miércoles, 16 de septiembre de 2026

Woody Allen / Recordando a Needleman

Woody Allen


Woody Allen
Recordando a Needleman

    Cuatro semanas han pasado, pero aún me resisto a creer que Sandor Needleman haya muerto. Estuve presente en la incineración y, por expreso deseo de su hijo, llevé ostras y caviar, pero unos pocos de nosotros pensábamos sólo en el dolor que nos embargaba.
    Needleman vivía obsesionado con su funeral, y en cierta ocasión me dijo:
    —Prefiero que me incineren a que me sepulten, y ambas cosas a un fin de semana con la señora Needleman.
    Decidió, por último, que le incineraran y donó sus cenizas a la Universidad de Heidelberg, que las esparció a los cuatro vientos y obtuvo un depósito a cuenta de la urna.

Woody Allen / Mi apología


Woody Allen

Mi apología


De todos los hombres célebres que han existido, el qué más me habría gustado ser es Sócrates. Y no sólo porque fue un gran pensador, pues a mí también se me reconocen varias intuiciones razonablemente profundas, si bien las mías giran invariablemente en torno a una azafata de la aviación sueca y unas esposas. No, lo que más me atrae de este sabio entre los sabios de Grecia es su valor ante la muerte. No quiso renunciar a sus principios, sino que prefirió dar su vida para demostrarlos. Personalmente, la idea de morir me asusta, y cualquier ruido inconveniente, tal como el escape de un automóvil, me sobresalta hasta el punto de echarme en los brazos de la persona con la que estoy conversando. Al final, la valerosa muerte de Sócrates confirió a su vida auténtico significado, algo de lo que mi existencia carece totalmente, aunque posea una mínima pertinencia para el departamento de Impuestos sobre la Renta. Confieso que muchas veces he querido ponerme en el lugar del insigne filósofo, y en todas ellas me he quedado inmediatamente traspuesto y he tenido el siguiente sueño.

A propósito de Woody Allen



A propósito de Woody Allen


Edu Galán
24 de mayo de 2020

Ha tardado veinte años —en parte, a causa del cheque que quería cobrar— y un cambio de editorial a principios de año por las protestas de los trabajadores de Hachette, pero la autobiografía de Woody ya está aquí. Y no es para tanto. Me explico: no es para tanto en lo que le afecta a Mia Farrow y a su familia. Es decir, a la parte de su familia que todavía se habla con Mia Farrow. Al menos un cuarto de sus páginas cuentan lo que ya estaba contado y que parece aún más irrelevante en el libro, aunque personalmente se pueda entender que a Allen le importe re-re-reexplicar la acusación de abuso de su expareja a su hija común, Dylan. Una acusación que fue descartada —no llegó ni a juzgarse— por los tribunales neoyorquinos y la agencia de bienestar infantil del estado de Nueva York y que, por tanto, no ha impedido que Allen adopte con su actual mujer, Soon-Yi, a dos niñas, hoy veinteañeras, después del escrutinio de las autoridades norteamericanas. Esa sería toda la historia si el director no se hubiese convertido en una pieza de caza para una turba sentimental al amparo de eslóganes “hashtagueables”. En un mundo acelerado de blancos y negros, algunos le señalan como “pederasta” e “incestuoso”, crímenes condenados socialmente con más dureza que el asesinato. Allen celebra su propia cacería, quizá después de mucho psicoanálisis: “Hay, de hecho, algunos beneficios en ser un paria. Para empezar, dejan de pedirte todo el tiempo que te subas a una tarima, que hagas un comentario elogioso para la contracubierta de un libro, que salves alguna ballena o que des un discurso en alguna ceremonia de graduación”.

martes, 15 de septiembre de 2026

Jon Ronson / “La verdad es que estoy agotada”


«Fueron diez años muy desoladores para mí. Estaba completamente perdida. No encontraba mi camino». Fotografía: Steve Schofield


Entrevista

Monica Lewinsky: "La verdad es que estoy agotada”

Este artículo tiene más de 10 años.

