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martes, 11 de noviembre de 2025

Jhumpa Lahiri / El atuendo de los libros


Jhumpa Lahiri explora en 'El
Jhumpa Lahiri explora en 'El atuendo de los libros' la relación entre las cubiertas y el contenido literario

La tapa de un libro como espejo de identidades y tensiones en la creación editorial

En “El atuendo de los libros”, la escritora indobritánica- estadounidense Jhumpa Lahiri propone una mirada íntima y sagaz sobre la relación entre autores, lectores y diseño

Julieta Botto
22 de julio de 2025


¿Qué es lo primero que observamos de un libro? ¿Qué nos impulsa a acercarnos a la vidriera de una librería? En ese instante, lo que seguramente nos convoque, a priori, sean la tapa.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant / Parte II

 



Jill Krementz. Random House


NO PUEDE ENSEÑARSE A ESCRIBIR (PARTE II)


BIOGRAFÍA 


Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant

Traducción de Juanjo Estrella

[pgs. 119-121]
JL
¿Ha escrito usted un diario desde la infancia?
MG
Ya no lo escribo, sólo de vez en cuando.
JL
¿Cuándo empezó a escribirlo?
MG
Tenía uno cuando todavía vivía en Canadá, pero lo destruí al irme. Me iba a una nueva vida.

martes, 27 de julio de 2021

Jhumpa Lahiri / Eva Hoffman / Escribir en lengua ajena


Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA DE JHUMPA LAHIRI

Escribir en lengua ajena

El gran clásico del desarraigo 'Extraña para mí', de Eva Hoffman, concide en las librerías con 'En otras palabras', el libro en el que la estadounidense de origen bengalí Jumpa Lahiri explica por qué ha cambiado el inglés por el italiano como lengua literaria


MONIKA ZGUSTOVA
12 ENE 2019 - 10:03 COT

Jumpa Lahiri en su casa de Roma.
Jumpa Lahiri en su casa de Roma. LORENZO CASTORE


El totalitarismo, la guerra, el Holocausto, el exilio: he aquí cuatro fenómenos que definen el siglo XX. Y todos ellos generaron las mayores migraciones que ha vivido la humanidad. Migraciones que continúan entrado el siglo XXI, sea a causa de la guerra, como en Irak y Siria; por regímenes autoritarios, casos de Rusia y Turquía, o por motivos económicos, en muchos países del continente africano.

Para un exiliado uno de los problemas más graves es el de verse enfrentado a diario con una lengua que no es la suya. Si no poderse expresar adecuadamente ni hacerse entender es una de las cosas más angustiosas que le puede suceder a un ser humano, en el caso de los escritores esta angustia puede ocupar el centro de su existencia. La lengua ¿es o no es una seña de identidad? Ante este dilema, los escritores reaccionaron de maneras distintas, empezando por la cuestión esencial: seguir escribiendo en la lengua materna o cambiar a la lengua de acogida. Muchos han sido y son los que optaron por el difícil camino de cambiar de lengua de expresión, empezando por el caso clásico de Joseph Conrad. Entre otros, Irène Némirovsky, Milan Kundera, Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Jorge Semprún, Tahar Ben Jelloun, Cioran y Jonathan Littell ennoblecieron las letras francesas; Emine Sevgi Özdamar, las alemanas; Nabokov y Aleksandar Hemon, las americanas.

Sin embargo, en los escritores, no todos los exilios ni los cambios de lengua obedecen a razones exteriores. También los hay que responden a decisiones libres. Los escritores de expresión inglesa generaron una importante ola de exilio voluntario (James Joyce decía que el exilio es una de las armas del escritor). También las ciudades bilingües o multilingües (Praga, Trieste, Barcelona) crearon en sus escritores una sensación de identidad incierta y de desarraigo (Franz Kafka se sentía culpable por escribir en alemán en vez de en checo, lengua más pequeña, y Juan Goytisolo apuntaba: “Catalanes en Madrid y castellanos en Barcelona, nuestra ubicación es ambigua y contradictoria, amenazada de ostracismo por ambos lados”).
Al ejemplo clásico de Joseph Conrad se suman Nabokov, Beckett, Kundera o Ionesco


Estos días se han traducido al español dos libros que analizan lo que significa cambiar de lengua para quien tiene la escritura como su razón de ser. Se trata de dos mujeres, Eva Hoffman y Jhumpa Lahiri, la primera exiliada por razones políticas, la segunda se enfrenta al cambio de lengua como un debate existencial.

