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| James Rhodes |
James Rhodes: drogas, abusos sexuales... y un piano
Gonzalo
Suárez
Actualizado 16/11/201505:13
Tres personajes conviven en el cuerpo esquelético de James
Rhodes. El primero es el pianista que describe su
currículum: una
estrella de la música clásica que ha tocado en los
auditorios más exquisitos del Reino Unido. El segundo, el cuarentón
con pinta de rockero que abre la puerta de casa y extiende su brazo cuajado de
tatuajes: «Pasa, tío». Y el tercero, el tipo tímido que se apoltrona en su
sofá, empieza a relatar su vida con un hilillo de voz y, de repente, convierte
su apartamento en un confesionario XXL.
Sí: tú eres el sacerdote.
Diez minutos más tarde, lo sabes todo sobre cómo
su profesor de gimnasia le violaba al salir de clase. Sobre
su adicción a rajarse los brazos con cuchillas de afeitar. Sobre la vez que
intentó ahorcarse con un cable de la tele. Sobre cómo muchas noches, cuando le
asalta el insomnio, combate los ataques de ansiedad repasando mentalmente las
100.000 notas de su próximo recital. Una a una. Como quien cuenta ovejitas.