Hace casi 20 años, Monica Lewinsky se vio envuelta en una tormenta política. Ahora ha transformado ese oscuro período en una fuerza para el bien.


Jon Ronson, 
viernes 22 de abril de 2016

Una noche de 2005 en Londres, una mujer le dijo algo sorprendentemente inquietante a Monica Lewinsky. Lewinsky se había mudado de Nueva York unos días antes para cursar una maestría en psicología social en la London School of Economics. El primer fin de semana, salió a tomar algo con una mujer que pensó que podría convertirse en su amiga. «Pero de repente me dijo que conocía a gente muy influyente», cuenta Lewinsky, «y que no debería haber venido a Londres porque no era bienvenida allí».

Elizabeth Strout / Niño sin madre

Lactancia materna del bebé
Ilustración de Jules Julien

Ficción

Elizabeth Strout

Niño sin madre 


Llegaron tarde.

Olive Kitteridge odiaba a la gente que llegaba tarde. Un poco después de la hora del almuerzo, habían dicho, Olive había sacado los alimentos para el almuerzo: mantequilla de maní y mermelada para los dos niños mayores, y sándwiches de atún para su hijo, Christopher, y su esposa, Ann. En el caso de los más pequeños, no tenía ni idea. El bebé tenía solo seis semanas y aún no comería nada sólido; el pequeño Henry tenía más de dos años, pero ¿qué comían los niños de dos años? Olive no recordaba qué había comido Christopher cuando tenía esa edad.

Ursula K. Le Guin / Una cuestión de confianza


Ursula K. Le Guin
Una cuestión de confianza

Para escribir una historia tienes que confiar en ti mismo, tienes que confiar en la historia y tienes que confiar en el lector.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Zurbarán en el Louvre


Zurbarán. 1598–1664. Cortesía del Louvre
Zurbarán. 1598–1664. Cortesía del Louvre


Zurbarán. 1598–1664

Del 7 de octubre de 2026 al 25 de enero de 2027 en el Museo del Louvre en París, Francia.

9 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Francisco de Zurbarán, junto con Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo, es considerado uno de los más grandes pintores españoles del siglo XVII. Inicialmente considerado un caravaggista centrado en el ascetismo monástico, fue reconocido gradualmente en el siglo XX como un prodigioso colorista y célebre por su singular estilo personal, que combinaba un tratamiento sencillo de los volúmenes con un naturalismo impactante. Si bien Zurbarán ha sido objeto de numerosas exposiciones en los últimos diez años, la última gran muestra internacional dedicada a su obra fue la exposición conjunta «Zurbarán», organizada por el Museo Metropolitano de Arte y el Grand Palais entre 1987 y 1988. Ahora, la National Gallery de Londres, el Museo del Louvre y el Instituto de Arte de Chicago han unido fuerzas para ofrecer a sus visitantes una retrospectiva que les permite redescubrir las pinturas de Zurbarán (o descubrirlas por primera vez), comprender mejor su obra y maravillarse ante la modernidad y la fuerza visual de sus composiciones.

Tom Six /El director de la trilogía de terror ‘El ciempiés humano’ anuncia que sufre esclerosis múltiple y se despide en un alucinógeno documental


Tom Six, en 'The End of Tom Six'.

El director de la trilogía de terror ‘El ciempiés humano’ anuncia que sufre esclerosis múltiple y se despide en un alucinógeno documental

‘The End of Tom Six’, disponible en YouTube y rodado durante un año porque el cineasta no puede trabajar más de una hora diaria, ajusta cuentas con la industria por su falta de apoyo

John Waters / "La clave de la felicidad es tener un par de calzoncillos en cada casa"



Almuerzo con John Waters

John Waters: «Nunca sabes si tu camarero aquí es un exconvicto, y creo que eso le añade cierto encanto». Fotografía: Lyndon Hayes
Entrevista

John Waters: "La clave de la felicidad es tener un par de calzoncillos en cada casa".

Este artículo tiene más de 14 años.

