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lunes, 23 de septiembre de 2024

Juan Gabriel, el patriotismo del corazón

 

juan gabriel disco postumo

Juan Gabriel actúa en el escenario del Nokia Theatre el 18 de septiembre de 2014 en Los Ángeles, California.JC OLIVERA


Juan Gabriel, el patriotismo del corazón

La música representó algo más que una vocación o un oficio para el Divo de Juárez. Cantar y componer fueron su mandato, la forma de vida que le estaba reservada, el virus permanente y el fármaco esencial, la dosis necesaria de sus días. Juan Villoro escribe sobre el cantautor mexicano con motivo del estreno de su disco póstumo ‘México con escalas en mi corazón’



JUAN VILLORO
07 OCT 2023 - 23:54 COT


Las leyendas tienen modesto origen. Alberto Aguilera Valadez nació en 1950 en Parácuaro, Michoacán, en el seno de una familia campesina. A causa de un padecimiento mental, su padre fue llevado al hospital psiquiátrico de La Castañeda, en la Ciudad de México, donde tuvo un final que se desconoce. La madre emigró con sus hijos a Ciudad Juárez, que se convertiría en el escenario fundamental de un cantautor fascinado por las mezclas y los contrabandos culturales.

lunes, 18 de marzo de 2024

Juan Villoro / Ella

 


Juan Villoro

ELLA

Me eligió como se elige un libro en una biblioteca. Ignoro si me escogió por el título, el lomo, la portada, la tipografía o por mi ubicación entre los libros. No sé qué clase de texto fui para ella.


martes, 29 de noviembre de 2022

Juan Villoro / Malcolm Lowry

Malcolm Lowry





Malcolm Lowry
Bajo el volcán


Turbulenta, atropellada y alcohólica, la vida de Malcolm Lowry podría merecer con justicia uno de sus títulos. Cien años después de su nacimiento y más de medio siglo después de su muerte, el ensayista mexicano apura un perfil del autor en un solo trago.

