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jueves, 12 de noviembre de 2015

El caso Gustavo Petro / Cuando la arrogancia nos enceguece


Gustavo Petro

CUANDO LA ARROGANCIA NOS ENCEGUECE, 

EL CASO DE GUSTAVO PETRO


Por Berta Lucía Estrada
16 de marzo de 2012


Durante cerca de 10 años fui funcionaria pública, por eso creo conocer muy bien como la mayoría de las personas que llegan a los altos cargos, bien sea por elección popular o por designación temporal, sufren una transformación que compite con la velocidad de la luz. Rápidamente el poder les hace creer que son seres poco menos que divinos, o al menos que están por encima del pueblo que los ha elegido, por eso olvidan al día siguiente de ser nombrados todas las promesas hechas para lograr el puesto anhelado.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Carla Guelfenbein / Contigo en la distancia / Reseña de Ana Lucía Estrada



Carla Guelfeinbein
CONTIGO EN LA DISTANCIA
Por Berta Lucía Estrada

Hoy hago una breve reseña del libro Contigo en la distancia, de la escritora chilena Carla Guelfenbein (1959), Premio Alfaguara de novela 2015. Pude leerlo gracias a que mi buen amigo Winston Morales Chavarro, más conocido como el poeta Aniquirona de Brucco, me lo hizo llegar por correo; de otra forma hubiese tenido que esperar varios meses para poder comprarlo. Tenía muchos deseos de leerlo, ya que la entrevista que había leído en Arcadia me había interesado:
http://www.revistaarcadia.com/impresa/literatura/articulo/contigo-distancia-carla-guelfenbein/43600
Por otra parte, el acta del jurado dice lo siguiente: “Una novela de suspense literario construida con gran eficacia narrativa en torno a un memorable personaje femenino y al poder de la genialidad. La autora ha sabido entrelazar amores y enigmas con una escritura a la vez compleja y transparente ».
Y para algunas personas se trata de una novela compleja :
https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2015/06/22/contigo-en-la-distancia-de-carla-guelfenbein/
No obstante, debo decir que el libro no me generó mayores expectativas, no me sorprendió ni por su manejo del lenguaje, ni por su estructura narrativa, ni por las historias narradas y por supuesto no me pareció para nada complejo; por el contrario, la trama se decanta sin lograr el suspense que algunas personas han creído ver en ella.
En otras palabras me pareció más bien insulso; no en vano Francisco Solano, de Babelia, titula la presentación de este libro Música de Bolero (El País, 16 de junio de 2015)
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/06/10/babelia/1433947776_149627.html
Una reseña que tritura el libro de Guelfenbein y con la que yo estoy de acuerdo.
Contigo en la distancia es, según su autora, un homenaje a la escritora brasileña, de origen judío-ucraniano, Clarice Lispector. Y si doy este dato es porque la obra está construida en torno a una escritora de culto, Vera Sigall, que se entrelaza con la vida de Lispector, de la abuela de Guelfenbein, también de origen ucraniano, y de la misma autora del libro. En torno a Sigall están su antiguo amante, Horacio Infante, poeta que construyó su fama apuntalado en una mentira, Daniel, el arquitecto y vecino de Vera, y Emilia, la francesa que va a Santiago para estudiar la obra de la escritora Sigall.
No obstante, yo diría que Contigo en la distancia es ante todo un homenaje a Mrs Dalloway, esa gran novela de Virginia Woolf, al menos yo lo considero así, puesto que hay múltiples alusiones a dicha obra, alusiones que saltan a la vista para cualquiera que la haya leído con cuidado.
El libro también me hizo pensar en un libro que disfruté mucho, Olor a rosas invisibles de Laura Restrepo, y en Je l’aimais de la francesa Anna Gavalda, una obra que me parece bastante mediocre, aunque debo decir que en Francia goza de gran renombre.
Contigo en la distancia es un libro malo, más bien pareciera una novela de Corín Tellado, solo que con algo más de trama y con el ingrediente de novela negra; aunque bastante desacertado.
Lo leí sin pasión y si lo leí hasta el final fue para entender porque el jurado le otorgó el premio Alfaguara de novela 2015. Y para ser honesta lo único que logré corroborar es el malestar que me producen los dos grandes premios literarios de España, Alfaguara y Planeta. Desafortunadamente estos dos gigantes editoriales designan premios con el fin de crear autores como si se tratase de una marca, pienso en Adidas o en Nike, por decir algo. Los premios literarios deben ser autónomos, independientes y no deben pertenecer a editoriales, como lo son el Goncourt, el Renaudot, o el Fémina, o el Médicis, premios de gran prestigio literario, aunque no siempre considere que son acertados; pero al menos hay independencia, ya que participan múltiples editoriales francesas. Es el caso del libro Amores de Léonor de Récondo, (Sabine Wespieser Editeur, Paris, 2015), ganador de dos premios de gran importancia en Francia: Premio de los Libreros 2015 y el Gran Premio RTL-Lire 2015.
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/03/30/cuando-los-galardones-literarios-los-ganan-los-malos-libros/
Para terminar diría que otro desacierto del libro es que es bastante extenso. Si Guelfenbein lo hubiese concebido como una nouvelle creo que hubiese ganado bastante. Pero es como una especie de chicle que se alarga y se alarga sin dar elementos nuevos y sin generar nuevas expectativas. Lo único que me quedó es la amarga sensación de haberme equivocado al encargarlo y por lo tanto de haber perdido el dinero que pagué por él.
EL ESPECTADOR