El director de cine de culto habla sobre terapia y algunas sorprendentes reglas de etiqueta para dar regalos.


Ariel Leve
domingo 13 de noviembre de 2011


H

Qué desconcertante debió haber sido para los pasajeros que llegaban a la estación de tren de Baltimore ver al cineasta  John Waters  , apodado el "Papa de la Basura" por William Burroughs, de pie allí, reconocible al instante por su fino bigote y su delgada figura, con gafas de sol y un traje de seda color arena oscurecido por las salpicaduras de lluvia, como si acabara de ser sorprendido por un aguacero.

domingo, 13 de septiembre de 2026

1980 García Márquez / La comisión de Babel



Gabriel García Márquez
LA COMISIÓN DE BABEL

21 de noviembre de 1980


    Hace cuatro años, la Conferencia General de la Unesco, reunida en Nairobi, le pidió a su director general, Amadou-Mahtar M’Bow, que emprendiera un estudio a fondo sobre la comunicación y la información en el mundo contemporáneo. El señor M’Bow delegó el espinoso mandato en una comisión de dieciséis personas, escogidas por él mismo según su propio criterio, en distintos países del mundo, bajo la presidencia del honorable Sean MacBride, antiguo ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda, Premio Nobel de la Paz y Premio Lenin de la Paz, y quien —al margen de todo esto— ha venido haciendo una gestión silenciosa y vana para liberar a los rehenes norteamericanos en Teherán.

1980 García Márquez / Del malo conocido al peor por conocer

Ronald Reagan



Gabriel García Márquez
DEL MALO CONOCIDO AL PEOR POR CONOCER

11 de noviembre de 1980 

    Siempre se ha dicho que entre dos males hay que escoger el menos malo, y que en el arte de preferir a los hombres es más seguro el malo conocido que el bueno por conocer. Estados Unidos —al término de una campaña electoral que durante casi un año mantuvo al mundo con el último aliento— ha hecho dos veces lo contrario en una sola vez: eligió al peor desconocido.

García Márquez / El cuento de los generales que se creyeron su propio cuento

 

Charles de Gaulle




Gabriel García Márquez
EL CUENTO DE LOS GENERALES QUE SE CREYERON SU PROPIO CUENTO

9 de diciembre de 1980


    Cuando el general Charles de Gaulle perdió su último plebiscito, en 1969, un caricaturista español lo dibujó frente a un general Francisco Franco minúsculo y ladino que le decía, con un tono de abuelo: «Eso te pasa por preguntón». Al día siguiente, el que fuera el hombre providencial de Francia estaba asando castañas en su retiro de Colombey-les-deux-Églises, donde poco después había de morirse de repente y solo mientras esperaba las noticias frente a la televisión. El periodista Claude Mauriac, que estuvo muy cerca de él, describió las últimas horas de su vida y su poder en un libro magistral, cuya revelación más sorprendente es que el viejo general estaba seguro de perder la consulta popular. En efecto, desde la semana anterior había hecho sacar sus papeles personales de la residencia presidencial y los había mandado en varias cajas a unas oficinas que tenía alquiladas de antemano. Más aún: algunos de sus allegados piensan ahora que De Gaulle había convocado aquel plebiscito innecesario sólo para darles a los franceses la oportunidad que querían de decirle que ya no más, general, que el tiempo de los gobernados es más lento e insidioso que el del poder, y que era venido el tiempo de irse, general, muchas gracias. Su vecino, el general Francisco Franco, no tuvo la dignidad de preguntarles lo mismo a los españoles, y poco antes de su mala muerte convocó a los periodistas que su propio régimen mantuvo amordazados durante cuarenta años y también a los que su propio régimen pagaba para que lo adularan, y los sorprendió con una declaración fantástica: «No puedo quejarme de la forma en que siempre me ha tratado la prensa».

sábado, 12 de septiembre de 2026

1983 Gabriel García Márquez / Regreso a México




Gabriel García Márquez

Regreso a México

26 de enero de 1983

Alguna vez dije en una entrevista: “De la ciudad de México, donde hay tantos amigos que quiero, no me va quedando más que el recuerdo de una tarde increíble en que estaba lloviendo con sol por entre los árboles del bosque de Chapultepec, y me quedé tan fascinado con aquel prodigio que se me trastornó la orientación y me puse a dar vueltas en la lluvia, sin encontrar por dónde salir”.

