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domingo, 28 de julio de 2024

Xosé Manuel Núñez Seixas / “Los nazis siempre son los del pueblo de al lado



El historiador Xose Manoel Núñez Seixas.JUAN BARBOSA

Xosé Manuel Núñez Seixas, historiador: “Los nazis siempre son los del pueblo de al lado: ‘¿Adolf, qué Adolf?”

El ganador del Premio Nacional de Ensayo vuelve a la guerra germano-soviética para reconstruir cómo la recuerdan los países que la padecieron


José Andrés Rojo
7 de noviembre de 2022

Discursos, narraciones, monumentos, rituales, leyes, conmemoraciones. La memoria colectiva de cada país se arma con diversos procedimientos, aunque no siempre la compartan todos los ciudadanos. El historiador Xosé Manoel Núñez Seixas ha regresado en Volver a Stalingrado (Galaxia Gutenberg) al frente oriental en el que se batieron durante la II Guerra Mundial los alemanes contra los soviéticos entre junio de 1941 y mayo de 1945.

Los episodios resultan lejanos, pero lo que entonces sucedió todavía pesa, y basta ver cómo durante estos últimos meses Vladímir Putin ha procurado justificar la invasión rusa de Ucrania con la excusa de “desnazificar” el país vecino. “He intentado recuperar lo que sucedió en la guerra germano-soviética”, dice Núñez Seixas, “la lucha a muerte entre dos dictaduras totalitarias en un marco inmenso e inhóspito, con millones de muertos (el mayor conflicto terrestre de la historia), y ver qué memoria, pública y social, ha quedado de todo aquello en los distintos países que padecieron sus efectos”. El Holocausto tuvo lugar en esas tierras y “pudo ponerse en marcha porque antes el Tercer Reich se aseguró el control de un amplio territorio”. El libro se divide en cinco partes y en cada una de ellas muestra “los patrones de la política de la memoria” que se fueron construyendo en lugares como Alemania, la Unión Soviética (y después Rusia), los países del Este, Finlandia y en aquellos países nórdicos y mediterráneos (Italia y España) que enviaron a voluntarios a colaborar con el Eje para derrotar a los bolcheviques.

sábado, 27 de julio de 2024

El hombre, el gorila y la Gran Guerra Patriótica

 

Soldados rusos participan en el ensayo del desfile militar por el Día de la Victoria en Moscú, que se celebró el 9 de mayo.

Soldados rusos participan en el ensayo del desfile militar por el Día de la Victoria en Moscú, que se celebró el 9 de mayo.YURI KOCHETKOV

El hombre, el gorila y la Gran Guerra Patriótica

Putin vuelve a servirse del triunfo soviético sobre los nazis para darle la vuelta a los hechos y acusar a Occidente de los horrores de su invasión a Ucrania


José Andrés Rojo
11 de mayo de 2023

La Gran Guerra Patriótica ha regresado un año más a la Rusia de Putin como el referente con el que volver a presentarse al mundo con el mejor de los rostros. Ganamos a los nazis, los arrinconamos y aplastamos, acabamos con su delirio de poder y sus terribles excesos y matanzas. El sacrificio fue enorme y se calcula que 27 millones de soviéticos perdieron la vida, pero consiguieron derrotar a Hitler. Putin mira el final de la II Guerra Mundial como un horizonte de grandeza y fuerza los hechos para contar que la historia se repite y que, si entonces fue el Tercer Reich el que invadió sus tierras para dominarlas, hoy de nuevo Occidente machaca a los rusos en Ucrania. Los desfiles de la conmemoración del Día de la Victoria no han sido los de otras veces, pero las tropas volvieron a escenificar el brillo del poder militar ruso marcando el paso. Putin habló desde una tribuna y la soldadesca respondió al otro lado que sí, que ganarán de nuevo.