Berta Lucía Estrada

Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua,ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia, Canadá y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry. 

Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua". 
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011. 
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.
Blog personal: Voces del Silencio: http://beluesfeminas.blogspot.com
Columna Fractales: Revista digital Panorama Cultural
http://heroinas.blogspot.fr/2015/04/berta-lucia-estrada-estrada.html
Página de Facebook: 
https://www.facebook.com/bertaluciaestradae



miércoles, 26 de agosto de 2015

Stieg Larsson / Un escritor feminista

Stieg Larsson
Poster de T.A.

STIEG LARSSON, 

UN ESCRITOR FEMINISTA

BIOGRAFÍA


Por Berta Lucía Estrada
24 de julio de 2011

El atentado de extrema derecha, perpetrado por un desadaptado social en Oslo (Noruega), el pasado viernes, me hizo recordar la saga de“Millennium” del escritor sueco Stieg Larsson (1954-2004); la cual leí con verdadero entusiasmo a finales del 2009. Me sumergí en su lectura durante  quince días, lo hice casi sin respirar, alargando para el día siguiente lo que debía hacer inmediatamente, tratando de dormirme más tarde de lo habitual y presa de un estado muy cercano a lo que los drogadictos pueden experimentar cuando la droga no está cerca o cuando están bajo sus efectos.
Larsson falleció poco días antes del lanzamiento de su primer libro, y justo cuando acababa de entregar a su editor el último libro de la trilogía, la cual se compone de los siguientes títulos: “Los hombres que no amaban a las mujeres” (665 páginas), “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (749 páginas) y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” (854 páginas), obra publicada por Ediciones Destino S.A, Barcelona, España, en asociación con Editorial Planeta, Colombia.
Y si bien conocía su obra desde 2006, no fue sino hasta el 2009 que sentí la necesidad de leerla, y aunque he sido muy poco lectora del género negro no me arrepentí de haber emprendido esa loca carrera detrás de los secretos de Lizbeth Salander y de Mikael Blomkvist. La primera, una hacker consumada, poseedora de una memoria fotográfica y de una inteligencia cercana a la genialidad y como si fuera poco underground. El segundo, un periodista que podría simbolizar un quijote contemporáneo, socio de una revista mensual llamada Millennium y que en su defecto podría reemplazar tanto a la lanza del Quijote, como a su maltrecho Rocinante. Mis conocimientos de la literatura policíaca no iban más allá de algunas obras de Agatha Christie, leídas en mi adolescencia, y de Bebé Donge (1945), de George Simenon, leída en un curso de la Universidad de la Sorbona y luego trabajada por mí en la Universidad de Caldas en los cursos que yo dictaba de lengua francesa. Esta última, la leía haciendo un análisis comparativo con una obra excelente, y que no pertenece al género en cuestión, me refiero a Thérèse Desqueyroux (1927), de François Mauriac (Premio Nobel de literatura, 1952).

