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miércoles, 25 de septiembre de 2024

De los regímenes militares al chavismo: la tradición de la novela sobre dictadores latinoamericanos se renueva


Celia Sánchez Manduley (primera de la derecha), una de las protagonistas de 'Nunca fui primera dama', junto a Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez, durante la revolución cubana.

Celia Sánchez Manduley (primera de la derecha), una de las protagonistas de 'Nunca fui primera dama', junto a Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez, durante la revolución cubana.

De los regímenes militares al chavismo: la tradición de la novela sobre dictadores latinoamericanos se renueva

Nuevos textos inspirados en Chávez, Ortega, Milei y otros líderes políticos de la región describen la debilidad de las democracias nacidas tras la caída de los anteriores regímenes autocráticos


CAIO RUVENAL
Madrid - 13 SEPT 2024 - 22:40 COT


El escritor mexicano Carlos Fuentes cuenta en La gran novela latinoamericana un encuentro que tuvo con Mario Vargas Llosa en Londres en 1967. La reunión derivó en la idea de invitar a una docena de autores latinoamericanos para que escribieran sobre la inagotable galería de caudillos de la región y recopilar los textos en un solo volumen, Los padres de las patrias. El proyecto no prosperó, pero impulsó el lanzamiento en los setenta de varios libros protagonizados por presidentes históricos déspotas, un género que la crítica bautizó como la “novela del dictador”: Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, El recurso del método de Alejo Carpentier, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri... Llegó el siglo XXI y las democracias nacidas tras la caída de los regímenes autoritarios resultaron endebles: los jefes de Estado cambiaron el uniforme militar por la camisa y la corbata, pero la naturaleza del poder autócrata permaneció intacta.

martes, 20 de julio de 2021

Wendy Guerra / Cuba cruda

 


Wendy Guerra CUBA CRUDA


"Cuba se come cruda, sin sal y sin condimentos. Hay que llamar a los dictadores dictadores. Está bueno ya de intelectualizar el tema de Cuba. Hay que asumirlo de una vez como el final de la utopía."

Wendy Guerra
12 de junio de 2021

Sesenta y dos años después, frente al pelotón de policías vestidos de civil que contenía una manifestación pacífica, cientos de cubanos sin camisa, profesionales, médicos, obreros, jóvenes en short y chancletas, entre “malas palabras” y buenas acciones, piden a gritos que renuncien un presidente y un gobierno que no eligieron ni ellos, ni sus padres.

domingo, 3 de febrero de 2019

Un recorrido por los Hay Festival americanos a través del lente de Mordzinski

Gabriel García Márquez, retratado en la cama de su casa de Cartagena de Indias durante el Hay Festival de 2010. "Cuando escribo sobre Cartagena, es como si escarbara en mi memoria y en mis recuerdos de infancia para ver qué puedo encontrar", dijo el nobel de Literatura colombiano sobre la ciudad donde inició su carrera periodística, escenario de algunas de sus novelas, como 'El amor en los tiempos del cólera' y 'Del amor y otros demonios'.


Un recorrido por los Hay Festival americanos a través del lente de Mordzinski

El fotógrafo argentino cumple cuatro décadas de cubrir festivales literarios
Cartagena de Indias 
Héctor Abad Faciolince monta a caballo durante el Hay Festival de Zacatecas, en 2010. El autor colombiano, reconocido por 'El olvido que seremos', el libro dedicado a su padre asesinado por paramilitares, conversará con Manuel Vilas sobre el papel de la familia en la literatura durante la edición de este año en Cartagena de Indias.

Leonardo Padura, el maestro cubano de la novela negra célebre por el personaje de Mario Conde, nunca rechaza una oportunidad de ir a Cartagena, una ciudad caribeña que se encuentra muy cercana a su natal La Habana. Será uno de los invitados estelares este año. Aquí, el autor de 'El hombre que amaba los perros' en una imagen de la edición de 2013 en la ciudad amurallada de Colombia.

Lydia Cacho, durante el Hay Festival de Cartagena de Indias 2010. La ONU ha reconocido las violaciones a los derechos humanos de la periodista mexicana, que en esta edición regresa a Cartagena, después de que su libro 'Los demonios del edén' reveló en 2005 una red de trata y explotación infantil en el Estado de Quintana Roo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Triunfo Arciniegas / A Wendy Guerra le gusta empelotarse



Wendy Guerra / Fotografía de Daniel Mordzinski

 Triunfo Arciniegas

A Wendy Guerra le gusta empelotarse


No se trata de una gran escritora, pero es bonita y le gusta empelotarse. Un lujo que ella puede darse. Tal vez su obra mejore cuando las revistas ya no la busquen para desnudarla sino para publicar sus textos. Por ahora, su cuerpo es su obra maestra. 

