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sábado, 31 de julio de 2021

Jorie Graham / Los sonidos del planeta

 


Jorie Graham

LOS SONIDOS DEL PLANETA

Is Eden´s innuendo
‘If you dare’?
Emily Dickinson

Rubén Martín
30 de julio de 2014

“There are sounds the planet will always make, even / if there is no one to hear them”, escribe Jorie Graham en los compases finales de Sea Change (2008). “Hay sonidos que el planeta siempre hará, incluso / si no hay nadie para oírlos”, traduje en la versión bilingüe que Bartleby Editores ha publicado en marzo de este año con el título de Rompiente. Una lectora que se sintió muy impresionada por esos versos, la poeta Alba Ceres Rodrigo, me dijo en una red social: “Jorie Graham ha escuchado esos sonidos, yo creo que tú también, y nos habéis avisado”.

martes, 12 de enero de 2021

Los 50 mejores libros de 2020 / Cuarta parte

 

Jenny Offill


Los 50 mejores libros de 2020

CUARTA PARTE
DEL 31 AL 40

31. Simón
Miqui Otero
BLACKIE BOOKS

La gracia del libro está en el cuidado con que cada personaje se hace cargo de sí mismo y sus flaquezas, sus complejos, sus miedos, todos sometidos a una historia mayor que se expresa con sutileza, con alarmas y avisos sueltos bien diseminados: el rumor de caída y hasta desplome de una ciudad, Barcelona, metida en la crisis de 2018 desde las alturas festivas y frágiles de 1992.




32. El silencio
Don DeLillo. Traducción de Javier Calvo
SEIX BARRAL

Miedo al sinsentido de la nada, inteligencia y un puñado de palabras conforman un texto frío, afilado como una cuchilla, de leve apariencia. Si la función de la literatura ha de ser la de crear un escenario completo donde hacerse preguntas cuyas respuestas no puede encontrar, nos parece evidente que El silencio es literatura en estado de gracia.




33. La rama verde
Eloy Sánchez Rosillo
TUSQUETS

En 2006, Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) recibió el Premio de la Crítica por La certeza, editado en Tusquets, igual que La rama verde, su última entrega. En 2018, la misma editorial reunió en Las cosas como fueron toda su poesía escrita desde 1974, cuando era un poeta elegíaco, claro, sereno y leopardiano en un tiempo dominado por el vanguardismo de los novísimos. Fiel a su voz, entrega ahora uno de sus mejores libros, una reflexión sobre el paso del tiempo que se cierra con la nostalgia de la “rama aún verde de la infancia”, en la que, pese a todo, todavía “canta un jilguero”. Poesía y sabiduría.






34. Clima
Jenny Offill. Traducción de Eduardo Jordá
LIBROS DEL ASTEROIDE

Tras el éxito de ‘Departamento de especulaciones’, Jenny Offill regresa con ‘Clima’, que habla con ritmo sincopado, y una mirada curiosa e inquieta, de previsibles catástrofes meteorológicas, a través de una madre de familia, bibliotecaria de un campus en Brooklyn que acaba trabajando en un podcast sobre el cambio climático.




35. El fin del amor
Eva Illouz. Traducción de Lilia Mosconi
KATZ

Eva Illouz (Fez, 1961), conocida como la “socióloga de los sentimientos”, es autora de importantes ensayos como El amor y las contradicciones culturales del capitalismo, Erotismo de autoayuda o Por qué duele el amor. Ahora, en El fin del amor, indaga las condiciones sociales y culturales que hay detrás de lo que ha llegado a ser una característica común de las relaciones sexuales y románticas contemporáneas: el acto de abandonarlas.




36. Contra la igualdad de oportunidades
César Rendueles
SEIX BARRAL

El libro de César Rendueles, que él mismo asume que tiene tono y voluntad panfletaria, es decir, de soflama para incitar a la acción, es una defensa de los valores igualitarios con el objetivo de lograr “una sociedad ilustrada, libre y fraterna”. En él, denuncia las estrategias que, en nombre de la libertad individual, perpetúan la desigualdad y sus derivados: del fracaso escolar a la violencia social.