Noomi Rapace

Millennium, es una obra que atrapa al lector y lo sumerge en un mundo lleno de intrigas, de corrupción a todo nivel, pero sobre todo, es una obra que denuncia la violencia de género. La obra  tiene muchas fallas a nivel narrativo, repeticiones innecesarias y a veces descripciones demasiado largas; pero eso no le resta importancia al libro. Más bien el problema de la versión en español, no hablo sueco, es una traducción no muy bien realizada por Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Me refiero a problemas de sintaxis, a la utilización en algunos casos de una jerga española desconocida en América Latina y a la utilización permanente de ese adefesio español de “ir a por”. Por lo demás, es una obra que se lee sin hacer ningún esfuerzo, algo ideal cuando se ha estado leyendo obras de cierta dificultad intelectual y que nos han llevado a desear, simplemente, “descansar y divertirnos”.
Por otra parte, Millennium,  se sumerge en diferentes terrenos: la corrupción política, los hilos del poder que teje la extrema derecha, el mundo de los grandes empresarios y sus conexiones non sanctas con el mundo del hampa, o bien con los países donde el trabajo infantil no está reglamentado, convirtiéndose así en una moderna y terrorífica esclavitud, cuyos beneficiados son unos pocos hombres de negocios que actúan con toda impunidad, relacionándose con los más altos dignatarios o funcionarios estatales; o corrupción en los estamentos de la policía o en la rama judicial. También encontramos denuncias de corte ecológico o contra la globalización actual. Pero sobre todo, es una denuncia contra el maltrato a las mujeres; llámese trata de blancas, acoso y abuso sexual, disparidad salarial con sus homólogos masculinos, violencia o agresión doméstica.
Y es que Stieg Larsson me ha abierto una ventana a un país que desconozco por completo. A parte de la hermosa obra “El maravilloso viaje de Nils Olgersson a través de Suecia” de Selma Lagerlöf (Premio Nobel de literatura – 1909) o del asesinato del Primer Ministro sueco Olof Palme, en 1986, no sabía nada de ese país nórdico. Siempre que pensaba en él, me imaginaba un Estado del primer mundo, una especie de paraíso donde la cobertura de protección social es una de las más importantes del mundo y con un nivel de vida muy superior a sus homólogos europeos. Pero también con una tasa de suicidios muy alta (es el número 35 de un total de 99 países registrados en un estudio llevado a cabo en 2006), actualmente tiene una tasa de suicidios aproximada de 20 ciudadanos por cada 100.000 habitantes). Pues bien, la lectura de Millennium me mostró un país con un nivel de corrupción, y con una mafia tan bien desarrollados, que uno creería que está leyendo una obra que se lleva a cabo en cualquier región del Tercer Mundo; y por qué no decirlo en la Colombia de Uribe. No en vano la escritora norteamericana Donna Leon ha dicho que todo en Millennium es “maldad e injusticia”. Sin embargo, no dice que tanto Lizbeth Salander como Mikael Blomkvist son dos justicieros que terminan triunfando y derrotando el mal que los acecha o que acecha a sus conocidos. Pero también están la directora de la revista, Erika Berger, una excelente periodista y gerente, o Annika Giannini, la abogada defensora de los derechos de las mujeres, o la policía Mónica Figuerola o la expolicía Susanne Linder, quien trabaja para Dragan Armanskij, el gerente de Milton Security.
Lizbeth Salander, como ya lo había anotado, es una marginal que vive en el anonimato, no se relaciona con nadie, ni permite que alguien le haga daño sin que se arriesgue a una terrible venganza de su parte. Está por fuera del establishment y su presentación personal está a leguas de lo que la sociedad actual considera como “medianamente aceptable”:
