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martes, 31 de octubre de 2023

Oona O'Neill / El amor imposible de Salinger

 

Oona O'Neill
Nueva York, 1942


Oona O'Neill

El amor imposible de Salinger

Frédéric Beigbeder convierte en una apasionante novela el flirteo entre el escritor y Oona O'Neill, que se casaría con Chaplin

Laura Fernández

16 de febrero de 2016

En el Nueva York de 1940 todo el mundo fumaba en todas partes. En los bares, en los restaurantes, en los taxis, en los trenes y, sobre todo, en el Stork Club. Una nube de humo cubría permanentemente el local en el que Truman Capote cotilleaba con Gloria Vanderbilt, it girl del momento y una de las mejores amigas de Oona O'Neill, la chica que veía más a su padre (Eugene, el dramaturgo y Nobel) en la prensa que en persona. Sólo en tres ocasiones vio Oona a su padre, que se divorció de su madre cuando ella apenas tenía dos años. Por eso el día en que Jerry Salinger se acercó (por fin) a ella en el Stork Club, y, para entablar conversación, quiso hablarle de su obra, ella le reconoció que no había leído nada. ¿O no fue realmente así?

domingo, 4 de septiembre de 2022

Manuel Vicent / Llorar por las plegarias atendidas

Truman Capote charla con la artista Gloria Vanderbilt (izquierda)
y la cantante Pearl Bailey en un club de Nueva York en 1955.
BETTMANN 


Llorar por las plegarias atendidas

Truman Capote y J. D. Salinger sedujeron a las más célebres criaturas de la alta sociedad neoyorquina, pero al final ellas acabaron destrozándolos


Manuel Vicent
8 de octubre de 2021


“Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas”. Este pensamiento de Teresa de Ávila merecía haber sido impreso en las tarjetas del célebre Stork Club de Nueva York, donde en los años cuarenta del siglo pasado bebían y desplegaban sus alas los cisnes más blancos de la ciudad. Era un club clandestino, pero solo para quienes no tenían nada que ofrecer a la fama y a la seducción. Por allí pasaban todas las celebridades del momento y se juntaban con las niñas doradas del Upper East Side, de apellidos famosos, entre otras Gloria Vanderbilt, Oona O’Neill (hija del dramaturgo ganador del Nobel), las Bouvier, las Astor, todas apacentadas por Truman Capote, quien usó más de la mitad de su talento solo en elaborar frases ingeniosas y réplicas malvadas que divirtieran a aquel rebaño que se congregaba en torno a la aceituna del Martini.


Bastaba con que cualquiera de ellas despegara sus labios rojos para que todo alrededor oliera a dinero. ¿Qué habían hecho esas criaturas aladas para derramar tanta felicidad? Nacer en una familia adecuada, una de esas que con solo un estornudo ponía de los nervios a todo Wall Street. Pero ahí estaba Truman Capote para dar sentido a su vaga existencia mediante el juego sorprendente de las palabras. De Oona O’Neill decía: “Solo tiene un defecto, es perfecta”. Pero en el Stork Club el ingenio estaba muy repartido. Alguien preguntó a Gore Vidal por qué no había saludado al pequeño Capote. “Es que le he confundido con un puff”, contestó.


Después de libar como una abeja todas las flores de Taormina y sobrevolar las fiestas de París, la nieve de Saint-Moritz, los sillones blancos de la Costa Azul, de Isquia, Capri, Positano y los turbios almohadones de Tánger, siempre rodeado de personajes pasados de la raya, Truman Capote volvía al Stork Club para reunirse de nuevo con sus criaturas; y ellas, en aquellos oscuros divanes, en los aperitivos en el Oak Bar del Plaza, en los yates o en los jets privados hacia Jamaica, le contaban sus secretos, sus infidelidades, sus vicios y las veces que habían intentado cortarse las venas.


Fiel a su principio de que todo lo que hace la literatura no es más que un chisme, después de escribir la obra maestra A sangre fría, con la que fundó el nuevo periodismo, ahogado su talento en alcohol y barbitúricos, quiso añadir un nudo más a la soga con que se ahorcó a los asesinos de Kansas. Convertido ya en un viejo peluche rodeado de almohadas, aquellas criaturas a las que durante toda su vida había tratado de seducir comenzaban a abandonarlo y para vengarse se dispuso a escribir una novela, Plegarias atendidas, en la que iba a sacrificarlas. Pese a su belleza, los cisnes son aves muy crueles y atacan con violencia cuando ven amenazados sus nidos. Si fuera cierto que se escribe para enamorar, para que te quieran, Capote había fracasado. Aquellas criaturas aladas acabaron por destrozarlo.


