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jueves, 2 de noviembre de 2017

Isaac Bashevis Singer / Un escritor desgarrado

Isaac Bashevis Singer


Premio Nobel de Literatura 1978

Bashevis Singer

Un escritor desgarrado

Miami

Por Henie Hajdenberg


“Cuando el hombre mismo es un demonio 

no hacen falta más demonios”

En 1978, al recibir el premio Nobel, Isaac Bashevis Singer ingresó en la historia de la Academia Sueca, seguramente, como el único autor que sería galardonado por la creación de una notable obra literaria en idioma yiddish.

sábado, 17 de julio de 2004

Isaac Bashevis Singer / El premio Nobel más solitario

Isaac Bashevis Singer
Poster de T.A.


Isaac Bashevis Singer

El premio Nobel más solitario

Rafael Conte
17 DE JULIO DE 2004

Si se respeta el día que él mismo adoptó como fecha de nacimiento, el pasado miércoles se cumplieron cien años del natalicio de Isaac Bashevis Singer, en Polonia. Con cerca de cincuenta libros y miles de artículos, el escritor en lengua yídish era hijo de un rabino, vivió la Gran Guerra en Varsovia y años después huyó de la persecución nazi rumbo a Estados Unidos. El autor de Sombras sobre el Hudson narró magistralmente el conflicto de los exiliados entre las tradiciones de su fe y el empuje del laicismo moderno.

El último y por ahora más persistente intento por reasegurar a la literatura en su vocación de eternidad ha sido durante el último siglo el Premio Nobel de Literatura. Y lo ha hecho a través de dos características -su cuantía y su independencia- que ha llegado a cobrar, aunque de manera bastante desigual, una relevancia que, a pesar de su prestigio, parece rozar a veces el patetismo, disuelto entre el impacto repentino de su concesión y lo efímero de sus propuestas. Unas propuestas que ni siquiera perviven en los habituales concursos de esas caprichosas preguntas y respuestas con las que nuestras televisiones al uso intentan falsamente autoconvencerse (y de paso a nosotros mismos) de que cumplen una función cultural, pues vaya. Pues nuestra fundamental contradicción está en que la abundancia de la información se autodestruye en una presión donde la densidad de la actualidad desemboca en la pura y simple aniquilación de la cultura, por la falta de reposo, de valoración y estabilidad de los valores que intenta comunicar. La universalización de la información desemboca en la muerte de esa misma información de la que decimos vivir, aunque sólo se pueda vivir en ella descreyendo de ella, para así mordernos la cola sin parar, mientras pensamos enseñarla y mostrarla como una bandera victoriosa que yace siempre en el polvo de la derrota.






