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domingo, 14 de agosto de 2022

Ivan Thays / Escribir es una revolución


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Salman Rusdhie sin guardaespaldas


"Escribir es una revolución"

Por:  23 de mayo de 2012

El 6 de mayo pasado, Salman Rushdie cerró el PEN World Voices Festival de Nueva York con una exposición sobre el dramaturgo Arthur Miller. Entonces habló sobre la censura. Dijo: los escritores están dispuestos a hablar sobre editores y críticos, sobre cuánto ganan, sobre chismes de otros escritores, sobre política y sobre amor, incluso sobre literatura, pero jamás sobre la censura. Discuten sobre la creación sin percatarse de que la censura es la anti-creación, la energía negativa, lo increado o, en un juego de palabras: "the bringing into being of non-being" (lo que podría traducirse como la puesta en ser del no-ser). No hay que quedarse callados sobre eso.

viernes, 17 de abril de 2020

Iván Thays / Premiar a Rubem Fonseca

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Premiar a Rubem Fonseca

Por 
03 de octubre de 2012

He tenido la suerte de leer, por primera vez, dos veces a Rubem Fonseca. 
La primera fue cuando compré un volumen suyo de cuentos escogidos publicado por Alfaguara. No recuerdo en qué país encontré el libro pero sí que no fue Lima, donde nunca se vendió. Conocía la serie de libros (tenía los volúmenes dedicados a Ribeyro, Onetti y Cortázar) pero no al autor. Algo en la carátula me llamó la atención. Las carátulas de las obras completas -o escogidas- que editaba Alfaguara eran montajes de objetos en torno a una fotografía del autor. Creo que en la de Fonseca había una soga. Pero no fue eso lo que me atrajo sino su rostro. Un rostro duro, serio, aunque en medio de esa dureza había, sin lugar a dudas, espacio para la ironía. Leí el libro de inmediato (ah, aquellos años en los que uno compraba un libro, los sacaba de la bolsa y los leía minutos después... ahora, casi siempre pasan de la librería a mi librero con apenas una ojeada) y lo primero que comprendí fue que el rostro aquel encajaba muy bien con los cuentos. No siempre sucede. Eran relatos duros pero con sentido del humor. Eran crueles, lacónicos, irónicos, incluso nihilistas o misóginos, pero nunca parecían escritos por un hombre amargado o destruido. La prosa de Rubem Fonseca, al igual que sus historias, nacían de un autor que conocía perfectamente el mundo que contaba y podía moverse muy bien en casas de ricos o en barrios desconchados. Era una prosa oscura pero más vital que la mayoría de libros que había leído entonces. Lo que más me sorprendía -y me alegraba, en realidad- es que Rubem Fonseca era un autor brasileño pero sin el exotismo que se nos vende: ni carnaval ni sertón. Uno de los primeros libros que leí en mi vida (hablamos de 10 u 11 años) fue una antología de cuentos brasileños donde no recuerdo que hubiese alguno de Fonseca, pero sí dos cuentos que se me quedaron grabados. Aquel de Clarice Lispector sobre el cumpleaños de una nonagenaria que escupía en medio de su sala, y uno tristísimo de Lygia Fagundes Telles titulado "Antes del baile verde", si no me falla la memoria. Fuera de eso, Brasil era todo hambre, caminantes y sertones, o país de clavo y canela, playas, caipiriñas, samba, zunga, Pelé, verde y amarillo, corsos, serpentina, carnaval, alegría; en fin, cosas de ese tipo que un fóbico social como yo detestamos. No podía hacer coincidir los relatos de Lispector y Fagundes con el país o mais grande do mondo que veía agitar panderetas y culos durante los mundiales de fútbol y en las fogosas novelas de Jorge Amado. Hasta que leí a Fonseca y supe que ese Brasil "antes del baile verde" seguía existiendo y que alguien hablaba de él.
Algunos años después, en una mudanza, encontré un libro con un título que me había llamado la atención en un remate de libros y que lo compré sin saber quién era el autor ni de qué trataba el libro. Se titulaba Pasado negro y su autor era también Rubem Fonseca, pero entonces no supe hacer coincidir al novelista con el cuentista que me había maravillado antes. Luego me enteraría de que el título era una traducción equívoca de Bufo & Spallanzani y que ya había leído al autor; en aquel momento solo podía decir que me encontraba ante un descubrimiento, un autor genial, un brasileño que estaba reinventando la novela social convirtiéndola en una novela policial donde los grandes temas eran tocados de soslayo pero sin dejar de ser contundentes. Se trataban temas complejos del Brasil contemporáneo pero superando las pretensiones sociológicas o políticas gracias a una escritura hecha con los nervios, con los músculos y con el estómago. Cuando después leí la novela Agosto ya había logrado hacer coincidir en mi mente a los dos Fonsecas, y así supe que estaba ante un autor fuera de serie en todo sentido. No dudé en recomendarlo muchas veces en mi programa de TV ni dejé de comprarme y leer todos los libros que conseguía de él, incluso los que me gustaron menos, como los últimos que ha publicado. 
Existen autores extraordinarios que construyen murallas infranqueables alrededor de su obra, debido a su complejidad estructural y sus exhibidos conocimientos políticos, históricos y culturales. Existen otros autores, también brillantes, que rompen esos muros de contención y muestran al futuro escritor que cualquiera que tenga algo que decir puede decirlo. Solo basta con cumplir con aquello que Manuel Puig llamaba "ser un testigo privilegiado". O sea, tener algo que decir y las agallas para hacerlo sin someterte a nada, salvo a tus propios principios. No me extraña que su enorme influencia en Brasil -un escritor que acabo de leer y admirar, Luiz Rufatto, admite estar influido por él, por ejemplo- haya traspasado la frontera y ahora muchos escritores latinoamericanos reconocen su ascendencia, incluso sin necesidad de escribir dentro del género policial tan apreciado por Fonseca.
Junto a Camilo Marks, Martín Caparrós, Carolina Rivas y Roberto González Echevarría, nos reunimos la semana pasada en Santiago de Chile para entregarle el primer premio "Manuel Rojas" -un escritor chileno anarquista afín al espíritu del brasileño-, organizado por el Consejo de la Cultura y las Artes y la Fundación Manuel Rojas, a Rubem Fonseca. La vida da muchas vueltas y aquel lector desprevenido e ignorante, que tuvo que descubrir dos veces a un mismo autor y que, desde entonces, no dejó de recomendar a sus amigos que leyesen a Fonseca, ha tenido el inigualable honor de elegirlo entre otros candidatos de enorme valor. ¿Qué más puedo pedir? Solo releer a Rubem Fonseca. Cuando estamos ante un autor de esa categoría, siempre queda la feliz posibilidad de volver a descubrir a quien ya hemos descubierto muchas veces antes.