Cambiar por obligación

El libro autobiográfico de Eva Hoff­man, Extraña para mí, empieza así: “Abril de 1959. Estoy junto a la barandilla de la cubierta superior del Batory y siento que mi vida se acaba. Observo a la multitud reunida en la orilla para despedir al barco que zarpa de Gdynia —una multitud que de repente está irrevocablemente al otro lado— y quiero huir, regresar, precipitarme hacia la excitación familiar. No podemos abandonar todo esto, pero lo hacemos. Tengo trece años y emigramos. Es una noción tan demoledora, tan definitiva que podría muy bien significar el fin del mundo”. Así, con esta “expulsión”, comienza la primera parte, ‘Paraíso’, del libro publicado originalmente en 1989. Un texto que se ha convertido con los años en un ensayo clásico sobre el exilio y la vida en una nueva lengua, como lo es también ‘Reflexiones sobre el exilio’, de Edward Said, publicado en 1984 en la revista Granta.



Eva Hoffman nació en Cracovia en 1945, justo al acabar la guerra, hija mayor de supervivientes judíos polacos. En Cracovia, Eva aprendió a tocar el piano con virtuosismo y experimentó su primer amor infantil. Sin embargo, más que por el totalitarismo comunista fue a causa del antisemitismo polaco que la autora describe con todo lujo de detalles que la familia se vio obligada a abandonar su país. De entre dos opciones, los padres prefirieron el boscoso Canadá al desértico Israel, no en vano durante la guerra el bosque se había convertido en su refugio y salvación.

En el segundo capítulo, ‘Exilio’, Eva y los suyos llegan a Vancouver, donde empiezan una vida en una nueva lengua y en un ámbito desconocido. La autora describe las percepciones que evoca en ella la sociedad canadiense de finales de los cincuenta. Si no fuera porque carecía de un hogar al que volver, la familia podría vivir el traslado como una aventura; pero la pérdida irrevocable del país natal convierte su experiencia en trágica. Los padres son demasiado mayores para cambiar su escala de valores, Eva y su hermana han perdido sus puntos de referencia y se sienten extraviadas en la nueva sociedad, tan competitiva y exigente.

Sin embargo, no queda otro remedio que adaptarse: Eva devora hamburguesas en coches descapotables llenos de adolescentes alborotadores, sale con chicos que la encuentran incomprensiblemente sofisticada y cuenta chistes que no resultan graciosos a nadie: los jóvenes canadienses no comprenden el humor de la Europa del Este. Además, Eva nota que sus compañeros apáticos desestiman su faceta de virtuosa del piano, pero aun así la conserva como parte de su identidad.
Hoffman acaba resultando una extraña tanto para sus propios padres como para los polacos de su generación


Solo tras años de exposición al inglés, ya en Nueva York tras sus estudios en Vancouver, Dallas y Boston, Eva decide renunciar al piano y con él a su vieja identidad. Lo cuenta en el tercer y último capítulo, ‘El Nuevo Mundo’. Siente entonces que se ha convertido en una criatura híbrida cuyas dos terceras partes “proceden de materiales americanos”; es “una especie de extranjera residente”. A veces piensa en las palabras de Theodor Adorno, exiliado de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, que avisó a los inmigrantes que si pierden su condición de extranjeros perderán su alma. Eva se propone lo contrario: formar parte del ambiente intelectual de Nueva York como ensayista en inglés y dejar de ser extranjera sin perderse a sí misma. Cuando finalmente logra transformarse en una intelectual neoyorquina, acaba resultando una extraña tanto para sus propios padres, aferrados a los valores de antaño, como para los polacos de su propia generación.

Este libro ingenioso y perspicaz, escrito con vivacidad e ironía, captura en términos profundamente humanos lo que es la esencia de la experiencia del exilio. Millones de personas se sintieron como la autora a lo largo del último siglo y en las dos décadas de este. Eva Hoffman acaba su ensayo concluyendo que, una vez perdido todo, al emigrante se le hace difícil caer en brazos de cualquier fe, sea religiosa o política. De manera que se convierte en aquel que no es de nadie ni de ningún lugar, en el único ser “realmente irreligioso”.
Cambiar por elección

También Jhumpa Lahiri escribe sobre el cambio de lengua en su ensayo En otras palabras, un texto tan sincero que se lee casi como una confesión. La escritora estadounidense de origen bengalí siempre ha tratado en sus novelas y cuentos los temas de la nacionalidad y la ausencia de identidad, el sentido de pertenencia, la asimilación y la pérdida voluntaria de la tradición. En este su primer libro de ensayo, la escritora comparte con el lector los motivos que la han llevado a cambiar de lengua de expresión literaria, del inglés al italiano. Y es que de eso se trata: Jhumpa confiesa que su paso al italiano es irreversible.