Por Juan Villoro

El centenario del nacimiento de Malcolm Lowry ha traído congresos en cantinas y abadías, algo apropiado para un autor que conoció el paraíso en alta mar y los bosques de Vancouver, y el infierno en las cárceles y los hospitales psiquiátricos. Generalmente estuvo en ambas partes a la vez. Los ambiguos favores del alcohol le permitieron mezclar cielo e inframundo.
Bajo el volcán –su novela absoluta, definitiva, inagotable– es un vasto poema narrativo y una tempestuosa exploración de la conciencia. Algunos lectores lo han visto como un libro hermético y adivinatorio, lleno de claves cabalísticas, y otros como un manual de autoayuda para abandonar de una vez por todas el mezcal o entregarse a él en busca de un resplandor suicida.
El propio Lowry padeció la fuerza de ese libro único. Cuando su casa se incendió en Canadá, sintió que lo había perdido todo. Años antes, al terminar Bajo el volcán, experimentó lo mismo: el libro que le daba cobijo había dejado de pertenecerle y lo condenaba a vivir a la intemperie. Aunque escribió poemas, novelas breves y relatos espléndidos, no encontró otro desafío como el de la novela ambientada en Cuernavaca.
Lowry ha sido objeto de dos biografías excepcionales. En 1973, Douglas Day publicó el primer recuento de la atribulada vida que comenzó en 1909, en la región de Cheshire, tierra de otro reinventor de las palabras, Lewis Carroll. Douglas Day reconstruyó la historia con aliento impar, pero dependió en exceso de una fuente de información: Marjorie Bonner, segunda esposa del novelista. Veinte años después, Gordon Bowker precisó los hechos en Perseguido por los demonios. Esta segunda biografía comienza con una escena en la que Lowry viaja en automóvil con su padre. El petulante abogado Lowry critica a un hombre que todos los días hace el mismo camino a pie, entre la nieve: “Es un borracho”, dice. El hijo no puede ocultar su admiración por ese ultrajado que se levanta a las cinco de la mañana para caminar 11 kilómetros. ¿Es justo que se insulte a alguien capaz de tal proeza? En ese momento decide lo que será de grande: un borracho.
Lowry cumplió con creces su ambición de alcanzar la más elevada dipsomanía y no dejó de reflexionar acerca del juicio injusto que se concede a los demás.
Nació en el seno de una familia acomodada, recibió una estupenda educación en Cambridge, destacó en los deportes, no le faltaron amistades ni amores, contó con la tuteladel escritor Conrad Aiken y logró que lo invitaran a numerosas fiestas, a pesar de que siempre tocaba el ukelele. Sin embargo, repudió la seguridad de su familia y de Inglaterra para vivir como extranjero, sin trabajo ni vínculos estables. En un gesto casi religioso, renunció a todo para explorar la caída del hombre desde la posición del descastado.
La inocencia vulnerada y la culpa fueron los motores de su escritura. El cónsul Geoffrey Firmin, protagonista de Bajo el volcán, tiene un pasado confuso. Se le acusa de haber permitido que unos prisioneros murieran en el barco que tuvo a su cargo durante la guerra. Aunque sueña que lo declaran inocente, se persigue a sí mismo con toda clase de reproches. El más grave es la imposibilidad de retener a Yvonne, la mujer que ama. Bajo el volcán ocurre durante el Día de Muertos de 1938. Yvonne regresa a Cuernavaca para un careo definitivo con Firmin.
Pocas cosas han sido tan fecundas como la forma en que Lowry malinterpretó la realidad mexicana. Al entrar en una fonda pensó que ofrecían “pollo espectral de la casa” y al leer un letrero en un parque público creyó que aludía a la expulsión del paraíso.
Otro malentendido dio lugar a un relato que se convertiría en Bajo el volcán. Vio a un hombre accidentado al borde de una carretera y se sorprendió de que nadie se acercara a socorrerlo. Preguntó qué sucedía y creyó entender que en México la ley prohibía que se ayudara a los heridos. Lo que en realidad le dijeron fue que la policía, ineficaz y perezosa, arrestaba a la persona más próxima a la víctima. Por eso temían ayudar al herido. Lowry sintió el cautivador espanto de estar en un país donde la ley impedía salvar a las víctimas. El cuento se expandió hasta convertirse en una inmensa parábola sobre el desplome y la búsqueda de redención a través del amor.
Una de las muchas referencias de la novela es un cartel publicitario de la película Las manos de Orlac. Lowry no refiere la trama del film, quizá por considerarla demasiado próxima a sus objetivos. Las manos de Orlac trata de un pianista cuyos dedos no le pertenecen, pues son los de un asesino. Lo más inquietante es que llevar el mal en los dedos puede ayudar en el teclado. ¿En qué medida el arte se alimenta de la aniquilación? “No es posible vivir sin amar”, reza uno de los lemas que el cónsul descubre en México. Lowry sugiere que tampoco es posible amar ni crear sin destruir.
El 19 de febrero de 1947, el editor Jonathan Cape se atrevió a publicar un libro con la forma, la intensidad y la belleza de un incendio. 
El volcán sigue activo.



domingo, 27 de junio de 2021

Juan Villoro / Jorge Ibargüengoitia / Instrucciones para vivir en México

Jorge Ibarguengoitia
Universidad de Iowa en 1976.

Viaje literario por el México de Jorge Ibargüengoitia

Juan Villoro abre con un libro de su compatriotra esta serie en la que cada día un escritor mexicano recomienda una obra para conocer mejor su país