jueves, 22 de marzo de 2018

Iván Thays / Cuando los escritores se jubilan


Foto de Manel

Cuando los escritores 

se jubilan

Por: Iván Thays 
21 de noviembre de 2012
"Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación." Juan Carlos Onetti.
Voy a ser breve ¿Puede un escritor jubilarse? ¿Le está permitido? Cuando era adolescente y quería ser escritor, o mejor dicho quería escribir simplemente, leí esa frase de Juan Carlos Onetti y me sentí condenado a ese placer y vicio. Asumí entonces que esa condena era perpetua, que no podría escaparme de ella. Por más que hay meses enteros, o años, en que no he escrito, sé que siempre estará esperándome el libro que hay dentro de mí. No tengo prisa. Escribo para mí. Para mi placer.

miércoles, 28 de enero de 2015

Julio Ramón Ribeyro / Cuentos de circunstancias


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Julio Ramón Ribeyro 

Cuentos de circunstancias

Por  
El País,  27 de junio de 2012
Ribeyro vivió en París durante la época del Boom literario, coincidió con todos los escritores célebres de esos años y ninguno le mezquinó una palabra de elogio. Sin embargo, es uno de los "olvidados" del Boom, quizá porque la fama siempre le fue esquiva o porque, al contrario, fue él quien esquivó a la fama debido a su personalidad anti-Boom: no solo era discreto, inseguro y con una gran "tentación al fracaso" sino que, además, era muy silencioso. El silencio -salvo excepciones- no se lleva bien con el éxito. El escritor peruano regresó a Perú unos años antes de su muerte. Se compró un departamento frente al mar y se rodeó de amigos, cómplices literarios. Además, descubrió que aquí lo admiraban muchísimo: en un homenaje que le brindó una municipalidad, el público que se quedó fuera del recinto lo obligó a mostrar su afilada figura y saludar desde el balcón municipal bajo el coro "Ribeyro es del pueblo". Muchas veces lo vi caminando por el malecón de Barranco; por entonces yo dictaba cursos en un instituto que quedaba frente a su edificio. Su timidez se mezcló con mi propia timidez y nunca me acerqué a agradecerle sus obras. Ahora me arrepiento. Cuando Ribeyro murió había recibido, meses antes, el premio de la FIL Guadalajara, cuando se llamaba "Premio Juan Rulfo". No llegó a recogerlo, pero sí pudo disfrutar que celebraran su calidad también fuera del país.
Aunque la obra de Ribeyro que prefiero son los fragmentos, ideas y aforismos reunidos en Prosas apátridas, sin duda fue un cuentista prolífico que redactó algunas piezas memorables. El espíritu de la Euro2012 me ha poseído, así que dejo aquí un once titular: mis once cuentos favoritos de Julio Ramón Ribeyro. Una guía para no iniciados.

martes, 27 de enero de 2015

Juan Cruz / Egos revueltos


Egos revueltos

Se dice que los escritores desayunan egos revueltos. Pero, ¿podrían escribir sin ego? El ego los defiende del principio de incertidumbre (nadie te quiere, nadie te va a leer), está en su naturaleza. No es una enfermedad, es parte de su ser. Su desayuno.




A finales de los sesenta, cuando ya estaba a punto de morir, el viejo poeta Ezra Pound aceptó encontrarse con algunos colegas suyos que querían tocarlo, sin duda para contarlo. Entre ellos estaba el mexicano Homero Aridjis, que les sobrevive a todos, y que fue quien contó esta anécdota.
Ezra Pound no quiso hablar; estaba mustio desde hacía años, vivía un difícil exilio interior, no soportaba la palabra, y no soportaba a sus colegas, que le rodeaban para llevarse alguna reliquia, una palabra, un mirada. Junto a él, en la actitud de adoración lírica que suele darse en estos casos, Octavio Paz, Allen Ginsberg, Charles Tomlinson, Aridjis. Estaban en Spoletto, Italia, acababan de asistir a la representación de Don Giovanni, de Mozart, con escenografía de Henry Moore, y todos querían excitar al maestro con sus historias.
Octavio Paz se identificó a sí mismo, a su modo: "Yo soy Paz". Ginsberg le cantó una mantra, para entretenerlo, Tomlinson le recitó poemas, y el propio Aridjis le habló de un músico, Gerhard Munch, que había sido amigo del poeta, que mantenía un silencio introvertido, hosco. A todos les respondió con silencio, un silencio pesado e incómodo que la historia de cada uno de ellos, con la excepción de Aridjis, convertiría en una conversación inolvidable.
Y en efecto, unos meses después, Ginsberg, Paz, Tomlinson, cada uno escribió sobre lo que que Pound les dijo aquel día en que compartieron la gloria de hablar con el poeta vivo más importante del momento. "Y yo no escribí, fui la excepción", nos dijo Aridjis, "pero tuve la tentación de escribir para decir que lo que allí hubo fue silencio, y nada más".
Aridjis nos lo contó cuando le preguntamos sobre el ego de los escritores. Los escritores se juntan muchas veces para medirse, y si se miden con la altura se sienten altos; en la costumbre de nombrar (a escritores importantes, a políticos, a artistas) hay también un egocentrismo que cultiva muchísima gente, pero que los escritores animan selectivamente: se es más, se piensa, si se está con quien es más.

