Mostrando entradas con la etiqueta Lolita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lolita. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de diciembre de 2022

Nabokov / Sobre un libro llamado Lolita


Vladimir Nabokov
SOBRE UN LIBRO LLAMADO «LOLITA»
Epílogo de «Lolita»


Después de personificar al suave John Ray, el personaje de Lolita que escribe el Prólogo, todo comentario directamente surgido de mí quizá parezca –a mí mismo, en realidad– una personificación de Vladimir Nabokov, que habla sobre su propio libro. Sin embargo, deben discutirse algunos puntos, y el recuerdo autobiográfico puede incitar a fundir imitación y modelo.

domingo, 23 de octubre de 2022

Lolita / Escena eliminada



Lolita
Escena eliminada


H: Damas y caballeros del jurado, espero que estén por cumplir su papel en esta obra. Quisiera que estudien cada detalle en todo esto que mi abogado llama “compasión imparcial”. Comencemos entonces. Me espera una tarea difícil…

viernes, 5 de marzo de 2021

“Mi destrucción como persona proviene de ‘Lolita” / Los peligros de seducir en el cine demasiado pronto


Así fue como Salvador Dalí inspiró a Vladimir Nabokov a escribir ...

“Mi destrucción como persona proviene de ‘Lolita”: los peligros de seducir en el cine demasiado pronto

Dominique Swain, la Lolita de fama efímera que se hizo famosa en su versión de 1997, cumple 40 años como una actriz de serie Z. Es la última víctima de una maldición que parece afectar a toda la que se atreva a interpretar a este arquetipo (y tiene contadas excepciones)


EVA GÜIMIL
11 AGO 2020 - 10:50 COT

Hoy Dominique Swain (Malibú, 1980) cumple 40 años y muchos lectores se preguntarán: “¿Dominique qué?”. Aunque en 2020 haya que esforzarse para recordar su nombre y su rostro, a mediados de los noventa se impuso a otras 2.500 adolescentes –entre las que se encontraban estrellas del momento como Christina Ricci, Melissa Joan Hart o Jennifer Love Hewitt– para interpretar uno los grandes papeles del año: la nueva versión de Lolita que preparaba el británico Adrian Lyne. ¿Y por qué no la recordamos entonces?

domingo, 18 de octubre de 2020

Sobre la inmoralidad del arte

 


Sobre la inmoralidad del arte

En 'Las cosas como son y otras fantasías', último Premio Anagrama de Ensayo, Pau Luque tiene la osadía de adentrarse en una cuestión tan ambigua y espinosa como la autonomía moral de los creadores


Juan Luis Cebrián
9 de octubre de 2020

Dominique Swain, en 'Lolita' (1997), de Adrian Lyne.
Dominique Swain, en 'Lolita' (1997), de Adrian Lyne.  RONALD SIEMONEIT (SOGEPAQ)

Pau Luque es un joven filósofo que ha cometido la osadía de adentrarse en la investigación sobre dos conceptos cuya ambigüedad suele provocar serios dolores de cabeza: el arte y la moral. Si ya es difícil definir con un sentido unívoco cualquiera de los dos vocablos, la combinación de ambos genera un mar de dudas e incertidumbres, que por lo mismo incitan nuestra capacidad de asombro. ¿Debe el arte someterse a principios morales? ¿Y qué persona o institución determina en ese caso cuáles deben ser? ¿Podemos imponer la censura a nuestra imaginación? ¿Y a nuestra fantasía? Durante siglos la autoridad religiosa, política o militar ha ejercido una caución moral e ideológica sobre las manifestaciones artísticas, cubriendo genitales de estatuas, silenciando letras de canciones, tachando frases malsonantes, prohibiendo blasfemar y censurando incluso el mal gusto, cualquier cosa que eso signifique. Ahora, cuando las jerarquías tradicionales ven debilitada su capacidad represora, la sedicente voluntad popular y los sentimientos identitarios vienen a reemplazarlas. La protección de la infancia, la igualdad de género o el respeto a las creencias religiosas son, por ejemplo, valores democráticos en los que se ampara una cierta oleada de corrección política e incluso de nuevo puritanismo. Lo que equivale a sugerir la imposición de límites morales a la exhibición y distribución de determinadas obras.