La Feria virtual de EL PAÍS en la Feria de Guadalajara empieza hoy la serie Viaje literario por México. Cada día un escritor mexicano recomendará un libro de un compatriota suyo que nos permita conocer mejor su país. Participarán Juan Villoro, Cristina Rivera Garza, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Xavier Velasco...
Empezamos este Viaje literario por México con la recomendación de Juan Villoro:
En Instrucciones para vivir en México, Jorge Ibargüengoitia logró el mejor manual de supervivencia para un país que suele ser un misterio (especialmente para los mexicanos). El libro recoge una selección de las columnas que publicaba dos veces a la semana y escribía a toda prisa el lunes para confirmar que tenía el mejor trabajo del mundo: de martes a domingo estaba libre. Armado de un excepcional sentido del humor, el cronista y novelista se adentró en los enigmas de la vida diaria y el cambiante drama de la identidad (¡que trabajo nos cuesta parecernos a nosotros mismos!). Convencido de que nacer bajo el signo de Acuario, determinó que tendría goteras de por vida, Ibargüengoitia vio los desastres cotidianos con una ironía que casi los volvía entrañables. La añeja y exótica sabiduría de sus tías, las profecías de las sirvientas, las frases escuchadas en el barrio de Coyoacán y las tertulias de cantina entraron a sus páginas como el coro griego de un moderno Aristófanes.Sin ser un sibarita de la catástrofe, descubrió que el caos divierte, encontró festivos anticuerpos contra el mal y dejó una guía de cómo sobrevivir a las molestias de los vecinos, los engaños del gobierno, la solemnidad de los intelectuales y, algo casi imposible de lograr, la música de las estudiantinas.

EL PAÍS



MÉXICO LINDO Y QUERIDO
Triunfo Arciniegas / Muchacha / Playa Bruja
Idalia Candelas / En México es difícil ser soltera y vivir sola a los cuarenta
Vargas Llosa / El muro y el flaco
Monumento al compositor del Danzón Zacatlán, Pedro Escobedo
Héctor Aguilar Camín / Lamento mexicano
Asesinos / Un último interrogante en el caso de Pilar Garrido
Relato de un día de pánico en la zona cero del terremoto de México
Lecciones de gastronomía / El pan que nos une
Festival José Alfredo Jiménez / Recorrido de cantinas
La volcánica vida de Chavela Vargas / Olvido, sexo, alcohol y balazos
Así espiaba la policía política del PRI a Octavio Paz
La misteriosa vida de Miguel Bosé en México
Elmer Mendoza / Los lectores de novela negra se comportan como escritores
Alfonso Cuarón / En México existe un profundo racismo, pero las cosas están cambiando
Vargas Llosa / El populismo mexicano
México lindo y qué herido / ¿Narcocementerio? No, los policías también lo usaban.
Un domingo violento completa un sangriento fin de semana con casi ochenta muertos
México atraviesa la época más sangrienta de su historia
La maldición del aguacate
Todo el horror de México se concentra en una calle de Michoacán


miércoles, 29 de enero de 2020

Lecciones de semántica / Duelos y quebrantos


Don Quijote y Sancho Panza
Ilustración de Rezvan Kani


Duelos y quebrantos


El habla, del ‘Quijote’ a ‘Roma’, que esta semana ha protagonizado una polémica por sus subtítulos en español, es una experiencia universal. Por muy local que suene

JUAN VILLORO
13 ENE 2019 - 03:23 COT

México fue durante años un bastión del doblaje. Varias generaciones de españoles crecieron viendo dibujos animados donde las ardillas y los gatos podrían ser “chamacas” y “chamacos”. Nadie pareció molestarse por el asunto y esas versiones adquirieron encanto de época.
Cuando me instalé en Barcelona en 2001 el técnico que llegó a conectar el Internet se sorprendió de mi acento. Al terminar, rompió la factura y dijo: “No puedo cobrarle a un dibujo animado”.

Roma

Muy distinta fue la actitud de quienes subtitularon Roma para que se entendiera en España, como si hubiera sido filmada en copto. Vi la película de Cuarón en el caracol zapatista de Oventik. A mi lado, los espectadores metían las manos bajo sus pasamontañas para secarse las lágrimas. Desde ese rincón rebelde de Chiapas hasta los acaudalados desfiles de la alfombra roja, Roma ha conectado con muy diversos públicos. La decisión de “traducirla” resultó absurda (si un personaje gritaba “vengan”, en la pantalla aparecía “venid”, como si los espectadores fueran subnormales), pero abrió un debate público que propició la oportuna protesta de Cuarón y de articulistas españoles.

lunes, 8 de mayo de 2017

Juan Villoro / Cara a cara con Juan Rulfo

Juan Rulfo
Poster de T.A.

