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jueves, 25 de diciembre de 2025

Francis Bacon / Giacometti

 

Francis Bacon

Francis Bacon
1909-1992

Francis Bacon es una de las figuras más poderosas y perturbadoras del arte del siglo XX. Su obra pictórica, centrada casi obsesivamente en la figura humana, expone el cuerpo como un espacio de tensión, violencia y vulnerabilidad, despojándolo de toda idealización. A través de una pintura visceral y radical, Bacon reformuló el lenguaje figurativo en una época dominada por la abstracción, demostrando que la representación del cuerpo podía seguir siendo un lugar de riesgo y verdad.

sábado, 14 de noviembre de 2020

/ Francis Bacon / Isabel Rawsthorne standing in a street in Soho



OBRAS MAESTRAS DE LA PINTURA

Francis Bacon
Isabel Rawsthorne standing in a street in Soho

Pintora, diseñadora y modelo de innumerables artistas, la británica Isabel Rawsthorne (1912-1992) vivió un siglo en el arte, con el arte y para el arte sin despreciar los goces de lo mundano.

Casada tres veces, primero con el periodista Sefton Delmer, corresponsal que fue del Daily Express durante la Guerra Civil española y la invasión de Polonia por la Wehrmacht en 1939 y del que se divorciaría durante la 2ª Guerra Mundial; después, en 1947, con Constant Lambert, un compositor y director de orquesta famoso por sus trabajos para el ballet ruso de Serge Diaghilev’s y, tras la muerte de este en 1951, con el también compositor británico Alan Rawsthorne.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Obras maestras de la pintura / Francis Bacon / Una codiciada pieza

Francis Bacon

Una codiciada pieza

'Tres estudios de Lucian Freud' no es un cuadro cualquiera de Francis Bacon




El artista Francis Bacon.
Tres estudios de Lucian Freud no es un cuadro cualquiera de Francis Bacon. Data de su época más aguda, en la que el artista se muestra todavía en permanente búsqueda. Ese fondo amarillo, esa perfección de la geometría en que encuadra a su amigo, la elección del fondo... Todo en él es asombrosamente perfecto. En la iconografía clásica, el amarillo está asociado con la envidia. No creo que mediase ese sentimiento entre los dos pintores, que se colocan en un plano muy elevado, en un diálogo intelectual propiciado por un color frío, un lugar en el que para ellos la búsqueda de la belleza y de la perfección son posibles.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Francis Bacon / El tríptico que Bacon dedicó a Lucian Freud

El tríptico que Francis Bacon dedicó a Lucian Freud, entre las 10 obras más caras de la historia

El tríptico que Francis Bacon dedicó a Lucian Freud, entre las 10 obras más caras de la historia

Día 13/11/2013 - 11.38h

Fue vendido por 142 millones de dólares en Nueva York, con lo que se convierte en la pintura más cara jamás subastada

No hay duda de que el pintor angloirlandés Francis Bacon es uno de los artistas modernos más cotizados en el mundo del arte. Y prueba de ello es que el tríptico que dedicó a su amigo y también pintor Lucian Freud en 1969, considerado como una de sus obras más icónicas, fue subastado en Nueva York por 127 millones de dólares, lo que ha supuesto el récord en el precio de un cuadro del artista y lo convirtió en uno de los diez más caros de la historia. Era la primera vez que este tríptico era subastado. El precio final, con impuestos, llega a los 142,4 millones de dólares.

sábado, 12 de abril de 2014

Francis Bacon / Marguerite Duras



FRANCIS BACON
Por Marguerite Duras
París, 1971

La Quizaine Literaire, 1971

“No dibujo. Empiezo haciendo todo tipo de manchas. Espero lo que llamo “el accidente”: la mancha desde la cual saldrá el cuadro. La mancha es el accidente. Pero si uno se para en el accidente, si uno cree que comprende el accidente, hará una vez más ilustración, pues la mancha se parece siempre a algo.

No se puede comprender el accidente. Si se pudiera comprender, se comprendería también el modo en que se va a actuar. Ahora bien, este modo en el que se va a actuar, es lo imprevisto, no se lo puede comprender jamás: It's basically the technical imagination: “la imaginación técnica.”