César Rendueles / "Si queremos una igualdad material profunda, no hay alternativa a la negociación colectiva"

 



37. Economía de lo que no se pierde
Anne Carson. Traducción de Jeannette L. Clariond
VASO ROTO

La autora canadiense Anne Carson (Toronto, 1950), reciente ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020, ha construido desde el mundo grecolatino una poesía en la que “la vitalidad del gran pensamiento clásico funciona a la manera de un mapa que invita a dilucidar las complejidades del momento actual”, según el jurado del galardón. En este ensayo ofrece varias lecturas sobre algunos de los poemas más relevantes de Simónides de Ceos, el primer poeta que cobró por sus versos, junto a los del rumano Paul Celan, judío superviviente del Holocausto.

38. Deprisa
Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín.
BARTLEBY

Dueña de una de las obras más poderosas de la poesía norteamericana —ya conocíamos La errancia (2007) y Rompiente (2014)—, Jorie Graham (Nueva York, 1950) es brillante y compleja, pero nunca afanosamente ininteligible. Graham toca las cosas hasta que se rompen, es su modo de verlas, en un libro que reacciona contra la descosificación y la erosión humana.

39. La forastera
Olga Merino
ALFAGUARA

La forastera se plantea varios desafíos. El más preciado de todos, evitar el ruralismo, aun cuando la novela transita ese paisaje porque habla de una mujer que se retira a un pueblo del sur en el que es vista con sospecha. Y sobre todo hay un tour de force del que Merino sale intacta, reforzando su estatura narrativa. La autora deja señales de su arte narrativo con una historia turbia y un dibujo humano de personajes que no tienen desperdicio.

Olga Merino / "La felicidad está muy sobrevalorada"

Olga Merino / La forastera / Un drama contemporáneo

40. No entres dócilmente en esa noche quieta
Ricardo Menéndez Salmón
SEIX BARRAL

Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) firma sin duda su libro más personal. También el más comprometido. Tomando el título de unos famoso versos de Dylan Thomas, el escritor asturiano procede a una inmersión autobiográfica en torno a la figura de su padre, enfermo desde que él era un niño de corta edad. En torno a esa figura y a las consecuencias diseminadas en su propio interior. Así, ajusta cuentas con su progenitor y consigo mismo en una descarnada indagación sobre la fragilidad de las relaciones familiares.

No entres dócilmente en esa noche quieta, de Ricardo Menéndez Salmón / Reseña




sábado, 9 de enero de 2021

Jorie Graham / Deprisa / Enfermedad planetaria

 

Portada de 'Deprisa', de Jorie Graham.
Portada de 'Deprisa', de Jorie Graham.BARTLEBY

Los 50 mejores libros de 2020

Jorie Graham

DEPRISA

Enfermedad planetaria

Jorie Graham toca las cosas hasta que se rompen, es su modo de verlas, en un libro que reacciona contra la descosificación y la erosión humana


Antonio Ortega
6 de noviembre de 2020

Dueña de una de las obras más poderosas de la poesía norteamericana —ya conocíamos La errancia (2007) y Rompiente (2014)—, Jorie Graham (Nueva York, 1950) es brillante y compleja, pero nunca afanosamente ininteligible, pues solo la muerte nos hace “totalmente legibles”. Tras leer la impecable traducción de Deprisa, es fácil percibir la materia del discurso: la naturaleza fugaz de la existencia; el desgarro de la muerte y la enfermedad (Graham tuvo cáncer unos años antes) de los seres cercanos (sus padres); la consumación del cuerpo, “célula tras / célula en el viento”; el tiempo cercando nuestra identidad (“quién es el ‘él’ que no puede existir sin él”); el “colapso del saber”, rendido a las herramientas virtuales y a la inteligencia artificial; la descorporeización del mundo, su “sistemicidio”. Todos ellos síntomas de una colectiva enfermedad planetaria.

