Sophia Loren y Marcello Mastroianni, en un momento de 'Matrimonio a la italiana' (1964), de Vittorio de Sica.CORDON
Sophia Loren y Marcello Mastroianni, en un momento de 'Matrimonio a la italiana' (1964), de Vittorio de Sica.CORDON
Una barrera separa la alfombra roja del festival de Venecia de las masas que acuden a ver desfilar las estrellas. La razón resulta tan evidente como sensata: evitar que la pasión de los fans fagocite a los actores, así como el riesgo de accidentes. La separación permite, además, que sean los propios divos quienes marquen los tiempos. Acercarse al público, firmar autógrafos, posar para una foto, dejarse adorar un rato e irse. A su antojo. Pero este año los astros más deseados de la Mostra han levantado un nuevo muro, más alto y polémico: su silencio.
Pedro Almodóvar está acostumbrado a romper tabúes. Lleva haciéndolo toda su carrera. Pero hoy sábado, de un solo golpe, ha derribado dos barreras más. Nunca se había atrevido a rodar una película en inglés hasta La habitación de al lado. Y hacía más de medio siglo que un director español no recibía el León de Oro del festival de Venecia, algo que jamás había logrado un largo español. El primer, y único cineasta hasta ahora, había sido Luis Buñuel en 1967, con una obra francesa, Belle de Jour. El autor nacido en Calzada de Calatrava acaba de sumar nuevos hitos a su infinito currículo: ha ganado, y en otro idioma, el concurso de cine más antiguo del mundo. Nunca, además, había obtenido el premio “de oro” de uno de los certámenes de la primera división del séptimo arte: tampoco tenía Palma, Oso ni Concha. Su primer examen de inglés, a los 74 años, ha aprobado con matrícula de honor ante el jurado. No “por unanimidad”, pero al final hubo “acuerdo”, como declaró la presidenta, Isabelle Huppert.
La vida está llena de guerras. Las más letales hoy se combaten en Ucrania, o en Gaza. Igual que antaño en Bosnia. Pero hay conflictos también a la vuelta de cualquier esquina. Hasta en los salones de los mejores hogares a veces silban balas. La lucha de sacar adelante cada día y no herirse demasiado en el intento. Pedro Almodóvar, durante años, se peleó con su deseo de filmar una película en inglés. Se acercó, se alejó, se rindió, lo volvió a intentar. La batalla de todos. Se atrevió a dar dos pequeños pasos, en formato de mediometraje. Y, finalmente, hoy lunes, su sueño se ha cumplido en el festival de Venecia. Con dos protagonistas tan destacadas como Julianne Moore y Tilda Swinton. Con la intención de hablar de las múltiples contiendas de la vida. Incluida la que nunca debería llamarse “lucha”: la que enfrenta a los pacientes con la enfermedad, y la muerte. Y de la importancia, en los peores baches, de tener a quien te apoye, reconforte o tan solo escuche callado. Alguien, en definitiva, en La habitación de al lado.
Uno compraba arroz. Otra, una botella de aceite. Tal vez alguien se llevara galletas. Nada trascendental. Ni, a priori, muy artístico. Tan solo lo habitual en una tienda de alimentación. Sin embargo, mientras ayudaba a sus padres a regentar el negocio, el pequeño Asghar Farhadi observaba a los clientes y fantaseaba. Sus carritos, su aspecto o carácter. “Imaginaba cómo sería la vida en sus casas. Para mí se traducía en conocer la sociedad. Y justo esa experiencia quizás haya pesado para empujarme hacia el cine”, recordaba el iraní. Se dice que los caminos del Señor son inescrutables. Pero los del séptimo arte, muchas veces, también. Difícil prever que el chiquillo acabaría de director. Pero, más aún, que algún día filmaría una película, Todos lo saben, a 6.200 kilómetros de su Khomeyni Shahr natal. Y en un idioma que desconocía.