Stalingrado y “el carácter inquebrantable del pueblo ruso”

Batalla de Stalingrado
Los soldados rusos toman posiciones durante la batalla de Stalingrado.STF

Stalingrado y “el carácter inquebrantable del pueblo ruso”

Vladímir Putin sigue cultivando el mito de la Gran Guerra Patriótica para justificar la invasión de Ucrania


José Andrés Rojo

2 de febrero de 2023


En algún momento de su monumental novela Stalingrado, Vasili Grossman se refiere al motor que impulsaba a buena parte de quienes se batían a muerte con las fuerzas nazis que invadieron la Unión Soviética en 1941: “Una idea tan sencilla como ‘quiero que las personas trabajadoras vivan libres, felices y prósperas en una sociedad justa y emancipada’ fue la razón fundamental que guio las extraordinarias vidas de muchos revolucionarios y pensadores”. Los desmanes y el terror de Stalin eran tan notorios que nadie podía llamarse a engaño, pero la voluntad de frenar al enemigo se impuso y, con el tiempo, la Unión Soviética fue una de las grandes potencias vencedoras en la que allí se conoce como la Gran Guerra Patriótica. Vladímir Putin lleva tiempo intentando aprovechar aquella gesta para alimentar su relato ultranacionalista, y el último paso podría ser el de volver a nombrar Stalingrado a Volvogrado.

Vasili Grossman / Dos escritorios y una estantería para libros

 


Tropas soviéticas en la última fase de la batalla de Stalingrado, en enero de 1943.
Tropas soviéticas en la última fase de la batalla de Stalingrado, en enero de 1943.

Dos escritorios y una estantería para libros

Los complejos mecanismos que mueven a las personas no siempre casan con un programa ideológico


José Andrés Rojo
15 de abril de 2021

Las novelas dan noticia de muchas expectativas y ademanes de la gente corriente que pasan con frecuencia desapercibidas. En Stalingrado, por ejemplo, Vasili Grossman se refiere a algunas de las minucias que pasaban por la cabeza de un joven estudiante comunista de la Unión Soviética, allá por los años treinta. Estaba profundamente convencido de que el proyecto que se había puesto en marcha en su país iba a cambiar la sociedad profundamente, sacando de la miseria a la gran mayoría, así que se aplicó a fondo a colaborar en la transformación del mundo anterior: injusto, egoísta, trasnochado. Trabajaba como una fiera, no dormía más allá de cuatro o cinco horas al día, dedicándose a sus estudios y a favorecer los vínculos entre las universidades y las escuelas obreras. Era bueno y generoso.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Ishiguro y los abandonados del mundo







Kazuo Ishiguro lee su discurso el jueves en Estocolmo.
Kazuo Ishiguro lee su discurso el jueves en Estocolmo.  AFP

Ishiguro y los abandonados del mundo

El Nobel de Literatura baja a los infiernos de este mundo con la elegancia de quien se va de picnic


José Andrés Rojo
9 de diciembre de 2017

A Kazuo Ishiguro le toca hoy recibir el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia. En su discurso de aceptación esta semana ha tratado, entre otros asuntos, de Marcel Proust y de los nacionalismos tribales, y ha contado un poco su historia personal. Nació en Nagasaki en 1954 y se trasladó al Reino Unido en 1960. Le ocurrió lo que les ocurrió a muchos jóvenes de su generación, que quiso ser antes que nada estrella de rock. Iba con una mochila y una guitarra, llevaba también una máquina de escribir portátil. Un día abandonó la música, y se pasó a la literatura.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Herman Melville / ‘Preferiría no hacerlo’



‘Preferiría no hacerlo’, la frase que lo dinamita todo

La fórmula del protagonista de 'Bartleby, el escribiente' pervive 200 años después del nacimiento de su creador, Herman Melville