Jorie Graham / Entrevista / Segunda parte

 

Jorie Graham

Jorie Graham

ENTREVISTA

Segunda parte


Susan Howe: Has mencionado antes la capacidad negativa, en relación con el vaciado del yo de este poema, su canalización de otras perspectivas. En su estrofa inicial, 'Criónica' deja caer la palabra “empatía”, y luego vuelve a la 'proto empatía' (una distinción inquietante). Parece que la empatía como proyecto humano está sufriendo una crisis en nuestra política, tanto en los Estados Unidos como a nivel mundial. ¿Ese panorama te preocupaba mientras escribías estos poemas?

Jorie Graham: Sí. Sin la menor duda. Ahora tenemos como mínimo una generación entera —puedo hablar en nombre de los Estados Unidos— donde la tecnología y la eliminación de cualquier aspecto de la naturaleza, la eliminación de la experiencia de la materialidad, de la tridimensionalidad (tal vez un requisito previo para la actividad ética: una etapa para la autorreflexión), posiblemente han interferido con el desarrollo de la empatía. Una generación, tal vez dos, que no sólo han conocido pantallas desde el principio, sino también una generación que Richard Louv describió hace mucho (en Last Child in the Woods), que a menudo no se cría, por ejemplo, jugando a ninguno de los juegos que los humanos han practicado desde los tiempos de la caza y la recolección hasta tiempos recientes: el escondite, el pilla-pilla –juego no estructurado, juego crepuscular. Ese juego parece ser necesario para construir, a nivel neurológico, el sentido interno de un “escenario” donde uno “actúa”. Cuando trepas a un árbol, tu mano va al “otro lado” del tronco y se agarra: no lo ve, lo siente, sabe que funcionará en ese punto invisible. Hablo literalmente, pero espero que sea claro como metáfora. Confío en esta intuición de que la sensación del impulso ético requiere las presiones de la responsabilidad física, lo que significa una vida interior escenificada desde el principio en un mundo tridimensional. Donde uno puede ver su sombra, por así decirlo.

Jorie Graham / Rompiente / Poesía no apta para holgazanes

 

Jorie Graham

Poesía no apta para holgazanes

Jorie Graham, una de las más afamadas poetas estadounidenses vivas, publica 'Rompiente'


Ángel Rupérez
13 de junio de 2014

Poesía no apta para holgazanes

Jorie Graham (Nueva York, 1950), premio Pulitzer en 1996, es una de las más afamadas poetas estadounidenses vivas. De ella se publica ahora, en una excelente traducción, su décimo libro, Rompiente (Sea Change, en inglés). Se trata de un libro complejo y denso, deudor del flanco más sofisticado de la poesía estadounidense, pero también del más directo y claro y luminoso. Whitman podría ser la referencia para englobar esas dos direcciones, pero, habría que añadir otras enseñanzas, como la del experimentalismo de Pound, el intelectualismo emotivo de Stevens o el prístino lirismo de W. C. Williams. El lector reconoce una impulsividad natural, casi cercana al célebre “desbordamiento espontáneo de los sentimientos/emociones llenos de fuerza” (Wordsworth). Esto proporciona al libro espesura y frescura, al tiempo que sinceridad, que lo liberan de su más temible amenaza: la opacidad ungida de falsa trascendencia. Los poemas tienen un dinamismo semejante, y a todos les afecta el versículo whitmaniano del que se vale el discurso, con simétricos cortes que convierten la página en una extraña cadencia de espacios largos y cortos, con encabalgamientos brutales, insólitos, que harían enrojecer al mismísimo fray Luis. El comienzo suele acudir a un escenario estático, que señala la época del año o el tiempo: “Después de una gran lluvia, calor del verano, mitad de invierno, luna llena, luna menguante, anochece, sol que irrumpe…”. A partir de ese dato, que origina una predisposición contemplativa llena de torbellinos existenciales, empieza a hilar un discurso en el que se entremezclan largas tiras de frases enhebradas solo por la sucesividad de la conciencia sin freno y sentencias llenas de intensa y acuciante carga filosófica junto con pedazos de expresividad netamente lírica, en los que la transparencia emotiva deslumbra. La mezcla de esos tres registros define la totalidad de este libro. No apto para banales ni holgazanes.

