lunes, 31 de marzo de 2025

Celebridades / El caso de Emma Chamberlain, Emily Ratajowski o Alice Campello


Emma Chamberlain, el 4 de octubre de 2022, en la Semana de la Moda de París, en la capital francesa.


El caso de Emma Chamberlain, Emily Ratajowski o Alice Campello: ¿pueden las celebridades de internet trascender la etiqueta que les dio la fama?

Las redes sociales permitieron a algunas celebridades crear un sello distintivo y consolidar un perfil público. Sin embargo, aquello que les catapultó a la fama también las encasilló y limitó su evolución tanto dentro como fuera de YouTube e Instagram, pero hay ejemplos que demuestran que se puede salir de esa casilla



Andrea Insa Marco
ANDREA INSA MARCO
Madrid - 31 MAR 2025 - 05:25 

En redes sociales, durante años, Emma Chamberlain ha sido considerada la it girl de la generación Z. Emily Ratajkowski, gracias a un videoclip, parecía un simple maniquí al servicio de la moda, igual que Matilda Djerfera la chica sueca que encapsulaba en una foto su visión de estilo. Alice Campello, en cambio, generaba interés por ser “la hija de” y “la pareja de”. Todas tienen algo en común: gracias a YouTube e Instagram, las cuatro crearon un sello distintivo y consolidaron un perfil en el que los seguidores, las reproducciones y los likes subían al mismo tiempo que su popularidad aumentaba. Sin embargo, aquello con lo que se dieron a conocer también les otorgó una etiqueta que limitaba su evolución hacia lo multifacético, tanto dentro como fuera de estas plataformas digitales.


Emma Chamberlain

“Las redes sociales potencian que se encasille a las personas porque es una necesidad que tenemos para identificar bien las marcas personales y la razón para seguirlos”, explica la periodista Janira Planes, especialista en cultura de internet, memes y tecnología. Pero, ¿qué ocurre cuando Chamberlain rechaza ser una it girl o cuando Ratajkowski quiere demostrar que es más que una modelo que suma reproducciones en YouTube? ¿O cuando Djerf Campello buscan capitalizar la popularidad de sus perfiles en Instagram? ¿O cuando todas estas personalidades quieren traspasar —y lo hacen— la etiqueta que les lanzó a la fama? ¿Es eso posible?

En el vídeo i got rid of (almost) everything(me deshice de (casi) todo, en español),Chamberlain comienza la grabación con un montaje de sus antiguos vídeos de compras, y termina mostrando su nuevo vestuario, compuesto por prendas neutras y sencillas, y algunas vintage y de diseñador destacados. Y así, con una hora de exposición ante la cámara publicada en noviembre de 2024, la que fue una de las máximas exponentes de la estética VSCO Girls gracias a su larga coleta castaña y sus camisetas de Brandy Melville, se deshacía de su estatus de it girl y comenzaba un nuevo enfoque creativo en YouTube, donde tiene 12,1 millones de suscriptores.

La creadora de contenido es un ejemplo de agotamiento y falta de inspiración, que no quería que toda su persona se redujese a su estilo. “Para mí, es un poco tóxico. No digo que no me guste el concepto [it girl], pero hay algo excluyente en eso que me hace sentir que internet es como estar en el instituto”, declaró en una entrevista para el medio Byrdie el pasado 18 de marzo. “[La gente me llama] una chica de moda o una chica guapa, pero si uso un atuendo que me representa, cómodo y quizás un poco menos sexi, entonces pienso: ‘Emma se volvió fea. Ya no es una chica de moda”, explicó. Chamberlain quería que su personaje dentro de las redes sociales evolucionase —fuera ya lo había hecho con su podcast anything goes with emma chamberlain y con su empresa Chamberlain Coffee—, pero sin abandonar la plataforma con la que se dio a conocer. El primer paso era eliminar aquello que la anclaba en sus inicios. “No puedo comprar cosas que no voy a usar en los próximos 10 años. Simplemente, ya no puedo justificarlo”, se defendió en la entrevista.

Chamberlain rechaza ahora ser una it girl, pero Ratajkowski, una de las modelos más reconocidas del siglo XXI, no reniega del calificativo de maniquí con el que logró la atención mediática gracias a las redes sociales. Es más, lo aprovecha. La ahora también actriz quiere demostrar que es algo más que un cuerpo y una cara bella, pero para lograrlo emplea sus propias vivencias en la industria del modelaje. En su libro de ensayos Mi cuerpo (2021), la conocida en redes como @emrata se vale de su experiencia en las pasarelas y frente a las cámaras para analizar el fetiche cultural de la belleza femenina, la obsesión y el desprecio por la sexualidad y la zona gris entre el consentimiento y el abuso —uno de los temas que trata es cuando Robin Thicke, en la grabación del videoclip de la canción Blurred Lines, le tocó los pechos desnudos en el set a la vista del equipo—.