Entiende usted, el tema es siempre el mismo. Es el cambio de la imaginación técnica lo que puede “dar la vuelta al tema”, el sistema nervioso personal. Imagine escenas extraordinarias, esto carece de todo interés, desde el punto de vista de la pintura, esto no es imaginación. La verdadera imaginación está construida por la imaginación técnica. El resto es la imaginación imaginaria, y esto no lleva a ninguna parte.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Francis Bacon / La tormenta perfecta

'Tres estudios de Lucian Freud', obra de Francis Bacon, que se convirtió en la madrugada de ayer en la más cara adjudicada en subasta de la historia. / CHRISTIE'S

Francis Bacon

Mercado del arte: la tormenta perfecta

Los records de Bacon y Koons en Nueva York y la imparable escalada de ventas en subasta dictan la evidencia

La clase media del coleccionismo ha muerto, solo las inmensas fortunas aspiran a los tesoros


Francis Bacon

Quien entre estos días en algunos de los grandes salones de subastas de Christie’s o Sotheby’s en Nueva York y se acomode en una de sus sillas se sentirá como si estuviera sentado en medio del Consejo de Administración que dirige el mundo. François Pinault (magnate francés del lujo); Eli Broad (uno de los nombres fuertes de las finanzas estadounidenses); Steven A. Cohen (el mago de los fondos de alto riesgo); Peter Brandt (dueño de un imperio editorial); Jose Mugrabi (el mayor coleccionista particular de warhols del planeta); Michael Ovitz (representante, entre otros, del actor Tom Cruise); Dakis Joannou (industrial griego); Larry Gagosian (propietario de la todopoderosa galería Gagosian)… Todos levantan la mano y pujan. Todos contribuyen a que el mercado del arte contemporáneo se recaliente hasta lo inimaginable. En la puja que ha situado a Francis Bacon como el artista más caro vendido nunca en subasta, Larry Gagosian pujó hasta los 101 millones de dólares (75,3 millones de euros). Y hubo dos pujas por encima de los 120 millones. Finalmente, el tríptico se remató en 142,2 millones (105,8 millones de euros).


Si a estos multimillonarios, que parecen tener un bolsillo casi infinito, sumamos el dinero procedente de rusos, oligarcas de oriente medio, turcos, brasileños, mexicanos, chinos… o sea, el nuevo mundo económico, la tormenta perfecta en el arte está servida. ¿Qué limite tiene una mujer como Sheikha Al-Mayasa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani quien, con solo 30 años, destina más de 600 millones de libras (447,4 millones de euros) al año a la compra de arte? La presidenta de la Autoridad de Museos de Catar, y hermana del nuevo emir, dibuja esa voracidad por el arte de nuestro tiempo de los nuevos coleccionistas. Acaba de pagar 20 millones de dólares por un grupo de esculturas de Damien Hirst que recrea varias fases de la concepción humana. “Para estos compradores el dinero es lo de menos. Es como si intercambiaran papel por obras. A cambio de billetes obtienes un bacon o un cézanne. Lo que cuenta es hacerse con el objeto de deseo. Es una locura”, relata el coleccionista mallorquín Juan Bonet.
Así que, una vez conseguido el récord de Francis Bacon, la locura de los tiempos impulsa a preguntarse: y ahora ¿quién lo superará? ¿Cézanne? ¿Pollock? ¿Basquiat?¿De Kooning? ¿Lucian Freud? ¿Gustav Klimt? Pues quien mejor situado se encuentra es Andy Warhol. Se sabe que en ventas privadas (cada vez más frecuentes) ha superado los 100 millones de dólares. Juan Várez, consejero delegado de Christie’s en España, da otro nombre: “Picasso”. Todo ello, a la espera de que llegue al mercado un caravaggio o una obra de un gran maestro similar. ¿Cuánto valdría en el mercado, si pudiera exportarse, La conversión de San Pablo, de la colección Odescalchi Balbi en Roma? Es una de las contadas obras del genio italiano en manos privadas. ¿200 millones de dólares?
Pero lejos de la especulación, ya hay algunos artistas vivos que se están asentando en una segunda línea de salida a la espera de acercase a esos precios, como Jeff Koons, Gerhard Richter o Christopher Wool. Este último estableció ayer en Christie’s su récord al vender el lienzo Apocalypse Now (1988) por 26,5 millones de dólares. La tela la adquirió, para un cliente sin identificar, el marchante Christophe Van de Weghe y su justificación de la compra revela lo caprichoso que es este mundo y la liquidez que maneja. “Quien compró la obra realmente la quería”, recalca. “Es la obra maestra del artista y el comprador quería hacerse con la obra maestra del artista”.
Y sobre esa pulsión de los coleccionistas las salas de subasta relanzan sus balances. Hace una década, en el mejor de los casos, Christie’s conseguía 85 millones de dólares en una única jornada de ventas. Ayer logró la cifra más alta de su historia: 691,5 millones de dólares. Una cantidad ingente que hace exclamar al coleccionista Paco Cantos: “¡Estamos cerca de que explote la burbuja! Estos precios no se pueden soportar”. Son advertencias que, de tan repetidas, resultan cansinas. Y que no todo el mundo comparte. “Todo depende de la calidad de las obras. No veo burbujas. Me preocuparía más si los resultados los hubiéramos conseguido con piezas de poca calidad. Pero ha sido justo lo contrario”, reflexiona Juan Várez. Tanto es así que el techo del mercado no sé ve y hay quien, incluso, busca requiebros. “Si tu colección sigue la tendencia o la moda entonces sí te ves afectado por los precios. Pero si tu propuesta es más singular y vives ajeno a esos grandes nombres del mercado no sientes la presión del dinero”, explica la coleccionista Estefanía Meana: “Los creadores que colecciono no llegan al mercado”.

