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domingo, 6 de septiembre de 2026

Juan Cruz / Escuchando hablar a Piglia… y a Borges

 


Escuchando hablar a Piglia… y a Borges


Juan Cruz
11 de agosto de 2026


Este último estuvo, por cierto, en la casa de Mara una vez que tuve la suerte de estar por allí, escuchándolo. Era impresionante cómo hablaba aquel nombre propio de la cultura literaria de uno de los países más cultos del globo. Por encima de las voces de los otros, Piglia se elevaba con la autoridad de una enciclopedia y nos dejaba a todos callados y alegres, como si estuviéramos en el día en que se inventaron el cine y la escritura.

jueves, 6 de agosto de 2026

La llamada de… Diego Zúñiga

 

La llamada de… Diego Zúñiga

Escribir también es una forma de regresar al hogar. Diego Zúñigaentendió esto a una edad temprana, sobre los doce años, cuando su familia abandonó su Iquique natal para instalarse en Santiago. En aquel momento no reparó en la importancia que esta mudanza habría de tener en su formación, pero al empezar a escribir, al empezar a escribir en serio, se dio cuenta de que todos sus libros estaban ambientados en el norte de Chile. Diego Zúñiga cree, en consecuencia, que su despertar literario está vinculado al viaje, al abandono del paraíso y al anhelo del regreso, a la vuelta a casa a través del relato ficticio. Por resumir, a la conversión de nuestra infancia en territorio mítico.


*

En 327 cuadernospelícula documental de Andrés Di Tella sobre los famosos y en gran medida ya célebres diarios de Ricardo Piglia(publicados en varios volúmenes bajo el título Los diarios de Emilio Renzi), el escritor argentino comenta que él nació en Adrogué, ciudad sureña del Gran Buenos Aires, pero que sus padres se mudaron a Mar del Plata cuando él tenía dieciséis años, y que fue precisamente durante aquella mudanza cuando comprendió que la única forma de mantener el vínculo con el lugar que estaba abandonando sería a través de la literatura.

viernes, 18 de noviembre de 2022

16 escritores argentinos a tener en cuenta

 

Samanta Schweblin


16 escritores argentinos a tener en cuenta

Breve paseo por el panorama literario actual: desde el poeta Antonio Calveria, de 85 años, hasta el autor que se atrevió a engordar 'El Aleph' y ha sido denunciado por María Kodama




FRANCISCO PEREGIL
30 NOV 2014 - 08:11 COT



Lo que viene a continuación es un espejo de la literatura actual argentina, un reflejo de lo que se escribe en el país. Faltan y faltarán siempre escritores notables. Muchos de ellos, como Ana María Shua, Mempo Giardinelli, Liliana Heker, Alan Pauls, Eduardo Sacheri, Guillermo Martínez, Martín Kohan, Leopoldo Brizuela… O los poetas Jorge Fondebride, Diana Bellesi y Tamara Kamenszain, forman parte del grupo de 60 escritores invitados por el ministerio de Cultura argentino a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014.

Otros no asistirán. En ese grupo se encuentran también escritores destacados como Sylvia Iparraguirre, Gabriela Cabezón Cámara, Federico Falco, Rodrigo Fresán, Jorge Asís, Pablo Ramos, Matilde Sánchez, Jorge Consiglio, Iosi Havilio, Juan Forn, Daniel Guebel, Pedro Mairal, Washington Cucurto, Sergio Schejfec, Patricio Pron; periodistas y escritores como Leila Guerriero, Martín Caparrós y Jorge Fernández-Díaz; poetas como Luis Benítez (“Anoche alguien derribó un árbol/ Que cumplía 3.000 años / Erguido sobre el campo”) y dramaturgos como Rafael Spregelburd.

lunes, 10 de octubre de 2022

John Berger y Ricardo Piglia / Vidas paralelas

 