Si para tantos escritores el cambio de lengua es doloroso, ¿por qué Lahiri, autora que escribe en la lengua más hablada del mundo, decidió dar este paso? En su libro confiesa que, a diferencia de su madre, que durante 50 años en el extranjero cultivó sus raíces indias, la rebelión de la hija consistió en asimilarse en América. Lahiri considera Estados Unidos su país, su inglés es perfecto, y su esfuerzo por conseguir su propósito de una asimilación completa fue enorme. ¿Por qué entonces ha decidido abandonarlo?
Jhumpa Lahiri huye del inglés a pesar de que entró en él por la puerta grande ganando el Pulitzer


Lahiri huye del inglés. Huye de él a pesar de que su italiano no resulta, hoy por hoy, tan brillante. Y no solo huye del idioma, sino de todo lo que esta lengua y cultura han simbolizado para ella. Durante casi toda su vida el inglés y lo que encarna fue una lucha extenuante, “un conflicto pasional, un continuo sentimiento de fracaso del que deriva casi toda mi angustia. El inglés representa una cultura que debía superar, interpretar. Temía que representara una ruptura entre mis padres y yo”.

No obstante, fue en inglés que Lahiri entró en las letras internacionales por la puerta grande: el Premio Pulitzer a su ópera prima, El intérprete del dolor. Sin embargo, su éxito le parece inmerecido, conseguido demasiado pronto y con excesiva facilidad. Por eso, con el cambio de lengua, la escritora desea recuperar la oportunidad de sentirse una aprendiza.

Al igual que todos los autores que han cambiado de país y de lengua, Jhumpa Lahiri podría firmar lo que proclama Eva Hoffman: “Porque he aprendido la relatividad de los significados culturales en mi propia piel, no puedo considerar definitivo un único conjunto de significados. En mi vida pública, social, me situaré siempre en los intersticios entre culturas y subculturas. Encuentro en esta posición un punto de apoyo digno de Arquímedes para contemplar el mundo”.

‘Extraña para mí’. Eva Hoffman. Traducción de Sergio Sánchez. Báltica, 2018. 338 páginas. 20,95 euros.

‘En otras palabras’. Jumpa Lahiri. Traducc8ión de Marilena De Chiara Salamandra, 2019. 160 páginas. 15 euros.

GRANDES OBRAS EN OTRAS PALABRAS

Irène Nemirovsky, Suite francesa

La autora nació y vivió su infancia y adolescencia entre ciudades ucranianas y rusas. A raíz de la revolución rusa la familia huyó a Francia a través de Finlandia. Suite francesa es la novela más conocida de la autora. En ella Nemirovsky retrata el sobresalto que representó la invasión nazi de Francia en 1940 y el éxodo que la siguió. Como si se tratara de un documental cinematográfico filmado en directo, Suite francesa dibuja el comportamiento de la gente que de repente se encuentra en una circunstancia sin precedentes, una situación límite. Es entonces cuando se revela lo más recóndito del carácter de cada uno de los personajes. Solo un exiliado podía escribir un libro como este sobre el desplazamiento físico pero también emocional, sobre la espera de la huida y el éxodo en sí.

Nabokov, Pnin



El protagonista de la novela, Timofey Pnin, es una especie de doble de Nabokov. Ante todo, Pnin es el personaje más auténtico y entrañable de toda la obra nabokoviana. En su condición de exiliado ruso en Estados Unidos, que había pasado por Europa, al igual que el novelista, Pnin se esfuerza por mantenerse leal a sí mismo. Es un personaje donquijotesco: hace lo que desde su punto de vista debe hacer, es firme y constante en sus ideales. Ese soñador intenta luchar –a su manera, con un libro en la mano– contra los excesos del pragmatismo americano, al igual que Don Quijote se batía contra los molinos de viento.

Kundera, La ignorancia

No hay retorno del exilio: este es el mensaje de La ignorancia, novela de pensamiento del autor de origen checo que hace un cuarto de siglo decidió empezar a escribir en francés. Durante la ausencia del exiliado, cuenta la novela a través de los personajes de Josef e Irena, la vida y las circunstancias han cambiado tanto en su país de origen, y su lengua materna ha sufrido una metamorfosis tan grande que el fugitivo que regresa a su patria no la reconoce como su casa. Por el otro lado, el exiliado también ha cambiado. Durante su estancia en el país de adopción ha adquirido nuevos puntos de referencia y un nuevo sistema de valores y en su país de origen resulta un desconocido, un extranjero. El exiliado nunca más pertenecerá a ningún lugar concreto. Su identidad está en el desarraigo.


