La fotografía de calle es un género que ha sido integral durante la mayor parte del siglo XX y que pasa por un momento de transición en el nuevo milenio.
'Night Shinjuku', el centro administrativo y comercial de Tokyo de noche, fotografiado por Moriyama en 2018.
Las calles de Klein y Moriyama esperan el desconfinamiento
Los destacados fotógrafos de la vida urbana coinciden en Barcelona en dos exposiciones, ahora cerradas
José Ángel Montañés 29 de abril de 2020
El americano William Klein (Nueva York, 1928) y el japonés Daido Moriyama (Osaka, 1938) son dos de los fotógrafos contemporáneos que mejor han sabido captar la vida urbana de ciudades de medio mundo. En 2012 coincidieron personalmente en Londres cuando la Tate Modern les dedicó una exposición conjunta comparando y enfrentando sus trabajos. Una muestra que fue calificada “como la más importante de fotografía que se podía ver en el Reino Unido en una generación”. Pero ahora, por arte y magia de la programación, Fundació Catalunya-La Pedrera y Foto Colectania han hecho que los particulares mundos de estos dos viejos amigos vuelvan a encontrarse en Barcelona, en sendas exposiciones que abrieron sus puertas casi a la vez y que ahora, las medidas para frenar el avance de la covid-19, obliga a que estén cerradas a la espera de que el desconfinamiento permita reabrir.
Gun I, Nueva York, 1954 Fotografía de William Klein
William Klein
“Una buena foto debe contar sentimientos”
El pistolero está en la ciudad
El gran autor, célebre por retratar Nueva York en toda su crudeza en los cincuenta, es objeto de una retrospectiva en Madrid
Manuel Morales
Madrid, 7 de junio de 2019
El pistolero está en la ciudad. William Klein, uno de los fotógrafos más grandes de la historia, el que puso patas arriba el arte de la imagen con sus crudas instantáneas callejeras de Nueva York, es objeto de una retrospectiva en la Fundación Telefónica, de Madrid, en la que pueden verse unas 250 de sus obras entre fotografías, pinturas, películas, libros... Todas las vidas creativas de este neoyorquino de 91 años, que prefiere hablar en francés -se instaló en París en 1947-, se reúnen en la exposición Manifiesto, dentro del festival PHotoEspaña, hasta el 22 de septiembre. En su breve estancia en Madrid acudió ayer a la inauguración de la muestra, ha concedido pocas entrevistas y hoy, sábado, firmará ejemplares de su nuevo libro, Celebration, en el Botánico de Madrid. Con fama de ser algo complicado en el cara a cara, Klein recibe en la terraza de un hotel de la Gran Vía, con barba de tres días, camisa azul con rayas blancas y jersey.
Pregunta. Ha dicho alguna vez que una buena fotografía debe ser como un puñetazo. ¿Puede serlo también si es algo delicado?
Respuesta. Yo no he dicho eso...
P. ¿Qué van a encontrarse quienes acudan a su exposición?
R. Lo que quieran ver... Picasso explicaba que el Guernica no era una declaración, ni siquiera una posición ante algo, sino lo que la gente decida qué es. Del mismo modo, mi exposición no es una fotografía, es un conjunto de lo que llevo dentro y he intentado expresar.
P. Su libro más célebre es el revolucionario Life is Good and Good for You in New York: Trance Witness Rebels (1956), en el que retrató a los neoyorquinos. ¿Cómo se movía entre el gentío?
R. Tenía la sensación en ese momento de que la ciudad de Nueva York explosionaba ante mí y que toda esa gente, ese movimiento, venía hacía mí. Al verlo podía utilizarlo para fotografiar porque me transmitía emociones, sentimientos. Para mí, todo son sentimientos.
P. Esas mujeres, niños o miembros de comunidades antes apenas fotografiados, ¿les decía algo, les hacía posar?
R. Ambas cosas. Era una combinación de posados y de robados.
P. Luego fotografió, como puede verse en la exposición, las calles de Roma, Moscú, Tokio... ¿qué diferencia hay entre el ambiente de aquellas ciudades y el que ve hoy?
R. Hay una muy grande, hoy la gente está muy acostumbrada a que les fotografíen en la calle. Sin embargo, cuando yo lo hacía, se sorprendían de que estuviera ahí y me pegara tanto a ellos. Las emociones me inspiraban. A la vez, iba planificando, tenía mis ideas, creaba en mi cabeza cómo iba a maquetarlo, a prepararlo todo, pensaba en un conjunto...