“Aquel día Lisbeth Salander llevaba una camiseta negra con la cara de un ET con colmillos y el texto “I am also an alien”. Una falda negra, rota en el dobladillo, una desgastada chupa de cuero negra que le llegaba a la cintura, unas fuertes botas de la marca Doc Martens, y calcetines con rayas verdes y rojas hasta la rodilla. Se había maquillado en una escala cromática que dejaba adivinar un problema de daltonismo”. (Los hombres que no amaban a las mujeres, pág: 62). Fumadora y bebedora de café empedernida, amante de la comida chatarra; como el autor que la creó. Irreverente y huraña, salvaje como una gata montés, autónoma e independiente y una enemiga acérrima de los servicios sociales y de la policía. Por su parte, Mikael Blomkvist, periodista de izquierda, antirracista y luchador de los principios que deben regir una sociedad justa e igualitaria. Gran lector de la novela negra sueca. Profundo feminista, defensor a ultranza de la mujer. Pero también un playboy empedernido, lo que no impide que sea un personaje con el que todas las mujeres sueñan, y me incluyo en ese rango. Creo que si me lo encontrara a la vuelta de la esquina, fácilmente me iría a la cama con él y no es ninguna broma.
Y si bien estos dos personajes son los verdaderos protagonistas de la trilogía, en realidad la obra es un verdadero laberinto de personajes; aunque no los conté, podría decir, sin temor a equivocarme, que pueden ser más de cien. Sin embargo, cada uno tiene bien definida tanto su carácter, como su historia personal. Los hay para todos los gustos, desde el criminal a sueldo, pasando por el traficante de drogas o por el traficante de mujeres raptadas en los países del Este, o por el sádico y psicópata, disfrazado de antiguo espía ruso, o el oscuro funcionario estatal que pone en juego la seguridad de un país con tal de sacar adelante sus intereses personales, hasta los grupos de extrema derecha con rasgos neonazis. Pero también están los personajes que creen en un Estado de Derecho y luchan por su preservación.
Para terminar con esta reseña de Millennium, quisiera hacerle un homenaje a Stieg Larsson, al reconocerlo como un escritor feminista. Incluso el 21 de septiembre de 2009 se le otorgó, a título póstumo, el V premio al trabajo más destacado contra la violencia de género, otorgado por el Consejo General del Poder Judicial de España. “Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio contra la violencia de género del Consejo, ha destacado la aportación del escritor, famoso por su trilogía Millennium: “a la visibilización y denuncia de la violencia contra las mujeres, que se sigue perpetuando en las sociedades actuales, también en las más avanzadas; y por poner de manifiesto que no sólo es deseable sino posible la construcción de una sociedad libre de violencia de género por todos sus integrantes, mujeres y hombres” (ElPaís.com-08/09/2009). El premio fue recibido por la compañera sentimental de Larsson, Eva Gabrielsson, con quien compartió los últimos 32 años de su vida; es decir desde que tenía 18 años hasta el día de su muerte, el 9 de noviembre de 2004.
Y como gran paradoja, no puedo pasarlo por alto, los ideales de Stieg Larsson, con respecto a una sociedad que proteja y respete los derechos de la mujer, están siendo vilmente pisoteados por su propia familia. Tanto su hermano como su padre, herederos de los derechos de autor de la trilogía, se han enfrascado en una batalla jurídica para dejar por fuera a su mujer Eva Gabrielsson. El problema radica en que Stieg Larsson y ella nunca se casaron, y al no tener hijos, las leyes suecas le niegan el derecho a la sucesión. En el 2009, y en solo cinco años que llevaba la trilogía en las librerías, se habían vendido un total de 13 millones de euros. Y en dicho año los Larsson le ofrecieron a Eva Gabrielsson la suma de 2 millones, para que abandonara su deseo de convertirse en una de las legítimas herederas del autor de la saga en cuestión. Y en un gesto, que refleja toda su dignidad como mujer a la que se le están violando sus más mínimos derechos, rechazó la oferta que se le hizo. Un magro ofrecimiento para la suma recaudada hasta el día de hoy, pero sobre todo para la suma que se recogerá en los años que vienen. Es de anotar que la lucha en los estrados judiciales aún no termina.
Nota: Quisiera hacer alusión a la película Millennium 2, dirigida por Niels Arden Oplev y Daniel Alfredson, con guión de Jonas Frikberg y fotografía de Peter Mokrosinski. Con Noomi Rapace, en el rol de Lisbeth Salander y Mikael Nyqvist, en el de Mikael Blomkvist. El largo metraje fue  seleccionado para participar en el Festival de Cine Europeo que se llevó a cabo en Essen y Boshum, en la región alemana de Ruhr, el 11 y 12 de diciembre de 2009. No obstante, a mi modo de ver, Millennium, en su versión cinematográfica, no tiene la misma fuerza que la trilogía escrita por Stieg Larsson.





