El precio a pagar por la sinceridad
Esta es la segunda parte de un monumental manuscrito que Thomas Wolfe dejó al morir y cuya primera parte apareció el año pasado
Muchos críticos afirmaron que Thomas Wolfe (1900-1938) sólo sabía escribir acerca de sí mismo. Pero, en su caso, lo autobiográfico es tan intenso, tan lírico, tan penetrante, que hay que congratularse de ese mirarse a sí mismo. Con su capacidad torrencial para narrar la vida, Wolfe logró monumentos novelescos como El ángel que nos mira (su debut de 1929), que uno de sus editores, Maxwell Perkins, consideró otra Moby Dick, y cuya versión original constaba de miles de páginas que al final se pulieron para dar a la luz esta historia sobre una familia sureña del pueblo de Altamont.