Es un judío rebelde contra los dictados de un Yahvé al que siempre se sometió

Los premios llamados "literarios" no tienen en verdad nada que ver con la literatura, ni aun el Nobel: son un reconocimiento social, político y económico, sin más. Ha habido premios Nobel que no lo han sido -de Tolstói a Borges, involuntariamente- o por propia voluntad (Sartre) o no escritores (Churchill), o no reconocidos en su tierra (Gao Xin Jian), que se han quedado sin patria (Ivo Andric en Yugoslavia), que apenas duran (Eucken) y la lista de no reconocidos (Deledda) o protestados (Echegaray), olvidados y efímeros (desde el primero, Sully Prudhomme, hasta Gjellerup, Heyse, Sillanpäa y así sucesivamente) lo niegan sin parar. Aunque se dice que la historia no se repite nunca salvo en forma de autoparodia (ahí está la de los premios Nobel para justificar la moda de la novela histórica) siempre reincide en su sentido y hoy he venido, aunque no lo parezca, para insistir con motivo del centenario de otro Nobel descolocado, y quizá el que más, el del que considero un gran escritor, Isaac Bashevis Singer, galardonado en 1978 (el año siguiente al de nuestro Vicente Aleixandre) y del que aunque ha gozado de muchos lectores y algunos de sus libros siguen todavía vivos (incluso entre nosotros, qué sorpresa) no se está muy seguro de casi nada.
Para empezar, de la fecha misma de su nacimiento, pues si se sabe que fue en 1904, nunca se ha sabido muy bien en qué día. El propio Singer dijo en broma que fue un 14 de julio, pero todo su rastro ha desaparecido de la historia (dicho día, en la escuela, un compañero le dijo que era su aniversario, el niño Singer se entristeció y le preguntó a su madre cuándo era el suyo y ambos decidieron que el mismo). Los más de tres millones y medio de judíos polacos desaparecieron reducidos a 150.000 tras el Holocausto mal llamado "nazi", pues muchos polacos colaboraron alegremente en él, según mostró Claude Lanzmann en su estremecedora Soah (que por aquí seguimos sin ver ni en cine ni en la televisión, ahora que hay tantas y todas iguales). Sabemos el lugar, un pueblecito a treinta kilómetros de Varsovia llamado Leoncin, donde hoy -reconstruido en sus mil quinientos habitantes étnicamente puros- existe un impasse inhabitado que lleva su nombre, de donde su familia de rabinos askenazíes se trasladó a Radcymin y finalmente a la capital, donde su padre trabajó en una escuela judía que también era tribunal como "de paz" o algo así. Y hasta ahí, cuando marchó a Estados Unidos en 1935 de la mano de su hermano mayor, modelo y "patrón" Israel Yeoshua Singer, también escritor importante en su misma lengua, el yídish, todo fue una rápida sucesión de lecturas y escrituras, de periodismo sobre todo, que sin embargo le cargó de contenidos para una larga obra de una no menos larga vida, en la que se casó tres veces, tuvo un hijo, publicó casi cincuenta libros, miles de artículos, obtuvo un premio Nobel inesperado y terminó, rodeado de un respeto a veces bastante reticente, el 24 de julio de 1991.
¿Quién fue Singer, de qué nacionalidad, en qué lengua escribió, quién puede apuntar en su balanza su nombre, por qué y en calidad de qué? Era un judío, desde luego, aunque bastante heterodoxo en ocasiones con relación a sus propias raíces de la pureza askenazi, tan importantes desde luego para él. Un polaco por el lugar de su nacimiento, del que ya ha sido borrado, o casi: nunca escribió en polaco. Terminó su vida siendo ciudadano norteamericano, pero apenas escribió en inglés, la gran mayoría de sus libros fueron escritos en yídish, que no es un idioma canónico de verdad, sino una "lengua", un lenguaje mezcla de alemán y hebreo con aportación de algunos otros: una lengua del exilio apoyada y promocionada por un puñado de centenares de miles de lectores y espectadores, aunque ya en vía de extinción, tras haber alcanzado algún esplendor, sobre todo en el exilio americano. Es un escritor sin duda alguna pero no se sabe -ni se sabrá en el futuro- de dónde, ni en qué, ni por qué. Es pura memoria, sobre todo de su infancia y juventud, que alcanzó fama y popularidad por sus traducciones al inglés en las que él mismo intervenía para al final modificar el original, que conste (y eso le fue y le es reprochado por sus propios compañeros y colegas). Pero Sombras sobre el Hudson es una novela judía y americana maravillosa, que se mantiene pura y dura al lado de aquellas anteriores de La mansión, Un amigo de Kafka, El esclavo, Enemigas, una historia de amor, La familia Moskat, Gimpel el tonto, Satán en Goray, El mago de Lublin y las relatos de Krochmalna, 10 o sus memorias de Amor y exilio tan recientes entre nosotros. Es un judío enamorado de las mujeres, a veces erótico y hasta suavemente pornográfico, rebelde contra los dictados de un Yavhé al que siempre se sometió y defendió hasta de sus propios ataques. Un espectáculo emocionante, al que podrán acercarse, creo, pues algunos de sus libros todavía siguen por ahí, vivitos y más coleando que casi todos los demás.