Jonathan Littell, Las benévolas

Littell es un estadounidense que estudió en Francia, reside en Barcelona y que usa el francés como lengua literaria. La novela está escrita en forma de memorias de un antiguo alto mando de las SS en las que este personaje ficcional narra sus actividades durante el Tercer Reich. La obra pone al lector en el corazón del horror nazi, más que cualquier otro libro que se haya escrito sobre el tema. En su novela, cuyas intenciones y alcance hacen pensar en Guerra y paz de Tolstoi, el autor se introduce en la conciendia de un individuo cualquiera que se convierte en un asesino de masas.

Jumpha Lahiri / La ganadora del Pulitzer que huyó del éxito

Jhumpa Lahiri
Foto de Lorenzo Castore

Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA 

La ganadora 

del Pulitzer que huyó del éxito





Anatxu Zabalbeascoa
17 SEPT 2017 - 17:05 COT

HACE UN LUSTRO la exitosa escritora Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) decidió convertir un año sabático en Roma en una transformación vital. Se quedó tres años con su marido y sus dos hijos y pasó a escribir en italiano. Hoy no quiere volver a hablar de los bengalíes que protagonizan El intérprete del dolorEn tierra desacostumbrada o La hondonada, publicados en España por Salamandra. La suya es la historia de una renuncia al éxito, al dinero y a la lengua para mantener las riendas de su vida.

Jhumpa Lahiri / Desarraigo


Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA 

DESARRAIGO


Jhumpa Lahiri tenía treinta y dos años cuando escribió El intérprete del dolor y ganó el premio Pulitzer. ¡Quién podía imaginar al leer esos cuentos que se trataba de la opera prima de una autora tan joven! No me deja de sorprender la madurez de su escritura; el desarrollo pausado, el ritmo exacto, la riqueza de imágenes y sensaciones que Lahiri despliega con tanta soltura en estos relatos llenos de color, de olores, de texturas, de voces.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Jhumpa Lahiri / Intérprete de emociones

Jhumpa Lahiri

Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA 

INTÉRPRETE DE EMOCIONES


Por Carlos Ramos
15 de enero de 2006
Ganar el Pulitzer suele ser el resultado de una larga trayectoria en el ojo público. Obtenerlo es casi siempre la culminación de una carrera brillante. Jhumpa Lahiri consiguió en el año 2000 algo extraordinario: lo ganó siendo joven y con su primer libro. Sus amigos enloquecimos con la noticia. Ella parece que no.
El primer indicio que tuvimos quienes la conocíamos de que Jhumpa podía tener por delante una carrera como escritora fue justo al acabar su doctorado, mientras disfrutaba de una beca de creación en Provincetown (Cape Cod, en la costa de Massachusetts), y todos andábamos, con distintas intensidades, preocupados por el futuro y sus incógnitas. En poco tiempo, encontró un agente, vendió su libro Interpreter of Maladies (Intérprete de emociones, Ediciones del Bronce, 2000) y publicó una historia en The New Yorker. Era el año 1998 y lo mejor estaba aún por llegar. La colección se publicó en 1999 y fue recibida con entusiasmo por críticos y lectores. En abril de 2000, la bomba: el Pulitzer.




Intérprete de emociones contiene nueve historias con protagonistas ubicados en India y en los Estados Unidos y frecuentemente a caballo entre los dos espacios. Los desplazamientos culturales que experimentan emigrantes indios de primera y segunda generación y los trasiegos de sus sentimientos dotan a los personajes de una complejidad que no afecta a la prosa, que es siempre limpia y fluida. Decía Chekhov que en un relato corto no era preciso resolver un problema, sólo plantearlo adecuadamente, y eso es lo que consiguió Jhumpa en ese libro con facilidad pasmosa. Se trata de una escritura austera y precisa, pero de una profundidad al tratar los temas de la identidad y las relaciones interpersonales que convirtió al libro y a la autora en revelaciones instantáneas.

Jhumpa Lahiri / El triunfo del cuento

Jhumpa Lahiri

El triunfo del cuento

La literatura nos ayuda a "entender la parte más difícil de la vida", afirma Jhumpa Lahiri. La autora estadounidense de origen indio publica Tierra desacostumbrada, un conmovedor libro de relatos que se plantea como una de las sorpresas del año.



