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miércoles, 10 de julio de 2024

Oscar Hahn / Anotaciones en el diario de Rimbaud

 

Arthur Rimbaud
David Levine


Oscar hahn

ANOTACIONES 

EN EL DIARIO DE RIMBAUD

 

I. África, 1880 – 1891

 

He llegado hasta aquí navegando por el Mar Rojo

después de darle muerte al indeseable

 

Tenía 20 años y era una de las vírgenes locas

 

Adén es el cráter de un volcán apagado

sin una brizna de pasto sin una gota de agua

No hay nada que ver o tocar excepto lava y ceniza

 

Monté en mi caballo y atravesé las arenas de Somalia

Ahora me encuentro en Harar la ciudad prohibida

Le llevé rifles y municiones al rey de Soa

pero no me pagó lo convenido el muy cabrón

 

Me han brotado várices en la pierna

Me duelen mucho y no me dejan dormir

 

Mientras me afeitaba frente al espejo

vi que el indeseable estaba detrás de mí

con el pelo teñido y las cejas depiladas

 

Me di vuelta de golpe pero no había nadie

 

En el desierto los espejismos se burlan de nosotros

Yo me burlo de los espejismos

 

Me dicen que la pierna se ha gangrenado

que tengo mucha fiebre que debo salir de aquí

 

Los nativos hicieron una litera de lona

y me cargaron los 300 kilómetros

que separan las montañas de Harar y el puerto de Zeila

 

 

II. Hospital de Marsella 1891

 

Vuelvo a mi país después de 16 años de ausencia

Parezco un esqueleto y la gente se asusta de mí

 

Las mujeres cuidan a los feroces inválidos

que retornan de lugares tórridos

 

Hoy me amputaron la pierna derecha


La vida es un horror interminable

 

No sé para qué nos empeñamos en seguir viviendo

 

El Esposo Infernal se me apareció en un sueño

Tenía un rosario entre los dedos

 

Tres horas más tarde Dios fue negado

y sus 98 heridas empezaron a sangrar

 

He tratado de caminar con muletas

pero no he podido avanzar ni un centímetro

 

Yo que atravesé montañas y desiertos

ríos y mares ciudades y reinos

y a quien llamaban el suelas de viento

 

Los curas no quieren darme la comunión

Temen que me atragante con la carne de Cristo

 

Desde mi cama vi la silueta del indeseable

 

Venía caminando con la pierna que me cortaron

y traía un barco de papel en la mano

 

Tú estás muerto le dije furioso

Y él dijo: “Yo estoy vivo el muerto eres tú

 

Pondrás el barco de papel en ese charco de agua

y llegarás a donde nunca has llegado”




Óscar Hahn / El doliente





Óscar Hahn
EL DOLIENTE

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas




Óscar Hanh / A mi bella enemiga

 

Ilustración de Mikkel Arildsen


Oscar hahn

A MI BELLA ENEMIGA

No seas vanidosa amor mío
porque para serte franco
tu belleza no es del otro mundo
Pero tampoco es de éste.





Óscar Hahn / Escrito con tiza

 


Oscar Hahn
Escrito con tiza

Uno le dice a Cero que la nada existe
Cero replica que uno tampoco existe
porque el amor nos da la misma naturaleza

Cero mas Unos somos Dos le dice
y se van por el pizarrón tomados de la mano

Dos se besan debajo de los pupitres
Dos son Uno cerca del borrador agazapado
y Uno es Cero mi vida

Detrás de todo gran amor la nada acecha.



Oscar Hahn / Después del incendio

 



Oscar Hahn

DESPUÉS DEL INCENDIO

Tengo que recoger mis escombros
darles la forma humana que tenían
y seguir adelante

Que no haya brasas en los ojos
ni nubes de humo negro en el alma

Algunas cicatrices
por aquí y por allá son aceptables

Lo demás es echarse el dolor a la espalda
limpiarse las cenizas
y continuar andando




martes, 9 de julio de 2024

Óscar Hahn / En una estación del metro

 



Óscar Hahn

En una estación del metro


Desventurados los que divisaron 
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe 
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados 
a vagar sin rumbo por las estaciones

y a llorar con las canciones de amor 
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que descienden de un carro 
en cualquier estación del metro

y resplandece unos segundos 
y se pierde en la noche sin nombre



Oscar Hahn / Muerte de mi madre


Óscar Hahn

Muerte de mi madre


El Papa ha muerto 
y todos los televisores del mundo 
están mostrando la noticia 
Ahora vemos el traslado del cuerpo 
a través de los aposentos del Vaticano 
Yo sé que a usted 
le hubiera gustado ver todo esto mamá 
y que se hubiera emocionado 
y que hubiera seguido la transmisión 
desde su cama

Y los restos del Papa 
fueron trasladados desde la capilla 
hasta la catedral de San Pedro 
Pero a usted 
tuvimos que bajarla hasta el sótano del edificio 
en una silla de ruedas 
porque el ataúd no cabía en el ascensor