John Berger


Vidas paralelas

Berger y Piglia: oficios de la escritura y la vida, por Federico Galende

16 de junio de 2017

Ambos autores, fallecidos en enero pasado, compartieron una mirada descreída sobre el oficio de escribir. En una época en que todos se definían a sí mismos como escritores, Berger veía en el quehacer literario tan solo una actividad solitaria e independiente. En ningún caso, una profesión. Por su parte, Piglia opinaba que se trataba de un acto ridículo, “una manía, un hábito o una adicción que al final se convierte en un modo de vivir, en un modo como cualquier otro”.

martes, 17 de agosto de 2021

Thomas Wolfe era una fiesta


Thomas Wolfe


Thomas Wolfe era una fiesta

Para Piglia, el escritor fue un Fausto moderno que intentó lo imposible: que entrara el mundo entero en sus novelas




Enrique Vila-Matas
27 de abril de 2021

Thomas Wolfe creía que había que producir una obra de peso (en todos los sentidos de la palabra) para poder considerarse escritor. “Quería ver libros gordos, con muchas páginas”, según James Thurber. Y Faulkner lo vio como el mejor de su generación, colocándose en segundo lugar él mismo, y a Dos Passos tercero del podio. Y aunque hoy sabemos que el mejor era Faulkner, nos equivocaríamos menospreciando la espectacular energía narrativa que inyectó Wolfe en todo lo que hizo. Para Piglia fue un Fausto moderno que intentó lo imposible: que entrara el mundo entero en sus novelas. De toda su obra lo que hoy más atrae la atención de los lectores son las piezas breves: sus cuentos (reunidos por Páginas de espuma) y brillantes libros como Historia de una novela, que acaba de publicar Periférica y donde Wolfe condensa la historia de cómo escribió su gigantesca segunda novela, Del tiempo y el río, y nos da detalles de su imperiosa necesidad de introducir al mundo entero en lo que escribía, como si cada momento para él fuera una ventana sobre el tiempo y ese instante estuviera conectado con todo, hasta con el pasado más remoto.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Fueron libros del año / 2007 - 2020

FUERON LIBROS DEL AÑO...

2020. Un amor. Sara Mesa.  Tusquets.2019. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets.

2019. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets.

LOS MEJORES LIBROS DE  2019

2018. Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara.

LOS MEJORES LIBROS DE 2018

Vea aquí el especial de 2018

2017. Berta Isla. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2017

2016. Manual para mujeres de la limpieza. Lucia Berlin. Alfaguara.

LOS MEJORES LIBROS DE 2016

Vea aquí el especial de 2016

2015. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación Ricardo Piglia. Anagrama.

Vea aquí el especial de 2015

LOS MEJORES LIBROS DE 2015

2014. Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2014

LOS MEJORES LIBRSO DE 2014

2013. En la orilla. Rafael Chirbes. Anagrama.

Vea aquí el especial de 2013

LOS MEJORES LIBROS DE 2013

2012. Pensar el siglo XX. Tony Judt. Taurus.

Vea aquí el especial de 2012

LOS MEJORES LIBROS DE 2012

2011. Los enamoramientos. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2011

2010. Verano. J. M. Coetzee. Literatura Random House.

2009. Anatomía de un instante. Javier Cercas. Literatura Random House.

LOS MEJORES LIBROS DE 2009


2008. Chesil Beach. Ian McEwan. Anagrama.

2007. Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutenberg.



domingo, 17 de mayo de 2020

Diez grandes diarios de escritores

Franz Kafka

Diez grandes diarios de escritores

Felipe Ojeda
15 DIC 2017 03:19 PM




Principalmente producido por escritores y artistas, el género ha aportado páginas insustituibles sobre la personalidad, el pensamiento y el proceso de producción de distintas obras y proyectos literarios.
Cuenta Leonidas Morales, en el prólogo de los diarios de Luis Oyarzún, que el diario íntimo se instala entre los géneros de la literatura a contar del siglo XVIII, en Europa, sobre todo con el Romanticismo como paisaje. Estos son algunos de los pilares del género en la literatura moderna, donde la mayoría ha alcanzado el reconocimiento universal.

sábado, 16 de mayo de 2020

El desorden de leer 9 / Kafka en la habitación de al lado




Reproducción de un documento de identidad de Kafka, en el que se aprecia en un sello la palabra 'Policía'.
Reproducción de un documento de identidad de Kafka, en el que se aprecia en un sello la palabra 'Policía'. B. P.