William Klein muestra su lado más bromista, toma la mano de la traductora presente en la entrevista y le escribe con un rotulador "I love you".
P. De las distintas disciplinas que ha practicado, ¿cuál le ha llenado más?
R. Todo es lo mismo...
Alguien le avisa de que Rafa Nadal acaba de derrotar a Federer en Roland Garros (en tres sets) y que se ha clasificado para la final. ¿Ha pasado Nadal?, pregunta.
P. ¿Le gusta el tenis?
ampliar foto'Highschool demonstration', fotografía tomada en París en 1995.WILLIAM KLEIN
R. Sí, solía jugar...
P. De todos los tenistas que ha visto, ¿cuál es el mejor?
R. Federer [se ríe].
P. Usted nació en Nueva York, pero es ciudadano francés. ¿Cómo vivió la llegada al poder de Trump?
R. ¡Es un escándalo! No sé si será reelegido.
P. ¿Qué consejo le daría a un joven fotógrafo que empiece?
R. Que se case con una mujer rica...
P. ¿Es un consejo solo para fotógrafos?
R. Para todos, excepto para las mujeres.
P. Dígame qué es una buena foto.
R. Algo que me cuente algo.
P. Y qué debe contar.
R. Sentimientos.
P. Cuando ve su obra expuesta, qué sensación le produce.
ampliar foto'Dorothy + white light stripes' (1962).WILLIAM KLEIN
R. Estoy muy contento, satisfecho, porque veo todos los elementos que me embargaron cuando creaba un proyecto. Y las personas pueden contemplar lo que yo había visto antes en mi cabeza.
P. Para terminar, dígame si dijo esta frase o también estoy equivocado: "Hay que filmar las bodas como manifestaciones y las manifestaciones como bodas.
R. ¿Yo dije eso? Bueno, no digo que haya que hacerlo de esa manera... pero yo sí lo he hecho así.
CONTACTOS PINTADOS
La exposición Manifiesto, en la Fundación Telefónica, no comienza precisamente con fotos, sino con los cuadros abstractos y naturalezas muertas que William Klein pintó a finales de los años cuarenta, con títulos como Cuadrados movidos o Bolas negras rodando.
Después llegan las fotos de Nueva York, "las que hizo cuando se echó a la calle con un gran angular y acercándose a la gente", dijo ayer la comisaria, Raphaëlle Stopin. Son imágenes desenfocadas, planos cortados, como la icónica 4 cabezas, en la que, dijo, se representaba a la perfección la ciudad neoyorquina, porque había "un judío, un afroamericano, un irlandés y un latino". Tras las imágenes de Roma, Moscú y Tokio, se llega a los contactos que pintó, en colores muy vivos, en los años noventa.
El último apartado es para su trabajo sobre moda. "Sacó a las modelos a las calles, era un tema que, a la vez, le incomodaba y le divertía, pero también fue original, al utilizar espejos para sacar múltiples perspectivas de las modelos", explicó Stopin.
Gun 1, 1955, pintado en 1999FOTOGRAFÍA DE WILLIAM KLEIN
William Klein, sin normas ni barreras; a contracorriente
Revolucionó la fotografía con su mirada directa, provocativa y cruda. Pero su inquietud creativa no se conformó con expresarse a través de un solo medio
GLORIA CRESPO MACLENNAN 7 JUL 2016 - 09:20 COT
Ganó su primera cámara en una partida de póker. Aun era un joven sin oficio, que buscaba su sitio en el mundo alistado en el ejército americano. No tardó en comprender que en el arte como en el póker de poco sirven las reglas. Así, la intuición, la anticipación, la espontaneidad, la irreverencia y su inagotable vitalidad, se convirtieron en sus mejores armas. Durante más de seis décadas William Klein (Nueva York, 1928) ha hecho de la improvisación y la transgresión su sello. Su intrépida y provocadora visión de Nueva York le convirtió en leyenda en los años cincuenta. Desde entonces no ha dejado de sorprendernos con un arte capaz de echar por tierra cualquier servidumbre; su arte no admite encasillamientos.