No imagino a un lector con ganas de ver en bola a Marguerite Yourcenar o Alice Munro, para mencionar dos grandes escritoras. Uno va a sus libros, no a sus piernas.Tampoco imagino a una lectora con ganas de ver en cueros a Philip Roth o Milan Kundera.

Cada quien tiene sus maneras de llamar la atención. Unos con pataletas, otros con una obra sólida. Unos dicen (o decían) que hay que matar a García Márquez para pasar a la siguiente fase de la literatura o (léase Fernando Vallejo, el mismo que regala los premios a los perros) que hay que matar a todos los colombianos para mejorar el país, mientras Wendy Guerra enseña las tetas. Es decir, unos exhiben su monstruosa lengua o los huecos de su cerebro pero Wendy se decide por algo más hermoso.

Este fenómeno del desnudo sucede con franco descaro en el mundo de la música, y casi nunca en la literatura. ¿Por qué esa necesidad de desnudarse en un escenario para cantar? ¿El culo al aire mejora la voz? ¿La visión de unas tetas hace memorable una canción? No. Pero el escándalo es rentable. Dos cantantes se besan con fingida pasión ante el público, otra restriega el trasero contra un hombre y la otra enseña un pezón. La noticia dará la vuelta al mundo en los televisores, los periódicos y las revistas. Los publicistas conocen la importancia de mantenerse en el candelero, no importa el precio, y los publicistas están ahí para hacer dinero.
 
Pero vuelvo a la bella y qué dicha que siempre haya una bella. Leí una de sus novelas, Todos se van, y quedé sin ganas de leer otra suya. No diría lo mismo de su desnudez. Wendy Guerra es un precioso espectáculo. La lectura de su cuerpo es suficiente.

Triunfo Arciniegas
Bogotá, 4 de mayo de 2016



martes, 27 de enero de 2015

Juan Cruz / Egos revueltos


Egos revueltos

Se dice que los escritores desayunan egos revueltos. Pero, ¿podrían escribir sin ego? El ego los defiende del principio de incertidumbre (nadie te quiere, nadie te va a leer), está en su naturaleza. No es una enfermedad, es parte de su ser. Su desayuno.




A finales de los sesenta, cuando ya estaba a punto de morir, el viejo poeta Ezra Pound aceptó encontrarse con algunos colegas suyos que querían tocarlo, sin duda para contarlo. Entre ellos estaba el mexicano Homero Aridjis, que les sobrevive a todos, y que fue quien contó esta anécdota.
Ezra Pound no quiso hablar; estaba mustio desde hacía años, vivía un difícil exilio interior, no soportaba la palabra, y no soportaba a sus colegas, que le rodeaban para llevarse alguna reliquia, una palabra, un mirada. Junto a él, en la actitud de adoración lírica que suele darse en estos casos, Octavio Paz, Allen Ginsberg, Charles Tomlinson, Aridjis. Estaban en Spoletto, Italia, acababan de asistir a la representación de Don Giovanni, de Mozart, con escenografía de Henry Moore, y todos querían excitar al maestro con sus historias.
Octavio Paz se identificó a sí mismo, a su modo: "Yo soy Paz". Ginsberg le cantó una mantra, para entretenerlo, Tomlinson le recitó poemas, y el propio Aridjis le habló de un músico, Gerhard Munch, que había sido amigo del poeta, que mantenía un silencio introvertido, hosco. A todos les respondió con silencio, un silencio pesado e incómodo que la historia de cada uno de ellos, con la excepción de Aridjis, convertiría en una conversación inolvidable.
Y en efecto, unos meses después, Ginsberg, Paz, Tomlinson, cada uno escribió sobre lo que que Pound les dijo aquel día en que compartieron la gloria de hablar con el poeta vivo más importante del momento. "Y yo no escribí, fui la excepción", nos dijo Aridjis, "pero tuve la tentación de escribir para decir que lo que allí hubo fue silencio, y nada más".
Aridjis nos lo contó cuando le preguntamos sobre el ego de los escritores. Los escritores se juntan muchas veces para medirse, y si se miden con la altura se sienten altos; en la costumbre de nombrar (a escritores importantes, a políticos, a artistas) hay también un egocentrismo que cultiva muchísima gente, pero que los escritores animan selectivamente: se es más, se piensa, si se está con quien es más.