EL DESORDEN DE LEER 9  Kafka

 en la habitación 

de al lado

Elias Canetti y Ricardo Piglia firmaron dos volúmenes fundamentales para entender al autor de 'La metamorfosis', que basó su imaginación en su vida y en las oscuridades abismales de su carácter


Juan Cruz
12 de mayo de 2020

La leyenda de que Franz Kafka quiso que su amigo Max Brod quemara sus libros ha ayudado a presentar al autor de La metamorfosis como alguien que no quería que su escritura fuera en el futuro otra cosa que ceniza. En vida, Kafka leyó con pasión sus textos, en público y en privado, hacía de sus noches de insomnio habitación de sus obsesiones de escritor, se portó con otros autores como un escritor clásico (es decir, despreciaba a unos y a otros, no soportaba sus éxitos o los consideraba desproporcionados para sus méritos), y se preocupaba tanto de sus ediciones, del papel, del color de las tapas, de las tiradas, que resulta imposible compadecer aquella exigencia que expresó a Brod con la realidad que lo acompañó mientras respiraba.

lunes, 8 de abril de 2019

Hemingway / Vivir el código


Ernest Hemingway

Vivir el código



¿Por qué Hemingway escribió mejores cuentos que novelas? ¿Por qué él mismo, a la hora de decir cuáles eran sus trabajos preferidos, se refería a “Las nieves del Kilimanjaro”, “Un lugar limpio” o “Colinas como elefantes blancos”? O quizá sea mejor preguntarse ¿por qué es el mejor cuentista del siglo XX? Estas son las interrogantes que subyacen al ensayo de Ricardo Piglia que reproducimos a continuación y que forma parte del libro Escritores norteamericanos, publicado recientemente por Ediciones UDP.

viernes, 13 de octubre de 2017

Leila Guerriero / El sueño









Ricardo Piglia, escritor argentino.
Ricardo Piglia, escritor argentino. © ULY MARTÍN


El sueño

Una risa gozosa que me recuerda que siempre estamos solos. Nunca abandonados


LEILA GUERRIERO
10 OCT 2017 - 17:00 COT

Leo el último volumen del diario de Ricardo Piglia, que acaba de publicarse. Después, sueño con Piglia. En el sueño, él está de pie bajo un árbol. Yo estoy frente a él y hago lo que jamás he hecho: pido consejos (yo, que dejé de confiar en que alguien pudiera dármelos a los 17). En el sueño quiero que me diga cómo seguir. Le hablo de cosas que jamás he hablado con nadie. Quiero que sea eso que nunca tuve ni busqué: un maestro. Él me mira con su sonrisa de costado, medio maleva, se rasca el nudillo del dedo meñique con el dedo mayor de la otra mano. Está como siempre, con ese pelo de rulos irisados, como de loco. Usa una camisa oscura y se ríe de mí con simpatía, con afecto, con una malicia hermosa, echando la cabeza hacia atrás. Me dice: “Sí, sí, te voy a decir todo, te voy a decir todo”, estirando la “o” como quien le habla a alguien muy joven o muy tonto, y dibujando un círculo amplio con las manos. Sé que se burla buenamente de mí y me siento feliz por esa complicidad. Empieza a decirme cosas que anoto. Son cosas importantes sobre la escritura, sobre la vida de escritor, y en el sueño comienzo a estar segura de que no estoy soñando, de que Piglia está realmente allí, hablando conmigo. Entonces noto que empiezo a llorar unas lágrimas gélidas que me queman la cara. Me despierto confusa y me doy cuenta, con espanto, de que no recuerdo una sola palabra de todas las que anoté, que a mi alrededor está, simplemente, mi cuarto. Trato, como un náufrago inverso, de hundirme en el sueño, de volver allí, de recuperar lo que Piglia me dijo porque estoy segura de que me dio la clave, el secreto de todo. Pero sólo escucho su risa en todas partes, y la sigo escuchando hasta que me duermo. Una risa gozosa que me recuerda que siempre estamos solos. Nunca abandonados.