El libro más vendido llevaba la firma de Colleen Hoover. El segundo, también. Y, bajando en la lista de The New York Times, la autora volvía a aparecer en los puestos seis, siete y, de nuevo, en el 15. Cualquier escritor hubiera enmarcado una semana así —sucedió la cuarta de septiembre— como la mejor de su carrera. Salvo Hoover. Porque, entonces, terminaría subrayando todo el calendario. Hace años que sus libros arrasan y, al menos desde el pasado agosto, no ha habido ni una sola semana donde no tuviera dos obras entre las 10 más exitosas en EE UU. Y eso cuando le va mal: lo habitual es que cuele tres o cuatro.
The New York Times calcula que la autora ha vendido más de 20 millones de ejemplares desde su debut en 2012; la traducción al español de su novela más conocida, Romper el círculo (Planeta), suma más de 100.000 copias. Y su esperada secuela, Volver a empezar, saldrá en castellano en un par de meses. Pero el triunfo de Hoover va incluso más allá de sus inauditas cifras de mercado. Ni siquiera necesita los pilares tradicionales que fundamentan un superventas. Al revés, a la autora le basta con una sola fórmula: ella misma.
Salió de los EE UU profundos y ahí sigue, viviendo en el mismo terreno donde se levantaban la granja y las vacas de su familia; va cambiando de género literario, según le apetezca; edita con varios sellos o incluso se permite rechazar sus propuestas y autopublicarse; apenas participa en promoción y entrevistas —declinó una con este diario—. “Casi podríamos decir que supone un fenómeno único”, tercia María Guitart, responsable de la publicación de la escritora en Planeta. Difícil explicar de otra manera que libros editados en 2014 aguanten en la lista de los más vendidos en 2022. O que los contenidos relacionados con su nombre en la red social Tik Tok alcancen los 3.400 millones de visualizaciones.
Ahí se puede ver a miles de jóvenes lectores llorando o gritando ante algún dramático giro en una de sus obras. La más célebre, Romper el círculo, se centra en una mujer atrapada en una relación abusiva y está inspirada en lo que su propia madre padeció a manos del marido. Pero Hoover también habla de romances juveniles, en Tal vez mañana, de conflictos entre madres e hijas, como en A pesar de ti, o de una escritora que lidia con un siniestro encargo en Verity.
Entre sus más de 20 novelas dominan las románticas, pero también hay thrillers, fantasmas u obras eróticas. Y se tocan temas como la violencia de género, el maltrato, la indigencia o la adicción a las drogas. “La publico desde 2015 y hace algo que he visto pocas veces. Ofrece historias muy reales, en entornos familiares donde siempre encuentras a un personaje con el que identificarte. Y sus obras nunca son frívolas”, insiste Guitart.
“Escribo los libros que quiero leer. Algunas de mis obras favoritas son comedias románticas, porque ofrecen una vía de escape agradable. Sigo intentando crear una, pero siempre termino poniendo a mis personajes en situaciones desagradables. No es que busque sacar temas complejos aposta, es simplemente que voy adonde me llevan mis lectores, ya que escribo sus historias”, aseguraba Hoover en una charla que mantuvo con Planeta. Guitart estima que su público es prevalentemente femenino y de entre 20 y 30 años. O eso, matiza, era antes. Porque igual que el coronavirus cambió para siempre la vida de muchos, también revolucionó la de Hoover.
La editora de Planeta reconoce que, hasta 2020, era una “autora consolidada, que vendía bien”, pero igual que cientos de escritores. Cuando el sello ganó la subasta por los derechos en España, hubo satisfacción, pero difícilmente imaginaran lo que vendría después. Porque no se puede prever una pandemia, claro. Ni tampoco que Hoover, en plena época de confinamiento global, decidiera ofrecer de forma gratuita la versión electrónica de cinco de sus libros. Los lectores se volvieron legión. O más bien cohortes, como se autobautizaron sus seguidores con un juego de palabras en inglés: CoHorts. Y, tras disfrutar de las obras libres, empezaron a comprar las demás.
Desde entonces, no han parado. “Le reconozco totalmente el mérito a BookTok [la discusión sobre libros en Tik Tok]”, afirma la autora sobre el triunfo de Romper el círculo, cuyos derechos han sido adquiridos para una película. Aunque ella, por supuesto, también contribuyó. Empezó a escribir con siete años, casi por casualidad, en las pausas de los ensayos de una obra teatral. Sin embargo, estudió trabajos sociales y a ello se dedicaba en enero de 2012, cuando lanzó online su ópera prima, Slammed. The New York Times recuerda que la autora vivía entonces en una caravana con su marido, camionero, y sus tres hijos. Y que dedicó los primeros 30 dólares de ingresos a pagar los gastos mensuales de agua.
En apenas siete meses, los dólares de ganancias se contaban en miles; los lectores, también. Las ofertas editoriales empezaron a llover. Y Hoover decidió dedicarse a tiempo completo a la escritura. Poco a poco, la hija de una familia humilde, que ayudaba en la granja a la vez que estudiaba, se hizo estrella de la literatura; tanto que sus libros le permitieron demoler el viejo rancho y construir ahí mismo su nuevo hogar; llegó incluso a fichar a su exjefa para dirigir el negocio en el que ahora se ha convertido su escritura. Y confesó a The New York Times que, de vez en cuando, le pide consejo a E. L. James, autora de Cincuenta sombras de Grey, sobre cómo gestionar la fama.
Porque, mientras todo a su alrededor gira a ritmo endiablado, ella apenas se mueve de su pueblo. Mismo lugar, mismo supermercado, mismas costumbres. Adora la película El glorioso caos de la vida, de Shannon Murphy, y las novelas de Tiffanie DeBartolo, según contestó a Planeta. Asegura que tiene el “peor de los síndromes del impostor” y que a menudo lee libros que le parecen mucho mejores que los suyos. En eso, sus escasos críticos —otra peculiaridad, para alguien tan famosa— estarán de acuerdo: los principales ataques a Hoover cuestionan su calidad literaria o la entrega demasiado incondicionada de sus seguidores. Pero el tiempo pasa y su éxito solo crece. Esta semana tenía de nuevo cuatro libros entre los 10 más vendidos. Ninguna sorpresa. Lo normal.