El inmenso talento literario de Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) se basa en que es capaz de contar una y otra vez la misma historia, relatos de inmigrantes indios en la Costa Este de Estados Unidos, y que siempre sea diferente. La crítica la ha comparado con una miniaturista por su capacidad para describir con precisión un mundo pequeño mientras lo convierte en universal. Pero sus relatos son mucho más, se quedan flotando en la memoria durante horas, durante días porque, en el fondo, tocan los temas más importantes de la vida: el amor, la familia y la identidad.
Su último libro, Tierra desacostumbrada, que sale esta semana en España editado por Salamandra, reúne ocho cuentos, aunque los tres últimos forman en realidad una pequeña novela, la historia de Hema y Kaushik. El relato arranca en su niñez, sigue en su juventud y acaba reuniéndolos en Roma cuando ella es una experta en el mundo clásico, que investiga la civilización etrusca, y él un fotógrafo de guerra a punto de colgar las cámaras. Estas cien páginas constituyen una joya literaria que genera constantes emociones en el lector. Su viaje a la ciudad toscana de Volterra, solitaria, herida, magnífica, llena de fantasmas etruscos, será algo muy difícil de olvidar para todos aquellos que recorran estas páginas.

Jhumpa Lahiri
Poster de T.A.


"Las historias de este libro son completamente inventadas, no se apoyan en una realidad concreta"

"La literatura puede analizar las relaciones humanas de una forma que otras artes no pueden conseguir"

"Estados Unidos parece haber descubierto por fin la importancia de la comida, y es algo que en mi familia siempre ha sido obvio"

"Para mí, las cosas que no se dicen entre personas muy cercanas son muy interesantes, y mucho más como narradora"
Por su primer libro, El intérprete de enfermedades, recibió el Premio Pulitzer a la mejor obra de ficción cuando acababa de cumplir 32 años. Fue un galardón sorprendente, que Jhumpa Lahiri vivió con una mezcla de ilusión e incredulidad. Luego escribió una novela, El buen nombre,que relata la historia de una familia india desde que emigra a Estados Unidos hasta que sus hijos crecen ya convertidos en ciudadanos del nuevo mundo. El libro fue llevado al cine por la realizadora india Mira Nair en 2006. Con Tierra desacostumbrada -título tomado de Nathaniel Hawthorne-, regresa a sus temas eternos, al mundo de los pequeños dramas familiares, de los indios que luchan toda su vida por adaptarse a un mundo nuevo, a las historias de amor cansadas, a lo nunca dicho que pesa mucho más que lo dicho. Es una lectura absorbente, llena de sorpresas.

Jhumpa Lahiri

La entrevista (en un viaje organizado por Salamandra) tiene lugar en la casa de Lahiri en Brooklyn. Fuera cae una intensa nevada, aunque la luz se cuela desde el jardín. La escritora, tímida, guapa, está casada con un periodista guatemalteco, Alberto Vourvoulias-Bush, director de La Prensa, el diario en español más importante de Nueva York. Tienen dos hijos cuyas risas lejanas acompañan la conversación. Nació en Londres de padres indios, aunque se trasladaron a Rhode Island cuando era una niña y creció en Kingston. Sus hijos son una mezcla de culturas que viven en el barrio de Nueva York que simboliza precisamente ese mundo en el que la identidad cultural se diluye. Y, sí, podría ser tal vez uno de sus personajes, aunque la diferencia es que sus libros están llenos de historias de amor tristes (a veces parecen variaciones sobre la frase con la que arranca Anna Karenina: "Todas las familias felices se parecen, las desdichadas lo son cada una a su modo"), mientras que su casa, su mirada, exhalan tranquilidad y felicidad.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Jhumpa Lahiri / Una medida temporal


Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
UNA MEDIDA TEMPORAL

El aviso les informó de que la medida era temporal: durante cinco días les cortarían la electricidad por espacio de una hora, a partir de las ocho de la noche. La última tormenta de nieve había producido una avería en el suministro y los empleados de la compañia iban a acometer la reparación a primera hora de la noche, cuando el clima era algo más clemente. La reparación iba a afectar solamente a las casas de la tranquila calle arbolada, cercana a una hilera de tiendas con fachadas de ladrillo y una parada de tranvía, en la que Shoba y Shukumar habían vivido durante tres años.

martes, 20 de mayo de 2014

Jhumpa Lahiri / El inglés es una madrastra con la que me llevo muy bien

Jhumpa Lahir
Foto de Bill Wadman

Jhumpa Lahiri: 

“El inglés es una madrastra 

con la que me llevo muy bien”