JOSÉ ANDRÉS ROJO
30 JUL 2019 - 17:00 COT

La rebelión, la revuelta, la revolución: todas parecen tener un propósito, aunque sea el de dejar atrás, destruir o superar un estado de cosas. Pero lo que ocurre con Bartleby, el escribiente de uno de los relatos de Herman Melville, es distinto. Cuando su jefe le reclama algo, simplemente responde que preferiría no hacerlo. Lo hace casi con delicadeza, con buenos modales, sin aspavientos de ningún tipo. Sin violencia, por supuesto, pero con convicción y seguridad. Y termina dinamitando el marco de referencias, los vínculos, las reglas de juego. El narrador de la pieza, que se publicó en 1856 dentro de la colección The Piazza Tales, es un abogado. Tiene un despacho en Nueva York, en Wall Street, y emplea a dos copistas y a un muchacho de los recados. Pasa por una época de exceso de trabajo, tiene que incorporar a alguien más para cumplir sus compromisos. Y aparece Bartleby. El abogado lo contrata inmediatamente: aquel tipo delgaducho le inspira confianza y en la oficina lo coloca muy cerca de él, separado por un biombo.

jueves, 11 de julio de 2019

La Polonia Rota / Una biografía de Wislawa Szymborska

La Polonia rota

La biografía de Wislawa Szymborska permite iluminar en el ámbito doméstico las grandes líneas históricas que reconstruye Anne Applebaum




La poeta Wislawa Szymborska.
Cracovia, Polonia, años de posguerra. En la calle Krupnicza está la llamada Casa de los Escritores donde se alojan un montón de jóvenes que se dedican a la literatura. Joanna Ronikier, por ejemplo, vive con su madre y su abuela, una legendaria editora. En un libro sobre aquella época se refirió a aquel lugar: “Convivían juntas muchas personas diferentes al azar, condenadas a la permanente e irritante relación de intimidad, rozándose constantemente en el estrecho pasillo. Cada uno con su propia y terrible historia debida a la ocupación, con miedo de no tener bastante fuerza para empezar de nuevo y desesperados por lograr devolver a esta vida algún sentido”. Otro de los huéspedes era el maravilloso Tadeusz Rozewicz, autor de piezas teatrales tan deliciosas como Testigos y que murió hace unos meses, al que le tocó una de las peores habitaciones: no sólo era diminuta sino que daba a un vertedero de olores nauseabundos. En Mi escuela filosófica escribió sobre aquella época: “Todo terminó de una vez para siempre, cualquier cosa que haga, estoy muerto. ¿Quién vuelve a hablar de la música aquí? ¿De la poesía? ¿Quién puede hablar de la hermosura? ¿Quién puede hablar del hombre? ¿Quién osa hablar del hombre? Menuda payasada, menuda comedia. Muertos, estoy con vosotros. Qué bien”.

lunes, 15 de mayo de 2017

Un himno sin letra y otros símbolos patrios que dividen a los españoles

Cartel de las exposiciones universales en la dictadura de Primo.
Cartel de las exposiciones universales en la dictadura de Primo.


Un himno sin letra y otros símbolos patrios que dividen a los españoles



Moreno Luzón y Núñez Seixas muestran la construcción de las identidades nacionales a través de la Marcha real y la bandera


José Andrés Rojo
15 de mayo de 2017

Corren tiempos en que las emociones mandan en la política. Las personas han dejado de ser ciudadanos de un Estado para convertirse en hinchas de una nación, como ha ocurrido otras veces, y casi siempre con pésimos resultados. Por eso resulta tan oportuna la publicación de Los colores de la patria (Tecnos), donde los historiadores Javier Moreno Luzón y Xosé Manuel Núñez Seixas reconstruyen lo que ha pasado en España desde finales del XVIII a través de las peripecias de sus símbolos, sobre todo el himno y la bandera.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Fernando del Paso / La historia es el andamiaje de mis novelas

Fernando del Paso
Fernando del Paso

"La historia es el andamiaje de mis novelas"



Las tres grandes novelas que ha escrito Fernando del Paso (México, 1935) son novelas voluminosas. Hay en sus páginas una gran libertad formal y se alimentan de la historia de México, la próxima y la lejana. El escritor asistió en silla de ruedas a recoger el Premio FIL de Literatura (el antiguo Juan Rulfo) a la inauguración de la Feria, que cerró sus puertas ayer. Y es que ha estado ingresado por una intervención intestinal. Fue en el Hospital Real San José donde habló sobre su obra y sobre su vida.