En estos momentos 
los mil millones de católicos 
que hay en el mundo 
expresan su dolor por la muerte del Papa 
pero la suma de todo ese dolor 
no puede compararse 
con el dolor que sintieron a sus hijos 
cuando la levantaron de la silla de ruedas 
y la pusieron en el ataúd

El hecho de que me esté dirigiendo a usted 
aunque no pueda responderme 
me dice que usted no está muerta 
que está en alguna parte del universo 
escuchándome 
porque existir no puede ser algo tan pobre 
como vivir metido adentro de un cuerpo 
que se hace escombros que se hace cenizas

Recuerdo que cuando era niño 
y tenía pesadillas con el diablo 
corría a meterme en su cama 
y ahora a veces tengo mucho miedo mamá 
y no quiero tener más miedo 
quiero que todo el universo sea como una gran cama 
en la que pueda meterme cuando tenga miedo 
y usted esta a mi lado aunque no pueda verla



Óscar Hahn / Soledad




Óscar Hahn

Soledad

En mi soledad me persigues 
con ensoñaciones de días pasados. 
Música de Duke Ellington 

 

Mi soledad no está sola: 
está conmigo 
Me acompaña dondequiera 
que voy: duerme en mi cama 
come de mi mano: respira 
el aire que respiro 
Me habla con mi voz 
camina como yo camino 
siente lo que yo siento 
Sólo una vez mi soledad 
se alejó de mi lado 
me abandonó: partió 
Fue esa tarde que conocí 
a la mujer de mi vida 
Meses y meses sin mi soledad 
noche tras noche con mi gran amor 
ocupando el espacio 
de mi desamparo 
Hasta que un día todo terminó 
como siempre terminan 
los amores eternos: 
en un abrir y cerrar de ojos 
Y ahora 
he regresado a mi casa
Mi soledad me recibe
con los brazos abiertos
no me dice nada
no me reprocha nada
me abraza me consuela
Llora conmigo



viernes, 20 de junio de 2014

Poetas invisibles de América Latina

Raúl Gómez Jattin
Poetas invisibles de Latinoamérica

La poesía en castellano al oeste del Atlántico es relativamente conocida en España.

Repasamos algunos poetas a tener en cuenta


Bogotá 16 ENE 2013 - 08:51 CET


Ilustración de la portada de 'Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea'.
Gracias a los premios y a la labor de algunas editoriales españolas, entre las que se destacan Visor, Renacimiento y Pre-Textos, la poesía escrita en castellano en la orilla occidental del océano Atlántico es más o menos conocida en España. Los principales nombres del canon actual, por lo menos, son familiares en la república poética. Es difícil que la poesía supere esos límites de difusión. Incluso la gente de la literatura, de la academia y de la prensa cultural se mueve con más familiaridad con los nombres de los narradores y hasta de los ensayistas que en el iniciático mundo de los poetas. Pero, hoy por hoy, poetas como Nicanor Parra (1914), Álvaro Mutis (1923), Fina García Marruz (1923), Ernesto Cardenal (1925), Tomás Segovia (1927-2011), Rafael Cadenas (1930), Juan Gelman (1930) y José Emilio Pacheco (1939), son conocidos gracias al Premio Reina Sofía, al Premio Cervantes y al Premio FIL de literatura.
Los que hay más allá es pura niebla. Nombres familiares en cada país e ignorados en el resto del vecindario, poetas secretos, de culto, individuos de todas las edades que, no obstante su valor, apenas son mencionados. A Fina García Marruz, por ejemplo, la saca del anonimato el Premio Reina Sofía; pero su esposo, otro grande poeta, Cintio Vitier (1921), permanece a la sombra. Y, sin salirme de Cuba, todavía más secreto es el simpar Rafael Alcides Pérez (1933). Entre la generación de los nacidos en el tercer decenio del siglo XX están las uruguayas Ida Vitale (1923) e Idea Vilariño (1920-2009), los peruanos Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), Blanca Varela (1926-2009) y Carlos Germán Belli (1927), los argentinos Perla Rotzait (1920) y Joaquín Giannuzzi (1924-2004) y los mexicanos Eduardo Lizalde (1929), Ramón Xirau (1924) y Rubén Bonifaz Nuño (1923).
Entre los nacidos después de 1930 hay algunos poetas que murieron sin alcanzar el cenit de reconocimiento que tanto merecían y que, ahora, son cada vez más leídos y admirados, como el venezolano Eugenio Montejo (1938-2008) y el colombiano José Manuel Arango (1937-2002). Entre los vivos de esta misma generación destaco, en México, a Gabriel Zaid (1934), de quien sus magistrales ensayos han opacado la excelente obra poética; están también los chilenos Oscar Hahn (1938) y Pedro Lastra (1932) y el colombiano Jaime Jaramillo Escobar (1932).