Leila Guerriero / Perfil de Idea Vilariño
Nicanor Parra / El aire del poeta
Leila Guerriero / El muerto
Vargas Llosa / Un escritor en familia
Leila Guerriero / Cronista mayúscula
García Márquez / La larga herencia de estos años
Leila Guerriero / Mafalda, vida de esta chica
García Márquez / El periodismo como literatura
Autor de culto / Un secreto de los dioses
Leila Guerriero / Dónde estás?Adriana Lestido / Manera de ver lo que no está
Leila Guerriero / Érase una vez el fin
Leila Guerriero / Nueve libros sobre el duelo
Diego el Cigala / No te suelto
Leila Guerriero / Hola, Sean Penn
García Márquez / Em memoria
Leila Guerriero / Cuando el escritor es el paisaje
Leila Guerriero / Sin salida
Ricardo Piglia / El hombre sin fin
Leila Guerriero / El sueño

Ricardo Piglia / El hombre sin fin


Ricardo Piglia

Ricardo piglia

El hombre sin fin

No sé cómo se escribe esto para hablar de Piglia y no de la enorme sombra que deja su ausencia


Leila Guerriero
6 ENE 2017 - 18:17 COT

Hay sincronías dolorosas: ayer, toda la tarde, estuve repasando la entrevista que le hice a Ricardo Piglia en 2010 para el suplemento Babelia de este diario. Mientras la leía, casi podía escuchar su voz, ese tono entre asertivo y dudoso, esas frases que se dirigían siempre hacia un destino preclaro pero fingiendo, por generosidad con su interlocutor, todas las dudas del mundo. Ahora, quince minutos después de enterarme de su muerte, no sé qué hacer. No sé cómo se escribe esto para hablar de Piglia y no de la enorme sombra que (me, nos) deja su ausencia y que al final no importa, porque todo lo que importa es él: la forma en que fue un escritor extraordinario que, en 1980 y con apenas 39 años, escribió una novela —Respiración artificial— cuyas ondas concéntricas todavía se sienten en la literatura latinoamericana; la forma en que pensó la literatura argentina; la forma en que, en los últimos años, hizo un doble salto mortal y dejó Princeton y regresó a Buenos Aires y dio clases sobre Borges ¡por televisión!; la forma en que, ya enfermo, se transformó en una máquina de escribir humana, capaz no sólo de sacar un libro tras otro dando nuevo sentido a impecables textos antiguos, sino de imponerse la tarea bestial de revisar su diario y publicar dos tomos —Los diarios de Emili Renzi—, llenos de reflexiones sobre la escritura —sobre la lucha por y con y contra la escritura, sobre los trabajos y los días— en los que se leía la lección de un maestro.

Ricardo Piglia / Tesis sobre el cuento

Ricardo Piglia
Ricardo Piglia
Tesis sobre el cuento
Los dos hilos: Análisis de las dos historias


En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.

Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.

jueves, 16 de febrero de 2017

¿A quién sirven los premios literarios?



¿A quién sirven los premios literarios?

Una sombra de duda se cierne desde hace años sobre los galardones comerciales. ¿Son algo más que una pura herramienta promocional?


MARIBEL MARÍN
13 FEB 2017 - 05:16 COT





Trofeos de varios premios literarios españoles.