El 'top-ten' del arte

1. Los jugadores de cartas(Cézanne).191,6 millones de euros. 2012. Venta privada.
2. El sueño (Picasso). 116 millones. 2013. Venta privada.
3. Tres estudios de Lucian Freud (Bacon). 105,8 millones. 2013. Subasta.
4. Número 5 (Pollock). 105 millones. 2006. Venta privada.
5. Mujer III (De Kooning). 102 millones. 2006. Venta privada.
6. Adele Bloch-Baue(Klimt).101 millones. 2006. Venta privada.
7. El grito (Munch). 90 millones. 2012. Subasta.
8. Bandera (Jasper Johns).87,2 millones. 2012. Subasta.
9. Desnudos, hojas verdes y busto (Picasso). 80 millones. 2010. Subasta.
10. El caminante (Alberto Giacometti). 78 millones. 2010. Subasta.
Lo cierto es que nunca antes las casas de subasta habían tenido tanto poder. Bueno, quizá habría que reescribir la frase: nunca antes el mercado del arte había tenido tanto poder. “La fuerza es de tal calibre que está haciendo desaparecer, si alguna vez existió, la clase media del arte”, ahonda con tristeza Marcos Martín Blanco, quien con más de 400 obras atesora una de las mejores colecciones de pintura contemporánea de España. El coleccionista reconoce que se vende mucho y bien, pero sobre todo las grandes obras, los grandes nombres, que únicamente son accesibles a bolsillos multimillonarios. La explosión de los precios es de tal calibre que, en efecto, parece estar dejando al coleccionista de clase media fuera de juego. “Si un artista de 27 años como el colombiano Óscar Murillo vendía hace un año sus cuadros por menos de 20.000 dólares y ahora se rematan en 300.000 es que el mercado está desenfrenado”, incide Martín Blanco. Una especulación similar sufren los trabajos de artistas treintañeros como Wade Guyton, Nate Lowman, Alex Hubbard, Hurvin Anderson, Jacob Kassay o Dan Colen. Y como una onda expansiva esto afecta a las galerías, que tienen que lidiar con situaciones insólitas.
Elba Benítez, una galerista que peina experiencia en este mundo, cuenta cómo algunos artistas trabajan con listas negras. En ellas figuran los nombres de coleccionistas que han vendido obra de algunos de ellos en el segundo mercado al poco de comprarla. A esos, no se les vuelve a vender. Hay que protegerse. “Vik Muniz [uno de los artistas más reconocidos con los que trabaja Benítez] sale mucho en subasta porque se puede especular muy bien con él. Tiene mucha demanda y poca oferta”, se queja la galerista.
Es casi imposible encontrar un tiempo en el que las casas de subasta hayan despertado tanto recelo. “Han subvertido su origen, su propósito y su mirada inicial”, argumenta el coleccionista Emilio Pi. “Su función era dar espacio económico y salida a obras que habían desaparecido del mercado y que tenían esa etiqueta de clásicas. Eran artistas que difícilmente iban a producir más. Pero ahora…”. Los puntos suspensivos le llevan a recordar que más del 20% de los artistas de la subasta de arte contemporáneo de la casa Phillips de Pury de hace un par de semanas tenía menos de 40 años. “Antes se tardaban décadas en llegar al mercado secundario, ahora son meses”, reflexiona Pi.
Bajo este paisaje, y a pesar de todo, la inversión en pintura o escultura contemporánea parece un buen negocio. ¿Pero es así siempre? “¿Vale la pena invertir en arte?” Este el contundente titular con el que tres economistas acaban de zarandear el más que conservador mundo de las subastas. El trabajo de estos expertos —que proceden de la universidad de Stanford, la Escuela de Finanzas de Luxemburgo y la Universidad Erasmus de Rotterdam— plantea una idea desasosegante: los ingresos procedentes de este tipo de activos se han sobreestimado y los riesgos se han minusvalorado. Para ello han utilizado una muestra de 20.538 pinturas que se vendieron repetidamente en subastas entre 1972 y 2010. De su estudio se deriva que las ganancias medias anuales son del 6,5%, bastante por debajo del 10% que estiman otros índices. En estos días de euforia, una llamada de atención al alocado planeta del arte contemporáneo.