Eugenio Montejo, en la Residencia de Estudiantes. / GORKA LEJARCEGI
Por obvias razones, conozco más el paisaje colombiano que el de otros países. El mío, ha sido un país autista, mediterráneo, volcado hacia adentro. El más interesante poeta colombiano del siglo XX, Aurelio Arturo (1906), muerto en 1974, es todavía de consumo interno. Algo parecido sucede con el nadaista que comenzó firmando como X-504 y después con su nombre propio –no es mi pariente- Jaime Jaramillo Escobar, un poeta veriscular, de una inusitada fuerza, de un humor único.
Ya las generaciones nacidas en el decenio de 1940 tienen sus propios mártires: los colombianos Raúl Gomez Jattin (1945-1997) y María Mercedes Carranza (1945-2003), los peruanos José Watanabe (1945-2007) y Antonio Cisneros (1942-2012). Y acaso sea en este segmento en donde haya más grandes poetas desconocidos o casi. Pienso, sobretodo en los mexicanos Francisco Hernández (1946), que acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura de México, y David Huerta (1949), en el boliviano Eduardo Mitre (1943), en el colombiano Juan Manuel Roca (1945), en los venezolanos Alejandro Oliveros (1948) y Armando Rojas Guardia (1949), en los argentinos Arturo Carrera (1948) y Daniel Samoilovich (1949).
A medida que avanzo en el recorrido se me aparece más reveladora la imagen de que recorro un camino lleno de neblina, donde los nombres son desconocidos y los textos son borrosos. Entre los nacidos en el decenio de 1950 destaco al colombiano Rómulo Bustos (1954), a los chilenos Diego Maquieira (1954) y Raúl Zurita (1950), a los venezolanos Yolanda Pantin (1954) y Gustavo Guerrero (1958) –además de poeta, autor de la más completa antología de poetas hispanoamericanos nacidos después de 1960, Cuerpo plural-, al argentino Alejandro Bekes (1959), al uruguayo Rafael Courtoisie (1958), a los mexicanos Coral Bracho (1951), Vicente Quirarte (1954), Jorge Esquinca (1957), José Luis Rivas (1950) y Fabio Morábito (1955)


El escritor colombiano Álvaro Mutis. /GORKA LEJARCEGI
A medida que avanzo hacia los más jóvenes, desde un principio, el enunciado tiende más a parecerse a una conjetura y la sensación del redactor es que puede estar omitiendo nombre que olvidó o que, simplemente, desconoce. No están todos los que son, pero los que están, son. Después de 1960 nacieron los mexicanos María Baranda (1962), Jorge Fernández Granados (1965), Julio Trujillo (1969), Luis Felipe Fabre (1974) y Hernán Bravo Varela (1979); el costarricense Luis Chaves (1969); los colombianos Ramón Cote (1963), John Galán (1973), Juan Felipe Robledo (1968) y Catalina González (1976); el salvadoreño Jorge Galán (1973), el peruano Eduardo Chirinos (1960), el cubano Antonio José Ponte (1964), los argentinos Edgardo Dobry (1962) y Fabián Casas (1965), los argentino-españoles Andrés Neuman (1977) y Mariano Peyrou (1971); el guatemalteco Alan Mills (1979); los venezolanos Luis Pérez Oramas (1960), Luis Moreno Villamediana (1966), Erika Reginato (1977) y Jorge Vessel (1979); el dominicano Frank Báez (1978)… Imposible abarcar todos los nombres que se insinúan como excelentes poetas y, por eso, este párrafo destaca a algunos y comete involuntarias injusticias.
Enunciada mi –incompleta- lista, la que aparece como primera y mejor conclusión, es la diversidad de voces y de tendencias. Hay de todo. Desde autores de sonetos hasta las más informales formas, con el mérito de que hay versos libres que, no por ser libres, dejan de ser versos. Hay poesía conversacional, narrativa, barroca, surrealista, en fin, un extenso y contradictorio menú. Y, en todos, talento; más visible, más comprobable con la obra consolidada de los mayores. Pienso que una poesía tan personal en todos sus registros, tan poseída de un lirismo hondo y claro a la vez, como la de Francisco Hernández, está en las vísperas de su consagración definitiva y de su más amplia divulgación, al que ha dado impulso un premio recién recibido en México. Y, aunque distinta, mis afirmaciones también caben para referirse a la poesía de David Huerta.
Entre los muy jóvenes no caben juicios tan nítidos como los que pueden hacerse alrededor de Hernández y de Huerta. Son más bien apuestas, intuiciones, acaso reflejos del gusto personal. En todo caso se distingue por su reconocimiento y por las ediciones en varios países –cuatro- de su libro Postales (premio nacional de su país), la voz desenfadada y lírica, imaginativa y lúdica del dominicano Frank Báez.