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jueves, 24 de enero de 2019

Sinécdoque irlandesa / Los relatos de Kevin Barry

Kevin Barry

Sinécdoque irlandesa

Los relatos de Kevin Barry trasladan a una Irlanda mancillada por la represión y la traición


Patricio Pron
14 de enero de 2019




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Un joven que no se atreve a dar el “primer paso” con una chica mientras el sol se eleva sobre los tejados de Dublín, alguien que decide cambiar de vida y adquiere un pub en el sitio más sórdido de Irlanda, un vendedor de drogas que se refugia en la propiedad de una familia poliamorosa que lo convierte en su esclavo, una fotógrafa de modas trágica y temperamental con la que el narrador pasa un verano en Berlín, un padre interesado en la felicidad de su hija adolescente (y en su talento para el sexo oral): no importa cómo se llamen, los personajes de Kevin Barry resultan inmediatamente reconocibles en cuanto que producto del escritor irlandés.

miércoles, 25 de julio de 2018

El nuevo ‘boom’ de las letras irlandesas / El fenómeno Sally Rooney


El nuevo ‘boom’ de las letras irlandesas

El fenómeno Sally Rooney llega a España como avanzadilla de una nueva hornada de escritores que despuntan por su talento y su crudeza tras los estragos de la crisis


Barcelona 24 JUL 2018 - 14:41 COT



La escritora Sally Rooney.
La escritora Sally Rooney.  EL PAÍS

Hay una nueva generación de escritores recorriendo las calles de Dublín y no se parece a nada que la haya antecedido. Lo único que les une es que, por primera vez, no tienen que irse a ninguna parte para publicar. Si en los 90, Colm Tóibín y otros de su talla, como Roddy Doyle, tenían que cruzar el charco y plantarse en Londres para, después de vérselas con el sinfín de autores autóctonos, lograr publicar; en el mundo después de la crisis, no sólo no tienen que subirse a ningún ferry, sino que tampoco tienen que adecuarse a nada y pueden ser tan valientes como su literatura se lo pida. Ellos, se diría, siempre han estado ahí, y lo han estado todo el tiempo, sólo que hasta que no estalló la crisis y los enormes sellos empezaron a despedir a editores que decidieron que no tenían nada que perder y que iban a montar sus propios sellos y, también, sus propias revistas, para echar mano de todo aquello que no se estaba publicando, nadie les había escuchado.