sábado, 30 de mayo de 2009

Bacon / El estridente mundo de Francis Bacon



Cien años del natalicio del irreverente pintor irlandés

El estridente mundo de Francis Bacon

Por Álvaro Corzo / Nueva York
El Espectador, 30 de mayo de 2009

Llegó al Museo Metropolitano de Nueva York la retrospectiva 
de uno de los artistas más provocadores del siglo XX.
Las obras de Francis Bacon
Foto: Álvaro Corzo
La exhibición de 130 de las obras de Bacon estará hasta el  16 de agosto en Nueva York.

Decenas de lienzos regados por el piso, paredes convertidas en enormes paletas de color, botellas de champaña desportilladas por cada rincón del oscuro recinto, todo un panteón de pinceles estériles y pinturas disecadas por el paso del tiempo. Así era el estudio del maestro. Con miles de fotos, recortes de revistas y todo tipo de ornamentaciones gráficas estaba tapizado el piso de madera de su pequeña guarida. Allí la mirada atenta de un enorme espejo le servía como única e irreemplazable compañía, junto a la silla, donde su amante de turno, tomaría simbólicamente el asiento para ser deformado por sus exuberantes y grotescos trazos.

Bacon vivió toda su adultez artística en el número siete de la calle Cromway de South Kensington, en Londres, un microcosmos perverso donde trabajaba y vivía. Un catre, una cocina y un baño eran su única interfase con la realidad, en medio de una cotidianidad que se partía escuetamente en dos. La pintura y la bohemia; marca indisoluble de su enigmática obra. La cual, para el agrado de muchos y después de una espera de casi 20 años, se ha trasladado desde el Viejo Continente para refugiarse durante todo el verano en las paredes de la sala honorífica del Museo Metropolitano de Nueva York.

Aquí, en los anaqueles que replican el siniestro y particular lugar donde trabajó Bacon por más de 40 años, se pueden encontrar las reproducciones del erótico diccionario visual de Eadweard Muybridge, piedra angular de su obra. La devoción por los rostros deformados y desenfocados no eran tan sólo una muestra del estado catártico y violento en el que vivía el pintor, —quien comenzó su carrera como diseñador de interiores en Berlín—, sino toda una respuesta semántica al encuentro con el dinamismo de nuestra naturaleza; herencia de los estudios voyeristas del movimiento humano y animal que estremecieron al mundo del arte en 1885.

Bacon, quien dedicaba metódicamente la mitad de su día al casino y a la bebida, siempre utilizó el mismo enfoque para sus retratos, no importaba si eran viejos amigos, animales, clérigos, hombres de negocios o sus propios amantes. El díscolo artista no soportaba trabajar con modelos, según él, no podía pintar con nadie a su alrededor, pues se robaban toda su energía creadora. Por lo tanto, utilizaba sus fotografías como bocetos, dejando en su memoria y en el destello del papel gelatinoso el curso de su obra.

En una de las solapas de los tantos libros que se trajeron para la exhibición se puede leer en su desgalamida imprenta azul, que lo fascinante de su oficio era que sabía dónde comenzaba, pero nunca sabía de su destino final. “Los trazos cobran vida sobre el lienzo, uno solo se convierte en instrumento de sus propios instintos”. Lo que no sabía Bacon es que diecisiete años después de su muerte y gracias a John Edwards, su último amante y heredero, las puertas de ese mundo hermético, sombrío y calado de retórica existencialista en el que vivía, iban a darse a conocer, develando las musas de tan retorcidas y codiciadas piezas de arte.