Dolores Redondo, todo un fenómeno editorial por su Trilogía del Baztán publicada por Destino, del Grupo Planeta, ganó precisamente los 601.000 euros del Premio Planeta 2016, el mejor dotado después del Nobel, por Todo esto te daré. El grueso de los miembros del jurado que la encumbró están vinculados a la casa. Lo mismo ocurre con Care Santos, último premio Nadal por Media vida. La escritora está en el catálogo de Planeta, sello hermano de Destino, editorial que concede el premio, y la mayoría de sus valedores figuran en nómina del primer grupo editorial de España y de América Latina, casuística que se repite —autor de la casa y/o jurado mayoritariamente de la casa— en los últimos fallos del Premio Herralde de Novela, el Biblioteca Breve, el Alfaguara y otros grandes galardones comerciales españoles. Como es habitual, las dos escritoras estaban en las mediáticas cenas en las que se hace público el nombre del ganador y, como es habitual, antes de que se conociera el fallo, sus nombres circulaban por Twitter y presidían las portadas de algunos diarios ya impresos para el día siguiente.

sábado, 7 de enero de 2017

Muere Ricardo Piglia, un clásico contemporáneo de la literatura en español


Ricardo Piglia

EL CLÁSICO DE LA LITERATURA ARGENTINA

Muere Ricardo Piglia, un clásico contemporáneo de la literatura en español

El escritor y crítico argentino falleció a la edad de 76 años


WINSTON MANRIQUE SABOGAL
Madrid 7 ENE 2017 - 09:51 COT


Ricardo Piglia
Ricardo Piglia, en la ciudad francesa de Biarritz en el 2000. DANIEL MORDZINSKI

Murió Ricardo Piglia, aquel niño que nació y creció en ausencia de literatura, pero que tan pronto aprendió a leer quiso ser escritor para encontrar el mecanismo que le revelara la magia de aquellas combinaciones de palabras que lo sacaban de este mundo.

Ese era Ricardo Emilio Piglia Renzi, fallecido hoy a los 76 años. Lector, crítico, editor, guionista, profesor de literatura y, sobre todo, narrador, Piglia nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1940. Vivió entre Argentina, EE UU y la literatura, pero pasó sus últimos meses en Buenos Aires a causa de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que afectó a sus músculos pero no le quitó la lucidez intelectual y creativa, por lo cual trabajó hasta casi el último momento.
Desde su debut como escritor, en cambio, en 1967 con el volumen de cuentos La invasión, empezó a recibir el reconocimiento de sus colegas. Un libro donde aparece Emilio Renzi, su alter ego periodista y aspirante a escritor, habitual en sus obras. Sus historias se caracterizan por ser tramas sentimentales o de bajos fondos que esconden algún secreto, rodeadas por un suceso policial que lo lleva a indagar sobre el poder y sus resortes.
Autor de tres libros de cuentos, seis ensayos y una novela corta, Piglia escribió cinco novelas, entre 1980 y 2013. Desde la primera, Respiración artificial, se ganó un lugar entre los autores latinoamericanos indiscutibles posteriores al boom. A esa historia sobre la dictadura militar de su país le siguieron 12 años de silencio, hasta La ciudad ausente. Cinco años más tarde, en 1997, su literatura llegó al gran público con Plata quemada. Otros 13 años de silencio fueron interrumpidos con Blanco nocturno, en 2010, y una estela de premios. Su última novela fue El camino de Ida, en 2013, publicada en España por Anagrama, como las anteriores.
Antes de Respiración Artificial, escribió cuentos y ensayos sobre escritores, el arte de escribir, la crítica literaria y la edición; entre todos destaca Crítica y ficción.