Difícil decir cómo se lo pasó la cumpleañera. Nunca se le ha visto sonreír en cinco décadas. Ni tampoco enfurruñarse. No iba a hacer una excepción justo ayer, martes. Al fin y al cabo, la ausencia de boca es una de las claves del triunfo de Hello Kitty. Así, cada cual puede interpretar los sentimientos del personaje como quiera, según repite Sanrio, la empresa japonesa propietaria de la marca. Puestos a adivinar, eso sí, tenía razones de sobra para el entusiasmo. Por las cifras abrumadoras que enumeró Silvia Figini, directiva operativa de la compañía, en la conferencia que le dedicó la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia, la más importante del sector. Porque es un “icono de cultura popular y monería”. Y porque ahí estaban las dos cosas favoritas de Hello Kitty, según su biografía oficial: amigos y tartas. Nadie quiso amargarle la fiesta con las polémicas que también la rodean. Se celebraba medio siglo rebosando salud. Ya lo querrían para sí más gatos. Y humanos.

Desde la izquierda, Tilda Swinton, Pedro Almodóvar y Julianne Moore, en el rodaje de 'La habitación de al lado', en una imagen difundida por la productora El deseo.http://
81º FESTIVAL DE CINE DE VENECIA


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| Laura Poitras muestra el León de Oro obtenido por 'All the Beauty and the Bloodshed' |
Se juntaron dos guerreras. Detrás de la cámara, la cineasta Laura Poitras, capaz de poner en jaque al Gobierno de EE UU con sus obras. Y, como sujeto de su último documental, la fotógrafa Nan Goldin: una vida entera de batallas creativas, familiares e incluso una pelea casi imposible y, sin embargo, victoriosa contra la todopoderosa familia de millonarios Sackler. Inevitable, pues, que la película, All the Beauty and the Bloodshed, también ganara: este sábado ha recibido el León de Oro del festival de Venecia. Un triunfo merecido, pero no por eso menos inaudito: es la segunda vez que un documental domina el palmarés del festival de cine más antiguo del mundo. Sacro GRA, de Gianfranco Rosi, en 2013, fue el primero.
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| La directora y actriz Olivia Wilde, en la presentación del filme 'Don't Worry Darling", en el 79º Festival de Venecia.ANDREAS SOLARO |
Tal vez la mejor noticia para Olivia Wilde —puede que la única buena— sea que al fin su película Don’t Worry Darling se ha estrenado. Quizás así termine la serie de catastróficas desdichas que ha rodeado al filme desde su rodaje hasta hoy lunes, día de su debut mundial, fuera de concurso, en el festival de Venecia. Una actriz protagonista que evita hablar del largo; un intérprete que fue sustituido por una estrella del pop (Harry Styles) que, ahora, es la nueva pareja de la cineasta; sospechas de comportamientos inapropiados en el plató, vídeos privados aireados y más golpes de efecto personales y creativos... tanto que la historia que rodea a la película bien podría ser un thriller. Incluso uno mejor que Don’t Worry Darling. Porque la proyección en la Mostra tampoco regaló demasiadas alegrías a Wilde. Recibió un aplauso tibio. Y poco más. Un contraste chocante con el ruido que venía generando la obra. Su historia suma tantos capítulos que conviene ir con orden. Empezando por el final.
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| Brendan Fraser |
Millones de espectadores conocen su cara. Le ha visto escapar de una momia o volar por la jungla colgando de una liana. Se han reído con él, una y otra vez. Pero pocas veces han observado de qué era verdaderamente capaz Brendan Fraser. Ni el propio director Darren Aronofsky era tan consciente de su talento. Tampoco controlaba toda su filmografía. Pero asegura que algo, en las entrañas, le dijo que ahí estaba el actor que llevaba buscando 10 años. Se había pasado una década imaginando a “todas las estrellas de Hollywood”, en palabras del cineasta, para el papel principal de The Whale, el de Charlie, un profesor obeso, encerrado en su casa, su cuerpo y sus remordimientos. Hasta que se cruzó con Fraser y supo que la búsqueda había terminado. El resultado, que se ha estrenado estos días en el Festival de Venecia, ha asombrado y entusiasmado al público. Tanto que algunos ya dan por hecha la primera nominación del actor a los Oscar.

| Pedro Almodóvar y Penélope Cruz |
El talento de Penélope Cruz ha dado a luz un resultado prodigioso. Y único: es la primera intérprete española en lograr la Copa Volpi a la mejor actriz del festival de Venecia. Al fin y al cabo, le ofreció al jurado hasta dos razones para entregarle el galardón. Lo obtuvo, este sábado, por su extraordinaria interpretación en Madres paralelas, de Pedro Almodóvar. Ella misma aseguró que el rol de Janis —una mujer herida pero inquebrantable, que cuida a una hija recién nacida mientras lucha por exhumar a su abuelo— fue “quizás el más difícil” de una carrera impresionante.
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| Dacia Maraini
FOTO DE GORKA LEJARCEGI
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| Ian Holm The Madness of King George, 1994 |
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| Olga Tokarczuk y Peter Handke |
