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domingo, 7 de agosto de 2022

Jorgelina Soulet / Otros dos poemas



Jorgelina Soulet
OTROS DOS POEMAS

Quise casarme
y celebrar
con flores blancas en el pelo
vestidos de colores
una fiesta con luces y guirnaldas
a orillas del Atlántico
con sol, playas de piedra y buganvillas.
Quise casarme
con tu sonrisa blanda
con tus ojos de monte y mar
y tus manos pequeñitas.
Brindar con vino del país
reírnos y bailar
hasta caer rendidas.
Quise intercambiar anillos de plata
prometer
que estaría con vos
en la salud y en la enfermedad
en la riqueza
en la pobreza
hasta que la muerte nos separe.
Me dijiste que no
el vino se puso agrio
extrañas mareas azotaron la costa
para traerme de regreso
a este sitio sin fiestas
sin orillas.

***


Soy inflamable
te digo
pero te acercás
sigilosa
por la espalda
con tu fósforo-palabra.
Sin medir distancias
arrastrás las vocales
sobre mi costado áspero
y yo me enciendo.
No hay métodos de extinción
para este incendio
soy la llama que no cesa.


Jorgelina Soulet nació en 1972 en Buenos Aires. Es licenciada en Letras y se dedica a la corrección y edición de textos. Desde 2015 participa de los talleres de poesía de Osvaldo Bossi. Publicó en 2018 El amor y otras cosas espantosas (Córdoba, Alción editora, 2018).



Jorgelina Soulet / Dos poemas
Jorgelina Soulet / Poema
Jorgelina Soulet / IX
Jorgelina Soulet / X
Jorgelina Soulet / XI
Jorgelina Soulet / Poema inédito
Jorgelina Soulet / Me pedía que nadara
Jorgelina Soulet / El amor y otras cosas espantosas
Jorgelina Soulet / Otros dos poemas





sábado, 6 de agosto de 2022

Jorgelina Soulet / El amor y otras cosas espantosas

 



Jorgelina Soulet

EL AMOR Y OTRAS COSAS ESPANTOSAS



Ayer aprendí
que las tortugas
pueden comer cactus
y salir victoriosas
de semejante hazaña.
Mastican
tragan
digieren
los afilados tesoros.
Entonces
quiero yo también
caparazón simétrico
patas con escamas
y pico curvado
para arrancar una a una
las espinas
y disolver en mi boca
todas las desgracias.

***

La isla o la vida

—me dijo—
y no supe elegir
la casa a los pies del volcán
las playas nudistas
los castaños en invierno.
No pude elegir
el jardín y su docena de gatos
la cuesta empinada para llegar a casa
las rosas verdes en los tejados.
No quise la isla
ni los viñedos en terraza
olvidé las constelaciones
los puertos
los veleros
para quedar varada
desnuda de brisa marina.


El amor y otras cosas espantosas 
Córdoba, Alción editora, 2018.


Jorgelina Soulet nació en 1972 en Buenos Aires. Es licenciada en Letras y se dedica a la corrección y edición de textos. Desde 2015 participa de los talleres de poesía de Osvaldo Bossi. Publicó en 2018 El amor y otras cosas espantosas (Córdoba, Alción editora, 2018).




domingo, 20 de octubre de 2019

Jorgelina Soulet / Poema inédito


Jorgelina Soulet
(Poema inédito)

Cuando pelaste la cebolla
para la ensalada
supe
que darme un beso
no estaba en tus planes.
Dudé por un instante
porque cebolla más cebolla
se neutralizan
pero no
nunca miraste esta boca
que hace ya veinte años
solo sabe decirte cosas 
con paciencia y deseo.
Cuando agregaste comino
semillas de hinojo
y una pizca de curry
pensé
solo falta el ajo
para ahuyentarme
cual vampiro
lejos
bien lejos de tu boca.
Si pudiera
si fuese capaz
de preparar
una ensalada para vos
no pondría ajo
ni romero
ni comino
tampoco cebolla.
No tendría la acidez del limón
pero sí la sutileza del vinagre
y la untuosidad del aceite de coco.
Si pudiera 
no pensar más en tu boca
que no quiere
comerse la mía.
Pero no puedo
y mientras mastico la berenjena 
tengo una epifanía:
jamás vas a mirarme
como te miro a vos.
Con semejante revelación
trago la zanahoria
sin masticarla
quiero irme pronto
para llorar tranquila
dejar de mirarte
y pelar la cebolla
que voy a comer
sola
esta noche
lejos
muy lejos
del deseo.