martes, 13 de enero de 2015

Cuba / Libros para conocer la historia del castrismo


Libros para conocer mejor 

la historia del Cuba bajo el castrismo

Desde Lezama Lima y Alejo Carpentier, hasta Leonardo Padura, Iván de la Nuez y Rafael Rojas, pasando por Cabrera Infante, Reinaldo Arenas y Heberto Padilla



Un joven lector durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, en 2007. / JAVIER GALEANO (ASSOCIATED PRESS)
Un grupo de escritores cubanos crea una cartografía literaria para conocer mejor la historia de su país en los últimos 55 años. Primero comentan algunos de sus libros en los que han abordado temas cubanos y después recomiendan a otros autores y libros.
ALMA FLOR ADA
"He escrito las memorias Vivir en dos idiomas, Alla donde florecen los framboyanes y Bajo las palmas reales, y las novelas En clave de sol y A pesar del amor.

"Sobre otros autores: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, es una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana, se nutre de los conflictos inherentes a las revoluciones: la injusticia que las provoca, el idealismo que las inicia, el absolutismo, los desmanes y las traiciones que pueden engendrar. El hombre que amaba a los perros y el resto de la obra narrativa de Leonardo Padura son una profunda crítica al desgaste de los ideales revolucionarios, a las traiciones cotidianas que erosionan principios fundamentales. Pero a pesar de la crítica honesta y profunda ambos narradores dejan abierta la esperanza en el ser humano como ente social.

sábado, 26 de enero de 2013

García Márquez / Instrucciones de uso

Gabriel García Márquez
Gabo, instrucciones de uso

Cinco autores en alza desgranan su fascinación por el Nobel colombiano



Muchos son los escritores que han expresado su admiración por el mundo de Gabriel García Márquez; ahora, otros cinco autores hispanohablantes, de gran proyección, rinden homenaje al Nobel colombiano y dan claves sobre su territorio literario.

Vida Hecha Literatura

Por Wendy Guerra
Esperaba llorosa con un par de maletas en la puerta de la Escuela de Cine, la que él fundó. No era una buena alumna, me escapaba de San Antonio de los Baños. Solo quería escuchar a Gabo pero me había portado mal. Al fin llegó, todos se apilonaron para verlo… yo no podía subir a su clase; lo miré para no olvidar su cara; entonces él se abrió paso entre la gente y preguntó: “¿Quién es Wendy Guerra?”. Entre la confusión lo condujeron a la esquina donde esperaba la guagua. No se habló más, juntos caminamos hasta el comedor donde “las tías” le sirven y explican lo que les ha gustado o no de sus últimos libros. En clase entendí que la naturalidad con la que Gabo atina lo mágico se debe a la capacidad de aceptar y manejar su delirio caribeño usando con maestría los instrumentos clave que otorga la lengua española, fusionada a la atractiva oralidad colombiana. No existe una novela suya que no esté basada en la realidad, ¡ah! pero de esa realidad emergen asuntos interiores que aquí, en estas costas, uno siempre disimuló. Los vasos de agua para los espíritus, el cordón rojo que llevo en mi cintura, el dorado con que cubrimos los mitos de la pobreza para remontarla. El peso de los muertos, el entresijo vernáculo del poder, la manía de comernos la cal o… la dilatación del deseo en un brebaje almendrado (último recurso para amarse en la eternidad), Gabo descubrió la literatura del subcontinente. En aquellas clases (que se conservan grabadas) cada vez que alguien trataba de resolver puntos de giro con repentinos desastres o algún incoherente misticismo, él lo impedía, sus reglas de verosimilitud eran claras: “Alguien quiere algo y alguien o algo se lo impide”. Lo irreal debe sentirse cierto y ese “algo” debe ser realmente creíble en su contexto; porque sabemos que aquí, mientras sucede lo maravilloso, lo sublime, lo increíble, la ropa se seca tendida al sol y los plátanos se pudren en el traspatio, eso somos, y él solo vino a decirlo, muy bien dicho, con música que recuerda los Cantos Rodados de la costa. Su asistente en Cuba se llama Alquimia y su amiga de los años, Lola, a ambas les he preguntado cómo fue que llegué yo hasta Gabo, y ellas siempre me contestan lo mismo: “Volando, mi niña, volando”.