Por el Stork Club caía a veces en ese tiempo un joven elástico, rico, neurótico, inteligente, esnob y sarcástico, enfundado en un abrigo negro Chesterfield. Se llamaba J. D Salinger y también trataba de seducir a aquellas muchachas de oro, a la vez que las despreciaba. Las volvía locas, pero no a todas. La adolescente de 15 años Oona O’Neill le fue esquiva hasta que vio que aquel joven tan atractivo había publicado su primer cuento en la revista The Story, como lo hacían Hemingway, Scott Fitzgerald y Capote. Iniciaron la mutua seducción en los divanes del Stork Club; Oona y Salinger eran esa clase de novios que se besaban todavía con los labios cerrados cuando cayó sobre ellos la Segunda Guerra Mundial. Salinger se alistó en el ejército, participó en el desembarco de Normandía y, mientras llovían hierros por todas partes, le escribía a Oona desde el frente encendidas cartas de amor hasta que un día en un periódico que estaba leyendo un soldado vio la foto con la noticia a toda página de que Oona O’Neill, su novia tan inocente, aquel cisne blanco, se había casado con Charles Chaplin, 40 años mayor que ella.


Cada uno a su modo, Capote y Salinger se vieron obligados a derramar lágrimas por las plegarias atendidas en el Stork Club. Ambos obtuvieron el éxito más resonante, uno con A sangre fría, otro con El guardián entre el centeno, y los dos perseguidos y atacados por aquellos cisnes blancos tomaron en su huida caminos distintos. Capote huyó por la intrincada senda del alcohol y las drogas hasta llegar a ese paraíso donde se vislumbra la séptima cara del dado que es la muerte y Salinger, bombardeado por el propio éxito, tuvo que enterrarse vivo en una granja de Cornish, donde su anonimato se convirtió en una leyenda hasta el punto de que llegar hasta él era una misión tan difícil como encontrar un mono en Marte, siempre que el explorador fuera un periodista, biógrafo, crítico literario o editor, pero no si era una joven admiradora atractiva dispuesta a ser pasada por las armas.



EL PAÍS

Manuel Vicent

Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.





DE OTROS MUNDOS







viernes, 8 de marzo de 2019

Salinger / Anonimato como obra de arte



Anonimato como obra de arte

Bombardeado por el propio éxito, Salinger tuvo que enterrarse vivo en una granja de Cornish, donde se convirtió en una leyenda



MANUEL VICENT
9 DE JUNIO DE 2018


La película Rebelde entre el centeno, estrenada hace un mes en España, escrita y dirigida por Danny Strong, narra la lucha de Jerome David Salinger por conquistar el éxito literario y la forma en que el éxito, una vez alcanzado, llegó a destruirlo como escritor. Buscar con ahínco la gloria y a continuación, al sentirse aplastado por ella, tener que hacerse invisible para sobrevivir, este es el caso de J. D. Salinger, quien convirtió su fuga y anonimato en una obra de arte y al final consiguió ser famoso precisamente por huir a toda costa de la fama.

lunes, 21 de marzo de 2016

Frédérick Beigdeber / Oona y Salinger



SALINGER

Salvad al soldado Salinger

'Oona y Salinger' es la novela menos autobiográfica de Beigbeder y la más enjundiosa: un biopic sobre el autor de 'El guardián entre el centeno' y un ejercicio de ficción histórica


JAVIER APARICIO MAYDEU
21 MAR 2016 - 18:00 COT

Insolente, brillante e imprevisible, Beigbeder es un jugador empedernido que arriesga siempre en la ruleta de la literatura, dispuesto a reventar la banca a cualquier precio, incluso el del striptease moral en el que convirtió Una novela francesa (2009), escrita con el diablo en el cuerpo y en forma de proclama antisistema con aspecto de memorias-de-un-chico-malo. Ya había sido provocador y se había emborrachado de egotismo en 13,99 euros (2000), y su obra parecía destinada a ser sinónimo de atentado premeditado contra el establishment.
Pese a que la voz que narra es la de Beigbeder y a cada página se asoman su ironía, su autoconsciencia, su mitomanía y su complicidad con un lector al que se lleva de juerga, Oona y Salinger es la novela menos autobiográfica del autor, y seguramente la más enjundiosa. En realidad es su apuesta más fuerte. Nada menos que un biopic de J. D. Salinger y un ejercicio de ficción histórica (como los de Philip Roth en La conjura contra América o Doctorow en Ragtime) que contamina con imaginación y mentiras verosímiles la verdadera historia de la frustrada relación entre el autor de El guardián entre el centeno y una hermosa flapper llamada Oona O’Neill.