Pregunta. ¿Cómo surgió su primera novela, José Trigo?
Respuesta. De una imagen. Vi, desde el puente Nonoalco Tlatelolco del Distrito Federal, a un hombre alto y desgarbado caminando por las vías abandonadas del tren cargado con una pequeña caja blanca, un ataúd. Detrás iba una mujer embarazada que cortaba girasoles.
P. ¿Cómo la valora ahora?
R. Como una novela de ambiciones desmesuradas y de una extrema complejidad, donde el lenguaje es el auténtico protagonista. Quise contar el movimiento de los ferrocarrileros que hubo en México en los cincuenta. Vivían en los furgones abandonados. Desde el punto de vista plástico, aquello era hermoso. Terrible, desde el punto de vista social. Me diagnosticaron por entonces, no había cumplido 30 años, un cáncer. Creía que iba a ser mi único libro y quise meterlo todo.
P. ¿Cómo combinó la historia con la literatura?
R. He sido desde entonces un equilibrista que se mueve en la cuerda floja entre la imaginación y el rigor histórico. La historia es el andamiaje de mis novelas, lo que me permite lanzarme a contar muchas cosas. EnJosé Trigo, el hilo conductor fue la historia de un hombre.
P. ¿Qué influencias reconoce en su obra?
R. Están los anglosajones: Joyce, Dos Passos, Faulkner, Sterne. También Rabelais, Flaubert, Sófocles...
P. ¿Y ningún escritor de lengua española?
R. Ésos no te influyen, los llevas en la sangre. En José Trigo quise hacer un pastiche de Juan Rulfo en el capítulo cuarto. Nadie lo descubrió, pero sí reconocieron en el libro la presencia de la desesperanza, la muerte, la soledad, la tristeza. Todo eso viene de Rulfo.

P. ¿Cuál fue su propósito en Palinuro de México, su siguiente novela?
R. La idea era la de recrear mi vida como adolescente, una vida picaresca. Quise ser médico, pero me di cuenta de que me iba a quitar todo el tiempo, y me fui a economía. Los aspectos románticos de la medicina empapan todo el libro. Ahí cuento el que fui, el que quise ser, el que pude haber sido, el que pude haber querido ser.
P. ¿Cómo abordó la inmensa documentación de Noticias del Imperio?
R. Lo que aparece en el libro sólo es la punta del iceberg. Es tanto lo que se ha escrito de la época de Maximiliano que lo que llega al libro sólo es el 15% de lo que se ha leído. Un amigo me criticó por la envergadura de la obra, diciéndome que no sabía condensar. ¡Cómo que no! De las 3.000 páginas que la novela tenía quedaron unas 800.
P. ¿Por qué esa época?
R. Se ha pasado como pisando huevos sobre esas figuras. Ya desde niño me fascinaba saber sobre ese emperador rubio que murió fusilado en Querétaro y sobre su mujer que le sobrevivió 60 años. Le di la voz a ella, la voz de la locura y la de la lucidez. "La imaginación, la loca de la casa", esa frase atribuida a Malebranche preside el libro.


P. Además de sus tres grandes novelas y de Linda 67, historia de un crimen, ha escrito poesía, teatro... y pinta. ¿Cómo se organiza?
R. Empecé escribiendo sonetos. La pintura, que me ha apasionado, la abandoné porque no podía con el óleo, pero la recuperé cuando descubrí la tinta china. Nunca establezco ningún plan ni programa. Cuando surge algo me meto con ello a fondo, y clausuro mientras tanto las otras actividades.
P. En la inauguración de la Feria se refirió a su obra sobre Lorca...
R. Siempre me interesó el teatro y en Palinuro, el penúltimo capítulo estaba escrito como un drama. Y se ha representado. En La muerte se va a Granada quise hacer un poema dramático escrito en verso y dedicado al final de Lorca. En México la montó José Luis Ibáñez y en Guadalajara se estrenó dentro del programa de la FIL con puesta en escena de Daniel Constantini. Me encantaría que se viera en España.



