Mostrando entradas con la etiqueta Paul Verhoeven. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Verhoeven. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de junio de 2021

La última tentación de Paul Verhoeven se llama Virginie Efira


La última tentación de Paul Verhoeven se llama Virginie Efira


La actriz belga protagonizará el thriller erótico sobre monjas del director holandés, Benedetta, pero antes llega a nuestros cines con la comedia dramática El reflejo de Sibyl

Begoña Donat
Valencia, 13 de enero de 2020

Al principio de su carrera en el cine, una periodista francesa comparó a Virginie Efira (Schaerbeek, 1977) con la Cameron Díaz de Algo pasa con Mary (Peter y Bobby Farrelly, 1998). Pero a medida que ha ido arriesgando más en el cine, a su irrebatible vis cómica la actriz belga le ha sumado polémica y drama. Efira empezó en el audiovisual como presentadora del tiempo en informativos, de las isobaras pasó a conducir concursos de talento musical en la televisión y, al fin, saltó a la gran pantalla como protagonista de comedias románticas.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Edgar Allan Poe

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Discos, pinturas, películas o libros que hoy son piezas fundamentales fueron en origen maltratadas por los críticos e ignoradas por el público. Esta es la historia de algunas de ellas

Eduardo Bravo
5 de diciembre de 2019

Al entierro de Edgar Allan Poe (Boston, 1809- Baltimore, 1849) asistieron siete personas. Murió sin un centavo y sin que nadie reconociera su talento. Y eso que trabajó a destajo publicando sus poemas y sus cuentos en revistas y editoriales que le pagaban una miseria. La historia de la cultura está llena de artistas y obras incomprendidas que años más tarde obtuvieron todo el reconocimiento. Para algunos fue tarde (habían muerto); con otros, sin embargo, se hizo justicia en vida.
Estos son algunos casos...

sábado, 11 de mayo de 2019

El cruce de piernas de "Instinto básico"

Sharon Stone / Michael Douglas
Instinto básico

27 años después, alguien miente sobre el cruce de piernas de ‘Instinto básico’

El director de la película, Paul Verhoeven, y Sharon Stone se acusan de mentir sobre los entresijos de la mítica escena

Juan Sanguino
14 de abril de 2019


Veintisiete años, y algunos todavía no se han recuperado. El cruce (o técnicamente, descruce) de piernas que cortó la respiración al mundo no ha envejecido nada. La sospechosa de asesinato Catherine Trammell (interpretada por una Sharon Stone con 34 años) se somete a un interrogatorio, pero es ella quien acaba sometiendo a los policías. El ratón y el gato nunca han estado tan en celo. Es Catherine la única que disfruta con la situación.

sábado, 1 de octubre de 2016

Nada es lo que parece en el cine de Paul Verhoeven



Nada es lo que parece en el cine de Paul Verhoeven

Diez años después de 'El libro negro', el maestro holandés vuelve a las alas españolas con 'Elle', protagonizada por Isabelle Huppert.


Gregorio Belinchón
Madrid, 1 de octubre de 2016

Convengamos que la mayor parte de la sociedad actual, y por extensión, el cine que produce, malvive entre la depredación y la supervivencia ensimismada. Millán Astray estaría contento con el éxito de su "Muera la inteligencia". Uno se imagina a Paul Verhoeven (Ámsterdam, 1939) paseando por Los Ángeles, donde vive desde hace tres décadas, riendo ante lo que ve en las aceras, en las pantallas, en la vida. “El modelo dominante siempre me ha parecido aburrido. Si algo es dominante, ¿para qué tomarse la molestia? Solo cuando las cosas son distintas se vuelven más interesantes”, decía hace unos meses, justo antes de la presentación en Cannes de Elle, la película con la que ayer volvió a las carteleras españolas una década después de El libro negro (entre medias filmó la inédita en España Steeksepel). Así ha hecho su carrera, un recorrido que arrancó con un documental donde puso a hablar a un nazi holandés en la televisión por primera vez. A los tabúes Verhoeven los machaca a patadas. O los saca a pasear para carcajearse posteriormente en su cara. Con el holandés nunca lo que uno cree que está viendo es realmente lo que está viendo. O leyendo, porque su biografía sobre Jesús de Nazaret, fruto de dos décadas de colaboración desde 1985 con Jesús Seminar, un colectivo de teólogos y estudiosos de la Biblia, defiende que Jesús era un activista político radical, un hombre que hacía exorcismos y que estaba seguro que el reino de los cielos se encontraba en la Tierra. "En realidad, ya hice mi película sobre Jesús: RoboCop".
Con su cine, la primera lectura es que sus películas basan sus cimientos en la violencia: “El universo es violento por definición, y el sexo forma parte de él. El animal que seguimos siendo se comporta de manera violenta: agrediendo, matando y practicando la dominación sexual”. Un declaración que esconde un profundo mensaje antibelicista. Porque, ¿qué es si no Starship Troopers, en la que decide mostrar un mundo tan homogeneizado que nada diferencia a un bonaerense de un neoyorquino, en el que el ejército de chavales pluscuamperfectos rezuma aroma a juventudes hitlerianas, en el que la carne de cañón, aunque cincelada en los cánones clásicos de la belleza, sigue siendo carne de cañón? A todos aquellos que pensaron que Showgirls (1995) era una película sobre bailarinas de strip tease en Las Vegas se les pasó que en realidad hablaba de la adicción al dinero, como remarcó en un curioso guiño La gran apuesta(2015): aquellas expertas en lap dance acumulaban hasta cinco hipotecas basura y eran la primera señal de advertencia ante el advenimiento de la crisis financiera. Pues eso ya lo había apuntado Verhoeven.