Cara a cara con Juan Rulfo

Violenta y austera, la singular poética del genial Juan Rulfo disfruta de una segunda vida en su centenario. Su larga sombra toca a nuevos autores mexicanos


Juan Villoro
8 de mayo de 2017

"Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”, así comienza el primer cuento de El llano en llamas (1953), de Juan Rulfo. De manera emblemática, un virtuoso del estilo se sirvió de una voz incierta para ese cuento inicial. Un muchacho con una deficiencia mental mira el mundo con inocente extrañeza. Macario, el protagonista, bebe la leche de una mujer y ella le asegura que esa dicha lo convertirá en un demonio. En los ruidos de la naturaleza, él busca una clave para los enigmas del bien y el mal; decide que, cuando se callen los grillos, saldrán las almas. Esa profecía anticipa la novela Pedro Páramo (1955), donde todos los personajes están muertos. ‘En la madrugada’, otro cuento de El llano en llamas, anuncia lo mismo: en un sitio donde los desposeídos no intervienen en los sucesos, las noticias salen de las tumbas: “Voces de mujeres cantaban en el semisueño de la noche: ‘Salgan, salgan, salgan, ánimas en pena”.
La ronda de los fantasmas rulfianos no ha dejado de suceder. Su larga sombra toca a nuevos autores mexicanos. La novela Las tierras arrasadas, de Emiliano Monge; la obra de teatro Mendoza, de Antonio Zúñiga y Juan Carrillo, y el cuento Una pura brasa, de Rodrigo Flores Sánchez, son piezas de indiscutible singularidad en las que resuena un eco inconfundible, una voz que ya es el nombre propio de la tradición.
En Pedro Páramo, quienes se han librado del dolor de vivir integran un coro de voces sueltas. No es casual que el título de trabajo de la novela fuera Los murmullos. Mucho antes de las desmesuradas redes sociales, Rulfo creó una ronda de personajes dispuestos a hablar sin encontrarse, confirmando la poderosa realidad virtual de la literatura.
Cristina Rivera Garza acaba de publicar Había mucha neblina o humo o no sé qué, bitácora que aborda los parajes, los libros, las fotografías, los trabajos, las fatigas, la vida concreta y dura del hombre que sería leyenda. Entre otros asombros, Rivera Garza destaca la función liberadora que Rulfo otorga al deseo femenino: “Es claro que las ánimas que se pasean por Comala purgando culpas y murmurando historias son ánimas sexuadas”; los cuerpos han desaparecido de los confines terrenales, pero el alma de Abundio Martínez aún siente a la mujer que “le raspaba la nariz con su nariz”.


Tras ‘El llano en llamas’ y ‘Pedro Páramo’, guardó silencio. Rehusó modificar una bibliografía perfecta

