Jorie Graham
Jorie Graham
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| Jenny Offill |




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| Jorie Graham |
Jorie Graham
ENTREVISTA
Segunda parte
Susan Howe: Has mencionado antes la capacidad negativa, en relación con el vaciado del yo de este poema, su canalización de otras perspectivas. En su estrofa inicial, 'Criónica' deja caer la palabra “empatía”, y luego vuelve a la 'proto empatía' (una distinción inquietante). Parece que la empatía como proyecto humano está sufriendo una crisis en nuestra política, tanto en los Estados Unidos como a nivel mundial. ¿Ese panorama te preocupaba mientras escribías estos poemas?
Jorie Graham: Sí. Sin la menor duda. Ahora tenemos como mínimo una generación entera —puedo hablar en nombre de los Estados Unidos— donde la tecnología y la eliminación de cualquier aspecto de la naturaleza, la eliminación de la experiencia de la materialidad, de la tridimensionalidad (tal vez un requisito previo para la actividad ética: una etapa para la autorreflexión), posiblemente han interferido con el desarrollo de la empatía. Una generación, tal vez dos, que no sólo han conocido pantallas desde el principio, sino también una generación que Richard Louv describió hace mucho (en Last Child in the Woods), que a menudo no se cría, por ejemplo, jugando a ninguno de los juegos que los humanos han practicado desde los tiempos de la caza y la recolección hasta tiempos
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| Jorie Graham |

Jorie Graham (Nueva York, 1950), premio Pulitzer en 1996, es una de las más afamadas poetas estadounidenses vivas. De ella se publica ahora, en una excelente traducción, su décimo libro, Rompiente (Sea Change, en inglés). Se trata de un libro complejo y denso, deudor del flanco más sofisticado de la poesía estadounidense, pero también del más directo y claro y luminoso. Whitman podría ser la referencia para englobar esas dos direcciones, pero, habría que añadir otras enseñanzas, como la del experimentalismo de Pound, el intelectualismo emotivo de Stevens o el prístino lirismo de W. C. Williams. El lector reconoce una impulsividad natural, casi cercana al célebre “desbordamiento espontáneo de los sentimientos/emociones llenos de fuerza” (Wordsworth). Esto proporciona al libro espesura y frescura, al tiempo que sinceridad, que lo liberan de su más temible amenaza: la opacidad ungida de falsa trascendencia. Los poemas tienen un dinamismo semejante, y a todos les afecta el versículo whitmaniano del que se vale el discurso, con simétricos cortes que convierten la página en una extraña cadencia de espacios largos y cortos, con encabalgamientos brutales, insólitos, que harían enrojecer al mismísimo fray Luis. El comienzo suele acudir a un escenario estático, que señala la época del año o el tiempo: “Después de una gran lluvia, calor del verano, mitad de invierno, luna llena, luna menguante, anochece, sol que irrumpe…”. A partir de ese dato, que origina una predisposición contemplativa llena de torbellinos existenciales, empieza a hilar un discurso en el que se entremezclan largas tiras de frases enhebradas solo por la sucesividad de la conciencia sin freno y sentencias llenas de intensa y acuciante carga filosófica junto con pedazos de expresividad netamente lírica, en los que la transparencia emotiva deslumbra. La mezcla de esos tres registros define la totalidad de este libro. No apto para banales ni holgazanes.
Rompiente. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Bartleby. Madrid, 2014. 119 páginas. 14 euros
DE OTROS MUNDOS
Jorie Graham
Maniatada a una tromba. Pedí a las plantas que me dieran mi pequeña identidad. No, a los planetas.
Los que giran en arco, las flameantes entrañas de sus órbitas, y un gusano en una hoja, moho, campanas,
una pérgola—todo mutando—desplegándose—vaciándose en un poco más de vida célula tras
célula en el viento como este
sonido de garabatear en
papel. Creo que
estoy cayendo. Recuerdo la tierra. La marga se asienta
silenciosa, debajo de mí, esperando a hacer de nosotros lo que pueda, incluso humo, esperando a
convertirse en un nuevo lugar de origen, el otro fantasmal, trabado de entrada,
más entrada aún—me pasé la vida entrando—la cuestión del lugar pendiendo sobre mí
año tras año—yo desapareciendo pero casi aquí en espíritu, aún, muy dentro, muy atrás, detrás,
sabiendo que el insecto, el ave, el pez—no son allí sino víctimas—
que podría volverme cristal—que después nos volveríamos
deshielo—la morrena revelando agropiros, gramíneas, una prehistórica caricia materna
congelada—o un dedo
a punto de tocar
una tranquila piel, de recorrer su polvo, la uña inquietando el filo del
aire, rastreando su absurdo y perpetuamente imaginado
final—saltando—aterrizando al tacto. Una mano. Sobre quién. Un surco recorrido donde un dios
muere. Y sedoso antes de amoratado. Un universo puede morir. Lo que siempre podíamos tener, o ser
un cuerpo. Luego agarrado por la cabellera
e incrustado a presión en la
existencia. Una. Ahora intenta escuchar los pinos, la floración, su destello, la salvaje tos del
mar, meandro de cada río, torbellino de meandros—escucha—oye todas las pieles en maraña,
incesantes—oye una piel que se cierra aprisionando lo que ya dejó de estar
ausente.