BIBLIOGRAFÍA


LA OBRA de Isaac Bashevis Singer ha tenido buena suerte editorial en España. Así es sobre todo desde que Rhoda Henelde y Jacob Abecassis la traducen directamente del yídish, aunque el Nobel de 1978 tenía ya varios de sus libros traducidos al castellano, catalán, gallego y euskera. Entre los últimos aparecidos entre nosotros destacan algunos de los más importantes: desde Amor y exilio, sus memorias, hasta El certificado, pasando por Sombras sobre el Hudson, con prólogo de Bernardo Atxaga (todos en Ediciones B). Por su parte, no hace tanto que Debate rescató Los herederos y La casa de Jampol, mientras Lumen había hecho lo propio con Cuentos judíos de la aldea de Chelm, Mazel y Schimazel, y Cátedra, con los relatos de Un amigo de Kafka. Desgraciadamente, por las librerías de viejo andan ya muchos de los títulos publicados por Plaza & Janés: Enemigos. Una historia de amor, El esclavo, El rey de los campos, El Spinoza de la calle Market y El Mago de Lublin. Pero se encuentran. Como se encuentran los libros que contienen algunos de los trabajos sobre Singer debidos a uno de sus mejores lectores, Claudio Magris: desde el ensayo 'La vida y la Ley', en El Anillo de Clarisse (Península), hasta las referencias recogidas en Ítaca y más allá (Huerga & Fierro) y Lejos de dónde (Eunsa). R. B.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de julio de 2004



miércoles, 2 de mayo de 2001

Isaac Bashevis Singer / Premio Nobel para los niños

Ilustración de Maurice Sendak


Singer: Premio Nobel para los niños

JUAN TEBAR
2 MAY 1979


«Me gusta escribir historias de fantasmas, y para eso nada va mejor que un idioma moribundo. Cuanto más muerta la lengua, más vivo el fantasma. Los fantasmas adoran el yiddish y, por lo que puedo juzgar, lo hablan bastante bien »
ISAAC BASHEVIS SINGER
El demonio no tiene sombra, y en su presencia el reloj puede dar trece campanadas... Las brujas persiguen a los rabinos para casarse... La mujer del diablo huyó al país donde no hay gente que camine, ni ganado que paste, donde el cielo es de cobre y la tierra es de hierro...
Todas estas son cosas que cuenta Isaac Bashevis Singer. El no las cuenta especialmente para niños... La prueba es que en sus libros, considerados «para adultos», los personajes se suelen preguntar si los duendes la han tomado con ellos, y de pronto, miran fijamente al sol y no saben por qué está ahí ni desde cuándo... Tales inquietudes y sucesos son cosas mágicas, que narra el escritor porque las escuchó a su madre. Y ella los aprendió de su abuela. Y la abuela de Singer, de su bisabuela... Cuando el viejo judío polaco las escribe «no distingo entre el niño y el adulto... Lo que ocurre es que en este mundo de prisas que vivimos, son los niños los que se detienen a escucharme... Ellos -los niños- se preocupan incluso más que los grandes por el paso del tiempo: ¿qué le ocurre a un día después que terminó? ¿Dónde están nuestros ayeres con sus alegrías y sus penas? Y la literatura nos ayuda a conservar el pasado ... »






Cuentos judíos de la aldea de Chelm, con dibujos del extraordinario Maurice Sendak

Ed. Lumen, 1978. 78 páginas.Cuando Shlemel fue a Varsovia y otros cuentos. Con ilustraciones de Margot Zemach. Ed. Alfaguara, 1977. 113 páginas.

Pero el caso es que este excelente novelista ha publicado alguna colección de cuentos que se editan especialmente para los niños. Estas fiestas de Reyes, los pequeños tuvieron la oportunidad de recibir libros que llevaban una banda publicitaria donde se leía: Premio Nobel de Literatura 1978. Eso no tiene importancia, sobre todo para los niños, pero lo que sí es cierto es la oportunidad editorial y el interés objetivo de tales publicaciones.
No hay duda -como Singer dice- que en todos sus libros, los temas se repiten, y la «puesta en escena» es la misma, ocurra la aventura en la Polonia del siglo XVII o en los barrios judíos del Nueva York actual. Desde el esclavo Jacob, pasando por los Moskat y los múltiples personajes de la casa de Jampol, hasta el atormentado polígamo Herman Broder, las criaturas singerianas siempre vuelven sus melancólicos ojos al pasado, sueñan con Dios, o con el diablo, viven en estrechísima relación con un paisaje mágico, alimentados por una abigarrada cocina dictada por leyes sagradas. Son gentes que todo lo preguntan, sobre la comida o sobre los astros misteriosos... Pero en los relatos «para niños» todo esto se afina, se reduce -o enriquece- hacia su estado más puro. Y surgen los más entrañables personal es de su autor: los shlemiels de la aldea de Chelm, todos los benditos shlemiels que se encuentra uno en la vida, protagonizando historias fascinantes en que la tontería es casi una virtud -«A los tontos se les llama shlemiels, y hay muchos, pero el primero vino de la aldea de Chelm-. A Shlemiel le cambiarán una cabra por un cabrón sin que Shlemiel sueñe con achacárselo a otra cosa que no sean las propiedades mágicas del camino... Shlemiel comprará una trompa seguro de que su música puede apagar incendios... Chelm era una aldea de shlemiels, y... «una noche alguien espió a la Luna, que se reflejaba en un barril de agua. La gente de Chelm imaginó que se había caído ahí. Sellaron el barril para que la luna no se escapara. Cuando a la mañana se abrió el barril y la Luna no estaba allí, los aldeanos decidieron que había sido robada. Llamaron a la policía, y cuando el ladrón no pudo ser hallado, los tontos de Chelm lloraron y gimieron».