viernes, 24 de octubre de 2014

Iván Thays / El Nobel no es para hipsters

Phiulip Roth
Ilustración de Andrea Ventura

El Nobel no es para ‘hipsters’

Murakami es el Di Caprio de los premios. Da que hablar que tampoco este año ganara Roth



Haruki Murakami, fotografiado en 2011 en el Palau de la Generalitat de Cataluña.ar
El Premio Nobel de Literatura para Patrick Modiano no fue una sorpresa para quienes fuimos testigos de su ascenso en la casa de apuestas de Ladbrokes, pero sí fue un nido de avispas en las redes sociales con mucho contenido de interés. Pierre Assouline, siempre acertado y maléfico, escribió un post en su blog La République des Livres donde ironiza que esta luz mediática haya ido a caer sobre un fóbico social como Modiano, que tendrá que hacer un discurso para millones de espectadores en Estocolmo cuando él apenas se maneja bien con un auditorio de tres personas. Eso sí, no es mezquino: celebra que un autor de obra compacta se lo haya ganado y tenga más lectores, aunque rechaza que la Academia repita el cliché de "un autor sobre la Ocupación", que le parece una lectura muy frívola de la obra compleja del nuevo Nobel.
Por otra parte, el llanto porque no lo ganó Philip Roth ha originado excelentes comentarios y post. Confieso que soy de los que tiran una lágrima por Philip. El post de Hillary Kelly en New Republic titulado Cinco pasos para conseguir ser ignorado en los premios Nobel es imperdible. Nos recuerda que Roth es un genio y no necesita un Nobel para enterarnos de eso; que los premios no son un campeonato de fútbol ni una olimpiada para nerds, sino un buen momento para conocer autores; y finalmente, que le gusta saber que cuando cada año piensa que los buenos libros se han acabado, aparece el desconocido de siempre ganando el Nobel para recordarnos que eso no es así.
Lo de Murakami es cosa seria. Más allá del chiste de que Murakami es el Di Caprio de los Nobel (aunque a este paso, Di Caprio terminará siendo el Murakami de los oscars), la gente se ha puesto muy violenta con su nominación. Quieren que se termine de una vez la pesadilla. O lo gana o no lo gana, pero basta de hacer sufrir a los amantes de los gatos, las maratones y las chicas hermosas con superpoderes. En la página online Jotdown escribe Josep Lapidario un tibio, casi insípido, a favor de Murakami como respuesta a la bomba activada que dejó, en la misma página, Lara Hermoso y su carta abierta a la Academia sueca explicando por qué Murakami nunca debe ganar el Nobel. Resume así su argumento: “Una voz masculina que narra, en primera persona, un triángulo amoroso, un corazón roto, un amor que permanece por encima del bien y del mal y de la vida y la muerte. No es una canción de Alejandro Sanz, es lo que pasa en todos los libros de Murakami”. Y encima dice que los gatos son las mascotas de los hipsters, así que nada, que la Academia no se ande con boberías y deje a Murakami para los MTV Awards o algo así. Maligna.
Hablando de premios, fue muy comentada la shortlist de los National Book Award. En ficción está muy apretada la pelea, pero parece queLila de Marilynne Robinson se proyecta como favorita, pero por muy poco. Este 19 de noviembre conoceremos el nombre de la ganadora o ganador, en todas las categorías.
Y finalmente, el tumblr de Bookriot no tiene desperdicio: el outfit de tus novelas favoritas. Es Bookriot y presenta la tenida completa para leer El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, donde predominan los colores violeta africano, gris y accesorios como pernos de calaveras, brazalete de marfil, pendientes con la silueta de África, un anillo de cadenas de esclavos y unas sandalias Congo. El atuendo incluye una bufanda de seda para espantar el calor y los mosquitos.




sábado, 4 de octubre de 2014

Iván Thays / Conversaciones digitales

Milan Kundera

Conversaciones digitales

En octubre, mes del Nobel de Literatura, las apuestas dan como favorito (otra vez) a Murakami

La literatura boliviana ha crecido de forma inusitada en la última década



Haruki Murakami es favorito en las casas de apuestas para ganar el Nobel de Literatura.
En un encuentro de escritores en Sevilla, escuché a Roberto Bolaño decir que si tiraban por la ventana a Edmundo Paz Soldán se acababa la literatura boliviana. Era 2003 y el exabrupto parecía justificado. Más de diez años después, la literatura boliviana ha dado signos de crecimiento inusitado. Por eso, no resulta extraño que el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA) celebrado la semana pasada tuviera como país invitado a Bolivia con cinco autores: Paz Soldán, Liliana Colanzi, Maximiliano Barrientos, Wilmer Urrelo y Christian Vera (a ellos podría añadirse como mínimo los nombres de Rodrigo Hasbún y Giovanna Rivero). El FILBA se ha descentralizado y abarca Buenos Aires, Santiago de Chile y Montevideo, y es tendencia en las redes sociales de América Latina, una vez pasados los centenarios de Nicanor Parra y Adolfo Bioy Casares, que coparon las redes la primera quincena de septiembre. Además de los bolivianos, hay que resaltar la presencia en el FILBA de autores como Nir Baram (Israel), Philippe Claudel (Francia), Timo Berger (Alemania) o Enrique Vila-Matas.
Por otra parte, ingresando en octubre, el mes del Nobel, es imposible no atisbar qué ocurre en la casa de apuestas Ladbrokes. En la primera lista, con solo 20 autores, Haruki Murakami encabeza las preferencias (como sucede desde hace tres o cuatro años) seguido de autores poco conocidos en castellano como Ngugi Wa Thiong’o, Assia Djebar o Svetlana Aleksijevitj. Es interesante que Milan Kundera aparezca entre los 10 primeros, cuando habitualmente estaba en media tabla. Sin duda, la publicación de su nueva novela después de tantos años ha agitado el avispero. Pero, como en toda apuesta, las casillas se mueven muy rápido y las redes estarán pendientes de qué nombres bajan y suben, imprevistamente, aunque sí hay algo predecible: los fanáticos de Murakami quedarán decepcionados porque nada hace indicar que sea el ganador este año.