Salvad al soldado Salinger



Hija del dramaturgo Eugene O’Neill y una habitual en las páginas de Life, Oona conoció a Orson Welles y el alcohol y se casó con el maduro Charles Chaplin, con el que tuvo ocho hijos y una vida regalada; Salinger combatió en el desembarco de Normandía, alcanzó la fama como novelista y más tarde se eclipsó; y Beigbeder propone una estimulante reconstrucción de esa relación entre ambos, escribiendo las cartas apócrifas que un Salinger enamorado le escribió a Oona y que no han salido aún a la luz. ¡Oona y Jerry Salinger o Zelda Fitz­gerald y el soldado Ryan convertidos en 300 páginas en Mrs. Chaplin y Mr. Ghostwriter! ¿Y en medio? Un plató de cine de los cuarenta, una fiesta de papel en la que bailan Truman Capote —inventor de la non fiction novel, a la que adscribe Beigbeder su novela en el preliminar—, Mae West, Patton, Scorsese, Bernanos, Michael Jackson, Hemingway, Rihanna o Kim Novak, breves tratados de amor senex-puer y de heroísmo y banalidad, un bouillon de culture preparado con cine clásico americano, fotografías evocadoras, fetichismo literario, comentarios irónicos de un autor entrometido e historia del siglo XX en imágenes verbales, y una historia de amor cortés muy bien escrita. De la playa de Utah y los nightclubsdel Nueva York canalla a esa Suiza chic de celebridades como Nabokov y Coco Chanel.
Todo constituye un feliz pretexto para que el autor exhiba sus plumas de pavo real y juegue a ser el primero de la clase de literatura. Quiere siempre ser el perejil de todas las salsas, escribe su novela escribiendo a la vez cómo la escribe, y seduce con sus pastiches y sus manipulados clichés, con sus diálogos de Hollywood, sus cartas inventadas, sus listas a lo Perec, sus mistificaciones y su humor de vodevil. Siempre embaucador, en Conversations d’un enfant du siècle (Grasset, París, 2015), Beigbeder conversa consigo mismo, sueña con entrevistar a Salinger y acaba entrevistando a Scott Fitzgerald a título póstumo. Aquí se ha documentado a fondo, demuestra ser un maestro del simulacro y es capaz de convertir un episodio marginal en una recreación periodística tan ucrónica como adictiva.
Oona y Salinger. Frédéric Beigbeder. Traducción de Francés Rovira Anagrama Barcelona, 2016. 291 páginas. 19,90 euros


lunes, 29 de febrero de 2016

Salinger / Un joven enamorado




Salinger, un joven enamorado

Frédéric Beigbeder novela la relación del engimático autor con Oona O’Neil, hija del dramaturgo