 Rompiente. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Bartleby. Madrid, 2014. 119 páginas. 14 euros

EL PAÍS


DE OTROS MUNDOS
Jorie Graham / Mar cambiante
Jorie Graham / Rompiente / Reseña
Jorie Graham / Esto
Jorie Graham / Guantánamo
Los 50 mejores libros de 2020 / Cuarta parte
Jorie Graham / Las manos de mi madre me dibujan
Jorie Graham / Cenizas
Jorie Graham / Rompiente / Poesía no apta para holgazanes
Jorie Graham / Entrevista / Primera parte
Jorie Graham / Entrevista / Segunda parte
Jorie Graham / Deprisa / Enfermedad planetaria

KISS
A life in poetry / Jorie Graham / ‘I am living in the late season, but it has its songs, too’
Jorie Graham / The Way Things Work
Jorie Graham / This
Jorie Graham / Guantánamo
Beautiful Lies / The Poetry of Jorie Graham



Jorie Graham / Entrevista / Primera parte


 


Jorie Graham


(El 28 de septiembre llega a las librerías, al fin, la edición bilingüe de Deprisa / Fast,el último libro de Jorie Graham hasta la fecha, en versión de Antonio F. Rodríguez y un servidor. Me interesaba rescatar  y traducir esta entrevista de Susan Howe a la autora, para la web PRAC CRIT, en enero de 2017)


Susan Howe: “Quién es este que habla ahora”, se pregunta un poema de Deprisa, pero con una curiosa monotonía, no muy humana: una afirmación donde cabría esperar un signo de interrogación. En otros poemas habitan las voces —¿podríamos decir las conciencias?— de entidades no humanas, desde un bot de conversación hasta el fondo marino profundo. En 'Criónica', el 'yo' relata su “salto desde un tipo de ser, un tipo de ser / inmaterial a otro. Una posible subjetividad extraña”, como si siguiera hablando desde un espacio más allá de la vida humana. ¿Cómo llegaste a la voz del poema, a su tejido de voces?

Jorie Graham: Bueno, en primer lugar, a lo largo de sus cinco años, Deprisa fue un libro emocionante pero increíblemente difícil de escribir, un libro que parecía terminar muchas veces. No dejaba de pensar que no podía seguir con él. Hubo largos tramos de silencio entre los poemas. Así que mientras trabajaba en él sentía que me venía abajo, y volvía a pensar que lo tenía que desechar todo. Pero cuando el libro al fin comenzó a ensamblarse, no fue como cualquier experiencia anterior. Fue como un fantasma que emergía. De repente se fusionó y se irguió ante mí. Y 'Criónica' fue el último poema escrito para este libro, así que reunía todas las otras voces que el poemario había intentado sondear e incorporar a su paso. Esto no era algo que me propusiera conscientemente, en un principio (además el libro explora muchos otros aspectos de la vida), pero sí, a lo largo de estos años me vi cada vez más obligada —invitada, forzada, éticamente tentada— a tratar de encontrar un camino hacia las voces que podrían llamarse "no humanas", como indicas… o voces que intentaron acercarse, aproximarse, a tal estado. No quiero limitar la experiencia del libro a este único aspecto, pero sí, incluye este intento, esta práctica. Yo no podía huir de ese imperativo. Seguía reafirmándose a sí mismo.