¿Feminista? El que más. Sus mujeres lidian contra los deseos machistas de la sociedad, luchan contra el aburrimiento y el aburguesamiento que sí suelen llevarse por delante a sus coprotagonistas, una línea que entronca Instinto básicocon Elle. Ellas controlan, como en El libro negro, las riendas de su vida. Y ese mensaje abofetea con demasiada contundencia a los agentes y a los ejecutivos de Hollywood, asustados ante la nueva moral. Verhoeven lleva años queriendo sacar adelante Elle, basada en Oh..., la novela del francés Philippe Djian (Betty Blue, El amor es un crimen perfecto), con una actriz de las grandes del cine hollywoodiense, y por tanto en inglés y en EE UU. Ninguna se atrevió, y solo el paso adelante de Isabelle Huppert desatascó el proyecto... y lo devolvió a Francia, que la ha elegido como su candidata al Oscar.
Con su patina de socarronería (“La ironía es una elección artística. Si nos tomamos demasiado en serio las cosas, la única solución es el suicidio”), con su asombrosa visión premonitoria —de ahí que incluya un paseo por el mundo de los videojuegos, el ocio que más libertad otorga a las pulsiones del ser humano—, al final resulta que el hijo listo, tan sutil como macarra, de Luis Buñuel y Claude Chabrol es Paul Verhoeven, mesías de la inteligencia.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Elle / La sombra a la vista


La sombra a la vista

Lo que propone 'Elle' es una mirada a una nueva moral, levantada sobre la convicción de que todos somos, en mayor o menor medida, monstruo


Jordi Costa
29 de septiembre de 2016






ELLE


Dirección: Paul Verhoeven.
Intérpretes: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling.
Género: comedia. Francia, 2016.
Duración: 130 minutos.

Cuando los circuitos de exhibición se dejaban intoxicar por los vientos libertarios de la contracultura, una modesta película holandesa marcó la diferencia con su desinhibida celebración del cuerpo y su exploración de los claroscuros del placer: era Delicias turcas (1973) de Paul Verhoeven. Nadie hubiese podido prever que ese cineasta acabaría integrado en la maquinaria de Hollywood sin comprometer su abrasiva identidad: Desafío total (1990), Showgirls (1995) y Starship Troopers (1997) son perdurables testimonios de disfuncionalidad en el contexto del cine de consumo. La gran industria, no obstante, terminó por expulsar a ese cuerpo extraño. Verhoeven podría haber perdido mordiente con el paso de los años, pero su encuentro con una novela de Philippe Djian, autor que inspiró Betty Blue (1986) y El amor es un crimen perfecto (2013), ha dado como resultado una película que es suma y psicoanálisis de toda su poética: Elle supone la conquista de una cumbre expresiva, donde el gusto por la provocación del holandés encuentra su manifestación más retorcida, serena y sutil.
Definir esta esquiva película como un thriller y, tácitamente, asociarla a Instinto básico (1992) es hacerle un flaco favor a su naturaleza, porque si Elle se parece a algo es a las ceremonias de la transgresión que tramaron Buñuel y Carrière: El discreto encanto de la burguesía (1972) y El fantasma de la libertad (1974) presiden el árbol genealógico del que brota esta película donde una mujer reacciona con perturbadora gelidez a su violación y donde la sorprendente raza de un recién nacido no lleva a su supuesto padre a sumar dos y dos.