La escritora estadounidense de origen indio publica su cuarto libro: 'La hondonada'

Se trata de una aclamada novela sobre la familia y los laberintos de la identidad

Lahiri confirma su prestigio tras los relatos de 'Tierra desacostumbrada'



La escritora Jhumpa Lahiri. / LEEMAGE
A sus 46 años, con una sólida y aclamada obra literaria, Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) asegura no leer jamás lo que se escribe sobre ella, limita sus apariciones en público e intenta viajar siempre con su familia. La severa melancolía que desprende esta hermosa mujer de ojos verdes solo se suaviza cuando habla de sus dos hijos o de Roma, la ciudad donde ahora vive. Hija de universitarios de Calcuta, Lahiri llegó a Estados Unidos cuando tenía dos años. Aunque las primeras palabras que escuchó y las primeras que dijo fueron en bengalí, aprendió a leer en inglés. Atrapada entre el deseo de no dar la espalda al mundo de sus padres y el anhelo de sentirse una más en Estados Unidos, Lahiri creció con la desazón de sentirse o una traidora o una intrusa. El desarraigo, la búsqueda de identidad y la soledad son el trasfondo de su obra, que ha convertido enbest-seller las experiencias de la primera y segunda generación de bengalíes en EEUU. Con los relatos de su primer libro, Intérprete de emociones (1999), obtuvo el premio Pulitzer, la más alta distinción americana a una obra en inglés. Pero cuando nació su primer hijo, le habló en bengalí. El cerebro de Lahiri podía ser estadounidense; su corazón era indio. De la punzante conciencia de no pertenecer a ningún lugar nacieron sus siguientes libros: El buen nombre (2003), Tierra desacostumbrada (2008) y su última novela,  La hondonada (Salamandra).
Antes de viajar a Calcuta para presentar la edición en bengalí de La hondonada, Lahiri acudió al Festival del Libro de Jaipur. En el jardín del hotel, atenta a los juegos de sus hijos, habló de su novela, nominada al Man Booker y al National Book Award en Estados Unidos, de su relación con el inglés y también de su amor por Roma.

lunes, 19 de mayo de 2014

Jhumpa Lahiri / Cielo e infierno

Jhumpa Lahiri
Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
CIELO E INFIERNO
Traducción de Eduardo Iriarte


Jhumpa Lahiri / Hell-Heaven (Cuento en inglés)

Pranab Chakraborty no era, en rigor, el hermano menor de mi padre. Era otro bengalí de Calcuta que había ido a parar a las áridas costas de la vida social de mis padres a principios de los setenta, cuando vivían en un apartamento alquilado en Central Square y podían contar sus amistades con los dedos de una mano. Pero yo no tenía ningún tío de verdad en América, así que me enseñaron a llamarle Pranab Kaku. Por consiguiente, él llamaba a mi padre Shyamal Da, dirigiéndose siempre a él con la fórmula más cortés, y llamaba a mi madre Boudi, que es como los bengalíes deben dirigirse a la esposa de un hermano mayor, en vez de utilizar su nombre de pila, Aparna. Después de que Pranab Kaku trabara amistad con mis padres, confesó que el día que nos conocimos nos había seguido a mi madre y a mí durante buena parte de una tarde por las calles de Cambridge, por donde ella y yo solíamos deambular a la salida del colegio. Nos había seguido los pasos por Massachusetts Avenue y luego cuando entramos y volvimos a salir de la Harvard Coop, donde a mi madre le gustaba mirar los artículos domésticos de rebajas. Merodeó con nosotros por Harvard Yard, donde mi madre acostumbraba sentarse en el césped los días agradables y observar las riadas de estudiantes y profesores que surcaban afanosamente los senderos, hasta que, al cabo, cuando subíamos las escaleras de la Biblioteca Widener para que yo pudiera ir al servicio, le dio un toque a mi madre en el hombro y le preguntó, en inglés, si tal vez era bengalí. La respuesta a esa pregunta estaba clara, dado que mi madre llevaba los brazaletes rojos y blancos característicos de las mujeres casadas bengalíes, y un sari típico de Tangail, así como una gruesa franja de polvos color bermellón en la raya del pelo, y tenía la cara llena y redonda y los grandes ojos oscuros tan habituales entre las mujeres bengalíes. Se había fijado en los dos o tres imperdibles que llevaba sujetos a las finas pulseras de oro detrás de las rojas y blancas, que debía de usar como sustitución de un gancho perdido en una blusa o para pasar un cordel por el interior de una combinación en caso de apuro, una práctica que él asociaba estrictamente con su madre, sus hermanas y tías de Calcuta. Además, Pranab Kaku había oído casualmente a mi madre decirme en bengalí que no podía comprarme un número de Archie en la Coop. Pero en aquel momento, según confesó también, América le resultaba tan nueva que no quería dar nada por sentado, de forma que ponía en tela de juicio hasta lo más evidente.