BERTA LUCÍA ESTRADA
Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua,ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia, Canadá y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Amélie Nothomb / Cuando escribir es sinónimo de fabricar


AMÉLIE NOTHOMB, CUANDO ESCRIBIR ES SINÓNIMO DE FABRICAR

Por Berta Lucía Estrada

23 de agosto de 2015

Hace muchos años conozco el nombre de Amélie Nothomb (Bélgica-1966), pero nunca había sentido deseos de abordar uno de sus libros; sólo lo hice hace dos semanas con su última publicación, Pétronille (Editions Albin Michel-2014). Antes de leer la novela ya había visto la entrevista que le hicieron para el lanzamiento de la obra en cuestión y que corresponde a los 620 libros que hacen parte de la “rentrée littéraire 2014” en Francia. La entrevista me mostró a una mujer, más que enigmática, distante, fría, calculadora; pero sobre todo a una mujer provocadora, tanto por su forma de hablar como por su presentación personal. Es lo que en francés se conoce como une “personne qui dérange” -o sea alguien que incomoda-, en este caso no tanto al status quo, como a la sociedad que lo conforma. Uno podría decir que es una mujer “perturbada”, puede ser así; no obstante, yo me inclinaría por creer que es más bien un papel que representa en este eterno teatro que es la vida diaria, lo que me llevaría a decir que más que una escritora es una eterna actriz en un escenario abierto y gratuito; al menos para aquellas personas que desean explorar un poco sobre las miserias o vidas ajenas. Y es que Amélie Nothomb es una escritora que ha hecho de su vida íntima una puesta en escena permanente, puesto que varios de sus libros son en parte autobiográficos, como si su vida fuese un eterno performance y como si sus lectores fuesen eternos espectadores de su vida, de sus fantasmas, de sus logros o de sus fracasos. Su obra más conocida es Stupeur et Tremblements, Albin Michel, 1999 (Premio de la Academia Francesa y Premio de los Libreros del  Québec); libro que fue llevado al cine en 2003 por Alain Corneau. En el 2007 obtiene el Premio Flore y en el 2008 el de Jean Giono.


Améli Nothomb
Poster de T.A.

En 1992 publicó su primer libro y desde entonces no ha dejado de hacerlo, uno por año, para un total de veintitrés libros hasta 2014, una suma enorme; pero poca si se tiene en cuenta que ha escrito ochenta en total. Amélie Nothomb dice que escribe cuatro libros por año, y que luego decide cual irá a la imprenta. Escribe diariamente, con una disciplina férrea que la lleva a ejercer su oficio en cualquier parte del mundo o en cualquier hotel donde sus actividades literarias la conduzcan. Escribe cuatro horas diarias, sin concesiones y sin cambios en su rutina. Es una escritora amada u odiada, pareciera ser que no despierta sentimientos intermedios; muchos intelectuales le reprochan el éxito editorial que cada libro representa, pero eso no le hace mella, ni tampoco a los miles de lectores que la siguen como si se tratase de una nueva deidad.


Amélie Nothomb
Poster de T.A.

Su último libro, en parte autobiográfico, retrata a Stéphanie Hochet en el personaje de la escritora Pétronille. De todas formas Amélie Nothomb no lo negó en una de las entrevistas que le hicieron para la difusión del libro en cuestión. Ella misma acepta que se basó en su amiga para la creación del personaje en cuestión, y que lo hizo porque muy pocas novelas exploran la amistad entre dos mujeres. El libro es un elogio a la amistad, pero también a la champaña.


Amélie Nothomb
Poster de T.A.