La obra de su vida

A los 16 años, Piglia cogió un cuaderno y comenzó el proyecto de su vida: sus Diarios. Esos cuadernos que empezó a escribir en 1957 y que se fueron apilando en silencio mientras se convertían en leyenda, porque aunque se sabía de su existencia nadie los había leído. Hasta que en 2011 Piglia publicó algunos fragmentos en Babelia. Los empezó cuando con su familia se fue de Adroguéa Mar del Plata, en un intento de su padre de dejar atrás el pasado: “3 de marzo de 1957 (Nos vamos pasado mañana.) Decidí no despedirme de nadie. Despedirse de la gente me parece ridículo. Se saluda al que llega, al que uno encuentra, no al que se deja de ver. Gané al billar, hice dos tacadas de nueve. Nunca había jugado tan bien. Tenía el corazón helado y el taco golpeaba con absoluta precisión (...) Después fuimos a la pileta y nos quedamos hasta tardísimo. Me zambullí del trampolín alto. Desde tan arriba las luces de la cancha de paleta flotaban en el agua. Todo lo que hago me parece que lo hago por última vez".
En aquellas palabras ya estaba su futuro. El cambio de ciudad, de vida, le fue despejando todo y empezó a planificar lo que le gustaría ser y hacer. Años después explicaría: “El diario, sin duda, es un género cómico. Uno se convierte automáticamente en un clown. Un tipo que escribe su vida día tras día es algo bastante ridículo. Es imposible tomarse en serio. La memoria sirve para olvidar, como todo el mundo sabe, y un diario es una maquina de dejar huellas. Me gustan mucho los primeros años de mis diarios porque allí lucho con el vacío total: no pasa nada, nunca pasa nada en realidad, pero en ese tiempo me preocupaba, era muy ingenuo, estaba todo el tiempo buscando aventuras extraordinarias. Empecé a robar la experiencia a gente conocida, las historias que yo me imaginaba que vivían cuando estaban conmigo. Escribía muy bien en esa época, dicho sea de paso, mucho mejor que ahora, tenía una convicción absoluta, que es siempre la mejor garantía para construir un estilo”. No era nostalgia, sino la sensatez y la cordura del crítico que era él.
Si con 16 años conocía el camino, con 18 descubrió a uno de sus dioses tutelares: William Faulkner. Y ya no hubo vuelta atrás. La mansión cayó en sus manos y ya no pudo dejar su obra: “La lectura de Faulkner es uno de los grandes acontecimientos de mi vida”.
No había nada que hacer ante ese hallazgo. Su familia, que quería que él estudiara Ingeniería, se debió conformar con sus estudios de Historia en la Universidad de La Plata. ¿Alguien que tiene claro que quiere ser escritor se pone a estudiar Historia en lugar de algo afín? Sí. “Pensaba, con razón, que si estudiaba Letras me iba a costar seguir interesado en literatura”. No quería leer por obligación ni que evaluaran sus conocimientos sobre literatura. Junto a Faulkner estaban los argentino Jorge Luis Borges, Roberto Arlt.
“Escribir es sobre todo corregir, no creo que se pueda separar una cosa de otra”, decía como una letanía el autor argentino.
Detrás de todo ese amor y pasión por la literatura y el arte de escribir estaba Steve Ratliff, un norteamericano a quien llamaban El inglés, que trabajaba en una compañía exportadora de pescado de Mar del Plata. Fue el primero que le habló de Faulkner, de Scott Fitzgerald y de los autores estadounidenses.
Una vez diagnosticada la enfermedad, Ricardo Piglia se dedicó a organizar y editar los textos que tenía pendientes o inacabados. En especial los Diarios que logró reunir en tres volúmenes, de los cuales dos ya han sido publicados: Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación y Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices.
Hace mucho tiempo se hablaba de Piglia como un autor imprescindible. 60 años atrás, ese hombre que cada vez intrigaba a más gente leía de manera desordenada, y fue el interés por una chica la llave que le descubrió el amor por los libros, como confesó a Leila Guerriero en una entrevista en Babelia en 2010: “Yo ya leía, pero sin método. Había tenido una noviecita en Adrogué. El padre era de familia de anarquistas, leían mucho. Íbamos caminando, había un muro alto, y ella me dijo: ‘¿Estás leyendo algo?’. Y yo había visto, en una librería, La peste, de Camus. Y le dije: “Sí. La peste”. Y me dijo: “Prestámelo’. Me da vergüenza contar esto, pero compré el libro, lo leí esa noche, lo arrugué un poco para que pareciera usado, y se lo llevé al día siguiente. Y ahí empecé a leer”.