martes, 31 de diciembre de 2013

Iván Thays / Mi balance literario del 2013




Mi balance literario del 2013

Por 
El País, 30 de diciembre de 2013
Balanza
Foto: El Bibliomata
No he alcanzado a leer ni un centenar de libros este año, por lo que este balance es obviamente incompleto y no pretende tener esa naturaleza de “carrera de caballos” que comparten las listas de Lo Mejor del Año. De todos modos, quería decir algo sobre mi 2013 literario, un año lleno de descubrimientos y de mucho trabajo.
Los mejores libros publicados 2013
1.- Canadá de Richard Ford (Anagrama)
2.- Así es como la pierdes de Junot Díaz (Mondadori)
3.- Gallinas de madera de Mario Bellatin (Sexto Piso)
4.- Esto no es una novela de David Markson (La Bestia Equilátera)
5.- Esquirlas de Ismel Prcic (Blackie Books)
La revelación del año: Nostalgia, de David Markson, publicado en el 2012 y que leí en enero de este año. Su lectura me devolvió la fe en la capacidad de la ficción para insertarse en el mundo y convertirlo en un lugar diferente. Dejé constancia de mi admiración en este enlace y en esta reseña.
La decepción del año: Aunque hace años dejé de ser un fan de Murakami, el cariño que le tengo a Tokyo Blues siempre me lleva a darle una nueva oportunidad. Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets) no es una novela pretenciosa ni fallida, como otras suyas, sino una novela sin fuerza, sin exigencia, absolutamente innecesaria incluso en el irregular conjunto de su obra.
El evento del año: Este año asistí al Congreso de las Academias de la Lengua en Panamá y fui blogger de este evento. Escuché conferencias interesantes, discusiones que pensé que a nadie le interesaba, no solo sobre el futuro de la lengua sino también sobre su pasado. Fue una experiencia impresionante para un no académico como yo, que agradezco.
Lo feo del año: La muerte del editor Gonzalo Canedo precipitó la desaparición de la editorial Libros del Silencio y cerró una puerta maravillosa para publicar autores desconocidos, y rescatar autores extraviados. Hará falta.
La editorial del año: Este año me he puesto al día con el catálogo de la editorial Blackie Books, que empecé a conocer gracias a La pesca de la trucha en América de Richard Brautigan. Un catálogo estupendo, repleto de riesgos, la mayoría de ellos exitosos. Y el buen gusto de la edición es impecable.
El escritor del año:  Alice Munro. Este año el premio Nobel no solo devuelve el estatus al cuento sino que reconoce a una autora retirada de la celebridad literaria, que había anunciado su retiro, dedicada al ejercicio literario como una misión de vida. Una decisión inapelable que alegró a la mayoría (a diferencia de la discusión que ocurrió con el Nobel 2012 a Mo Yan).
La pérdida del año: Aunque todas las muertes son lamentables, la muerte del exquisito Álvaro Mutis ha calado en el mundo literario de nuestro idioma. Irremplazable.
El blog literario del año: Desde hace años considero a Ricardo Baduell como el mejor lector que conozco. Su análisis literario es penetrante y puede desarmar y reconstruir una obra desde sus cimientos, con inteligencia y buen gusto. Este año me hice adicto de su blog "Refinería literaria" donde las reflexiones literarias, sobre el arte o culturales, se entrelazan con las personales. 
Finalmente: Como en el 2013, este año también quiero agradecer a todos los lectores de "Vano Oficio", y a la gente del diario "El País" digital, que sigue confiando en mí pese a que el blog estuvo varios meses congelado. Un abrazo y feliz 2014. 