Alquimista del cuento

Por Eduardo Halfon
García Márquez es un cuentista de laboratorio. Acude al cuento como a un espacio donde experimentar y poner a prueba sus ideas. “Un género de práctica”, ha dicho. “Ejercicios de piano”, los ha llamado. Al terminar Cien años de soledad, García Márquez de nuevo recurrió al cuento como un “buen purgante para la indigestión del pasado”, y resultó escribiendo la colección de relatos La cándida Eréndira. “Cuentos experimentales” los llamó, a través de los cuales “encontré el embrión de El otoño del patriarca”. En sus cuentos, es ese pintor de bocetos que cree estar solo practicando para su obra más importante, alistándose para su lienzo total, casi sin darse cuenta de que en esos rápidos bosquejos, en esos esbozos y experimentos de laboratorio, ha ido plasmando una obra quizás más sincera y espontánea, quizás mayor. Hay algo aun más sublime y humano en los bocetos mismos del Guernica.

Voz Universal

Por David Monteagudo
He disfrutado mucho leyendo Cien años de soledad, y las otras novelas “grandes” del autor, o los relatos de La hojarasca; y he reconocido el aliento del gran narrador de voz universal. Pero la revelación más poderosa la tuve con la lectura de Relato de un náufrago, una obra en la que —como ocurre en A sangre Fría, de Capote— se empieza revelando al lector el final de la historia y el destino de sus protagonistas, y además de forma radical en el caso del colombiano, que parece que tiene prisa por soltar lastre de cualquier tipo de suspense, y lo hace en el mismo título, larguísimo, explicativo y de resonancias clásicas. El autor desaparece por completo en esta narración: renuncia a su universo personal, escogiendo un hecho real, convirtiéndose en periodista de un suceso reciente, se convierte en la voz del protagonista, un hombre sencillo, inteligente pero no culto, y a pesar de todo consigue interesarnos, y más aún: apasionarnos con un relato tan aparentemente fácil como intenso, que lleva de la mano al lector, que lo arrastra en un placentero “querer seguir leyendo”. Lo que hay detrás de ese pequeño prodigio es simplemente un gran escritor, y para mí fue una revelación, un referente, porque ejemplifica lo que desde el principio, de forma intuitiva, ha sido mi ideal del escritor: Un narrador que renuncia a lo referencial, a la intertextualidad, que prescinde de discursos y de coartadas ideológicas o intelectuales, y se limita a la tarea humildísima de contarnos una historia con las palabras más adecuadas para hacerla comprensible.

Hechicero de títulos

Por Clara Usón
Recuerdo cómo descubrí a García Márquez. Mi madre había dejado abierto sobre el brazo de un sofá el libro que estaba leyendo, El coronel no tiene quien le escriba y ese título me llamó la atención. ¿Por qué nadie escribía al coronel? ¿A qué se debía su espantosa soledad? Tenía que averiguarlo con urgencia, de modo que secuestré el libro y no se lo devolví a su legítima y airada propietaria hasta que sacié mi curiosidad. Él tiene algunos de los mejores títulos de la literatura castellana: Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, La mala hora, Crónica de una muerte anunciada (quizá el más parafraseado de nuestra literatura) o La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (el más divertido). Para una adolescente de la España franquista, acostumbrada a títulos parcos, austeros, casi severos, como Las ratas, El camino, La colmena o El Jarama, los asombrosos títulos de García Márquez prometían la entrada a un mundo desconocido donde se respiraba un aire de libertad.

La fortuna de leerlo

Por Patricio Pron
Quizás lo que distinga a un escritor realmente grande de uno mediano o pequeño no sea más que la imposibilidad de leer sus textos pasando por alto lo que sabemos de él; cuando ese escritor es Gabriel García Márquez, la dificultad es enorme. A la figura del premio Nobel se adhieren algunas imágenes surgidas de sus libros y otras que le son extrañas pero que lo persiguen insistentemente a raíz de sus posiciones públicas y su compromiso político. Más interesante que ellas es el hecho singular de que su obra haya sido, de algún modo, “secuestrada” por un cierto tipo de literatura comercial que se ha valido de una entonación y de unos procedimientos y recursos que le son propios para producir textos inferiores a los del colombiano y en las antípodas de su visión de la literatura y de la vida. Naturalmente, nada puede impedir que los escritores latinoamericanos vuelvan a inventarse pueblos imaginarios donde la gente vuela, pero es importante discutir el secuestro de la obra de García Márquez por parte de esa litera

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/03/actualidad/1330798496_013604.html