Pétronille no solamente no me gustó sino que me parece un libro bastante malo. No sé si sus otros libros sean mejores, pero no me siento con los deseos suficientes de volver a leer a su autora. Creo que sería perder el tiempo y el dinero. Pétronille no deja de ser un libro exploratorio, es una sumatoria de ideas para ser desarrolladas posteriormente en una novela; pero se queda ahí, en unos bosquejos que no logran hacer ni un cuadro ni un libro. Su lectura, más que aburridora, me hizo entender porque la autora dice escribir cuatro libros por año; entendí que escribe y escribe páginas, pero no escribe ni un solo capítulo de un libro que valga la pena, literariamente hablando.
Amélie Nothomb es más bien el producto de esa aberración contemporánea en que las  casas editoriales han convertido a ciertas “plumas”. Las obligan a escribir un libro por año; aunque sobra decir que a ella no la tienen que obligar a nada puesto que se considera a sí misma como una gran escritora; y por supuesto, muy prolífica. Pero escribir no es sinónimo de sacar a la luz todas las “supuestas genialidades” que imagina un autor determinado. En otras palabras yo diría que Nothomb es una gran farsa y un gran engaño. Pero por supuesto, es sólo mi opinión, en ningún momento pretendo que sea una verdad revelada. Esa es la magia de la literatura, no hay verdades absolutas, por lo que cada lector tiene su propia verdad.


BERTA LUCÍA ESTRADA
Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua,ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia, Canadá y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.


Ingrid Betancourt / La linea azul


LA LINEA AZUL DE INGRID BETANCOURT

Por Berta Lucía Estrada
En noviembre de 2010 el libro No hay silencio que no termine, de Ingrid Betancourt, me dejó con la certeza que era una obra muy bien escrita, en la que se sumergía en el laberinto de la condición humana. El libro narra la miseria en la que solemos ahogarnos cuando el poder, o las ansias del mismo, se apodera de nosotros. Creo que nadie más podrá describir el horror del secuestro como lo hizo ella; tampoco creo que sea fácil igualar la descripción del descenso a los infiernos que vivió en los siete largos años de su cautiverio por parte de la guerrilla, más que anacrónica, de las FARC.
No obstante, la lectura de su tercer libro, La ligne bleue (Ediciones Gallimard 2014) no me causó la misma impresión. También es cierto que un autor no tiene que repetir las emociones o las impresiones que se han tenido con respecto a una obra anteriormente publicada; pero al menos uno creería que si debería de tratar de superar la calidad literaria, o al menos igualarla. Y no es éste el caso, aunque por supuesto, es sólo mi apreciación, lo cual no significa que a otra persona pueda parecerle excelente
La línea azul es un libro que no suscitó en mí ningún interés, como no fuera el leerlo hasta el final para poder decir porque no me había gustado. Ni siquiera me preocupé por subrayar una frase, o por escribir alguna nota al final del libro, como suelo hacer la mayoría de las veces. Es un libro que se pierde en una maraña de tiempos que a mi parecer sobraban. Es como si la autora se hubiese sentado al frente de un rompecabezas ya armado, y luego hubiese separado pieza por pieza para volverlo a armar según su propia visión del panorama original. Creo que si hubiese utilizado la narración en primera persona, el resultado hubiese sido mucho mejor. Pero mezcló la historia, el testimonio y la ficción en una licuadora, y luego olvidó pasar la mezcla por el cedazo. Y no digo que eso no pueda hacerse, pero el resultado en este caso es bastante malo. El lenguaje de No hay silencio que no termine, su enorme riqueza, se diluye en La línea azul.
La lectura del libro en cuestión me hizo pensar varias veces que su escritura podría haber sido a cuatro manos, ya que cada vez que Ingrid Betancourt trata de hacer ficción deja atrás la calidad estética de No hay silencio que no termine. La parte histórica, concerniente al retorno de Perón y al coletazo de terror que llegó con el dragón bicéfalo de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina), hace parte de los capítulos que se salvan de esa maraña que trató de tejer. Y cuando digo que pudo haber sido escrito a cuatro manos me refiero a una práctica muy común en Francia, imagino que pasa igual en cualquier país, y es la figura del escritor negro. Palabra bastante racista por supuesto, con la que se denomina al escritor desconocido y pagado por la editorial; o sea, es el escritor que se encarga del libro que luego será publicado con el apellido de un escritor famoso, lo que garantiza el éxito editorial, al menos el éxito pecuniario.
Siempre he creído que a muchos autores les publican por su nombre, porque pertenecen a una red privilegiada en la que las mejores casas editoriales se pelean por sacar un libro con su firma, sin importar la calidad literaria del libro que sale al mercado; y éste podría ser un caso fehaciente de este mercado editorialista, en que lo que cuenta es la posibilidad de obtener grandes ganancias en desmedro de la calidad estética de la obra publicada. E Ingrid Betancourt aparentemente cayó en las redes que prostituyen el oficio literario. Muchos dirán que un escritor necesita ganar dinero, pero no creo que sea su caso. Se ha dicho que No hay silencio que no termine le habría dado ganancias más que exorbitantes, así que esa disculpa no sería válida en este caso.
La línea azul,  probablemente será un bestseller, pero no pasará a la historia de la literatura como una obra de calidad. También es muy posible que luego sea llevada al cine, o a la televisión, de eso no me cabe la menor duda; y a lo mejor el resultado sea bastante bueno, ya que si bien es un novelón barato, como guión cinematográfico no está mal.
No obstante, hay un aspecto que quiero resaltar de La línea azul, y es el cambio político que ha tenido su autora. Cuando Ingrid Betancourt fue liberada agradeció hasta el delirio a Álvaro Uribe. No le faltaba razón. Pero sus palabras siempre fueron de elogio por su figura, sin que hubiese mediado un análisis crítico de los terribles años de su mandato. Si No hay silencio que no termine era una obra en la que pone en evidencia el infierno de las FARC, su podredumbre, el terror que impera en sus filas, la pesadilla de caer en sus garras, el nepotismo, la ignorancia, el fanatismo y la ceguera, en La línea azul nos muestra que esa condición infrahumana, de una izquierda anquilosada que repite los mismos crímenes de  Stalin, es la misma ideología disfrazada de extrema derecha. Es la ideología de un Mussolini, de un Franco; tan caras a las dictaduras de los años 70 en el Cono Sur. La línea azul me hizo entender porque Ingrid Betancourt se alejó de Uribe,  y que se dio cuenta que él no podía retornar al poder bajo la máscara de muerte de su escudero Oscar Iván Zuluaga; lo que seguramente contribuyó en su aceptación tácita al proyecto de paz de Santos. Postura que no dejo de aplaudir, ya que constato que recobró la cordura, y que estos años de libertad le han servido para analizar la política en Colombia.

