musicalmente, la gira se enmarca entre el álbum Blood on the tracks (enero de 1975), Desire (diciembre de 1975, en el que se incluye la canciónHurricane, en defensa del boxeador negro Hurricane Carter, y Hard rain (1976). El éxito de Desire transforma la gira en una enorme tournée, en la que los conciertos se realizan en estadios ante 20.000 o 30.000 espectadores. Renaldo y Clara recoge conciertos en salas pequeñas o ante multitudes.«He hecho Renaldo y Clara», declararía Dylan, «para un grupo de gente muy preciso y para mí mismo, de la misma manera que escribí Blowing in the wind y The times they are changing. El método del rodaje, y ello se aprecia en la película, no era otro que el de marcar la situación por parte del director, pedir un cierto tipo de imagen y dejar trabajar al equipo en libertad. Una gran parte de la película fue rodada en conciertos durante la gira mencionada, con cuatro cámaras al mismo tiempo. Dylan seleccionó cuidadosamente el abundante material, desechando las canciones sin relación temática con la línea de Renaldo y Clara. La banda sonora del filme reúne más de veintidós canciones de Dylan, Joan Baez o Jack Elliot, músicas populares y música clásica.
«Para mí, la película», comentaría Bob Dylan, «es una acumulación de muchas de mis ideas y obsesiones y espero que también tenga un sentido para aquellos que no se saben mis canciones de memoria. Hay un montón de gente que verá la película sin saber quién es quién, y la recibirán con mayor pureza.»
«Yo no he hecho una película para que nadie se impresione, ni para que vean en ella solamente el asunto Bob-Sara-Baez. La película no tiene nada que ver con eso... Jamás he tenido el sentimiento de haber triunfado y estoy muy contento. El fracaso puede traer el éxito, mientras que el éxito es el final del camino. Si tuviera la sensación de ser un triunfador, hace tiempo que ya no estaría aquí.»
«Ser un músico quiere decir llegar a lo más profundo del lugar donde se está. Y, prácticamente, cualquier músico hará lo imposible para llegar a esas profundidades, porque hacer música es algo inmediato -al contrario de poner pintura sobre un lienzo, que es un acto calculado- Cuando se toca, el espíritu echa a volar. Entonces, con la música se tiene tendencia a buscar en lo más profundo de uno mismo para encontrar algo. Cuando se está interpretando música y toda va bien, uno pierde realmente su identidad, uno depende totalmente de la música que se está haciendo con todo su ser. Es peligroso, porque eso trae consigo la creencia de que se puede trascender todo, de que uno puede medirse con cualquier cosa, que es la verdadera vida, que se ha llegado a golpear en el corazón de la vida misma y que se está en la cima del sueño y que no hay recaída. Pero más tarde, entre bastidores, las cosas se ven de diferente manera.»
«Henry Miller lo ha dicho: el deber del artista es inocular al mundo la desilusión. El artista que se muere de hambre es un mito. Son los grandes banqueros y las damiselas de sociedad que compran obras de arte los que están en el origen. Porque ellos quieren guardar al artista bajo su ala. ¿Quién dice que un artista no puede llegar a tener dinero? Mirad a Picasso. No hay necesidad de morir de hambre para ser un buen artista. Basta con tener amor, criterio y un sólido punto de vista. Y hay que luchar contra la depravación. No hacer pactos. Eso es lo que hace un buen artista.»
«El arte», concluye Dylan, «es un medio perpetuo de procurar ilusión. La más alta misión del arte es inspirar. ¿Qué más se puede pedir, sino inspirar a la gente?»
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de enero de 1980