domingo, 7 de diciembre de 2014

Claudio Magris / La persuasión

Claudio magris
Claudio Magris


Claudio Magris

La persuasión



El Rincón del Distraído
Blog de José Andrés Rojo
EL PAÍS, 10 de septiembre de 2009
Toda la obra de Claudio Magris (la fotografía es de Tejederas) está atravesada por un concepto que toma de Carlo Michaelstaedter, un filósofo y dibujante que nació en 1987 en Gorizia, una ciudad situada en la frontera de Italia con Eslovenia que entonces pertenecía al imperio austro-húngaro, y que murió en 1910. Es el concepto de persuasión. Una y otra vez, el término vuelve a incrustarse en la escritura de Magris y de nuevo aparece en el prefacio de uno de los últimos libros que ha publicado en España, El infinito viajar(Anagrama, traducción de Pilar García Colmenarejo). "La persuasión, la posesión presente de la propia vida, la capacidad de vivir el instante, sin sacrificarlo al futuro, sin aniquilarlo en los proyectos y los programas, sin considerarlo simplemente un momento que se ha de pasar pronto para alcanzar cualquier otra cosa", escribe ahí.

miércoles, 4 de junio de 2014

Martin Amis / Enterramos a Dios y vimos que se puede vivir sin él


Martin Amis

"Enterramos a Dios 

y vimos que se puede vivir sin él"


El británico Martin Amis (1949) es uno de los escritores que intervienen hoy en el Festival Hay de Segovia en una conversación con Carmen Posadas. Incisivo e irónico, con una prodigiosa habilidad para practicar los géneros más distintos, mordaz y tierno, versátil, Amis ha publicado recientemente The house of meetings (La casa de los encuentros) en Reino Unido. En España, su último libro traducido es Perro callejero(Anagrama), que se suma a títulos tan distintos como, entre otros, las novelas Dinero, Campos de Londres o Tren nocturno, los relatos de Mar gruesa, su autobiografía Experiencia, su infernal crónica sobre los horrores de Stalin (Koba el Temible) o sus trabajos periodísticos y de crítica literaria reunidos en Visitando a Mrs. Nabokov y La guerra contra el cliché.

"La historia se ha acelerado de manera vertiginosa. No hay tiempo para observar"

"Los fanáticos islamistas no aceptan nuestra manera de vivir"

"Las mujeres han acumulado mucho poder a costa del hombre"