Rulfo se sirve de un lenguaje deliberadamente austero para recrear la pobreza del campo mexicano. La música de su idioma proviene del uso, tenso y reiterado, de pocos elementos. En esa poética de la escasez, las palabras percuten como piedras de un desierto donde “se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga”.
La renovada actualidad de Rulfo se manifiesta en su impronta en escritores contemporáneos, pero también en una realidad que no deja de parecérsele. La violencia, el ultraje, la traición y el sentido gratuito de la muerte determinan sus páginas con la misma gramática de la sangre con que determinan la hora mexicana.
“¿Qué país es éste?”, pregunta un personaje del cuento ‘Luvina’. Cada historia rulfiana tiene su modo de ser actual. ‘Paso del norte’ trata de los mexicanos acribillados en el río de la esperanza que lleva a Estados Unidos, el infierno que Trump desea perfeccionar con un muro.
En un entorno que se decide con el filo del machete, las aclaraciones son póstumas: un asesino le explica su suerte al cadáver de su enemigo. Ahí, la política y la religión no sirven de consuelo. Gente de mucha fe, los seres rulfianos rezan hasta morder el polvo. En ‘Nos han dado la tierra’, los campesinos reciben en recompensa por sus luchas agrarias un arenal incultivable. ¿Quién manda en ese territorio? En ‘Luvina’, cuando alguien se refiere al Gobierno y dice que su madre es la patria, otro responde: “El Gobierno no tiene madre”.
En una región sin más hegemonía que el abuso, Pedro Páramo se alza como cacique y patriarca, Señor de lo Público y lo Privado. Comala es su propiedad, pero algo se le resiste: Susana San Juan. El tirano ama a una mujer indómita, atravesada por la incontrolable fuerza de la locura y una sensualidad que no tiene que ver con él. En la novela de las almas en pena, nada está tan vivo como Susana.
Rulfo nació en 1917, año en el que se escribió la Constitución mexicana. Durante un siglo, la Carta Magna ha recibido 695 enmiendas según unos cálculos, 699 según otros. Ese palimpsesto no se concibió para ser leído, sino para que litiguen los abogados. En el centenario de Rulfo, nada es más elocuente que su prosa ni más oscuro que las leyes, que semejan las palabras herméticas de la religión: “Tú sabes cómo hablan raro allá arriba”, dice una voz en Pedro Páramo.
En el México de 2016, cada mes 500 cadáveres fueron a dar a fosas comunes. Una necrópolis donde sólo las almas tienen oportunidad. Aprendemos geografía con los cambiantes nombres de las tragedias: Ayotzinapa, Tetelcingo, Acteal. Aprendemos que algo resiste con un solo nombre: Rulfo.


El autor se sirve de un lenguaje deliberadamente sobrio para recrear la pobreza del campo mexicano

Después de El llano en llamas y Pedro Páramo, el maestro guardó silencio. Dejó un puñado de cartas, textos excepcionales escritos para el cine, habló con pícara inventiva de historias futuras y rehusó modificar una bibliografía perfecta.
Una y otra vez sus páginas aluden al necesario reverso del sonido. El cuento ‘Talpa’ ofrece una moral al respecto: “Muy abajo el río corre mullendo sus aguas entre sabinos florecidos; meciendo su espesa corriente en silencio. Camina y da vueltas sobre sí mismo. Va y viene como una serpentina enroscada sobre la tierra verde. No hace ruido. Uno podría dormir allí, junto a él, y alguien oiría la respiración de uno, pero no la del río”. ¿Hay mejor retrato de una voz idéntica a la tierra?
El río de Juan Rulfo fluye “mullendo sus aguas”, “camina y da vueltas sobre sí mismo”. Ahí, la gente bebe sueños. Misteriosamente, el agua que trae tantas cosas no hace ruido, o trae el más fuerte de todos: el silencio.

