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viernes, 13 de junio de 2025

Isaac Bashevis Singer / Guimpl, el Tonto

 


Friedrich Stellmach 


Isaac Bashevis Singer GUIMPL, EL TONTO


(“Gimpel the Fool”)


I

      Soy Guimpl el ingenuo. No me considero un tonto. Al contrario. Pero la gente me ha puesto ese apodo. Empezaron a llamarme así cuando aún estaba en el jéder [una escuela elemental tradicional cuyo fin es enseñar a los niños las bases del judaísmo y del hebreo]. Hasta siete apodos llegué a tener: imbécil, zafio, lelo, simple, pánfilo, bobo e ingenuo. Y este último es el que se me quedó pegado. ¿En qué consistía mi ingenuidad? En que era fácil tomarme el pelo. Me dijeron una vez: «Guimpl, ¿sabes que la esposa del maestro ha dado a luz?». Y yo, confiado, no fui al colegio. Pues bien, resultó ser falso. ¿Cómo iba a saberlo yo? Es cierto que la mujer no mostraba una barriguita muy abultada, pero yo nunca me había fijado en su barriga. ¿Tan ingenuo era esto? Los gamberros, sin embargo, rompieron a reír y a rebuznar, a brincar y a bailar, y a canturrearme la oración para un buen sueño. Y encima me llenaron las manos no con pasas, como suele ofrecerse cuando una mujer da a luz, sino con cagarrutas de cabra. Yo no era ningún alfeñique. Si le propinase a alguien una bofetada, le haría ver hasta Cracovia. Sin embargo, por naturaleza no soy realmente un peleón. Siempre pienso para mis adentros: déjalo pasar. Así que la gente se aprovecha de mí.

Isaac Bashevis Singer / El Spinoza de la Calle Market


Head of an Old Man in a Cap by Rembrandt

Isaac Bashevis Singer  EL SPINOZA DE LA CALLE MARKET



(“Der Spinozist: Dertseylung”, yidis, 1944)
(“The Spinoza of Market Street”)

(Traducido del yidis al inglés por el autor y Elizabeth Shub)

1

      El doctor Nahum Fischelson andaba de un extremo a otro de su habitación, un tabuco sito en la calle Market, en Varsovia. El doctor Fischelson era un hombre bajo, encorvado, de barba grisácea; sería completamente calvo si no le quedaran unos mechones de cabello en el cogote. Tenía la nariz ganchuda como un pico y sus ojos, grandes y oscuros, parpadeaban como los de un pajarraco. Era un caluroso atardecer de verano, pero el doctor Fischelson llevaba una levita negra que le llegaba hasta las rodillas y cuello duro con corbata de lazo. Caminaba despacio desde la puerta a la buhardilla, abierta en lo alto de la inclinación del techo, y de ésta otra vez a la puerta. Había que subir unos peldaños para mirar hacia afuera. Sobre la mesa, ardía una vela en un candelabro de cobre, y diversos insectos zumbaban alrededor de la llama. De cuando en cuando, uno de los bichitos volaba demasiado cerca del fuego y se le chamuscaban las alas, otro ardía por un instante sobre el pabilo. En estos casos el doctor Fischelson hacía una mueca; su rostro arrugado se estremecía; hasta se mordía los labios por debajo de su alborotado bigote. Luego, sacaba el pañuelo del bolsillo y lo agitaba ante los insectos.

Isaac Bashevis Singer / Un amigo de Kafka

 

Friedrich Stellmach 


Isaac Bashevis Singer UN AMIGO DE KAFKA


(“A Friend of Kafka”)

Traducido del yiddish al inglés por el autor y Elizabeth Shub).

1

       Mucho antes de leer sus obras, supe de la existencia de Kafka por boca de su amigo Jacques Kohn, quien fue actor del Teatro Yiddish. Y he dicho «fue», porque cuando le conocí llevaba ya años retirado de su profesión. Corrían los primeros años treinta, y el Teatro Yiddish de Varsovia había perdido gran parte de su público. El propio Jacques Kohn era un hombre viejo y derrotado. Pese a que aún vestía como un pisaverde, sus ropas presentaban el aspecto de las prendas muy usadas ya. Lucía monóculo en el ojo izquierdo, anticuado cuello alto (del tipo llamado, en aquel entonces, «matapadres»), zapatos de charol y sombrero hongo. Los cínicos del club de escritores yiddish de Varsovia, que tanto él como yo frecuentábamos, le habían dado el mote de «el Lord». Pese a que su espalda se le encorvaba cada vez más, hacía titánicos esfuerzos para andar con los hombros echados hacia atrás. Peinaba los escasos restos de su amarillento cabello de manera que formara un puente que le cubriera la calva cabeza. Siguiendo las tradiciones teatrales de pasados tiempos, de vez en cuando hablaba en un yiddish germanizante, lo cual hacía de un modo muy principal cuando contaba su amistad con Kafka. Últimamente, Jacques Kohn había comenzado a escribir artículos para los periódicos, pero los directores se los rechazaban unánimemente. Vivía en una buhardilla de la calle Leszno, y estaba siempre enfermo. Los miembros del club le aplicaban la siguiente frase mordaz: Pasa el día en una tienda de oxígeno, de la que sale al anochecer hecho un donjuán.

martes, 25 de enero de 2022

Isaac Bashevis Singer / Cuando Shlemel fue a Varsovia

Cuando Shlemel fue a Varsovia (Un cuento de Isaac Bashevis Singer)Isaac Bashevis Singer
BIOGRAFÍA

Cuando Shlemel fue a Varsovia


 Aunque Shlemel era un vago y un dormilón de mucho cuidado, siempre había rondado por su cabeza la idea de hacer un largo viaje. Había oído muchas historias de países lejanos, de grandes desiertos, de profundos océanos y de altas montañas, y a menudo le decía a su mujer que algún día emprendería un largo viaje. Y ella siempre le decía:
– Shlemel, no estás tú hecho para estos trotes... Lo tuyo es quedarte en casa y cuidar de los niños, mientras yo voy al mercado a vender las verduras.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Isaac Bashevis Singer / La esposa perdida




Isaac Bashevis Singer LA ESPOSA PERDIDA


Traducción de Moisés Mermelstein


Esto me lo contó un escritor judío, no de los conocidos sino de aquellos que de tiempo en tiempo publican un libro con su propio dinero. Cuando lo conocí en Buenos Aires, fue la primera vez que oí mencionar su nombre, pero él me hizo saber que ya había publicado dos cuadernos de poemas y que la prensa local lo había reseñado un par de veces, además de un semanario en México o quizás en Río de Janeiro.