Aquí estás dice una voz en la luz, la luz atrapada. Sé feliz.
Jorie Graham, Deprisa, 2017
A life in poetry / Jorie Graham / ‘I am living in the late season, but it has its songs, too’
Jorie Graham
Luna menguante. Se alza ahora. Un crujido, se marcha. Profunda
sobre exhaustos continentes. Me asombro dice mi
plenitud. Nadie nadie dice la habitación en la que
yazgo muy quieta en la
oscuridad observando. Tu corazón dice la luna, se mengua y se alza más. Dónde está. Tu
cautela, tus ojos tu dedo índice en
gatillo tu espina dorsal tu raciocinio—preferible
rechazar el contacto,
mantener la distancia, que mane de ti la sangre y las estrellas blancas te corroan, y el espino
que es tan blanco allí en el prado,
y la arena como sábana por las extensas playas, soldados que se aprestan, la rápida
mirada al cielo cuando las palabras clave, de plegaria, antes
de la captura, son pro-
feridas, escalofrío que no contiene odio pero no es amor, es neutral, sí, ex-
angüe, por ejemplo un brote cerca de donde
una mano descierra un
cerrojo de seguridad te llama
a voces, es un ejemplo del nadie-allí, y el sonido del agua se oscurece, y el viento
agita las hierbas, y sin
un grito fluye el frío como ojos de un perro
guardián, el guardián que fija su atención en la diferencia—solo la diferencia—y actos
cometiéndose en tu nombre, tus presos que llegan
a tu centro de detención, allí, en tus
ojos, la prisión, en la profundidad de tu pupila, el ablandamiento, tú entregando toda tu aten-
ción, tus ojos, tu celda, tu cautela, tu control,
después de todo es tuyo, sí, lo que has atrapado, aférralo, aferra
esto, aquí no hay ley, no estás expuesto a
enjuiciamiento, mira todo lo que quieras, se retorcerá para ti, ahí, en esta luz que se alza, protegido
de las consecuencias, haciendo de ti un
fantasma, sin un grito, sin un grito la
tarde se convierte en noche, las palabras parecían serlo todo y así
el equipo jurídico los declarará exentos,
exenciones para el drenaje de los lagos, para el asesinato de los mares, los esclavos en sus
aguas, no son de nuestra especie, exención que se llama
adelante, mezcla la sangre, toma de la carne, haz caja, prende fuego, postula el ecuador, oculta
el origen, di que estáis todos perdonados, di que son sólo
técnicas coercitivas de interrogación y contrarresistencia, como en dame tu
nombre, dámelo, te lo arrancaré, te lo re-
clasificaré, te ocultaré de ti, así mismo, solo un rato, no dolerá
mucho, piensa en un jardín, aparta tu mente de las
cosas, piensa mar, viento, trueno, raíz, piensa árbol que te mantendrá
erguido, imagina que te mantiene
erguido, elige ser quien eres, deprisa, elígelo, eso ayudará. La luna es más fría
de lo que piensas. Está llena de nada como
esta nuestra quietud. Intentamos que no se fijen en nosotros. Estamos en la quietud como si fuera
una vida otra en que infiltrarse. En nuestra piel
deslumbramos de inexistencia. Es un truco por supuesto pero a veces funciona. Si no lo
hace nos encontrarán, nos harán
gritar y arrastrarnos. Ansiaremos el perdón. No importa para qué, aquí no hay
hechos. Luna, ¿quién escribirá
el último poema? Tu velo echa a volar, su inutilidad hace sentir que aún
hay tiempo, ahora es cosa de dos,
me estás pidiendo que me pierda a mí misma.
En este desbordamiento de mi ojo,
lo hago.
Jorie Graham, Rompiente, 2008
DE OTROS MUNDOS