Jorie Graham / Cenizas

 







Jorie Graham

Cenizas

Maniatada a una tromba. Pedí a las plantas que me dieran mi pequeña identidad. No, a los planetas.
Los que giran en arco, las flameantes entrañas de sus órbitas, y un gusano en una hoja, moho, campanas,
una pérgola—todo mutando—desplegándose—vaciándose en un poco más de vida célula tras
célula en el viento como este
sonido de garabatear en
papel. Creo que
estoy cayendo. Recuerdo la tierra. La marga se asienta
silenciosa, debajo de mí, esperando a hacer de nosotros lo que pueda, incluso humo, esperando a
convertirse en un nuevo lugar de origen, el otro fantasmal, trabado de entrada,
más entrada aún—me pasé la vida entrando—la cuestión del lugar pendiendo sobre mí
año tras año—yo desapareciendo pero casi aquí en espíritu, aún, muy dentro, muy atrás, detrás,
sabiendo que el insecto, el ave, el pez—no son allí sino víctimas—
que podría volverme cristal—que después nos volveríamos
deshielo—la morrena revelando agropiros, gramíneas, una prehistórica caricia materna
congelada—o un dedo
a punto de tocar
una tranquila piel, de recorrer su polvo, la uña inquietando el filo del
aire, rastreando su absurdo y perpetuamente imaginado
final—saltando—aterrizando al tacto. Una mano. Sobre quién. Un surco recorrido donde un dios
muere. Y sedoso antes de amoratado. Un universo puede morir. Lo que siempre podíamos tener, o ser
un cuerpo. Luego agarrado por la cabellera
e incrustado a presión en la
existencia. Una. Ahora intenta escuchar los pinos, la floración, su destello, la salvaje tos del
mar, meandro de cada río, torbellino de meandros—escucha—oye todas las pieles en maraña,
incesantes—oye una piel que se cierra aprisionando lo que ya dejó de estar
ausente.
Aquí estás dice una voz en la luz, la luz atrapada. Sé feliz.

Jorie Graham, Deprisa, 2017




DE OTROS MUNDOS


KISS

A life in poetry / Jorie Graham / ‘I am living in the late season, but it has its songs, too’



Jorie Graham / Las manos de mi madre me dibujan





Jorie Graham
LAS MANOS DE MADRE ME DIBUJAN


Mientras muere solo las manos de madre siguen

sin morir, cortando el aire,

impersonales, forzadas,

curvándolo—sequía incesante lluvia

revolución de los órganos des-

activándose pero no estas extremidades,

aquí desde que por primera vez abrí mis primeros

ojos el primer día y ahí estaban,

delicadas, señalando, no retrocederán,

no pueden ser recordadas. Madre,

muriendo—madre no quiere

morir—madre aterrada despierta

cada noche pensando que está muerta-

gritando—madre no

recuerda quién soy cuando

acudo—quién soy—madre debemos

guardar el teléfono porque a quién

llamarás luego—ahora dice he

soñado tengo que ponerme este vestido, si

me pongo este vestido no moriré—

madre no puede ponerse el vestido

por la cadera rota y el brazo

roto y tubos y cables y cubetas

y dolor omnipresente, errante

delirio, en el fétido mundo-

sombra—geotrauma—trans-

natural—qué es este mensaje

que has estado garabateando para mí

toda la vida, qué es este arrastrarte

otra vez hoy hacia el no-ser. Dibújalo.