¿Sabéis quién gobierna en Chelm?: pues sus tontos más viejos, los más grandes tontos. «Tenían frentes muy anchas de tanto pensar. Eran los siete ancianos.» Sus decisiones de gobierno llenan varios relatos de los dos libros que comentamos. No tienen, claro, la inocencia de los shlemiels, porque el poder es el poder, pero su tontería brilla de manera fascinante.
Hay en estos cuentos brujas y noches tormentosas, hay coqueteos con la muerte, hay animales de gran generosidad, y hay un soberano orgullo de ser shlemiel y de habitar en Chelm. Todo ello compone un cosmos tan personal que si no fuéramos tan mayores y tan listos estaríamos tentados de irnos a vivir a Chelm, con un gallo, una esposa trabajadora y un pote de confitura en el armario, para acunar al niño con la canción de Shlemiel:
« Yo soy un gran shlemiel. / Tu eres un pequeño shlerniel. / Cuando crezcas serás un gran shlemiel / y yseré un viejo shlemiel / Cuando tengas hijos, / tu serás un papá shlemiel / y yo seré un abuelo shlemiel».
Aunque, pensándolo bien, quizá vivamos en Chelm, y la canción del padre shlemiel sea la de nuestra vida... Y los siete ancianos..., pero no divaguemos. No conviene. Más vale pensar que los cuentos son cuentos... Y espléndidos, en este caso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de mayo de 1979





lunes, 9 de octubre de 2000

Isaac Bashevis Singer / La literatura debe proporcionar placer al lector

Isaac Bashevis Singer

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1978
BIOGRAFÍA

Bashevis Singer: "La literatura debe proporcionar placer al lector"


JUAN GONZÁLEZ YUSTE
Washington 6 OCT 1978


lsaac Bashevis Singer, un novelista norteamericano de origen judeo-polaco, cuya obra, escrita principalmente en hebreo, es escasamente conocida, fue galardonado ayer por la Academia Sueca con el Premio Novel de Literatura de 1978.