miércoles, 5 de diciembre de 2012

Ivan Thays / Los 21 libros del 2012


Los 21 libros del 2012

Por  05 de diciembre de 2012
Debo admitir que me encantan las listas. Sé que son arbitrarias, que al fin no son significativas, que apenas sirven para levantar el ego de algunos y desinflar el de otros. Pero me gustan. Me siento como el personaje aquel de Alta fidelidad que, en plena crisis, se pone a hacer una lista. Los medios anglosajones suelen hacer sus listas en noviembre, apenas termina el Día de Acción de Gracias. Por esas fechas, España y América Latina recién se animan a lanzar sus novedades más atractivas. Hay que prestar atención a las listas de los diarios anglosajones, traen la promesa de futuras traducciones. Este año, McEwan, Banville, Rushdie, Junot Díaz no consiguieron mayor repercusión y apenas fueron mencionados. Las mujeres, Hilary Mantel, Zadie Smith y Alice Munro, en cambio, tuvieron mayor fortuna.
Si hablamos de listas de libros, confieso que prefiero las de un autor o reseñista  particular antes que la de un staff de colaboradores, y muy por encima de esas listas interactivas tan de moda actualmente, que favorecen a los que tienen más votos; listas de popularidad donde no existe ninguna capacidad crítica, en consonancia con la generación I Like. Al menos cuando la lista pertenece a un autor o un reseñista se puede juzgar sus gustos, que son explícitos y tienen el contexto de todas sus opiniones anteriores, y uno sabe a qué atenerse. Con las listas I Like la sospecha es lo primero que se impone. Ser demasiado popular en literatura, aunque Paulo Coelho opine lo contrario, siempre es sospechoso.
En años anteriores he hecho mi lista de libros favoritos. ¿Caeré este también en la tentación de hacer una lista? Sí, voy a dejarme llevar por esa tentación. Pero con un cambio: no será una lista de los mejores libros del 2012 que he leído, sino de los que no he leído y pienso hacerlo. Algunos ya están estacionados en mi velador, esperando el despegue. Otros espero conseguirlo pronto y pasarlos a primer lugar (siempre el libro que falta en el librero es el que en realidad necesitamos leer).
Voy a escoger 21 libros, que me parece un número apropiado para el 2012. Aquí está mi lista de libros publicados este año que no pude leer, pero lo haré:
1.-  Coronada de moscas. Margo Glantz (Sexto Piso)
2.-  El último joven. Juan Ignacio Boido (Seix Barral)
3.- Billie Ruth. Edmundo Paz Soldán (Páginas de Espuma)
4.- Un asunto sentimental. Jorge Eduardo Benavides (Alfaguara)
5.- Ciudad abierta. Teju Cole (Acantilado)
6.- Nada se opone a la noche. Delphine de Vigan (Anagrama)
7.- Noches azules. Joan Didion (Mondadori)
8.- Nostalgia. Mircea Cártárescu (Impedimenta)
9.- El atlas de las nubes. David Mitchell (Duomo)
10.- Islas flotantes. Joyce Mansour (Periférica)
11.- Vida y opiniones del perro Maf y de su amiga Marilyn Monroe. Andre O´Hagan (Alba)
12.- In memorian y amores. Paul Leutaud (Universidad Diego Portales)
13.- De repente un toquido en la puerta. Etgar Keret (Sexto Piso)
14.- Mr Gwyn. Alessandro Baricco. (Anagrama)
15.- La cerca. Jean Rolin (Sexto Piso) 
16.- ¡Adiós, libros míos! Kenzaburo Oe (Seix Barral)
17.- Las cataratas. Eliot Weinberger (Duomo)
18.- El camino total. Salvador Benesdra (Eterna Cadencia)
19.- Di su nombre. Francisco Goldman (Sexto piso)
20.- Karnaval. Juan Francisco Ferré (Anagrama)
21.- Mortalidad. Christopher Hitchens (Debate)

PD.- Me imagino que la lista se puede ampliar. Acepto sugerencias. Y también acepto opiniones, si han leído estos libros ya, para impulsarme a leerlo o impedir que lo haga. Una palabra basta, y cada libro que uno deja de leer le abre el sitio a uno nuevo así que bienvenidos todos los comentarios.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Nuevos autores / Lo que aprendí del Boom




Lo que aprendí del boom


¿Han ‘matado al padre’ las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos? Diez de los más destacados de estos autores analizan un fenómeno que ha dejado una huella indeleble en su literatura