sábado, 11 de mayo de 2002

Nuevos narradores estadounidenses / Clásicos y modernos



NUEVOS NARRADORES ESTADOUNIDENSES

Clásicos y modernos


Rodrigo Fresán
11 de mayo de 2002

En la literatura de Estados Unidos cambian los nombres y las estéticas, pero los temas y los paisajes permanecen. Así, más que romper con el pasado, las nuevas generaciones de narradores continúan transitando los caminos abiertos por los escritores que las precedieron. Sin olvidar a clásicos como Herman Melville, Mark Twain o Nathaniel Hawthorne, los autores de hoy tienen muy presentes a contemporáneos como John Cheever, Philiph Roth, J. D. Salinger o Don DeLillo.
Hay un criterio simple -el generacional- que es en el que suelen refugiarse publicaciones de prestigio como The New Yorker y Granta a la hora de, periódicamente, revelar al mundo '20 escritores para el siglo XXI' o 'los mejores novelistas jóvenes de América'. Es un criterio funcional e incontestable, pero que -siempre obligado por la presión del modelo nuevo- suele esquivar el hecho de que un país como Estados Unidos nunca deja de mantener una relación con un pasado que suele enorgullecerlos o, por lo menos, resultarles siempre digno de interés. Lo mismo ocurre con su literatura: cambian los apellidos y las estéticas, pero ciertos temas y paisajes permanecen. Por eso las nuevas generaciones de escritores made in USA continúan sin culpa ni disimulo el trabajo de las que las precedieron, y todos felices. Y el lector también a la hora de disfrutar de la paradoja posible de un cóctel tan clásico como original: una medida de la mística metaficcional de Herman Melville, una de viaje iniciático de Mark Twain, una de puritanismo pagano de Nathaniel Hawthorne, agitar con fuerza, colar a través de tantos otros apellidos que vinieron después, servir bien caliente en una copa moderna. Por eso también -a la hora de explorar los territorios y tramas de estos nuevos, muchos de ellos ya en trámite de ceder su sitial a nuevos-nuevos- se comprueba que el estilo puede variar pero las postales son enviadas desde los mismos lugares de siempre.




Se sirve en copa posmoderna este cóctel: una de mística metaficcional, una de viaje iniciático y una de puritanismo pagano

Así -algunas puntas de un iceberg de muchas puntas- Jeffrey Eugenides, Charles Baxter, A. M. Homes y Michael Knight vuelven a redescubrir el suburbio -ese epifánico infierno chico que ya exploraron gente como John O'Hara, Richard Yates y, sobre todo, John Cheever- como sitio de fracaso y redención con destellos casi mitológicos. Heidi Julavits viaja a los pueblos muertos de la Gran Depresión con los modales barrocos de William Faulkner y Carson McCullers. Nathan Englander recupera la fuerte tradición del judío mágico y pícaro -en la que lo precedieron Isaac B. Singer, Bernard Malamud y Philip Roth- mientras que Ethan Canin y Michael Chabon hacen lo propio con nuevas versiones del ángel caído blanco, anglosajón y protestante de Francis Scott Fitzgerald disfrazado de dibujante de cómics o escritor bloqueado. David Sedaris, Melissa Bank y Matthew Klam modernizan el concepto del humorista en serio à la Dorothy Parker o Woody Allen o Jerry Seinfeld con relatos de mecánica cercana al monólogo de stand-up comedian. Jonathan Franzen y Lorrie Moore se sientan a la mesa de esas familias disfuncionales que John Updike tantas veces fotografió en sus cuentos y en las novelas de la saga de Rabbit Angstrom. Dave Eggers, Rick Moody y William T. Vollmann reinventan sus propias vidas recibiendo la herencia del fantasma verdadero del paladín de la cripto-autobiografía Jerome David Salinger; mientras que Donald Antrim, George Saunders, Chuck Palahniuk y David Foster Wallace se reparten a partes iguales el legado entrópico y satírico de Thomas Pynchon y Kurt Vonnegut a la hora de destruir el planeta o, por lo menos, patear ese puzle al que sólo le faltaba una pieza para terminarlo de armar. Richard Powers es el perfecto discípulo de Don DeLillo cuando se trata de comprender la historia pública de su país a través de las historias privadas de sus personajes. Jonathan Lethem -replicante de Philip K. Dick- se consagra como escritor 'de género' tan apto para la ciencia-ficción como para el policial paranóico-existencialista. James Gunn y Denis Johnson -el mayor de todos ellos en todo sentido- se mueven por las zonas oscuras de la derrota con héroes drogadictos o malditos que descienden directamente de las alturas beatniks y posvietnamitas o ascienden hacia las profundidades de la cultura trash y el consumismo pop. Al final -pero no por eso en último lugar-, Sherman Alexie, Junot Díaz, Chang-Rae Lee, Jhumpa Lahiri, Collum McCann, releen para reescribir, con la caligrafía del inmigrante o de la minoría étnica, el mapa de un país donde Huckleberry Finn sigue saliendo al camino, Hester Prynne continúa soportando el estigma de una letra escarlata y Ahab no ha dejado de perseguir a una ballena blanca que simboliza cualquier cosa, todas las cosas de este mundo.