1982 García Márquez / La noche caliente de Ámsterdam


Amsterdam



Gabriel García Márquez 

La noche caliente de Ámsterdam

14 de julio de 1982

Había sido el viernes más cálido de Ámsterdam y tal vez de toda Holanda en 152 años, y no era necesario sentirlo para saberlo. “Todo el mundo se ha vuelto loco”, me dijo el servicial empleado del hotel, empapado de sudor dentro de su librea de paño. “Hasta las computadoras”, dijo. Las hermosas valquirias venidas del Norte en su éxodo migratorio anual hacia las playas del Mediterráneo, andaban descalzas por las calles con las sandalias al hombro, se sentaban durante horas en el borde de los canales para refrescarse los pies, y una de ellas se quitó la poca ropa que llevaba encima y se echó al agua en pelotas, cuan larga y dorada era, en medio de los aplausos de los turistas adormilados bajo los toldos de las cafeterías. No la rescató la policía, sino una ambulancia de la Seguridad Social, preocupada de lo que pudiera ocurrirle a quien bebiera aquellas aguas apacibles y venenosas. Había músicas improvisadas en las calles, había predicadores y maromeros, había profetas y atracadores, y había un mimo que se ganó en tres horas más que un conductor de taxi en una semana, imitando el modo de andar de los transeúntes. Era una parodia tan admirable que no se podía creer. Alguna vez he dicho que lo que más me gusta de Ámsterdam es lo mucho que se parece a Curazao, y aquella tarde eran idénticas. Había un aire lunático, un olor de frutas podridas y pájaros muertos que revolvía las nostalgias del Caribe. Las únicas que no disfrutaron del calor fueron las pobres muchachas que se exhiben en las vitrinas, y que en tiempos normales constituyen el atractivo mayor de los visitantes. Se quedaron en sus casitas de muñecas haciendo el chocolate en sus cocinitas de muñecas, tomándoselo con pan ensopado en las camitas de muñecas donde no vino nadie a hacer el amor. A nadie se le hubiera ocurrido venir, por supuesto, si todo el que quiso hacer el amor aquella tarde babilónica lo hizo sin que le molestara nadie en los recodos otoñales de los parques, agonizando de un amor verdadero y gratis entre los tulipanes y las avestruces. Fue algo tan insólito, que los universitarios se echaron a las calles en una jubilosa manifestación de protesta contra todo, menos contra el calor, y quemaron automóviles y se pelearon a palos con la policía, y pidieron a gritos lo que no parecía posible que fuera pedido por alguien en Holanda: “Afuera la reina”. En medio de tantos desafueros, un globo amarillo y enorme con letreros pintados daba vueltas en el cielo, y sus tripulantes, impávidos en la canasta colgante, le decían adiós con la mano a la muchedumbre como si de veras se fueran para siempre. “Volar es natural en los holandeses”, pensé. El globo siguió dando vueltas en el cielo hasta que se hizo de noche como a las once, y sólo quedó la luz malva del verano nórdico, y todavía no encontraban a alguien en el hotel que fuera capaz de componer las computadoras enloquecidas por el calor.