William Klein: Il mondo a modo suo, da título a una retrospectiva del autor que se exhibe en El Palazzo della Ragione Fotografia de Milán. Son 150 obras, pertenecientes al archivo del artista, las que nos conducen por la trayectoria artística de este versátil innovador: pintor, diseñador, fotógrafo, escritor y cineasta. “Son pocos los artistas que logran alcanzar un enfoque en su obra tan personal y muchos menos los que lo hacen compaginando el cine, y la fotografía y el diseño”, señala el crítico David Campany, en el catálogo que acompaña la exposición, editado por la editorial Contrasto. Partiendo de sus primeras obras pictóricas abstractas, la exposición nos conduce por sus series de ciudades: Nueva York, Roma, París, Tokio y Moscú. Se adentra en su revolucionaria fotografía de moda, exhibe sus Painted contact sheets, donde la fotografía se fusiona con la pintura, para acabar con una pequeña muestra de sus obras cinematográficas. “Es muy importante destacar que todas las obras realizadas por el artista forman parte de la misma corriente de creatividad. Los distintos medios que utiliza no suponen una limitación para el desarrollo de su quehacer artístico. Dependiendo de la idea que tenga utiliza un medio u otro que se acomoda a ella”, señala Alesandra Mauro, comisaria de la exposición.
“Mantente alejado de las galerías” le previno el pintor Fernand Léger. Klein tenía entonces veinte años y había llegado a la capital francesa soñando con ser pintor y alternar con Picasso y Giacometti en La Coupole .“Piensa en los pintores italianos del Quatroccento. Piensa en la arquitectura. Piensa en las calles”. Tardó seis años en hacerse dueño de ellas. Se convirtió entonces en un pionero de la fotografía callejera. Su serie de fotos de Nueva York le catapultó a la fama y dio contenido a Life is Good & Good for You inNew York (La vida es buena y es buena para ti en Nueva York), uno de los libros más influyentes de la historia de la fotografía. Pero antes, influido por las vanguardias europeas, en especial por la Bauhaus, intercaló la pintura con la arquitectura; decorando paneles con sus pinturas hard edge. Su admiración por el espíritu de Laszlo Moholy Nagy, serviría de puente entre su pintura y su fotografía, a la que llegó a través de los fotogramas.
“Sus imágenes son como un puñetazo en la cara, van derechas hacia uno mismo. Es imposible perdérselas”, señala Don McCullin en el documental The Many Lives of William Klein, realizado por la BBC. Los neoyorquinos no estaban preparados, para ver la cruda imagen que este autodidacta de la fotografía iba a mostrar de ellos. Si las reglas estaban hechas para romperse, Klein estaba dispuesto a romper todas. A los desenfoques, puntos de vista poco convencionales, encuadres torcidos o muy cercanos, y sobrexposiciones, se sumaba un tratamiento en el laboratorio, no menos libre de tabúes, que incluía cortes salvajes, ampliaciones granulosas y grandes contrastes. “Nunca la fotografía fue tan sucia, osada, viva y más delirante, Tampoco lo había sido Nueva York”, destaca Campany. ” Pretendía ser un etnógrafo: tratando a los neoyorquinos como un explorador trataría a los zulús; en busca de la instantánea más cruda, el grado cero de la fotografía”, recordaba Klein.
Alexander Liberman, artista y director de arte de la revista Vogue fue otra figura clave en la vida de Klein. Su inefable olfato a la hora de descubrir talentos, le llevó a invitar al díscolo fotógrafo a colaborar con la revista. “Su trabajo en Vogue le permitió financiarse su serie de Nueva York. Lieberman le hacía sentirse libre y le ayudaba a desarrollar su creatividad”, señala Mauro. Así la fotografía de moda no salió indemne de la energía creativa del fotógrafo. La subvertió y agitó con el uso de teleobjetivos y gran angulares, con sus métodos poco ortodoxos y su mirada ambivalente e irónica del medio. Nunca ocultó su desinterés por ese mundo, de ahí la película que realizó en 1966, Qui êtes vous? Polly Maggo.
Continuaría fotografiando ciudades: Roma, donde colaboró on Fellini, Tokio y Moscú, Dejó claro su talante inconformista, tanto en su documental sobre Cassius Clay, como en el que realizó sobre Mayo del 68 o en Mr Freedom, la película que acabó prohibida en Francia, considerada como una sátira - estuvo a punto de causar su expulsión de tierras galas- cuando en realidad era una crítica a Estados Unidos- . Su obra cinematográfica abarca más de veinte películas. Su productiva trayectoria evidencia a un autor profundamente interesado por las contradicciones de la vida moderna y claramente comprometido con ella. Su obra rezuma energía y honestidad. Quizás su secreto esté en que, como escribe Campany, “Klein siempre ha estado dentro de lo que importa y fuera de lo que no”.