BERTA LUCÍA ESTRADA
Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua,ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia, Canadá y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.


Berta Lucía Estrada / Yasmina Khadra e Ingrid Betancourt


YASMINA KHADRA 
E INGRID BETANCOURT
Por Berta Lucía Estrada


Yasmina Khadra (jazmín verde), es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul (1955). Khadra vive actualmente en Aix-en-Provence y su obra literaria ha sido escrita en francés, no sólo porque nació cuando Argelia era aún una colonia francesa, sino porque cuando estaba en el colegio el profesor de árabe criticaba y rechazaba su forma de escribir y el de francés lo estimulaba y apoyaba; por lo que desde entonces escribir en dicha lengua se convirtió en algo natural. Es de anotar que Yasmina Khadra fue galardonado con el Gran Premio de Literatura Henri Gal 2011, concedido por la Academia Francesa, por el conjunto de su obra literaria.


Hace algunos años compré uno de sus libros, Las Golondrinas de Kabul, pero como muchos otros ha estado en la estantería de mi biblioteca esperando su lectura, ya que soy una compradora un poco compulsiva; así que a veces los libros me esperan algún tiempo para ser leídos. Y esta semana volví a encontrarme con el autor en cuestión al adquirir L’équation africaine (Éditions Julliard, Paris, 2011). Si bien al principio pensé que me encontraba frente a una pequeña joya sobre la condición humana, poco a poco este sentimiento fue cediendo, hasta tener la impresión de estar leyendo un bestseller y al final creí estar viendo una telenovela colombiana, de esas que hacen llorar a medio país varias veces a la semana. Pero sobre todo, tuve la impresión que el tema había sido escogido gracias a No hay silencio que no termine de Ingrid Betancourt. El libro de Khadra narra el secuestro de un médico alemán y de su amigo, un empresario que dedica parte de su fortuna personal a la ayuda humanitaria, por parte de una banda de rebeldes sin causa de Somalia.

