Rosario Ferré
LA MUÑECA MENOR
L
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a tía vieja había sacado desde muy temprano el sillón
al balcón que daba al cañaveral como hacía siempre que se despertaba con ganas
de hacer una muñeca. De joven se bañaba a menudo en el río, pero un día en que
la lluvia había recrecido la corriente en cola de dragón había sentido en el
tuétano de los huesos una mullida sensación de nieve. La cabeza metida en el
reverbero negro de las rocas, había creído escuchar, revolcados con el sonido
del agua, los estallidos del salitre sobre la playa y pensó que sus cabellos
habían llegado por fin a desembocar en el mar. En ese preciso momento sintió
una mordida terrible en la pantorrilla. La sacaron del agua gritando y se la
llevaron a la casa en parihuelas retorciéndose de dolor.
