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| Samanta Schweblin |
SAMANTA SCHWEBLIN EN BERLÍN
LA EMBAJADORA DEL TIEMPO
Biografía
¿Cómo le cambia la vida a una escritora de Hurlingham que por oficio y azar se muda a Berlín? Samanta Schweblin alquiló casa en una de las capitales más poderosas del mapa siendo migrante, con un perro y una tremenda biblioteca. Empezó a tener más tiempo y se arrojó del cuento a la novela: se convirtió en la embajadora de la literatura criolla. Natalia Laube traza el perfil de una autora autodidacta que piensa la nueva identidad latinoamericana a la distancia, sin clichés.
Una silla blanca junto a un escritorio blanco pegados, a su vez, a una pared blanca. Un pilón de libros, una lámpara y un pequeño grupo de plantas discretas a un costado. Una mesa baja que eventualmente servirá para tener a mano algunas anotaciones y hojas impresas. El rincón de trabajo de Samanta Schweblin no es, estrictamente hablando, un cuarto propio, sino más bien terreno ganado al living del departamento que, desde hace cinco años, comparte con su marido Maximiliano en el efervescente barrio de Kreuzberg, no muy lejos del centro geográfico berlinés. Pero no deja de ser un rincón hecho a la medida de sus necesidades: para escribir, Samanta precisa un espacio lo más silencioso y despejado posible, sin nada que pueda desconcentrarla. Acá, en este refugio libre de distracciones, escribió Kentukis, la novela que presentó en Buenos Aires a mediados del año pasado y que desde entonces sigue presentando también en diversos festivales y eventos de literatura europeos, a los que viaja cada vez más seguido, aunque sea por pocos días: una de las ventajas de estar en el centro de Europa, a unas pocas horas-avión de muchas cosas.