Ahora bien, si hay un aspecto que resalto del libro de Betancourt, es la discreción a la hora de mostrar el horror al que se vio enfrentada; es un velo de pudor que mitiga lo que podría ser un cuadro dantesco. En cambio, en Khadra ese pudor es inexistente; más bien se tiene la impresión de ser un observador de primera fila en un circo romano del siglo XXI. Su libro es bastante realista, como si aún estuviese escribiendo para lectores decimonónicos. Pienso que la gran diferencia es que mientras que Ingrid Betancourt experimentó en carne propia siete años de infierno, Yasmina Khadra sólo ha imaginado lo que puede ser el descenso a los infiernos. Su lenguaje es cruel, despiadado, descarnado, no disfraza las palabras. Y si bien el Dr. Kurt Krausmann, el personaje principal, aprende a conocerse a sí mismo a medida que sobrevive al terror, a la manera de un viaje simbolista, un viaje al interior de sí mismo; el autor se pierde al regodearse en pequeños detalles de golpes y sangre. Sobra decir que la lectura de L’équation africaine no me produjo mayores sensaciones, más bien me dejó fría y en algunos pasajes más bien me produjo desagrado.



“No hay silencio que no termine", es un verso de Pablo Neruda, que pareciera que hubiese sido escrito para darle un título al libro de Ingrid Betancourt. Confieso que no he sentido ningún deseo de leer los testimonios que desde hace algún tiempo están apareciendo en las librerías colombianas, supuestamente escritos por las personas que han sufrido el oprobio del secuestro. No obstante, la entrevista de Héctor Abad Faciolince a la autora, y su comentario lúcido, como todo lo que él dice o escribe, que se trata de una verdadera obra literaria, me sembró el interés por su lectura, el cual se incrementó con el artículo de Santiago Gamboa; entrevista y comentario publicados por la prensa en el segundo semestre de 2010. Lo leí despacio, tratando de sumergirme en el horror descrito en las 689 páginas de Même le silence a une fin, Editions Gallimard, 2010. Lo leí en francés, ya que las traducciones rara vez son fieles a las obras originales.

Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas. La primera fue una gran admiración por su valentía; me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. También seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias, además de ser un acto de sensatez en un país de doble moral como es el nuestro. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando regresé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.

No hay silencio que no termine es un libro muy bien escrito, con una gran riqueza de lenguaje, que muestra el gran dominio que Ingrid tiene del francés. Tuve la sensación que la autora quiso utilizar un filtro que la protegiese de los recuerdos del cautiverio, no hay que olvidar que la lengua materna de Ingrid Betancourt es el castellano; así que al filtrar las palabras en un idioma que es más lógico que el nuestro, aunque sea también de origen latino, permitió que el dolor se atenuara. Ese filtro, al llegar a mí, volvió a operar. Lo leí con sangre fría, antes de leerlo creí que iba a llorar, que me iba a estremecer pensando en la ignominia que le había tocado enfrentar y a la cual yo jamás podría sobrevivir. Pero no, no lloré, ni se me puso la carne de gallina. El velo que Ingrid utilizó para no exponer su dolor en una vitrina como si fuese una herida supurante, sino más bien como un velo de una textura fina, cuyo material es el pudor, le permitió mostrar la adversidad y el delirio humano. Pienso que esa es la gran estrategia literaria que hace que su libro no sea un simple testimonio de una víctima, sino un libro sobre la condición humana.

No hay silencio que no termine nos muestra la vileza en toda su dimensión. Es un fresco de las bajezas y de la humillación, a las que somos capaces de llegar cuando la frontera entre la razón y la locura se hace tan tenue como una simple vara en la que caminamos como funámbulos. Pero también es el fresco del deseo de poder que puede apoderarse de nosotros cuando somos incapaces de ver en el otro a un ser humano con nuestras mismas debilidades, necesidades, angustias. Estoy convencida que para las FARC este libro es un golpe enorme, como si se tratase de un bombardeo de gran magnitud; puesto que nos muestra que todo el supuesto argumento “revolucionario” y “los deseos por una sociedad más justa y equitativa” son una gran falacia en el corazón de una guerrilla que hace tiempo está en los estertores de una enfermedad terminal, pero que por una u otra razón, se niega a morir; aunque todos conocemos la verdadera razón, sabemos que el narcotráfico, la guerra y las ganancias, con multitud de ceros a la derecha, evitan que haya una luz al final del túnel.


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BERTA LUCÍA ESTRADA
Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua,ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia, Canadá y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.