“No creo en nada, sólo en el momento y en el ahora”, está consignado en otros de sus amarillentos escritos en una de las vitrinas de la exhibición que estará hasta el próximo 16 de agosto en Nueva York. A su lado, obras de Nietzsche, Camus y Satre rellenan las repisas de madera, pues Bacon como muchos otros artistas de la época era un existencialista de primer orden, profesaba que la vida no tenía ningún valor intrínseco, que no había nada más allá de la muerte, por eso la necesidad de perseguir todo sentido de placer en el presente. De esa fuerte presencia del nihilismo en su vida nació, según sus críticos, uno de los temas más icónicos y recurrentes de toda su obra, los crucifijos.

Con Bacon seguramente desintegrado en el frío sepulcro y por ende sin nadie a quién refutar, cuelga en la mitad del salón de la exhibición su Mágnum Opus o su obra maestra, la pintura que lo dio a conocer al mundo entero, Painting (1946), el controvertido crucifijo ensamblado a partir de los sangrientos rieles de la cavidad torácica de una res que cuelga del cielo, sobre la cual se posa una oscura y virulenta ave de rapiña que ofrece, a quien detenidamente la observa, sangrientas dádivas de color púrpura que dejan un murmullo de completo asombro y desconcierto.

“Lo amas o lo detestas, es como ver pornografía, es una sensación irreemplazable, pero a la vez moralmente perturbadora”, dice uno de los cientos de visitantes a la exposición que abrió sus puertas este 20 mayo. Así es, su obra tiene mucho de coito, de carne, de sexo truculento entre amantes, de crítica al poder, de todo lo que refutara las convenciones de una sociedad que obligaron a este hombre a vivir en la clandestinidad, en una época en que en Inglaterra ser homosexual merecía, cuando menos, la cárcel. Para muchos de sus críticos toda una sodomía artística que merece la más detenida atención, siendo esta obra muestra de ello.

No obstante, y debido a la fragilidad de esta pieza de dos metros de altura por dos de ancho, Painting (1946) es la única obra de este maestro del empirismo artístico que no ha acompañado el recorrido de la exhibición que celebra el centenario de su natalicio, el cual comenzó en los salones del museo Tate, en Londres, el pasado mes de septiembre, seguido por el Museo del Prado, en Madrid.

Pero si esta obra abre un apetito insospechado por una retórica oscura, de trazos fuertes y grumosos, sobre gigantescos lienzos, los 130 trabajos que la acompañan —entre éstos 65 pinturas—, serán para quien goce de esta exhibición toda una cena a manteles.

Las series de 1950, inspiradas en la obra de Velásquez sobre el papa Inocencio X, son otras de sus más ricas muestras, en la cual la figura del Pontífice y su aura de poder son magistralmente desmistificadas por el trazo del artista. “Son repelentes, feas, sacrílegas y hasta mal pintadas, pero no puedo dejar de mirarlas”, me dice entre risas Lois Bourain, profesor universitario que vino expresamente desde Washington para la tan esperada exhibición.

También están presentes sus famosos trípticos, las series de tres piezas expuestas como una sola, formato insignia de toda su carrera, donde Bacon indagó los sujetos de su interés artístico. El contacto del cuerpo masculino, la supernaturalidad de la boca humana y las relaciones de poder, las cuales logró transformar como ningún otro ha podido, en bizarras y llamativas composiciones de colores poco cálidos. La serie Triytych (1976) fue vendida en 2008 por U$86,6 millones en la casa de subasta Sotheby's al multimillonario ruso Roman Abramovich.

No en vano hoy Bacon, quien sostuvo una extraña relación de atracción física por su propio padre, es considerado junto con Picasso, Duchamp, Eisenstein, Dalí y Buñuel como uno de los grandes artistas del siglo XX. Sin duda esta retrospectiva a la obra y vida del gran pintor figurativo del siglo XX es todo un privilegio para el que la pueda ver. “La muerte siempre está presente, cada vez que me miro al espejo la veo trabajar intensamente”: Francis Bacon.




‘Painting’, un accidente

La ambigüedad y la presencia del cuerpo como un objeto que mutilado regresa a la animalidad son algunos de los elementos que han convertido a Bacon en un referente de la pintura del siglo XX. En una entrevista dijo lo siguiente sobre su obra maestra Painting: “Ella llegó a mí como un accidente. Yo estaba pensando en hacer un pájaro ardiendo en un campo y esto debe haber estado vinculado en alguna manera con las formas que había representado antes. Pero de repente la línea que dibujé me sugirió algo completamente diferente y surgió esta pintura. No tuve ninguna intención de hacer este cuadro, nunca pensé en él en ninguna manera, fue como si un accidente se montara en otro y luego en otro”.