Lorrie Moore







LOS OTROS NUEVOS


La revista The New Yorker seleccionó en 1999 a 20 autores para el siglo XXI. Además de los ya citados en las páginas anteriores, éstos son otros autores con obra traducida al español que se encontraban en la lista:
Donald Antrim. 
Los cien hermanos. Tusquets, 2000.
Sherman Alexie. 
El indio más duro del mundo. El Aleph, 2001. Indian Killer. El Aleph, 1997.
Edwidge Danticat. 
Palabras, ojos, memoria. Ediciones del Bronce, 1998.
Junot Díaz. 
Los boys.
Mondadori, 1996.
Jeffrey Eugenides. 
Las vírgenes suicidas. Anagrama, 1994.
Nathan Englander. 
Para el alivio de insoportables impulsos. Lumen, 2000.
Jhumpa Lahiri. 
Intérprete de emociones. 
Ediciones del Bronce, 2000 (en catalán en Columna, 2000).
Chang-Rae Lee. 
En lengua materna. Anagrama, 2001.
Rick Moody. 
América púrpura. 
Debate, 2001. 
La tormenta de hielo. 
Debate, 1997 (en catalán, Llibres de l'Índex, 2001).
William T. Vollman. 
Historias del Mariposa. 1995; 
Trece relatos y trece epitafios, 1996,
Para Gloria, 1998
La lista de autores traducidos es mucho más extensa. Pese que no incluye a autores que ya se han convertido en referencia, como Roth, Cheever, Auster o Delillo, es una muestra representativa:
Dave Eggers. 
Una historia asombrosa, conmovedora y genial. Planeta, 2001 (versión catalana en Columna, 2001).
Heidi Julavits. 
El palacio mineral. 
Mondadori, 2002.
James Gunn. 
El coleccionista de juguetes. 
Mondadori, 2002.
Zoetrope: All-story, antología de relatos de la revista Zoetrope. Emecé, 2002.
Steven Millhauser. 
Pequeños reinos. 
Andrés Bello, 1998.
El lanzador de cuchillos.
Andrés Bello, 2001, entre otros.
Nicholson Baker
La interminable historia de Nory. 
El Aleph, 2002 (en catalán en Empúries).
Brady Udall. 
La vida milagrosa de Edgar Mint. 
RBA, 2002.
James Hynes. 
El cuento del docente. El Aleph, 2002.
Lorrie Moore. 
Pájaros de América. Salamandra, 2000 (en catalán, Edicions 62, 2000).
Autoayuda. Salamandra, 2002.
Helen DeWitt. 
El séptimo samurái. Plaza & Janés, 2001.
Kief Hillsbery. 
En pie de guerra. 
Seix Barral, 2001 (en catalán en Columna).
Armistead Maupin. 
El oyente nocturno. 
Plaza & Janés, 2001.
Colum McCann. 
A este lado de la luz. El Aleph, 1998
(en catalán en Columna). Perros que cantan. El Aleph, 2001.
André Dubus III
Casa de arena y niebla. Diagonal, 2001.
Douglas Coupland. 
La segunda oportunidad. 
Ediciones B, 2001. 
Todas las familias son psicóticas.
 Destino, 2002, entre otros.
James Salter. 
Juego y distracción y Anochecer. El Aleph, 2002.
Lawrence Weschler. 
Boggs, la comedia del dinero. 
Seix Barral, 2000.
El gabinete de las maravillas de Mr. Wilson. 
Seix Barral, 2001.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de mayo de 2002