A sus casi noventa años, William Klein sigue en activo. El mañana le sigue interesando más que el ayer. “Prefiere mostrar su obra actual que la pasada. Cuando vino a Milán habló de su intención de coger de nuevo los pinceles”, comenta Mauro. Pero al igual que el artista, sus obras que parecen inmunes al tiempo. “Su obra sigue siendo increíblemente fresca. Al verla uno reconoce inmediatamente su estilo y ese profundo dinamismo que habla al espectador de su vida presente, a pesar de que fueron hechas hace ya años”, concluye la comisaria.
William Klein: Il mondo a modo suo. Pallazzo della Ragione Fotografia. Milán. Hasta el 11 de septiembre
La Fundación Telefónica inaugura Manifiesto, una exposición que resalta todas las facetas creativas del fotógrafo
SAIOA CAMARZANA7 junio, 2019
William Klein es conocido por sus imágenes de las calles de Nueva York. En ellas muestra la realidad de los obreros, de los viandantes, de sus gentes y sus calles sucias. Todo ello muy de cerca, rompiendo la barrera de la distancia, inmiscuyéndose en la acción y capturando el gesto. Estos rasgos no gustaron a las editoriales de la Quinta Avenida porque tenían una idea muy distinta de la ciudad. Así que tuvo que esperar hasta 1956 para ver su libro Life Is Good & Good for You in New York: Trance Witness Revelspublicado. Y no fue en Estados Unidos sino en Francia. Además de algunas de las imágenes contenidas en ese volumen, William Klein. Manifiesto muestra algunas de sus facetas menos conocidas en la Fundación Telefónica.
"El verdadero fotógrafo tiene ojo, cerebro e intención"
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
Madrid 8 JUN 2005
Pintor y cineasta, William Klein (Nueva York, 1928) revolucionó la historia de la fotografía. Su libro Nueva York (1956) marcó un punto sin retorno. Se enfrentó a la tradición de Cartier Bresson ("matar al padre", resume él) con su fotografía expresionista, callejera y desmitificadora. Desde entonces ha trabajado por rachas. PHotoEspaña 2005, que hoy le rinde un homenaje, dedica una retrospectiva a su cine y una exposición antológica a su trayectoria.
Alto y altivo, Klein asegura que nunca lleva una cámara con él. Sólo cuando trabaja. Su ojo, sin embargo, no para. Repara en todo. Dice lo que no le gusta con aire despótico y tiene un humor socarrón que cohíbe a sus interlocutores. Pasa una chica y la mira con descaro. Pasa otra y, suavizando su voz grave, confiesa: "Vaya, hay muchas mujeres guapas en Madrid". Duro de oído, se acerca para escuchar las preguntas. En la conversación intercala alguna palabra en yiddish.Lo hace al describir a su padre, un judío comerciante que acabó vendiendo seguros. "Se parecía mucho a ese hombre, el de aquella foto", señala. "Son rostros que ya no quedan". Klein sonríe, y el fiero león se calma.
"Una buena fotografía debe tener un punto de vista. El fotógrafo debe mostrar un mundo, una cultura"
"Los más críticos con EE UU son americanos: Michael Moore, Noam Chomsky, Gore Vidal..."
Pregunta. Usted ha dicho que hace fotos de gente a la que no se atrevería a mirar a los ojos.
Respuesta. Es cierto. Pero lo más hermoso y singular en las personas es la mirada. Lo que pasa es que en Nueva York la gente no mira a los ojos. Eso te puede causar problemas. Cuando era niño y paseaba por un barrio que no era el mío, y eso era como viajar a un país extranjero, la gente se molestaba si los mirabas. Encontré varias formas de lidiar con eso. Una fue el tabaco. Pedía fuego y así distraía su atención. Otra era hacerme el tonto. Eso siempre funciona, evitas peleas.
P. ¿Por qué dejó de hacer fotografías?
R. He trabajado por rachas. He hecho lo que tenía que hacer, pero no he sido muy constante. Nueva York fue un libro autobiográfico. Muy impulsivo. Era mi manera de utilizar la fotografía para hablar de lo que siempre quise hablar. Se decían tantas tonterías sobre Nueva York. Es una ciudad trágica y yo quería mostrar mi rabia. Es una ciudad incómoda, sucia. ¡La Gran Manzana! ¡Tonterías!
P. ¿No siente empatía por las personas que fotografía?
R. La gente me hace reír. Yo llevaba mucho tiempo viviendo en París y cuando fui a Nueva York, les miraba de otra manera.