La Manchester Art Gallery se permitió hace un par de años esconder una pintura que representaba a unas jóvenes adolescentes desnudas porque no quería contribuir a la cosificación de la imagen de la mujer; por las mismas fechas la feria Arco ordenaba descolgar la obra de Salvador Sierra Presos políticos en la España contemporánea, y se iniciaban acciones judiciales contra un par de raperos por incitar al odio con sus canciones. Ni la obra de Sierra ni los raps censurados habrían tenido mayor repercusión en la opinión pública, pero la bulimia censora logró lanzarlos a la fama.

Luque hace al respecto un excurso inteligente, basándose en la ciencia (¿o el oficio?) de la apicultura para describir lo que denomina el arte himenóptero, en el que el núcleo de su mensaje es la miel de la imaginación. Frente a él estarían las obras en las que la realidad lo invade todo y la inventiva se utiliza solo para rellenar los huecos que aquella deja. Eso le permite analizar de qué manera pueden oponerse o no reparos morales a hechos despreciables reproducidos por la literatura. Se apoya en las canciones de Nick Cave y en la obra de Iris Murdoch, pero muchas páginas del libro son en realidad un debate en torno a un artículo de Laura Freixas en EL PAÍS bajo el título de ¿Qué hacemos con Lolita? Este generó no poco revuelo en su día, pues en él se decía que la novela de Nabokov “implícitamente justifica la violación de una niña, la reducción del ser humano femenino a la condición de objeto para el placer masculino, la ridiculización y burla de cualquier mujer no sometida”.

Sobre la inmoralidad del arte

Cuando en su día leí el articulo lamenté que una lectora inteligente como Freixas confundiera la descripción de unos hechos inventados o imaginados con la justificación moral de ellos. Mi perplejidad es paralela a la que expresa el autor, que supone que la crítica se refiere nada más y nada menos que a la ausencia de una reprobación de ese abominable hecho en la novela misma. ¿Y por qué habría de producirse? La Iglesia católica redactó en su día un índice de libros prohibidos y Menéndez Pelayo narró la historia de los heterodoxos. A ambas obras les debo gran parte de mi formación autodidacta pues me descubrieron los autores cuya existencia pretendieron hurtarme en nombre de la corrección social, política o espiritual.

Luque parece incómodo al debatir sobre una cuestión que afecta a la autonomía moral de los artistas y de su obra, pero se muestra indulgente cuando da una respuesta casi moralizante a la pregunta de qué hacer con Lolita. Propone usar el libro de Nabokov “como una voz de alerta”, aunque no sabemos quién ni a quiénes debe darse. Es de agradecer, en cualquier caso, que se adentre en la intrigante investigación de la libertad del arte, que Baudelaire juzgaba pareja a la de la prostitución. El autor de Las flores del mal definió la belleza como “un monstruo enorme, horroroso e ingenuo”. Si acabáramos con los libros y las obras plásticas que reproducen la inmundicia y la indignidad, las bajas pasiones de la condición humana, Shakespeare y Cervantes, Picasso y Goya, no formarían parte del canon. Tampoco Griffith en lo que respecta al cinematógrafo.

Filósofo del derecho, Luque hace sobre cuestiones como esta las preguntas acertadas, pero se guarda muchas respuestas, escudándose en la ambigüedad de los conceptos y la complejidad de los hechos. El libro carece además de unidad en el discurso, como si estuviera compuesto a base de diversos ensayos en torno a los cuales se ha pretendido hilar un argumento no siempre coherente. Sus limitados análisis sobre las fake news y la libertad de expresión, en los que nuevamente merodea en torno a un artículo de EL PAÍS, esta vez de Francisco Rico en defensa del tabaco, son menos brillantes que sus observaciones sobre Iris Murdoch. En ellas sobresale una cita de la autora de El mar, el mar: “El arte y la moral son una y sola misma cosa: el amor”. Y contra la creencia común el amor es, como el arte, el descubrimiento de la realidad.

EL PAÍS

sábado, 17 de marzo de 2018

Vargas Llosa / Nuevas inquisiciones



Mario Vargas Llosa

Nuevas inquisiciones


17 de marzo de 2018


El feminismo es hoy el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades



Trato de ser optimista recordando a diario, como quería Popper, que, pese a todo lo que anda mal, la humanidad no ha estado nunca mejor que ahora. Pero confieso que cada día me resulta más difícil. Si fuera disidente ruso y crítico de Putin viviría muerto de miedo de entrar a un restaurante o a una heladería a tomar el veneno que allí me esperaba. Como peruano (y español) el sobresalto no es menor con un mandatario en Estados Unidos como Trump, irresponsable y tercermundista, que en cualquier momento podría desatar con sus descabellados desplantes una guerra nuclear que extinga a buena parte de los bípedos de este planeta.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Nabokov / Lolita / Cuatro revistas y una caja de dulces