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Pregunta. Ha escrito que lo autobiográfico ha marcado buena parte de la ficción en los últimos años. ¿Sigue siendo así?
Respuesta. Si hubiera que destacar una característica en la literatura que se escribe hoy sería la diversidad. En temas, momentos y espacios. Es cierto que lo autobiográfico, y también la historia, siguen siendo motores esenciales que alimentan la ficción actual, pero lo que yo creo que pasará a primer plano es todo cuanto esté relacionado con los atentados del 11-S. Han cambiado radicalmente el mundo y esos cambios tiene que recogerlos la literatura. Pero para poder contar lo que entonces se vivió y las transformaciones que vinieron después se necesita tiempo, que las cosas se vayan sedimentando. Tienen que pasar cuatro o cinco años para empezar a asimilar lo que ocurrió.
P. Hay muchos escritores que ya se han manifestado...
R. Salman Rushdie volcó en Fury su visión de los atentados, se puso a escribir sobre lo que estaba viviendo. Pero él mismo comentaba que la poesía es la emoción que se recuerda en tranquilidad. Quizá en Fury le faltó esa tranquilidad, estaba demasiado cerca.
P. ¿Cómo cree que han afectado los atentados a personajes como los de Dinero, con ese nihilismo despreocupado y perverso?
R. El estado en el que vive buena parte de la juventud es semejante al del que acaba de ser anestesiado con novocaína. Están anestesiados. Y un acontecimiento de esas características refuerza aún más esa sensación. Así, hay muchos jóvenes que llenan su cuerpo de imperdibles o que se autolesionan haciéndose cortes en los brazos por ese afán de romper con esa anestesia general. Pero no es fácil, y siguen arrastrados a una vorágine de compras, consumo, sexo y fiestas que pone entre paréntesis todo lo demás. Van de un lado a otro, su horizonte único es el presente.
P. ¿Qué hay entonces del futuro?
R. La historia se ha acelerado de manera vertiginosa. Ya no hay tiempo para detenerse y observar lo que ocurre, y por eso la poesía está muriendo. Todo va demasiado deprisa, no se puede parar.
P. Los discursos sobre Dios ocupan cada vez mayor lugar. Ahí está el reguero de protestas que han desencadenado los comentarios del Papa sobre el islam. ¿Hay una vuelta a la religión en estos tiempos inciertos?
R. No creo que ocurra nada de eso en Europa. Creo que aquí enterramos a Dios y nos dimos cuenta de que se vive muy bien sin él, sin sus dones y sus exigencias. En América son, en cambio, muy religiosos, aunque la situación puede resultar paradójica. Hace poco estuve en Las Vegas. Y si hay un lugar en el mundo que no tenga nada que ver con el islam ese lugar es justamente Las Vegas. Los fanáticos islamistas han desencadenado su furia porque no aceptan nuestra manera de vivir. No toleran lugares como Las Vegas. Y no aceptan la emancipación de la mujer, por ejemplo, que les resulta intolerable.
P. Tampoco los hombres de Occidente han asimilado bien la liberación femenina, aunque de manera muy distinta. Es un tema, el de las actuales relaciones entre hombres y mujeres, que recorre sus libros más recientes.
R. En el libro que estoy escribiendo ahora vuelvo sobre este asunto. Se llama The pregnant widow (La viuda embarazada) y arranca de un comentario del pensador ruso Alexander Herzen que decía que cuando se produce una revolución y ha de empezar un nuevo orden, hay un periodo de tiempo en el que la mujer ha quedado embarazada, el padre se ha ido ya pero el hijo no ha nacido todavía. Es lo que ocurre con la revolución feminista. Llevamos como dos tercios del embarazo, pero los cambios definitivos no se han asentado todavía. Las mujeres han acumulado mucho poder a costa del hombre, en una verdadera revolución de terciopelo, pero siguen insatisfechas porque siguen ocupándose de la casa. Hace falta que los cambios continúen.
P. También en el panorama literario se han producido cambios. Ya no parece fácil compartir una escala de valores y pronunciarse sobre la calidad de lo que se escribe.
R. Lo que no tolera la sociedad actual es que pueda haber una suerte de élite en el mundo literario. El afán de allanar las diferencias, de buscar una nivelación, de manifestar que todos pueden hacer lo mismo puede a la larga terminar con este trabajo. Lo comentábamos hace poco con unos colegas en Boston: la literatura tal como la entendemos se ha acabado, no existe. Todo viene del radicalismo del 68, donde se defendía que no hay opiniones superiores, que todos valemos lo mismo. Pero el talento no se reparte de manera igualitaria. Algunos lo tienen, otros no. Eso se respeta en el mundo de la ciencia, pero no en la historia, la novela o la sociología. En esos campos se da por hecho que todos valen lo mismo.
P. El mercado y los medios de comunicación pueden haber colaborado en este fenómeno al rendirse ante las grandes campañas de autores que tenían todavía mucho que demostrar.
R. Cuando empecé, publicaba mis libros y como mucho aparecía alguna reseña. A partir de los ochenta, empezaron los viajes, los hoteles, las entrevistas, las fiestas. Esta revolución de minibar que tanto está afectando a los escritores jóvenes. Antes nos poníamos a escribir porque teníamos dentro algo que tenía que salir fuera. Ahora muchos autores publican para salir en televisión.



viernes, 30 de noviembre de 2007

Elmer Mendoza / El narrador de la frontera



ELMER MENDOZA
Foto de Daniel Mordzinski

Elmer Mendoza

El narrador de la frontera

Elmer Mendoza, ganador del Premio Tusquets de Novela, descubre los secretos del narcotráfico en México