P. ¿Se puede afirmar que la calle ya no le interesa tanto?
R. Hay ciudades que no cambian. Nueva York no cambia. Madrid no cambia. París y Barcelona han cambiado. Tantos barrios enteros nuevos...
P. Y después de tantos años viviendo en París, ¿es más francés que americano?
R. No. Yo soy muy americano.
P. Leí en una entrevista que usted sugería al gobierno francés que invadiera Estados Unidos.
R. ¿Lo leyó en ese librito tan curioso sobre mi?
P. Sí. Lo llevo aquí.
R. Déjeme verlo. [Klein lo abre, estampa su firma sin preguntar en la primera página y lo devuelve con una carcajada]. Bueno yo creo que América es más peligrosa que Corea del Norte. América sí que tiene armas de destrucción masiva. Así que deberían lanzar un ataque preventivo contra ellos. Mire, las personas más críticas que conozco con América son americanas. Cien por cien americanos, como Michael Moore, Noam Chomsky o Gore Vidal. No conozco a nadie más crítico ni más americano que Gore Vidal.
P. Susan Sontag escribió en su libro Sobre fotografía que el fotógrafo es de alguna manera un ladrón de almas.
R. Eso no se lo inventó Susan Sontag. Recuerdo que en Marruecos me bajé en un mercado a hacer fotos. Empezaron a tirarme piedras. El fotógrafo les roba el alma, allí es una vieja creencia. En mi película ¿Quién es usted, Polly Magoo? hay una entrevista con una modelo. Ella dice que cada vez que le hacen fotos roban una parte de ella. Hay algo de cierto en esto. Pero en América es todo lo contrario. Ya sabe la famosa frase de Andy Warhol: "¡Todo vale por un segundo de celebridad!". Yo también entrego algo de mí cuando hago una fotografía. Susan Sontag era una mujer brillante pero sus teorías sobre fotografía no son interesantes.
P. ¿Y qué teorías le interesan?
R. Me gusta lo que escribe Del Pierre, un editor francés que fue director del Centro Nacional de Fotografía. Y Martín Parr, es muy bueno. Roland Barthes escribió en La cámara lúcida:nota sobre la fotografía sobre dos fotografías mías. Una es de Moscú, hay ocho personas. Son ocho personajes en busca de una fotografía, como Pirandello. La interpretación de una fotografía no es fácil. Escribí una larga respuesta a Barthes porque él mantiene la teoría del puntum, de que hay un centro, un punto de atención en cada fotografía. Yo creo que él ve sus obsesiones en las fotografías. Y eso no tiene nada que ver con la intención del fotógrafo. Pero él al menos ve cosas en las fotografías. Y eso es mucho. La gente normalmente no ve nada.
P. Pero, ¿qué debe tener una buena fotografía?
R. Un punto de vista. Ese muro de ahí [Klein señala a una pared blanca], con esa chica reclinada, a lo mejor le interesa a su novio pero nada más. El fotógrafo debe mostrar un mundo, una cultura. El fotógrafo es ojo, cerebro e intención. Martin Parr ha hecho una serie sobre algo tan obvio como encontrar sitio para dejar el coche y ha logrado contar algo sobre nuestro mundo. Todos vemos cosas pero el fotógrafo debe reparar en lo que significan y así obligar a mirarlas de otra manera. Todo se fotografía millones de veces...
P. Todo el mundo hace fotos.
R. Sí. Fotografío, luego existo. Es una locura. Antes era casi un servicio público. Hoy es muy banal.
P. ¿Por qué le gusta tanto fotografiar manifestaciones?
R. Es que en las manifestaciones la gente está más disponible. No les importa que les vean. Además, son grupos en movimiento. En ésa, por ejemplo [señala una imagen de la serie Nueva York], toda esa gente mira a diferentes lugares. Todos menos uno. Ese de ahí me ha visto y por eso mira a todas los demás. Es como un happening. Todo funciona porque nadie se mira. Cada uno a lo suyo. Menos uno, que me descubre. Forma parte de la composición.
P. En esta exposición hay una serie de fotografías inéditas que tomó usted en Madrid en los años cincuenta.
R. Yo estaba trabajando para una película, Alejandro Magno, en unos estudios de Madrid. Me llevaron a los toros un fin de semana que tenía libre y me llevé la cámara conmigo. No recuerdo mucho más, ha pasado mucho tiempo... Pero no me pregunte más y dígame, ¿cuál prefiere? ¿Cuál diría que es más Madrid?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de junio de 2005