Elizabeth Bishop: Recuerdos de Marianne Moore
Compartimos fragmentos del ensayo donde Bishop, que inició su carrera literaria bajo la benévola tutela de Moore, nos presenta una compleja imagen de su idiosincrásica mentora.
Presentación
Pese a la ostensible ausencia de acontecimientos más o menos memorables en la vida de Emily Dickinson[1] existen, quizás, un centenar de volúmenes que se esfuerzan, con sostenida futilidad, por descifrar “el enigma” de la famosa, excéntrica ermitaña de Amherst. No hay más de media docena, sin embargo, sobre la vida de Marianne Moore…[2] y uno comprende por qué: sería difícil encontrar, en los últimos quinientos años de historia literaria, una escritora más reticente o menos llamativa. Sobre ella podría decirse, quizá, lo que Faulkner deseaba que inscribiesen en su lápida: “escribió los libros y murió”. ¿O se trata acaso de una pertinaz ilusión? En efecto, no todos comparten, semejante perspectiva: en su espléndido ensayo “Conatos de afecto”, la gran poeta norteamericana Elizabeth Bishop –que inició su carrera literaria bajo la benévola tutela de Moore– ha conseguido articular una compleja imagen de su idiosincrásica mentora que disuelve como agua en el agua los numerosos, insignificantes lugares comunes que hasta ese momento pasaban por información biográfica. Aquí traduzco algunos fragmentos selectos de este extenso ensayo.






