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sábado, 25 de julio de 2015

Amy Winehouse y el paparazzo

Amy Winehouse

Amy Winehouse y el paparazzo

Cuando la vida 

se convierte en un auténtico culebrón

JOSEBA ELOLA Londres 22 JUN 2008


Richard es un paparazzo que lleva toda la semana apostado en la puerta de The Clinic, el centro en el que Amy Winehouse está ingresada desde el pasado lunes. Intenta conseguir la imagen de la salida del hospital, una fotografía que, dice, puede valer 25.000 euros. La vida de la cantante se ha convertido en un auténtico culebrón que hace que cada uno de sus movimientos quede documentado por una legión de fotógrafos que la esperan a las puertas de su casa.
Esta semana, en los alrededores de su casa, en una pequeña calle de Candem Town (Londres), sólo se oían pajarillos. Ni rastro de paparazzi.El foco se había trasladado al hospital.
La cantante, dice Richard, se porta muy bien con los fotógrafos. Les prepara té. Si hace calor, baja refrescos. No como otras estrellas del pop británico, como Lily Allen, que siempre se muestran esquivas. Y algunas hasta les escupen. Amy, no. Amy no los esquiva.
En la era de Internet y los teléfonos móviles que captan imágenes de cualquiera en cualquier sitio y a cualquier hora, mantener la privacidad se convierte en labor titánica para una estrella como ella. Los devaneos de Janis Joplin, Jimi Hendrix o incluso Kurt Cobain nunca tuvieron semejante nivel de exposición.
El año 2008 no empezó bien para ella. Alguien se embolsó un buen dinero haciendo llegar un vídeo a la redacción del diario sensacionalistaThe Sun, que el 18 de enero de 2008 mostraba a la diva en apuros, fumando una pipa de crack. A raíz del episodio, seis días más tarde, Winehouse ingresaba en una clínica de rehabilitación.
El acoso al que se ha visto sometida ha generado un proteccionismo informativo absoluto en torno a ella. Nadie de su círculo cercano quiere hablar, ni su mánager, ni su discográfica, ni siquiera el tipo que la fichó para Island Records en 2002. La respuesta es siempre la misma, como en el estribillo que la ha hecho famosa: "No, no, no".
Con tanto culebrón, el público acaba por olvidar que Amy Winehouse es una artista y lo que se comenta es el último vídeo que de ella aparece en la red. "En directo es impresionante", dice Aldo Linares, dj que pincha música de los años cincuenta mezclada con muchos otros estilos y que en Benicàssim ha llegado a pinchar temas de Amy. El año pasado la vio por primera vez. "Sobre el escenario, parece que estuviera en otra galaxia. Juega a ese 'estoy, no estoy' que no es más que un juego de seducción con el público. Es muy desgarrada, muy sexual, habla más de desamor que de amor. Con ese toque de diva sufrida, es una tía que emocionalmente te afecta".



La gloria oscura de Amy Winehouse

La gloria oscura de Amy


La mejor voz de su generación conquista el éxito planetario mientras su vida descarrila - Winehouse, ingresada en un hospital, actúa el 4 de julio en Madrid


JOSEBA ELOLA Londres 22 JUN 2008

Cuando Amy Winehouse tenía 13 años, en la academia de teatro musical Sylvia Young le pidieron que escribiera un ensayo sobre sí misma. Con caligrafía redonda, la pequeña Amy escribió: "Toda mi vida he sido gritona hasta el punto de que me tenían que mandar callar. La única razón que he tenido para ser tan gritona es que en mi familia hay que gritar para que te escuchen". En el patio de esta pequeña escuela del centro de Londres, con el eco de los niños que ensayan una pieza cabaretera de fondo, un administrativo nos muestra una fotocopia de aquel documento escrito en 1997. Formaba parte de las pruebas de acceso que exigían a todos los aspirantes. La escritura se interrumpe, algunas partes del documento han sido ocultadas, pero tres párrafos más adelante, Amy hace gala, a sus 13 añitos, de su talento para escribir, de su ambición e incluso, de una precoz ironía: "Quiero estar en un sitio donde se me exija todo lo que doy de mí, incluso más. Quiero cantar en una clase donde no me digan que me calle (siempre y cuando sea una clase de canto)".

"Recuerda a Billie Holiday, con esa imagen de mujer rota", dice un crítico

Hace converger la elegancia del 'soul' con poesía de calle y la actitud punk

Su marido está en la cárcel por intentar sobornar al tipo al que agredió

Jóvenes aspirantes a ser Amy se ejercitan en esta pequeña escuela ubicada en el ala de una antigua iglesia mientras a apenas tres kilómetros, la más famosa de sus alumnas, Amy Winehouse, la mejor voz de su generación, ganadora de cinco premios Grammy, se somete a pruebas para evaluar su estado de salud. Ingresó en esta clínica de cinco estrellas utilizada por la realeza y los jeques, el lunes, tras sufrir un desvanecimiento. Dentro de 12 días se la espera sobre el escenario del Rock in Rio, en Arganda, Madrid. La organización se muestra confiada en que acudirá.
El portavoz de Amy Winehouse asegura que ella cumplirá con sus compromisos, entre ellos, el festival de Glastonbury, que se celebra este próximo fin de semana. El desvanecimiento de Amy, sobre el que especulan los tabloides británicos, es el último capítulo de una espiral de drogas, clínicas de rehabilitación, actuaciones canceladas y lágrimas por el marido encarcelado. "Amy me recuerda a Billie Holiday, transmite esa imagen de mujer rota", confiesa Paolo Hewitt, periodista británico especializado en música soul. "Es ese tipo de artista, un talento único: como cantante y como compositora".