JOSÉ ANDRÉS ROJO
Guadalajara 29 NOV 2007

"Hay un lenguaje especial y una forma especial de vivir, aquí en el Norte, en la frontera. Somos los ricos y el resto del país es pobre, hemos transformado el desierto y los demás no han sabido hacerlo, tenemos iniciativas, somos trabajadores y parlanchines". Habla Elmer Mendoza, nacido en Culiacán (Sinaloa) en 1949. Arturo Pérez-Reverte ha dicho de él que es su amigo y su maestro, la crítica lo tiene como el narrador que mejor ha sabido recoger el efecto de la cultura del narcotráfico en México. Ganó el martes el III Premio Tusquets Editores de Novela (20.000 euros y una estatuilla diseñada por Joaquín Camps).
El jurado ha sido de excepción, y ya se sabe que este premio nació con voluntad de calidad y se declaró desierto en su primera edición. Juan Marsé, Almudena Grandes, Jorge Edwards, Evelio Rosero (el ganador del año pasado) y Beatriz de Moura (en representación de la editorial) han sido quienes decidieron por unanimidad conceder el galardón a Las balas de plata, de Tomás López (seudónimo). Cuando se abrió la plica, el autor resultó ser Mendoza (que publicó anteriormente en esta editorial El amante de Janis Joplin) y el título Quién quiere vivir para siempre.


"No quiero tener miedo allí donde vivo, así que sólo cuento e imagino"

El protagonista es Edgar El Zurdo Mendieta, un agente de la policía ministerial que se ve embarcado en un caso en el que se suceden los cadáveres. ¿Es cosa de los narcos, de los políticos, de los miembros de una curiosa secta? Hay mucho dinero, luchas por el poder, a nadie le interesa investigar. Salvo al Zurdo, que nada tiene que perder. "Es un tipo que sufrió mucho de niño, inadaptado profesionalmente, con mal de amores, un atormentado de los que piensan todo el rato '¿qué hago yo aquí?', si merece la pena to be or not to be", explica Mendoza gesticulando y con una sonrisa.
"Sólo he querido narrar una historia, ni hacer juicios ni dar enseñanzas morales, no quiero tener miedo allí donde vivo, así que sólo cuento, imagino y supongo", dice Elmer Mendoza, que reconoce como sus dos maestros indiscutibles a Juan Rulfo y a Fernando del Paso, y en tercer lugar a un poeta, Octavio Paz. "Los narcos han desarrollado una cultura con características propias. La música, la forma de vestir, las casas donde habitan son inconfundibles. Influyen en todo. En el mismo lenguaje. Si dicen 'voy a hacer un jale' para referirse a un negocio, una temporada después todos en el Norte hablan de salir a hacer jales". ¿No hay mucha corrupción cuando el dinero entra con tanta facilidad? "¿Quién dijo que llegaba fácil? Para nada. Sólo se ha aprovechado una oportunidad como hace toda la gente emprendedora. Estamos en la frontera del país que consume más drogas del mundo. Pero, fíjese, el 90% de los beneficios se quedan en Estados Unidos".
¿Y cómo obtiene la información con la que hace sus libros, dónde se mueve, cómo atrapa esa manera tan especial de hablar? "¡Épale!", reacciona Mendoza, "ésas son cosas que no se dicen". ¿Y las cosas que cuenta, no pueden provocar desconfianza en los narcos? "Me siento bien plantado. Las revelaciones que puede contener mi novela fueron operativas hace ya años. Ahora ya todos saben que los narcos ponen la plata que haga falta para que en las elecciones ganen los políticos que ellos prefieren y saben también que no les hace falta colocar su dinero en paraísos fiscales porque colocándolo aquí obtienen las mismas ventajas. Y costumbres como la que tienen de envolver en mantas a los que liquidan, eso ya ha llegado incluso a las paredes de una galería de arte. Ahora las cosas habrán cambiado del todo. Estos narcos son mesiánicos. Se preocupan de su gente, la cuidan".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de noviembre de 2007