Singer, de 74 años de edad, reside habitualmente en Nueva York, pero ayer se encontraba en Miami. Fue su esposa quien le dio la noticia de que había ganado el Premio Nobel y el escritor no la creyó en un principio. Más tarde, Isaac Bashevis Singer declararía que no sabía ni siquiera que hubiera sido propuesto para el premio y que nunca tuvo esperanza de ganarlo, porque «existen tantos buenos autores», pero añadió que «estoy muy complacido y soy muy feliz».Nacido en 1904 en Radzymin, cerca de Varsovia, Singer emigró a Estados Unidos en 1935 y adquirió la ciudadanía norteamericana en 1943. Su padre y su abuelo fueron rabinos, y el joven Singer pasó su infancia en los «ghettos» judíos de Polonia. Sus obras se desarrollan con frecuencia en estos ambientes, y ello ha sido uno de los motivos citados por la Academia Sueca para concederle el premio a su «arte narrativo, que tiene sus raíces en la tradición cultural judeo-polaca».
Es la segunda vez en tres, años que el Premio Nobel de Literatura es ganado por un norteamericano. En 1976 el galardón universalmente conocido se concedió a Saul Bellow. El poeta español Vicente Aleixandre obtuvo el premio en la edición del año pasado. El premio está dotado este año con unos 165.000 dólares (más de doce millones de pesetas).
El nuevo Premio Nobel, que escribe generalmente en yiddish, ha publicado cuentos y narraciones cortas, traducidas al inglés, en revistas como The New Yorker, Harpers y Commentary. Su primera novela, Satán en la gloria, apareció en 1935.
Quizá su novela más conocida sea En el patio de mi padre, que se publicó en 1966. Entre su abundante producción literaria destacan las siguientes novelas: El mago de Lublin (1961), El Spinoza de Market Street (1961), Un amigo de Kafka(1970), Una corona de plumas (1977) y Shosha, que apareció en junio de este año. Otras importantes obras de Singer forman una trilogía, que es la saga de una familia judía, compuesta por The family Moskatt, The manor y The estate.
La Academia Sueca indica en su comunicado que Singer narra en sus obras «la vida de los judíos del Este europeo, tal y como se desarrollaba en pueblos y ciudades, en la pobreza y bajo la persecución». «Su lenguaje -añade la Academia- es el yiddish, el lenguaje de la gente sencilla.»
Singer declaró ayer que, en su opinión, la principal función de la literatura es proporcionar placer al lector, y dijo que «no creo en los escritores que intentan hacer que los lectores se sientan culpables». El nuevo Premio Nobel declaró, asimismo, su admiración hacia los escritores del siglo XIX que intentaban entretener a su público, como Tolstoi, Dostoyevsky, Gogol o Flaubert.
La elección de la Academia Sueca causó sorpresa en los círculos literarios de Estados Unidos, donde se daba por seguro que el Nobel de este año sería para el escritor británico Graham Greene, que lleva quince años aspirando al premio. Al parecer hubo una fuerte polémica al discutir sobre Greene en la Academia y se optó por una solución de compromiso adjudicando el premio a Issac Bashevis Singer.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 1978





domingo, 8 de octubre de 2000

Isaac Bashevis Singer / "Las cosas de los judíos siempre han oscilado entre la vida y la muerte"

Isaac Bashevis Singer

"Las cosas de los judíos siempre han oscilado entre la vida y la muerte"



Gabriel Guevara
Estocolmo, 12 de diciembre de 1978

La entrega de los premios Nobel, efectuada el pasado domingo en las capitales de Suecia y de Noruega, se desarrolló como es habitual. Los galardonados con el de la Paz este año fueron el primer ministro israelí, Begin, y el presidente egipcio, Sadat -representado en el acto-, y fueron recibidos con grandes medidas de seguridad. El acto de entrega desató las mismas controversias que la propia concesión. Este desacuerdo sobre la idoneidad de los premiados con el Nobel de la Paz ya resulta tradicional.

Frágil, cerúleo, pero implacable contra toda tontería periodística, el septuagenario Isaac Bashevis Singer -Premio Nobel de Literatura de 1978- se resiste al show televisivo en que los usos y costumbres de los años setenta han convertido a la tradicional ceremonia sueca de entrega de los lauros.¿Qué significa en su vida premio Nobel?, se entromete un enjundioso corresponsal inglés. «La pérdida de dos meses de trabajo», dice el anciano, y la malicia judía, más allá de las cosas de este mundo, le brilla en los ojuelos.
¿Por qué escribe en yidish y no en hebreo?, interroga otro, como trampolín a preguntarle por qué no usa la lengua oficial del Estado de Israel. «Porque el hebreo es una lengua muerta», osa decir Singer, sin respetar que Menahem Begin está desde ayer en Oslo para recibir otro premio Nobel. «Porque el yidish es el idioma que usaban los personajes de mis novelas cuando les pasaba lo que narro», agrega.
¿Cómo controla, entonces, las traducciones de sus novelas al inglés? La calavera de Singer sonríe de nuevo, mirando hacia el suelo: «A veces las hago yo mismo». Y agrega, misteriosamente: «El yidish es el idioma para relatar las cosas de los judíos, que siempre han oscilado entre la vida y la muerte. Para los judíos, la muerte sólo puede mencionarse en yidish.
El pasado domingo, cuando leyó en la Academia Sueca la tradicional disertación de todo premio Nobel, dijo cosas más discutibles:
«El narrador y el poeta de nuestra época, como el de cualquier época, debe ser un entertainer del espíritu en el cabal sentido de la palabra, no apenas un predicador de ideas sociales o políticas. No hay excusa para una literatura tediosa que no intrigue al lector, que no estimule su espíritu, que no le proporcione la alegría y el escape que el arte siempre asegura. Dicho esto, también es verdad que el escritor serio de nuestra época debe estar profundamente preocupado acerca de los problemas de su generación.»
La conferencia fue en inglés, pero ese primer pasaje Singer lo leyó en yidisch. En parte porque la televisión se lo había pedido, pero quizá también como forma de retener un secreto cuya esencia no contará a nadie.
En su conferencia, Singer subrayó que el poder de la religión es hoy más débil que nunca y que la familia está perdiendo sus bases espirituales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 1978