1980 García Márquez / El nuevo oficio más viejo del mundo



El nuevo oficio más viejo del mundo


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
01 DIC 1980 - 18:00 COT

El otoño de París empezó de pronto y tarde este año, con un viento glacial, que desplumó a los árboles de sus últimas hojas doradas. Las terrazas de los cafés se cerraron al mediodía, la viada se volvió turbia y el verano radiante que se había prolongado más de la cuenta pasó a ser una veleidad de la memoria. Parecía que en pocas horas hubieran pasado varios meses. El atardecer fue prematuro y lúgubre, pero nadie lo lamentó de veras, pues este tiempo de brumas es el natural de París, el que más le acompaña y el que mejor le sienta. La más bella de las mujeres de alquiler que hacen su carrera de rutina en las callejuelas de Pigalle era una rubia espléndida que en un lugar menos evidente se hubiera confundido con una estrella de cine. Llevaba el conjunto de chaqueta y pantalón negros, que eran la fiebre de la moda, y a la hora en que empezó el viento helado se puso un abrigo legítimo de nucas de visón. Así estaba, ofreciéndose por doscientos francos frente a un hotel de paso de la calle Dupere, cuando un automóvil se detuvo frente a ella. Desde el puesto del volante, otra mujer hermosa y bien vestida le disparó de frente siete tiros de fusil. Esa noche, cuando la policía encontró al asesino, ya aquel drama de arrabal había retumbado en los periódicos, porque tenía dos elementos nuevos que lo hacían diferente. En efecto, ni la víctima ni el victimario eran rubias y bellas, sino dos hombres hechos y derechos, y ambos eran de Brasil.

Esperando el tifón / Gabriel García Márquez entrevista al director de cine Akira Kurosawa


Esperando el tifón

Gabriel García Márquez entrevista al director de cine Akira Kurosawa

 GARCÍA MÁRQUEZ
15 JUL 2015 - 10:22 COT

El texto que sigue es parte de dos conversaciones que el escritor Gabriel García Márquez sostuvo en Tokio con el director de cine japonés Akira Kurosawa, en octubre de 1990. Se habló de muy diversos temas en algo más de seis horas, y la conversación fue grabada por un amigo de ambos, por pura curiosidad. Uno de los temas fue la película que Kurosawa filmaba en ese momento, Rapsodia en agosto, que ha sido presentada en el Festival de Cannes con gran éxito de público y de crítica y con el disgusto de algunos periodistas de Estados Unidos, que la consideraron agresiva contra su país. El fragmento que se publica aquí es el que corresponde a esa parte de la conversación.

viernes, 11 de septiembre de 2026

1982 García Márquez / Roma en verano





Roma


Gabriel García Márquez

Roma en verano

9 de junio de 1982

He vuelto a Roma, al cabo de una muy larga ausencia, y la he vuelto a encontrar como siempre: más bella, y más sucia, y más loca que la vez anterior. El verano estalló de pronto la semana pasada, con ese calor que parece de vidrio líquido, y la moda femenina, que este año dejó las puertas abiertas a toda clase de desafueros de formas y colores, convirtió a la ciudad eterna en la más moderna y juvenil del mundo. Creo que fue Julio Cortázar quien observó en alguno de sus libros que después de conocer una ciudad seguía recordándola para siempre, no como era en la realidad, sino como se la imaginaba antes de conocerla. Esto me parece cierto, salvo con Roma, pues es la única ciudad que siempre me imaginé tal como fue cuando la conocí, que es como sigue siendo siempre. Tal vez la única de la que puedo decir que la recordaba sin conocerla.

1983 García Márquez / Viendo llover en Galicia

La ría de Arosa



Gabriel García Márquez

Viendo llover en Galicia

11 de mayo de 1983

Mi muy viejo amigo, el pintor poeta y novelista Héctor Rojas Herazo —a quien no veía desde hacía mucho tiempo— debió sufrir un estremecimiento de compasión cuando me vio en Madrid abrumado por un tumulto de fotógrafos, periodistas y solicitantes de autógrafos, y se acercó para decirme en voz baja: “Recuerda que de vez en cuando debes ser amable contigo mismo”.

1982 García Márquez / La dura vida del turista

Caleta de la isla de Zante.