Jorgelina Soulet / Me pedía que nadara


Jorgelina Soulet
ME PEDÍA QUE NADARA


Me pedía que nadara
quería ver
ligeros mis pies
la respiración simétrica
a un lado
y al otro.
Quizás
porque ella
tanto le temía
nunca pudo
bordear el agua
sin antes elegir un salvavidas.
Le gustaba contemplar
cómo me lanzaba
los brazos extendidos
rectas las piernas
se deleitaba viéndome
hacer dibujos en el agua
brazada tras brazada.
Es como una guirnalda
-decía-
esa estela de burbujas
que te envuelve.
Me llamaba sirena
y yo
que siempre quise
vivir en lo profundo
desarrollé branquias
aletas dorsales
y vejiga natatoria.
Ahora lo sé
nada puede hundirme
siempre logro
salir a flote
sortear las olas más altas
los maremotos
los tifones.
Mi mamá siempre decía
que yo
podría haber nacido pez.






martes, 15 de octubre de 2019

Jorgelina Soulet / X

Fotografía de Andrea Torres Balaguer

Jorgelina Soulet
X
No voy a ir a Lisboa con vos
ni a Praga
ni a París.
No voy a ir con vos
a Berlín ni a Venecia.
No vamos a hablar
en idiomas inventados
para pedir habitaciones en hoteles.
No vamos a visitar museos
iglesias palacios jardines.
No vamos 
a subirnos a un tranvía
a un caballo o a una góndola.
No vamos a comer
croissants
spaghetti 
chucrut
ni a emborracharnos
y después no saber
cómo volver a casa.
No vamos a ir al Pont Neuf
ni tampoco a tocar
los restos del Muro.
Ver más ruinas
para qué.
A Madrid tampoco vamos a ir
te negabas
a caminar por la Gran Vía
donde fui tan feliz con otra
con la que tampoco fui a Lisboa
ni a Praga
ni a Berlín
pero me hubiese encantado.



Jorgelina Soulet / XI


Woman and cat, 1930

Georges Schreiber (1904-1977)


XI
Jorgelina Soulet

Te vas a quedar sola
con tus plantas
tus gatos 
y tus libros
me dijo
el último día que la vi
pero hace dos meses
acá
los días transcurren mansos
y un gato duerme al sol
mientras yo
con las manos en la tierra
pienso el poema
que voy a escribir
para contarle
que en esta casa
estamos muy bien
muy felices
los gatos
las plantas
los libros 
y yo.
Jorgelina Soulet
El amor y otras cosas espantosas
Córdoba, Alción editora, 2018


Jorgelina Soulet / IX


Fotografía de Andrea Torres Balaguer

Jorgelina Soulet
IX

No me gustaba coger con vos
no me gustaba
que no dijeras nada
que no emitieras
ni el más leve sonido
ni un suspiro
un estertor
un jadeo.
Tampoco me gustaba
que no me dejaras
decirte cosas
un susurro
un grito
alguna porquería.
Y mientras te daba besos
pensaba
que al sexo silencioso
le falta una parte
el oído es también un órgano sexual
te dije muchas veces
pero no hubo caso
nos quedamos sordas

lunes, 14 de octubre de 2019

Jorgelina Soulet / Poema

Foto de Andrea Torres Balaguer

Jorgelina Soulet


Me dijo que no lo hiciera
que tatuarse un tsunami 
no era buen augurio
pero no me importó
y elegí en qué lugar
llevaría La gran ola.
En el omóplato derecho
trepando hacia el cuello
para gritar mejor
cuando el agua llegue
casi hasta las narices
y no haya tierra
ínsula
ni timón
donde aferrarse.



Jorgelina Soulet / Dos poemas

Women in the wind
Escultura, bronce
Stig Blomberg
Jorgelina Soulet
DOS POEMAS


Leí en diarios y revistas
que practicar deportes
genera endorfinas
moléculas de felicidad.
Entonces ansié
salir a correr bajo la lluvia
o subirme a la bici
y rodar
hasta que se haga la sonrisa
pedalear
para ver el mundo
con los ojos chinos de reír.
Quise además
hacer boxeo
saltar con garrocha
lanzar la bala
la jabalina
con arcos y flechas
dar en el blanco.
Anhelé zambullirme
en una pileta olímpica
romper el agua
hacer burbujas
de alegría submarina.
Correr maratones
que me devuelvan
el viento en la cara
la gota que cae por la sien
y el trotecito al corazón.



Women in the wind
Escultura, bronce
Stig Blomberg

La ferretería era
el paraíso de mis amigas
la envidia tal vez.
Llegaban y querían
abrir las puertitas
revisar los cajones
escudriñar los estantes.
Pero la atracción cumbre era
subir a la escalera con rueditas
elemento cardinal del universo ferretero.
Cuatro armazones de madera robusta
prolijamente lustrados
macizos
imponentes.
Una guía de hierro
las mantenía suspendidas en la altura.
Era un ritual
correr por el pasillo
apoyar un pie
y con el otro dar uno, dos
cuatro enviones.
Trepar los peldaños
mientras se deslizaba
era un desafío
y cerrar los ojos
la prueba máxima.
Un ir y venir
una hamaca celestial
un trapecio.
Soltar las manos
sentir el aire oxidado
la cal y el cemento
la pintura penetrando las narinas
pero seguir rodando.
Cuándo fue
que dejé de jugar
y bajé las escaleras
para asentarme en la tierra.
Cuándo empecé a resbalar
peldaños abajo
y abandoné la costumbre
de sonreír en la cúspide.
Cómo fue que preferí
el alambre de púas
a las escaleras flotantes.