sábado, 7 de octubre de 2000

Isaac Bashevis Singer / La supervivencia de la diáspora

Isaac Bashevis Singer

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1978
ISAAC BASHEVIS SINGER
BIOGRAFÍA

La supervivencia de la diáspora



MARCOS-RICARDO BARNATAN
6 OCT 1978


El Premio Nobel acaba de ser concedido al último gran escritor yiddish. lsaac Bashevis Singer representa la fidelidad a una lengua condenada definitivamente a muerte, el habla legendaria de los judíos centroeuropeos, en la que se extendió durante varios siglos la vasta diáspora y con la que sobrevivió una cultura inmensamente rica. Sólo la terquedad, el acendrado espíritu de conservación, hizo que Singer no renunciara a la lengua de sus mayores y que al abandonar Polonia en 1935 no se doblegara nunca ante la inevitable prepotencia del inglés. Una lengua en trance de extinción ante el renacimiento del hebreo, como nueva expresión de los judíos, sirve a Singer como vehículo postrero de un mundo ya desaparecido y que él evoca con la vieja elocuencia del jasidismo y el esplendor clásico de la mejor tradición narrativa de la Europa decimonónica.Una obra que persiste en marcar las características que tuvo el ghetto, la vida en aislamiento de las comunidades judías, pero desnudando también el conflicto de integración de esos personajes en la contemporaneidad, sus choques frontales con los otros. Singer no puede escapar al destino de su pueblo, y toda su producción es consciente del complejo de diferencia que tatúa a toda minoría. Como Sholem Aleijem, aunque con menos humor y un poco más de dramatismo, su prosa describe una realidad más ambiciosa que rebasa el contexto de los personajes para abarcar a la ubicua, legión que ejemplifica en unos arquetipos. Si el verso de Bialik se dirigía a esa misma diáspora y la encausaba hacia su promesa milenaria, la vuelta a Canaan, Singer es el escritor de la extraterritorialidad, porque sus hombres viven en Polonia y en Montevideo, en Nueva York o en Buenos Aires, en Varsovia o en Jerusalén. Sólo el lenguaje común, la diferencia, el impreciso origen, los hermana en la ilimitada diáspora. No importa ya el escenario, la geografía se difumina ante el poder fraterno de una suprasensibilidad.






De ahí que no sea difícil identificarlo con Navokov, aunque necesariamente tendríamos que completarlo con Flaubert y Dostoievski, en un tricéfalo especimen que resume en sí mismo tres procesos distintos, y cargarlo aún con el exotismo mayor de un narrador que clausura una lengua y una literatura. Fenómeno insólito al qué rara vez se puede asistir con plena consciencia, y con la seguridad de no encontrarse con un producto decadente sino con toda la potencia de un narrador magistral.
Escritor judío en el sentido más estricto de la palabra, Singer posee toda la sabiduría tradicional aliada con los recursos de un narrador moderno que hará exclamar a Henry Miller ese «volvería a empezar por ahí» que tanto sorprendió a algunos, pero que es totalmente coherente con el vitalismo del norteamericano. Porque Singer no desciende nunca a la elegía sino que prefiere labrar un testamento vivo, donde se pueda reconocer la procesión completa, terrible y gozosa, de una multitudinaria realidad que se niega a perder. Singer sobreviviente, guarda con celo el viejo tesoro de los suyos, pero para ofrecerlo a los otros, a los demás que acabarán siendo el modelo final de la acechante asimilación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 1978