Sin embargo, Ratajkowski, que ha construido una carrera basada en su imagen, tanto en las pasarelas como en Instagram —donde tiene 29,3 millones de seguidores—, sufre un juicio constante al querer desvincularse de ser reducida a un simple cuerpo y, al mismo tiempo, explotar su trabajo como modelo en su propio beneficio tanto en las colaboraciones con marcas como en otros proyectos profesionales como lo es su podcast High Low with EmRata. Un ejemplo fueron las críticas que recibió tras la publicación de su libro: “Es una colección de ensayos sobre mi experiencia. Pero no pudieron separarme como persona”, declaró a Glamour el 18 de enero de 2024. Ella reconoció el punto de vista de sus detractores, en su mayoría mujeres, pero también quiso dejar claro que el enemigo no era ella: “Por eso escribí el libro, para decir: ‘Oye, crees que tuve esta experiencia porque encajaba en aquello que en tu mente era imposible y opresivo, y te digo que en realidad es simplemente malo [el patriarcado], en general, siempre”.

Emily Ratajkowski, el 2 de marzo de 2025, en la fiesta de Vanity Fair posterior a los Oscar en Beverly Hills (California).

Chamberlain y Ratajkowski evolucionaron dentro y fuera de las redes sociales, una desprendiéndose de su etiqueta mediática y la otra empleándola como trampolín. Pero la trayectoria que decidieron tomar Djerf y Campello en sus carreras profesionales, a pesar de que trascendieron la etiqueta que las lanzó a la fama —influencer—, es un poco distinta. Ambas decidieron capitalizar la atención y el interés que generaban sus perfiles personales de Instagram y vincular, a través de estos, sus carreras en redes sociales con la de empresarias. La clave de su éxito, en palabras de Planes, radica en que “las marcas que crearon conectaban con su esencia como creadoras de contenido”.

Djerf comenzó a generar interés por su aproximación minimalista y elegante al estilo personal, e inspirada en la popularidad que suscitaban sus outfits, decidió fundar en 2019 la línea de moda Djerf Avenue junto con su novio Rasmus Johansson. Ella no es ni la primera influencer en tener su propia marca, ni la más popular, si se consideran su número de seguidores (2,8 millones en Instagram). Pero sí que fue la primera en hermanar su perfil personal con el de su marca: ambos se retroalimentan y, en ocasiones, parece que son uno solo. En el feed de Djerf no aparecen marcas ajenas o de contenido patrocinado, sino que las redes de la creadora de contenido son el medio para promocionar su línea de ropa. Ella es la modelo y la creadora de ambas cuentas.

A pesar de su éxito profesional, no está exenta de polémicas. A finales del año pasado, varios trabajadores de su firma denunciaron a Djerf por abusos psicológicos y laborales dentro de la empresa. Entre otras acusaciones, que recogía el diario sueco Aftonbladet, decían que acosó a los empleados, llamó “gorda” a una modelo de talla grande y supuestamente exigió a una empleada que limpiara su baño personal, el cual era de uso exclusivo para ella y sus “favoritos”. En respuesta, la influencer y empresaria declaró que se sentía “verdaderamente apenada” y pidió disculpas a todo aquel que se hubiera sentido maltratado bajo su mando.

La 'influencer' sueca Matilda Djerf posa para su marca de ropa 'Djerf Avenue'.

En el caso de la italiana Alice Campello ―que en Instagram cuenta con 3,7 millones de seguidores—, el interés por su contenido de lifestyle y belleza ha estado impulsado por los hombres de su vida. Primero, por su padre, Andrea Campello, propietario de la empresa de automóviles Campello Motors, que opera varias concesionarias de marcas de lujo. Y desde 2016, por el futbolista Álvaro Morata, con quien se casó en 2017. La influencer, a pesar de que no quiere ser conocida como “la hija de” o “la pareja de”, aprovechó el interés que generaba su vida personal para lanzar, en 2017, su marca de cosmética natural, Masqmai.

“Nunca me han regalado nada. Siempre me han dicho que para conseguir algo hay que esforzarse y conseguirlo sola”, afirmó Campello en una entrevista con Forbes el 2 de diciembre de 2024. Sin embargo, el triunfo de su empresa, que el año pasado facturó 8,8 millones de euros, se debe, en gran parte, a que en su Instagram muestra diariamente su vida, su matrimonio y a su familia. Sus redes sociales son la plataforma ideal para promocionar su marca y, además, “esta no existiría si no estuviera en redes sociales y generara relevancia”, afirma Planes.

Chamberlain, Ratajkowski, Djerf y Campello enfrentan, en redes sociales, contradicciones entre su imagen, su persona y su visión artística, empresarial y profesional. Pero esto es algo normal en cualquier trayectoria profesional. “Lo que han hecho ha sido expandir su persona”, cuenta Planes. “Pero siguen con un pie dentro de las redes sociales porque es su plataforma de distribución. No existen sin ellas”.


EL PAÍS 



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