ANA PAZOS
BARCELONA, 29 DE FEBRERO DE 2016

Frédéric Beigbeder (Neuilly-sur-Seine, 1965) decidió en algún momento seguir el consejo que J. D. Salinger daba a los noveles, aunque él, un poco enfant terriblede las letras francesas al menos desde 13,99 euros, no lo es: “Escribe el libro que te gustaría leer”. El resultado, con toda probabilidad, hubiera hecho que el norteamericano se lo pensara dos veces antes de repartir sabiduría. “Creo que me odiaría profundamente”, puntualiza Beigbeder. Porque su última novela, Oona y Salinger (Anagrama, en castellano; Amsterdam, en catalán) se mete de lleno en la intimidad siempre celosamente protegida del autor de El guardián entre el centeno; y más concretamente, en su relación fallida con Oona O'Neill, celebrity de la época y hija del dramaturgo Eugene O’Neill. La historia es de fracaso: tras un breve romance a principios de los cuarenta, ésta le reemplazó por Charlie Chaplin, con quien se casó cuando Salinger se fue a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
La historia lo tenía todo: amor arrebatado, guerra, cine, literatura (Oona se codeaba con Truman Capote, Hemingway y demás literatos de la época). “No me podía creer que nadie la hubiera escrito ya”, dice Beigbeder. Y se puso manos a la obra.
Beigbeder incide en lo “ridículo” que es promocionar en prensa un personaje como Salinger, que siempre evitó el contacto con periodistas y jamás concedió una entrevista. Por el contrario, Oona O’Neill era una personalidad social de la noche neoyorquina. En biografías se la describe como inteligente, bella y traviesa: “Era una it-girl, de esas que se hace famosas sin hacer nada en concreto”, define Beigbeder. Fue musa de muchos, incluyendo a Orson Welles y Capote, quien se inspiró en ella para su Desayuno con diamantes. Eso debió dificultarle a Salinger reponerse del desengaño: “Veía su cara a menudo en revistas y programas de variedades”.
Beigbeder sostiene que Oona y Salinger no es ni novela ni libro de no ficción, sino un híbrido entre ambos: “El 90% de los hechos son reales, el resto me lo inventé”. Eso es así porque buena parte del material que hubiera necesitado para reconstruir las personalidades de O’Neill y Salinger, así como su atormentada relación epistolar, está totalmente blindado. Los diarios íntimos de ella los guarda bajo llave la familia de Chaplin, y las cartas escritas por Salinger las conservan sus allegados, quienes respetan la voluntad del autor de no hacerlas públicas.
Así pues, Beigbeder tiró de especulaciones e imaginación: “Allí donde los periodistas han de detenerse yo me dejé llevar, y fue fantástico”. Para ponerse en la piel de Oona O’Neil y de grandes como Salinger o Capote, Beigbeder usó el viejo método del what if (¿Y si?) que tanto gustaba al norteamericano Philip Roth: “Uno lee muchas biografías, diarios de personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial... Y luego lo olvida todo para tratar de entrar en la cabeza de ese Salinger joven, que está tirado en el barro de una trinchera, esquivando bombas y enamorado de una mujer que está muy lejos”. Y a fe que lo consigue.




DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado



viernes, 26 de febrero de 2016

Frédéric Beigbeder / El escritor que 'odia' a los viejos









Frédéric Beigbeder

El escritor que 'odia' a los viejos

Frédéric Beigbeder, que acaba de publicar 'Oona y Salinger', confiesa que tiene pánico a las personas mayores. ¿La razón? Ya tiene 50 años. Nos ha contado esta y otras fobias.


VICTOR PARKAS
28 MAR 2016 - 08:07 COT

Usa las armas del marketing para escribir frases memorables –las utilizó en contra de la propia publicidad en la novela 13,99 euros– y cruzarse con él es arriesgase a salir en uno de sus libros –su padre aún no le ha perdonado que le pusiera diez kilos de más en Una novela francesa–. Todo esto nos lo cuenta el propio Frédéric Beigbeder antes de reafirmarse como gerontófobo. Es decir, que tiene pánico a las personas mayores. El escritor francés acaba de rebasar la barrera de los 50 años, a lo mejor eso tiene algo que ver. Mientras, combate su fobia saliendo con una chica a la que dobla la edad, ejerciendo de DJ de forma eventual ("Me encanta imponer mis discos favoritos a la gente. Soy un dictador musical", confiesa), y escribiendo sobre amores adolescentes en su último título publicado por Anagrama, Oona y Salinger






Portada de Oona y Salinger ANAGRAMA


"Cuando supe que J. D. Salinger y la que acabaría siendo esposa de Chaplin habían tenido una relación sentimental, que terminó cuando el escritor, con el corazón roto, se fue a la guerra, pensé que tenía que haberse publicado algún libro sobre el tema.Y, si no existía, alguien tenía que escribirlo", recuerda. En esta ocasión, Beigbeder ha reunido todos los ingredientes para atrapar ya no solo a sus incondicionales, sino también a los del misántropo autor de El guardián entre el centeno.
"Leí esa novela con 15 años y tuve la sensación de que alguien me había espiado y había transformado mis problemas en palabras", confiesa, inmediatamente antes de jactarse de haber causado él un efecto similar en sus lectores con El amor dura tres años. "Aquel libro me convirtió sin quererlo en una especie de consejero conyugal", bromea.
Además de con Oona y Salinger, Beigbeder también apela a la nostalgia ejerciendo desde 2013 como director de la renacida revista para adultos Lui. "Estamos haciendo algo elegante, divertido y sexy con Lui. Su éxito creo que se debe al gusto por lo vintage de los franceses, porque la cabecera es realmente mítica en mi país. Yo la leía de adolescente. Como a Salinger".