El último libro de Julian Barnes (80) es la joya literaria definitiva de uno de los mejores escritores británicos vivos
Con una obra a medio camino entre la ficción, el ensayo y el libro de memorias, el celebrado autor británico nos dice adiós: “He dicho todo lo que tenía que decir”. Sus últimas palabras nos empujan a una exploración sobre la memoria y las variables formas de nuestros recuerdos. Una mirada hermosa, divertida y mordaz en torno a quienes somos o quienes creemos ser. Una lectura que abre en canal nuestra vida.
Pilar Manzanares
30 de enero de 2026
El anuncio de Julian Barnes es una sacudida. Un golpe duro para mi biblioteca. Saber que este será el último de sus libros me produce una profunda tristeza. Que una voz como la suya calle no es una buena noticia. Punto a favor para los voceros y sus bocazas. Con ese peso sobre el corazón, abro su último libro y, aunque no quiero, comienzo a reír. No puedo parar. Entre la inteligencia de sus observaciones, Barnes logra siempre dar con esa cosa extraña pero cotidiana y llevarla hasta un extremo extravagante. Como meterse por el culo un busto de Napoleón. Es el comienzo de su nueva obra y, a raíz de su afición a leer casos clínicos más que curiosos —lleva años archivándolos en su memoria— habla de esa costumbre tan humana de introducirnos cosas por los agujeros de nuestro cuerpo. ¿A ver quién no se ha metido de pequeño un trozo de goma de borrar en el oído? ¿O una judía en la nariz? Hay una leyenda urbana que cuenta que a un niño le llegó a germinar. Imaginaos las habichuelas mágicas abriéndose paso hasta el cerebro. Pura fantasía. Lo cierto es que este inició es solo su excusa para llegar a un caso clínico que conecta directamente con los recuerdos involuntarios —al final de este texto podrás leer un fragmento de lo que en inglés se llaman 'IAM`—. ¿Y si se pudiesen liberar todos nuestros recuerdos? Imaginemos cómo sería nuestra biografía involuntaria.