Vargas Llosa, Fuentes y García Márquez

Guadalupe Nettel (México, 1976)
Gracias al boom aprendí algunas cosas que han influido en mi forma de ver la literatura: la primera —y basta leer La ciudad y los perros para darse cuenta— es que la novela no es necesariamente un género de madurez y que es posible practicarlo de manera virtuosa siendo aun muy joven. La segunda, y la más importante de todas, es que se debe escribir desde quienes somos, desde aquello que nos hace únicos e irrepetibles, en vez de querer imitar el estilo de los autores a los que admiramos. Esto lo entendí leyendo a Gabriel García Márquez, pero también a todos los escritores que, en vez de concentrarse en buscar su propia voz, intentan reproducir el estilo del escritor colombiano. La tercera es que más vale no pertenecer a ningún grupo literario que encasille nuestra literatura y la cuarta es que el amor —tanto por las personas como por los libros— es eterno mientras dura.
 Mayra Santos-Febres (Puerto Rico, 1966)
Como muchos otros escritores de mi generación, crecí en el boom. El boom construyó un sistema de referencias más literario que real, pero que apelaba a las ansias de identidad que necesitábamos como región. Del boom aprendimos todos que se puede ser un latinoamericano universal. Además, pudo brindar claves para la creación y captación de realidades tan distintas como las de Orhan Pamuk, Salman Rushdie, Toni Morrison, Paul Auster o Ben Okri. Todos estos escritores han confesado su deuda con el boom. Saber que Colombia, México, Perú, España y Puerto Rico decidieron mediante sus escritores que éramos familia, a mí me hizo crecer con un panorama que sobrepasa la geografía. Sentirme heredera de una tradición tan vasta me incita a querer superar los legados del boom, y fraguar (y se debe fraguar) otra manera de ser ibero / latinoamericano / universal en el mundo.
Damián Tabarovsky (Argentina, 1967)
 El boom retoma la ilusión de que el escritor latinoamericano tiene que tener algo de for export, de very typical (Bolaño es el último avatar del boom) con algunas gotitas de denuncia social y pasteurización de tradiciones locales. A la vez, introduce la novedad de que para ser escritor, o aún peor, hombre de letras, hace falta tener a una Carmen Balcells, o alguien como Carmen Balcells, o a muchos como Carmen Balcells; expresa el momento en que Barcelona comenzó a volverse sede del poder económico editorial en castellano; informa sobre la necesidad del mercadeo de izquierda como paradigma de la figura mediática del escritor latinoamericano (García Marketing, como lo llamaba Fogwill). Lamentablemente no aprendí demasiado de esas cosas. O por la negativa, tal vez sí, mucho. Algo más: hace poco releíPedro Páramo y Tratados en La Habana, casi antagónicos y ambos notables.
Wendy Guerra (Cuba, 1970)
 El boom es mi certeza de que en medio de las crisis o la guerra fría, el autor puede generar patologías literarias, divinos síntomas de escritura excepcionales en un estilo común a sus contemporáneos. Como en el Renacimiento, en geografías distintas surgen tópicos comunes, evidencias culturales antes inverosímiles y la literatura patenta, exhibe, prueba lo que antes parecía una alucinación endémica. Lo inaceptable es reconocido a través de la alta palabra. Nací en 1970, soy un personaje concebido tras la copulación colectiva en un mar de misiles y poesía lezamiana, ellos me entrenaron en defender mi literatura (que es mi persona) por misterioso que pueda resultarle a quienes (hoy) impiden sea editada o leída. Comprendí que yo misma soy ese personaje literario pensado, escrito, dibujado por la mano del boom, yo soy su hija, existo y tengo voz por ellos, a pesar de las nuevas guerras frías.
Yuri Herrera (México, 1970)
Quizá lo primero es lo que los mismos escritores del boom aprendieron de los modernistas: que la voluntad de estilo define la mirada sobre la realidad y la fuerza de su narrativa. Que la del boom, entre otras cosas, adolece de ser una lista compuesta casi exclusivamente por hombres. Que un fenómeno mercadotécnico a veces solo es eso, y a veces se aprovecha de algo evidente, como que la mejor literatura en lengua española ya se estaba escribiendo en el continente americano. Que un buen escritor no necesariamente es una autoridad moral: algunos de los que escribieron las mejores novelas del siglo XX también plagiaron el trabajo de otros, sostuvieron amistades con dictadores, justificaron invasiones injustificables y subordinaron sus opiniones políticas a las necesidades de sus patrocinadores. Que una buena novela sobrevive a las mezquindades de sus autores e inclusive a su propio éxito.
Alberto Fuguet (Chile, 1964)
Lo que más aprendí del boom: lecciones de vida, ejemplos a no seguir. No tratar de abarcarlo todo, no ser tan grande. Poder tropezar. Aprendizajes: las mafias funcionan, una agente superpoderosa puede lograr mucho, un autor vale más que su editorial. ¿Qué más? La idea de España como casa matriz me complica. El boom (onomatopeya inglesa para designar el estallido de una bomba: rara definición, ¿no?) fetichizó la figura del autor; los transformó en superhéroes. Le dio acceso al poder e hizo que estuviera demasiado cerca de este. Pero lo que más me complica es la idea de que unos ganaron y otros quedaron fuera. El nosotros. Uno de “los nuestros”. Lo tenían muy claro: quién era quién. Hoy, claro, el veredicto ha cambiado. Puig ahora es delantero. Quedan algunas obras maestras, lo que no es poco. Y la esperanza de que ojalá nunca vuelva a ocurrir.
Juan Gabriel Vásquez (Colombia, 1973)
Entre los muchos legados de esa generación extraordinaria, uno me interesa especialmente: el derecho a la contaminación. Me refiero al destierro de todo nacionalismo literario, al choque voluntario de la provinciana y castiza novela latinoamericana con otras lenguas y otras tradiciones: otras voces, otros ámbitos. Borges y Onetti habían entreabierto las ventanas de nuestra literatura para que por ellas entraran los otros, de Kipling y Stevenson a Faulkner y Céline; pero esas rupturas los obligaron a justificarse repetidamente, y fueron siempre miradas como heterodoxias o herejías. El boom convirtió aquella ventanilla entreabierta en una tronera: entró a saco en la gran novela moderna, y nos legó a los que vinimos después la posibilidad de mirar más allá de nuestra lengua y nuestras fronteras para construir novelas. Y eso hemos hecho: sin pedir permiso y, sobre todo, sin causar escándalo.
Andrés Neuman (Argentina, 1977)
Ninguna etiqueta explica la realidad, pero algunas la mutilan hasta volverla incomprensible. De eso que llamamos boom aprendí el abismo entre los rótulos y las obras. ¿Qué tiene que ver Lezama con Onetti? ¿Por qué García Márquez (1927) y Vargas Llosa (1936) sí, mientras Puig (1932) no? ¿Hasta cuándo maestros como Di Benedetto o Ribeyro seguirán fuera de la foto? ¿Por qué no figuran poetas, habiéndolos brillantes? ¿No resulta sospechoso que ni siquiera Elena Garro, Silvina Ocampo o Clarice Lispector aparezcan en tan viriles listas? De eso que llamamos boom admiro la ambición estética de sus autores, que me hace pensar en la infinitud de la escritura; y recelo de sus mesianismos políticos, que me hacen pensar en la patología del liderazgo. Entre tanta generalización, dos décadas de textos extraordinarios. Tan grandes que merecen ser leídos como por primera vez, desordenando los manuales.
Iván Thays (Perú, 1968)
Antes del boom, los escritores eran parte de una tribu literaria regionalista, y quienes cumplían ese requisito no existían en el radar literario; el boom rompió esa reducción tribal y se organizó bajo un criterio insoslayable: la libertad formal y la libertad a la hora de escoger los temas. Gracias a su talento y a esa libertad, sus libros —incluso los que pueden ser considerados más “regionales”— pudieron leerse no solo como un folleto informativo sobre un continente exótico, sino además como textos cuyos temas comprometían a todos los seres humanos. El boom ganó un espacio para los escritores que habían llegado antes y para los que íbamos a llegar después. Si algo aprendí de ellos es a no someterme a una agenda nacional, latinoamericana o del propio boom para escribir, y a defender mi derecho —no siempre respetado o asumido por los demás— a ser leído fuera de cualquier tribu.
Julián Herbert (México, 1971)
Me resulta caricaturesca la actitud de autores de mi generación que descalifican íntegramente el boom. Por otro lado, me entusiasman poco los libros que García Márquez, Fuentes o Vargas Llosa publicaron durante las dos últimas décadas. La región más transparente, La tía Julia y el escribidor o Crónica de una muerte anunciada siguen siendo un gozo. También muchos cuentos de Cortázar. Pero mis narradores latinoamericanos favoritos del periodo —Cabrera Infante, Ibargüengoitia, Julio Ramón Ribeyro, Manuel Puig— no son, en sentido estricto, parte del boom: más bien refieren una sensibilidad pop que se aleja del exotismo y el simbolismo autoinfligidos y privilegia el humor sobre lo sublime. No creo que el boom sea un fenómeno generacional, sino editorial y, hasta cierto punto, una actitud ante el lenguaje. Si esto es verdad, entonces prefiero el bip: una literatura en tonos más punzantes.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/02/actualidad/1351853606_142353.html

