El club de los poetas suicidas
NIKA GEORGIEVNA TURBINÁ
Por Sergio Andrés Pérez
12 de abril de 2012
Cada dos años leemos que en Argentina ha aparecido el heredero de Maradona y en Brasil el de Pelé. De tanto escucharlo terminamos por ignorar esas afirmaciones. Sobre todo cuando, invariablemente, terminan por esfumarse a la espera de nuevas promesas. Algo parecido sucede cuando hablamos de niños prodigio, aquellos que en edades muy tempranas manifiestan actitudes creativas impropias de su edad. Lo primero que sentimos, además de sorpresa, es la duda que nos manifiesta pensar que quizá se trata de una casualidad o de una valoración exagerada por nuestra parte. Pocas veces pensamos que los niños prodigio son, esencialmente, trágicos, porque renuncian por un don a su propia infancia.