Con unos personajes que parecen lucir sus respectivas sombras jungianas como quien lleva un broche de oro en la solapa, Elle habla de la gestión personal de la propia monstruosidad: una monstruosidad que, aparentemente, distingue a esa protagonista que proporciona a Isabelle Huppert uno de sus papeles de alto riesgo pero que, poco a poco, acaba definiendo a todos. No es casual que aparezca como telón de fondo la industria del videojuego, entendido como una tecnología al servicio de las pulsiones inconscientes. No era el propósito de Djian elaborar una sátira sobre la institución familiar, ni moralizar. Tampoco es ese el propósito de Verhoeven. Lo que propone Elle es una mirada a una nueva moral, levantada sobre la convicción de que todos somos, en mayor o menor medida, monstruos. Porque deseamos. Y el deseo es un animal salvaje.


domingo, 22 de mayo de 2016

Paul Verhoeven / “Nada distingue a los humanos de un caballo”



FESTIVAL DE CANNES

Verhoeven: “Nada distingue a los humanos de un caballo”

El director holandés presenta ‘Elle’, su regreso por la puerta grande tras una larga travesía del desierto.


Alex Vicente
Cannes, 22 de mayo de 2016


Paul Verhoeven en la rueda de prensa de 'Elle'.
Paul Verhoeven en la rueda de prensa de 'Elle'.  REUTERS

Paul Verhoeven (Ámsterdam, 1939) lleva tres décadas viviendo en Los Ángeles. La costa californiana le ha conferido cierto aire de apacible jubilado, de esos que calzan deportivas y lucen un bronceado perfecto, que no tardará en esfumarse cuando arranque a hablar, con una mezcla de negra lucidez y sátira indignada. Tras marcar el cine comercial de los noventa con títulos como Instinto básico o Showgirls, Verhoeven fue desterrado del reino de Hollywood, que se hartó de soportar sus salidas de tono cuando dejaron de generar millones. “Volvería encantado, pero solo si me dan un control total. Y, entre usted y yo, no creo que eso suceda”, admite en un atropellado esperanto de inglés, francés y alemán.
Su regreso por la puerta grande llegó ayer con Elle, su primera película rodada en Francia, recibida con entusiasmo en la recta final del Festival de Cannes. La protagoniza Michèle, una parisina divorciada que dirige una empresa de videojuegos con mano de hierro: la misma que exhibe en su papel de madre, amiga y amante. En la primera secuencia, esa mujer será violada por un anónimo enmascarado que no dudará en reincidir. Pero lo que debía ser un thriller de venganza al uso se transformará en algo muy distinto: una exploración del deseo y sus perversidades, en la que esa heroína dejará de ser víctima para convertirse en sujeto activo. La subversión sigue siendo el lema de Verhoeven, que debutó con un documental donde hizo hablar a un nazi holandés en la televisión por primera vez. Así quería contestar la versión oficial, que prácticamente negaba el colaboracionismo. “Siempre me ha interesado hacer lo que nadie ha hecho antes, probablemente por un buen motivo”, ironiza. “El modelo dominante siempre me ha parecido aburrido. Si algo es dominante, ¿para qué tomarse la molestia? Solo cuando las cosas son distintas se vuelven más interesantes”.
Elle insiste en algunas de sus obsesiones, como la violación, presente en otras de sus películas. “Estaba en el guion. No lo escribí yo”, se excusa el director. ¿Que el sexo de sus películas sea animal y violento es simple casualidad? “Todo el sexo es animal. En el fondo, no dejamos de ser primates. Los humanos no deberíamos tomarnos por algo distinto a un caballo, porque no hay nada que nos distinga de él”, responde. Para Verhoeven, sexo y violencia son un binomio indisociable. “El universo es violento por definición, y el sexo forma parte de él. El animal que seguimos siendo se comporta de manera violenta: agrediendo, matando y practicando la dominación sexual”, afirma.
Cuando abre el periódico cada mañana, este licenciado en Bellas Artes y Matemáticas –iba para profesor antes de descubrir el cine durante su servicio militar– no logra ver nada más que “negatividad y destrucción”. “Estamos muy lejos del bien generalizado. Me pregunto qué mundo voy a dejar a mis hijos y nietos. Después de medio siglo de calma relativa en Europa, volvemos a estar amenazados”, opina. “Incluso cuando se descubre un agujero negro y todo el mundo lo celebra, nadie está pensando en su potencial de destrucción”, añade. Cuando era pequeño, Verhoeven observó la hecatombe de cerca, durante los bombardeos que tuvieron lugar en su ciudad natal durante la Segunda Guerra Mundial. “Crecí creyendo que la vida era eso, con los vasos derramados sobre la mesa del comedor por el estallido de una bomba. La paz no la descubrí hasta los 6 ó 7 años, y es la primera impresión la que nunca se olvida”, afirma. Esa lucidez se ha traducido, en su caso, en un inevitable cinismo. “Sí, creo que soy cínico”, admite. En sus películas, la ironía es “una elección artística” que le permite “sonreír un poco”. ¿Para sobrevivir? “Veo que usted también lo ha entendido. Si nos tomamos demasiado en serio las cosas, la única solución es el suicidio”, espeta.
La protagonista de Elle se distingue por su ausencia de sentimentalismo, por no depender de ningún hombre y no disponer de ninguna cualidad tradicional como mujer y madre. “Varias mujeres que han visto la película me han dicho que soy feminista”, se admira quien, en los noventa, fue diana habitual de quienes lo tildaban de misógino y homófobo. “Eso nos dio mucha publicidad gratuita. Y encima no estaba orquestado como sucede ahora: fue espontáneo”, sonríe. “En realidad, soy un gran admirador de las mujeres. Me gustan mucho más que los hombres, y no lo digo en sentido sexual. Puedo conversar con ellas durante horas, cuando con los hombres me cuesta más. Estoy casado desde hace décadas con una mujer fuerte e independiente, mis dos hijas también lo son y tengo dos perros hembra”, enumera Verhoven, enseñando sus credenciales.