viernes, 7 de octubre de 2016

Truman Capote / Miriam


Truman 

Capote

Biografía


Miriam


Traducción de Juan Villoro






esde hacía varios años Mrs. H. T. Miller vivía sola en un agradable apartamento (dos habitaciones y una cocina pequeña) de un viejo edificio de piedra recién rehabilitado, cerca del río Este. Era viuda: el seguro de Mr. H. T. Miller le garantizaba una cantidad razonable. Le interesaban pocas cosas, no tenía amigos dignos de mención y rara vez se aventuraba más allá del colmado de la esquina. Los otros habitantes del edificio parecían no reparar en ella: sus ropas eran anodinas; sus facciones, simples, discretas; no usaba maquillaje; llevaba el pelo gris acerado corto y ondulado sin mayor esmero, y en su último cumpleaños había cumplido sesenta y uno. Sus actividades rara vez eran espontáneas: mantenía inmaculados los dos cuartos, fumaba algún cigarrillo de vez en cuando, cocinaba ella misma y cuidaba del canario.
Entonces conoció a Miriam. Nevaba aquella noche. Después de secar los platos de la cena, hojeó un periódico vespertino y dio con el anuncio de una película en un cine de barrio. El título sonaba bien. Le costó trabajo ponerse su abrigo de castor, se anudó las botas impermeables y salió del apartamento. Dejó una luz encendida en el vestíbulo: nada le molestaba tanto como la sensación de oscuridad.  La nieve era fina, caía con suavidad, se disolvía en el pavimento. El viento del río sólo dejaba sentir su filo en las esquinas.  Mrs. Miller se apresuró, abstraída, la cabeza inclinada, como un topo que cavara un camino ciego. Se detuvo en una farmacia y compró una caja de pastillas de menta.
Había bastante cola frente a la taquilla; se puso al final.  Tendrían que esperar un poco (gruñó una voz cansada). Mrs. Miller hurgó en su bolso de cuero hasta que reunió el importe exacto de la entrada. La cola parecía que iba para largo; miró a su alrededor, buscando algo que la distrajera; de repente descubrió a una niña bajo el borde de la marquesina.

sábado, 9 de abril de 2016

Juan Villoro / Los dioses no tienen cuerpo








Los dioses no tienen cuerpo

‘Patria o muerte’ es la visión crítica de un país donde la política se ha convertido en religión




JUAN VILLORO
1 ABR 2016 - 16:08 COT



En su admirable novela Patria o muerte, Alberto Barrera plantea la paradoja de un hombre que gobierna su país con absoluto sentido del control, pero encuentra una inesperada región indómita: su propio cuerpo.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Juan Villoro / Dejarías que tu abuela saliera con un Stone?


¿Dejarías que tu abuela saliera con un Stone?

La cirugía ha convertido el envejecimiento en algo tan misterioso 

como el secreto bancario



Los Rolling Stones regresarán a América Latina en 2016 en un intenso espectáculo geriátrico. Sus conciertos son como una invitación a la Última Cena, la oportunidad de decirle adiós a los profetas. Si a los 40 años Mick Jagger parecía demasiado viejo para cantar Satisfaction, a los 72 fascina por la misma causa. Los heraldos de la juventud se transformaron en acaudalados decanos del alto volumen. Lo peculiar es que, mientras sus facciones se curtían con los navajazos de los años, la inmadurez dejaba de ser atributo de los adolescentes para afectar a la especie entera.

La noción de edad se ha relativizado, alguien de 15 años puede haber agotado sus aspiraciones
En No somos los últimos, Massimo Rizzante habla del infantosaurus, criatura suspendida en el tiempo. La noción de edad se ha relativizado en tal forma que alguien de 15 años puede ser un melancólico que ya agotó sus aspiraciones cibernéticas y alguien de 68 puede vivir una etapa bio-erótica donde todos los alimentos son orgánicos, menos el viagra. En palabras de Rizzante: “Una masa amorfa y sonriente, que ya no sabe cuál es su verdadera edad, intenta descubrir, por medio de cualquier instrumento que la técnica le ofrece, la posibilidad de no verse inmersa en la madurez”. Esta tendencia ha dado lugar a una nueva categoría sociológica: los post-adultos.

jueves, 30 de octubre de 2014

Yo sé leer / Vida y muerte en Guerrero











“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero

En este territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza de la mayoría, y el narcotráfico no es la principal causa de su deterioro


El pasado 17 de octubre el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.
La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas. Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.
La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.
La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.
En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida "negociada" y optaron por un camino sin retorno en la montaña.
La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime las discrepancias a balazos
La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desapareciedos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.
Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema (Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).
¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.
En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparción de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.
La indignante desigualdad social conduce a muchos a sembrar marihuana o matar a sueldo
En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.
Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.
El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.
“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.
El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.
Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.
43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.
A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.
Juan Villoro es escritor. Acaba de publicar ¿Hay vida en la Tierra? (Anagrama).