Gabriel García Márquez
LA DURA VIDA DEL TURISTA

23 de junio de 1982

Tan pronto como subimos a bordo, una voz untuosa de mujer bien servida ordenó en cuatro idiomas por los altavoces que los visitantes bajaran a tierra porque el barco se disponía a partir, y no había acabado de decirlo cuando el barco partió sin ningún otro anuncio. Al cabo de tantos años sin navegaciones ni regresos sentí revivir una emoción casi olvidada viendo borrarse en las brumas de junio las casas apelotonadas y descoloridas del Pireo, y permanecí allí con el ánimo dispuesto para no pensar en nada durante varios días. Aquellos fueron los únicos cinco minutos de descanso a fondo en todo el viaje. Apenas habíamos salido del puerto cuando la misma voz de mujer, con un énfasis más perentorio que el anterior, ordenó a todos los pasajeros reunirnos en cubierta para una maniobra simulada de salvamento. De modo que acudimos en masa con los chalecos salvavidas colgados del cuello y mirándonos unos a otros con nuestras caras de imbéciles, mientras la sirena del barco lanzaba bramidos de naufragio y el primer oficial impartía instrucciones precisas y alarmantes que ninguno de los quinientos turistas de aquella catástrofe de mentira escuchaba con la atención debida. Cinco minutos después todo había terminado. Pero sólo por breves minutos, pues no bien nos habíamos quitado los salvavidas cuando ya nos estaban convocando al salón principal para una conferencia sobre las incontables islas del mar Egeo que íbamos a conocer en los próximos días. Así empezó una semana frenética, que si nos sirvió para algo fue para darnos cuenta en carne propia de que no hay oficio más ingrato y agotador que el de turista de cuerpo entero. Esto es más grave en Grecia que en ninguna otra parte.

jueves, 10 de septiembre de 2026

1981 García Márquez / Caribe mágico


Gabriel García Márquez

BIOGRAFÍA

Caribe mágico


6 de enero de 1981

Surinam —como no todo el mundo lo sabe— es un país independiente sobre el mar Caribe, que fue hasta hace pocos años una colonia holandesa. Tiene 163.820 kilómetros cuadrados y un poco más de 384.000 habitantes de origen múltiple: indios de la India, indios locales, indonesios, africanos, chinos y europeos. Su capital, Paramaribo —que en castellano pronunciamos como palabra grave y que los nativos pronuncian como esdrújula—, es una ciudad fragorosa y triste, con un espíritu más asiático que americano, en la cual se hablan cuatro idiomas y numerosos dialectos aborígenes, además de la lengua oficial —el holandés—, y se profesan seis religiones: hinduismo, católica, musulmana, morava, holandesa reformada y luterana. En la actualidad, el país está gobernado por un régimen de militares jóvenes, de los cuales se sabe muy poco, inclusive en los países vecinos, y nadie se acordaría de él si no fuera porque una vez a la semana es la escala de rutina de un avión holandés que vuela de Ámsterdam a Caracas. Había oído hablar de Surinam desde muy niño, no por Surinam mismo —que entonces se llamaba Guayana Holandesa—, sino porque estaba en los límites de la Guayana Francesa, en cuya capital, Cayena, estuvo hasta hace poco la tremenda colonia penal conocida, en la vida y en la muerte, como la Isla del Diablo. Los pocos que lograron fugarse de aquel infierno, que lo mismo podían ser criminales bárbaros que idealistas políticos, se dispersaban por las islas numerosas de las Antillas hasta que conseguían volver a Europa o se establecían con la identidad cambiada en Venezuela y la costa caribe de Colombia. El más célebre de todos fue Henri Charrière, autor de Papillón, que prosperó en Caracas como promotor de restaurantes y otros oficios menos diáfanos, y que murió hace pocos años en la cresta de una gloria literaria efímera, pero tan meritoria como inmerecida. Esa gloria, en realidad, le correspondía, con mejores títulos, a otro fugitivo francés que describió mucho antes que Papillón los horrores de la Isla del Diablo, y sin embargo no figura hoy en la literatura de ninguna parte, ni su nombre se encuentra en las enciclopedias. Se llamaba René Belbenoit, había sido periodista en Francia antes de ser condenado a cadena perpetua por una causa que ningún periodista de hoy ha podido recordar, y siguió siéndolo en Estados Unidos, donde consiguió asilo y donde murió de una vejez honrada.