El director intentó rodar Elle en Estados Unidos, pero nadie demostró un mínimo interés. “Contacté con algunas actrices estadounidenses de primera fila y, sin que me dijeran que les parecía una mierda, entendí que no les gustaba y que nadie quería rodarla”, explica Verhoeven. Mientras tanto, en Francia, una intérprete reputada por su adicción al riesgo y la incorrección política se había presentado voluntaria: Isabelle Huppert. “Al final, no estoy seguro de que hubiera podido hacer la misma película en Estados Unidos. Puede que Isabelle sea la única actriz capaz de interpretar esas cosas y que te lo creas”, añade el director. ¿Le preguntó por qué le interesaba tanto este truculento guion? “No, pero diría que le gusta interpretar a este tipo de personaje. Isabelle no es así en la vida real. En realidad, es una mujer muy centrada en su vida familiar. Pero existe un demonio en ella, por utilizar el lenguaje propio de un exorcista, que a veces la posee. Y a ella no le importa que eso suceda”, responde Verhoeven. Saltándose su costumbre, la actriz incluso aceptó aparecer desnuda en distintas secuencias: “Lo discutimos de manera muy precisa. Creo que al principio no le hacía gracia. Pero un día, mientras cenábamos, me dijo: ‘Vamos a rodar lo que está escrito. Soy una persona muy audaz, ¿sabe usted?”.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Total Recall / Aventuras taciturnas


Aventuras taciturnas
Colin Farrell
Tota Recall


Aventuras taciturnas

Frente a la efervescencia juvenil, la falta de pretensiones, la ironía de la peli original de Verhoeven, a ahora se nos presenta una película más grandilocuente, que se toma demasiado en serio

Madrid, 13 de septiembre de 2012

Han pasado solo diez minutos y, aun ocurriendo exactamente las mismas cosas, ya se ve de forma meridiana cuán distintas, con acercamientos de tono radicalmente opuestos, son esta Total recall, en versión 2012, dirigida por Len Wiseman, y la película original, aquella Desafío total pergeñada por Paul Verhoeven en 1990.
 Y cada una, desde luego, producto inequívoco de su tiempo. Frente a la efervescencia juvenil, la falta de pretensiones, la ironía y la autoconsciencia de producto descacharrante, a pesar de envolver un relato mucho más complejo de lo que parece a primera vista, ahora se nos presenta una película más grandilocuente, que quizá se tome demasiado en serio a sí misma, carente de sentido del humor y rodeada de esa angustia tan habitual en las superproducciones de acción, ciencia-ficción y fantasía de estos últimos años. Impecable en su empaque visual, por supuesto, pero sin hallazgos. Casi exactas de principio a fin en sus acciones y diálogos, y sin embargo tan opuestas.
El juego de identidades y las ansias de aventura inmersos en una personalidad apagada, aburrida y cargada de monotonía, implícitos en el sensacional cuento de Philip K. Dick inspirador de ambas películas, Podemos recordarlo todo por usted al por mayor, parecen mucho más presentes en el trabajo de Verhoeven. Aquí, a pesar de que Colin Farrell encaja mucho mejor en el personaje que Arnold Schwarzenegger (en físico y, por supuesto, interpretativamente), ese espíritu lúdico del cine de los ochenta que aún coleaba en 1990 se ve empequeñecido por una ingente cantidad de gestos torcidos. De modo que, puestos a diferenciar tonalidades, llama la atención que, además de fundir dos personajes en uno con el rol de Kate Beckinsale (antes Sharon Stone), lo poco que se ha decidido jubilar en el remake sean las explosiones de extravagancia que más se alojaban en el recuerdo: el prostíbulo, enana incluida, el monstruo alojado en la barriga del líder de la resistencia, la transformación de la señora gorda en la cola de seguridad… Total recall se conforma así como el enésimo miembro de esa taciturna familia cinematográfica comandada por los batmans de Christopher Nolan.

TOTAL RECALL


Dirección: Len Wiseman.
Intérpretes: Colin Farrell, Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston, Bill Nighy.
Género: ciencia-ficción. EE UU, 2012.
Duración: 118 minutos.
EL PAÍS