El mí que no está aquí. Quién es el

fantasma en la habitación. Que soy yo

ahora en el dibujo. Adónde nos

dirigimos. A qué me arrojas

con tu ojo presuroso—arriba

hasta mi luego abajo al blanco de la

página. Despedazas

el rostro. Veo mi codo ahí donde

ahora trazas la curva con el lápiz, lo

completas, me lo arrancas hacia

una generación más instantánea de

futuro extra. Rememoras, me despojas

de mi extrañeza, me

manufacturas, me incubas de sombras. Para

hacer qué, madre, aquí en esta

eternidad este segundo este millón

de años donde observo mientras todo es

observado y cancelado y re-

producido—multiplicando las facetas de

la luz en el aire matinal—los

dedos hurgando frenéticos en la bolsa de

bolígrafos, lápices, y luego aquí

están—las imágenes—y las manos

se mueven-trazan una

línea ahora, es nuestro mundo,

se horizonta, nos afantasmamos, sonámbulos,

todo a nuestro alrededor se nivela,

se cancela, nos transformamos, somo

apenas ruinas, perduramos, pero

para qué, los dedos profundizan

el bucle, reanimándolo, la mente

no lo sabe—no creo—

pero los dedos, oh, toda mi vida

exhumando lo invisible,

harta de las meras cosas, no

interesada en el enjuiciamiento, sino

en la convulsión—qué significa

convulsión—toda la energía, grave

asunto, sobre la dirección, trazando

rastros que se disuelven entre el ente

y los intersticios-aquí líneas firmes,

aquí un arranque polvoriento—hambre,

temor—comienza la investigación—no todo se ha

perdido—el pensamiento dilatado

unos segundos—el escrutinio desplazándose

entre el aquí y el aquí, conglomerados,

malezas, este podría ser el punto donde

entramos, o donde somos salvados,

podría ser un error, ella mira la

habitación traspasándome, no estoy

aquí entonces, intento alzarme en el rayo de luz,

nada de lo que hago lo hará

suceder, rostro pétreo, labor que

excluye todo lo que no es ella

misma, todo impulso en el proceso de

convertirse en todo afecto, cómo puedo tocar

esa mano como nieve nómada, cuándo

se repite el tiempo si aquí no hay

tiempo, o el tiempo ha sido cargado pero

no amartillado, por ello almacenado, del todo

clausurado, también me crearon pero no

así, busco la renuncia,

la expectativa, pero aquellos no son los

climas—si solo pudiera estar en

el escenario—mi tiempo no

pasa—de quién es el tiempo

que pasa—las manos apresurándose

en el papel, nublado con un sol

que afuera también garabatea y se apresura—

la sabiduría apartándose de la

sabiduría para ser—qué—algo

que podrá multiplicar el otro y no puede, una mancha

de azul en el exterior de pronto como la

extinción del lenguaje cuando los labios

se paralizan—sol—auto-

enunciándose—quiero que esto no sea

lo que escribo sobre ella, también que mis manos

no estén aquí, fundidas con las suyas

que nunca tomarán la mía en

ellas, no importa lo tarde que sea, no

importa que tengamos que abrirnos paso

corriendo entre toda esa gente y yo necesite

la mano, en algún lugar un claro

radiante, ¿nos dirigimos a él?, la cabeza

inclinada sobre la vasta página, la mano

trémula de viva emoción, no puedo decir

si da o recibe, no puedo decir qué es

lo que genera la línea, procede

de los largos dedos pero no es

ellos, todo se ha consumido, la sensación

de que todo-todo lo que necesitamos o tenemos—

se consumirá en este próximo acontecimiento,

esta captura, en realidad estridente aunque

solo puedes oír el leve

arañazo, y percibo el crepúsculo

acercándose aunque aún

despunta la tarde, insinuándose tan solo,

nadie aquí para verlo salvo yo, narrada

en la voz del silencio por arcos, contornos,

el viento que arrecia, ondulado, fluido—

tinta tiza carbón—círculos, espirales,

el río que corre

a ninguna parte, que ha sobrevivido a los

asombros y jamás volverá a

acercarse a ese ardor, hace

frio aquí, alzando la vista hacia qué,

mirando otra vez abajo, cómo es

posible que el mundo aún exista, cuando

empieza a tomar forma allí, en el no

ser, está el antaño están las

altas palabras, desprendidas, como

el canto del arrendajo arrojado cuando

el pájaro se marcha, frías mañanas,

arrastrando consigo el amanecer, dejando

al cuervo y al estornino al sol—ellos

han sabido qué encontrar en lo incondicionado,

lo inroturado lo inmaterial lo intacto y

lo han llevado a rastras hasta aquí—para que sea

visible



jueves, 9 de enero de 2020

Jorie Graham / "Guantánamo"