De izquierda a derecha: Nicole Boulanger (de espaldas), directora de la sección cultural de Le Nouvel Observateur, Juan Goytisolo, José Donoso, Carlos Fuentes, Patricia Vargas, Mario Vargas Llosa (parcialmente hurtado a la cámara por el ademán de su esposa), Ugné Karvelis (pareja de Cortázar), Abraham Nuncio, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y una mujer no identificada. El grupo se reunió en un restaurante del villorrio de Bonnieux, en la provincia francesa, escala rumbo a Saignon, pequeña población ubicada en el Valle de Volpon, donde Cortázar tenía un cottage.

Libros| El Espectador, 3 Nov 2012 - 4:37 pm

El "boom" latinoamericano

en 30 frases

Por: EFE
Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier y Santiago Gamboa, entre otros, definen el "boom".



El "boom" latinoamericano ha generado tantos libros notables como reacciones a favor y también alguna en contra de lo que supuso como fenómeno literario mundial. Algunas de las más destacadas son las siguientes:

1.- "Los autores del 'boom' (...) son nuestros clásicos". Jorge Volpi, escritor mexicano.

2.- "'La ciudad y los perros' es el libro más emblemático, con el que se afirma y establece el 'boom'". Carmen Balcells.

3.- "Se hizo popular (V. Llosa) en todo el mundo de habla castellana (...) y 'La ciudad y los perros' hizo hablar a todo un continente". José Donoso.

4.- "La literatura latinoamericana goza de muy buena salud (...) y no hay distancias siderales entre los escritores del 'boom' y los nuevos escritores". Mario Vargas Llosa.

5.- "Carlos Fuentes, con Gabriel García Márquez 'Gabo' y el resto de autores del 'boom', entroncaron de nuevo la literatura española con la modernidad". Juan Goytisolo.

6.- "La generosidad y los contactos de Fuentes, el gran artífice del 'boom', fueron claves para este fenómeno". Santiago Gamboa .

7.- "El Renacimiento, una de las claves de gestación de la novela iberoamericana". Carlos Fuentes .

8.- "El 'boom' es un cruce de caminos del destino individual y el destino colectivo expresado en el lenguaje". Carlos Fuentes.

9.- "'La muerte de Artemio Cruz' (C. Fuentes) revolucionó en los inicios del 'boom' los paradigmas narrativos de América Latina". Julio Escoto.

10.- "Fuentes, un hombre involucrado con la realidad de su tiempo y de opiniones valientes y necesarias". Luis García Montero.

11.- "¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real?". Alejo Carpentier.

12.- "El cubano Guillermo Cabrera Infante, el hombre que transformó el lenguaje". Zoe Valdés.

13.- "Con la cristalización del 'boom', se generó una ilusión temática en la narrativa latinoamericana (...) y fue García Márquez quien lo delimitó con más nitidez narrativa". Ricardo Piglia .

14.- "Aunque los escritores del 'boom' han usado de la palanca de propaganda política con discreción (...), lo que importa es la calidad de esas obras". Francisco Ayala.

15.- "Soy escritor, gracias a Borges, G. Márquez y V. Llosa". Alfredo Bryce Echenique.

16.- "En la época del 'boom' la lengua era un elemento de unidad cultural". Jorge Edwards.

17.- "Álvaro Mutis encarna el maridaje perfecto de la tradición narrativa con la modernidad del 'boom'". Miguel Delibes.

18.- "Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del 'boom', aunque hay escritores que releo a menudo, como Cortázar o Bioy". Roberto Bolaño.

19.- "Había muchas mujeres escribiendo (...), pero los que conformaron el 'boom' eran hombres". Isabel Allende.

20.- "El 'boom' no lo hicieron los editores, sino los lectores". J. Cortázar.

21.- "Lo que me alegra del 'boom' es que hemos sido leídos por primera vez por millones de compatriotas (...) y ustedes, los españoles, nos leen gustosamente". J. Cortázar (década de los setenta).

22.- "El 'boom' es la más extraordinaria toma de conciencia por el pueblo latinoamericano de una parte de su propia identidad". J. Cortázar.

23.- "Excepto Cortázar, el boom estaba formado por un grupo de abuelos egoístas que cerraron puertas y no se preocuparon de nosotros (nuevos escritores)". Luis Sepúlveda.

24.- "El boom supuso ese triunfo, esa fama, ese poder, aun ese lujo cosmopolita que desde las encerradas capitales latinoamericanas parecía imposible obtener". José Donoso.

25.- "Me sorprende que haya escritores que renieguen del 'boom' latinoamericano". Juan Gabriel Vásquez

26.- "El 'boom' influyó en nosotros. Ellos ampliaron nuestros límites". Richard Ford.

27.- "El 'boom' es una referencia fundamental, nunca una sombra". William Ospina.

28.- "El 'boom' resultó de la atención que dedicó el catalán Carlos Barral, el verdadero editor de las dos orillas". Rosa Regás .

29.- "Últimas generaciones siguen aprendiendo de los autores del 'boom' y peleando contra ellos". Antonio Muñoz Molina.