Evan Rachel Wood
Vladimir Nabokov
BIOGRAFÍA
Lolita, Primera Parte, 33
Cuatro revistas y una caja de dulces

En la alegre ciudad de Lepingville le compré cuatro revistas de historietas, una caja de dulces, una caja de toallas higiénicas, dos tortas, un juego de manicura, un reloj de viaje con cuadrante luminoso, un anillo con un topacio verdadero, una raqueta de tenis, patines, zapatos blancos de talones altos, anteojos largavista, una radio portátil, goma de mascar, un impermeable transparente, algunas prendas de vestir –pantalones de vestir, toda clase de vestidos para el verano–. En el hotel tomamos cuartos separados, pero en mitad de la noche vino a mí sollozando, e hicimos el amor sin prisas. ¿Comprenden ustedes? Lo no tenía absolutamente ninguna parte a donde ir.



DE OTROS MUNDOS

FICCIONES

DRAGON



Nabokov / El beso




Vladimir Nabokov
BIOGRAFÍA
LOLITA
Dominique Swain y Jeremy Irons
Música: "Dream", de Priscilla Ahn



Vladimir Nabokov
El beso


Pero ese jueves reveló una gota de preciosa miel en su pulpa. Haze debía llevar a Lo al campamento casi de madrugada. Cuando me llegaron los diversos ruidos de la partida, salté de la cama y me asomé a la ventana. Bajo los álamos, el automóvil ya estaba con el motor en marcha. De pie en la acera, Louise se protegía los ojos con la mano como si la pequeña viajera ya se alejara bajo el fuerte sol matinal. Pero el ademán resultó prematuro. «¡Apúrate!», gritó Haze. Mi Lolita, que había cerrado la puerta del automóvil y bajaba el vidrio de la ventanilla y saludaba a Louise y los álamos, (a ninguno de los cuales volvería a ver nunca más), interrumpió el movimiento fatal: miró hacia arriba y... corrió hacia la casa. Haze la llamó furiosa. Un instante después, oí cómo mi amor corría escaleras arriba. Mi corazón se ensanchó con tal fuerza que casi estalló en mi pecho. Me sujeté los pantalones del pijama, abrí la puerta y simultáneamente Lolita apareció jadeante con su vestido dominguero, y cayó en mis brazos, y la boca inocente de mi adorada palpitante se fundió bajo la feroz presión de unas oscuras mandíbulas masculinas. En seguida la oí –viva, inviolada– bajar las escaleras. El movimiento fatal se reanudó. La pierna dorada se introdujo en el automóvil, la puerta se cerró –volvió a cerrarse– y Haze, la conductora sentada al violento volante, se llevó a mi vida mascullando con sus labios color rojo-goma palabras enfurecidas e inaudibles. Mientras tanto, sin que ni ellas ni Louise la vieran, la señorita Vecina, inválida, agitaba la mano débil pero rítmicamente en su galería con enredaderas.


Vladimir Nabokov
Lolita, Primera Parte, 15



DE OTROS MUNDOS

FICCIONES

DRAGON




Nabokov / La seducción de Lolita




Lolita

Palabra, cine y seducción

LA SEDUCCIÓN DE LOLITA
BIOGRAFÍA DE NABOKOV


Stanley Kubrick puso su genio particular sobre la obra maestra de Nabokov

Carlos REVIRIEGO | El Cultural, 06/01/2005

Batallando contra las puritanas imposiciones de la censura, Stanley Kubrick convirtió en siniestra comedia negra una obra que le convertiría en cineasta de culto. El Cultural entrega el día 6 de enero de 2005, por sólo 8,95 euros, el DVD Lolita (1962), la primera y más turbadora adaptación de la obra de Vladimir Nabokov, de cuyo guión se encargó el propio autor de la novela.



Como todos los cuentos morales norteamericanos, o al menos los más recordados, el de Lolita termina en tragedia. Esto no es ninguna novedad ni siquiera para quien no haya visto aún la película -un paso previo recomendable para leer la novela-, porque las primeras y violentas imágenes de la versión cinematográfica de Kubrick ya se encargan de dejar las cosas claras: lo que usted verá a partir de ahora es lo que ha conducido a esto, a un maníaco que lo ha perdido todo matando a otro maníaco que le ha robado todo.