José Revueltas
VIRGO
Si ella lo supiera sin duda me condenaría,
pero ante todo por su sufrimiento: sufre por esto, porque no tengo conciencia,
porque me abandono y soy capaz de padecer por la menor cosa, ante lo más insignificante que vea. En la calle central
de este pueblo horrible, un pueblo de petróleo, iluminado por las llamas de la
tierra, camino del burdel, me ha detenido una vieja gitana. No pude rechazar,
casi por tristeza, su rostro maligno, su estúpida persuasión, su insistencia
desoladora. Algo me dijo sobre lo que examinaba en mi mano. Por supuesto, decía
mentiras. Ignoraba que yo fuese a venir, que me dejara arrastrar de tal modo
por esa inercia que me invade ante lo que juzgo malo y que me tienta hasta el
vencimiento y la dicha.