30.- "Los ecos del 'boom' se mantienen en el mundo". Jorge Franco .
  • EFE | Elespectador.com






Vargas Llosa, su esposa Patricia Llosa, José Donoso, Mercedes Barcha (esposa de García Márquez), Pilar Donoso (esposa de José Donoso) y García Márquez, en Barcelona en los setenta. / CORITA


¿Por qué hay que matar 

el ‘boom’?

Escritores latinoamericanos debaten sobre los rumbos del ciclo literario más importante del siglo XX en español

Juan Cruz
El País, 7 de noviembre de 2012

La leyenda dice que el polaco Gombrowicz juntó a su alrededor en Buenos Aires a poetas adictos a los que gritó, al despedirse, desde el barco:
— ¡Maten a Borges!
Los escritores siempre han querido matar a sus padres. Algún tiempos después de que autores latinoamericanos de hace cincuenta años (Vargas Llosa, Fuentes, García Márquez, Cortázar, Cabrera Infante, Donoso, Bryce...) se hicieran boom y habitaran entre nosotros, hubo hijos literarios que quisieron matar esas influencias. En sentido figurado, como quería decir Gombrowicz.
Comenzamos a contarle esa anécdota a Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) y él la continuó: “Pues yo creo que no hay que matar a nadie. ¡Ni en sentido figurado!”
Fresán hablaba después del discurso con el que Vargas Llosa abrió el lunes en Casa de América el coloquio con el que la cátedra de su nombre conmemora los cincuenta años del boom y el medio siglo de la publicación de La ciudad y los perros. Vargas Llosa hizo recuento personal de ese largo trayecto ante “cuarenta escritores embarazados” de literatura (como los llamó el director de la cátedra, Juan José Armas Marcelo). Vienen de todas partes y todos tienen en las venas sangre de aquel fecundo periodo literario.
A algunos de esos escritores, como Fresán, les preguntamos por la manía de matar al padre, y en este caso al boom. Dice Fresán: “De hecho yo leo para vivir más, no para matar a nadie”. La lectura, además, “es el modo más barato de sobrevivir. Yo no tengo nada contra el boom como tal, pero sí contra la idea de emularlo constantemente”.
Fue una amenaza, como todo aprendizaje. Dice Alonso Cueto (Lima, 1954): “Aprender de los escritores del boom es una de las tareas más difíciles para un escritor que viene después de ellos. Recoger esta gran tradición literaria sin que se sienta su influencia y a la vez buscando una voz original es duro, pero creo que no hay otra postura posible. La liberación del lenguaje que supusieron estos escritores es un don que hemos recibido los que vinimos después”.
Su compatriota Fernando Iwasaki (Lima, 1961) nació con La ciudad y los perros, “y fui lector de las obras del boom desde la secundaria, nunca he tenido otros sentimientos que no sean la admiración y el cariño. No sería quien soy sin Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez y Cabrera Infante”.
La respuesta más contundente sobre la vieja pretensión de aniquilar esa influencia es de Arturo Fontaine (Chile, 1952): “La envidia se enmascara”. Añade: “Desde el Siglo de Oro que no ocurría en la lengua algo como el boom, entendido en un sentido amplio, es decir, incluyendo a Borges. En cuanto a mí, fueron las lecturas de mi adolescencia, leerlos fue sentir la libertad”.
“Esa manía de matar al padre —incluso con mera simbología freudiana—”, dice Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958), “me parece una idiotez, salvo que el padre sea un delincuente. Con los grandes del boom no podemos sentir más que agradecimiento: fueron ellos los que nos abrieron las puertas del mundo y de los lectores. Nos quitaron complejos de idiotas o de subdesarrollados. Nos mostraron caminos literarios completamente nuevos, y no para seguirlos por el mismo sendero, sino para buscar salidas nuevas en cualquier encrucijada”.
Juan Gabriel Vásquez, colombiano de 1973: “Menosprecio o ninguneo o asesinato de esa generación me parece un síntoma inequívoco de mediocridad intelectual, y aún de una cierta incultura. Los que trabajamos con la lengua española, si nos dejamos llevar por motivaciones o por resentimientos ocultos, sabemos que una es la lengua antes y otra después de Borges, García Márquez o Cabrera Infante. Yo estoy más bien entre quienes piensan en los autores del boom (y sus padres: Carpentier, Onetti) como los verdaderos fundadores de la tradición novelística latinoamericana. Ellos son nuestros clásicos”.
Andrés Ibáñez (Madrid, 1961) tiene la sensación de que el deseo (o la necesidad) de matar a los padres literarios del boom es más acusada entre los latinoamericanos que entre los españoles. A lo mejor me equivoco, pero creo que ellos los sienten más como antecedentes directos que nosotros. En cuanto a mí, no siento el menor deseo de matar nada del boom”.
Ha habido quienes han querido matar el boom como quisieron matar a Rubén, le decimos al nicaragënse Sergio Ramírez (1942). “Los hijos quieren matar siempre a los padres, y no pocas veces a los abuelos, pero es generalmente un sarampión de adolescencia. Luego se termina por reconocer la herencia. Por mi parte, siendo adolescente nunca tuve esos instintos criminales respecto al boom. Soy de la generación inmediata posterior, el postboom, me abrieron muchas puertas y perspectivas, técnicas de narrar, me dieron visiones nuevas de América Latina, un adolescente aprendiendo de quienes en su mayoría eran muy jóvenes”.
Carlos Franz, chileno nacido en Ginebra en 1959, cuenta por qué no se puede matar al boom como Gombrowicz querían que mataran a Borges: “Porque es inmortal. Cuanto más quieren matarlo más vive y mejor”. ¿Y por qué es importante no matarlo? Gonzalo Celorio (México, 1948): “Supone el regreso de una tradición, y a la vez es el antecedente de lo que Fuentes llamó el boomerang”. Está vivo, no pueden matarlo, dice el novelista mexicano.