 



Jorie Graham

«Guantánamo»

Traducción de Rubén Martín


Luna menguante. Se alza ahora. Un crujido, se marcha. Profunda
sobre exhaustos continentes. Me asombro dice mi
plenitud. Nadie nadie dice la habitación en la que
yazgo muy quieta en la
oscuridad observando. Tu corazón dice la luna, se mengua y se alza más. Dónde está. Tu
cautela, tus ojos tu dedo índice en
gatillo tu espina dorsal tu raciocinio—preferible
rechazar el contacto,
mantener la distancia, que mane de ti la sangre y las estrellas blancas te corroan, y el espino
que es tan blanco allí en el prado,
y la arena como sábana por las extensas playas, soldados que se aprestan, la rápida
mirada al cielo cuando las palabras clave, de plegaria, antes
de la captura, son pro-
feridas, escalofrío que no contiene odio pero no es amor, es neutral, sí, ex-
angüe, por ejemplo un brote cerca de donde
una mano descierra un
cerrojo de seguridad te llama
a voces, es un ejemplo del nadie-allí, y el sonido del agua se oscurece, y el viento
agita las hierbas, y sin
un grito fluye el frío como ojos de un perro
guardián, el guardián que fija su atención en la diferencia—solo la diferencia—y actos
cometiéndose en tu nombre, tus presos que llegan
a tu centro de detención, allí, en tus
ojos, la prisión, en la profundidad de tu pupila, el ablandamiento, tú entregando toda tu aten-
ción, tus ojos, tu celda, tu cautela, tu control,
después de todo es tuyo, sí, lo que has atrapado, aférralo, aferra
esto, aquí no hay ley, no estás expuesto a
enjuiciamiento, mira todo lo que quieras, se retorcerá para ti, ahí, en esta luz que se alza, protegido
de las consecuencias, haciendo de ti un
fantasma, sin un grito, sin un grito la
tarde se convierte en noche, las palabras parecían serlo todo y así
el equipo jurídico los declarará exentos,
exenciones para el drenaje de los lagos, para el asesinato de los mares, los esclavos en sus
aguas, no son de nuestra especie, exención que se llama
adelante, mezcla la sangre, toma de la carne, haz caja, prende fuego, postula el ecuador, oculta
el origen, di que estáis todos perdonados, di que son sólo
técnicas coercitivas de interrogación y contrarresistencia, como en dame tu
nombre, dámelo, te lo arrancaré, te lo re-
clasificaré, te ocultaré de ti, así mismo, solo un rato, no dolerá
mucho, piensa en un jardín, aparta tu mente de las
cosas, piensa mar, viento, trueno, raíz, piensa árbol que te mantendrá
erguido, imagina que te mantiene
erguido, elige ser quien eres, deprisa, elígelo, eso ayudará. La luna es más fría
de lo que piensas. Está llena de nada como
esta nuestra quietud. Intentamos que no se fijen en nosotros. Estamos en la quietud como si fuera
una vida otra en que infiltrarse. En nuestra piel
deslumbramos de inexistencia. Es un truco por supuesto pero a veces funciona. Si no lo
hace nos encontrarán, nos harán
gritar y arrastrarnos. Ansiaremos el perdón. No importa para qué, aquí no hay
hechos. Luna, ¿quién escribirá
el último poema? Tu velo echa a volar, su inutilidad hace sentir que aún
hay tiempo, ahora es cosa de dos,
me estás pidiendo que me pierda a mí misma.
En este desbordamiento de mi ojo,
lo hago.

Jorie Graham, Rompiente, 2008


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