Cárcel o una vida en el
exilio: El derecho de la
desidencia cubana a elegir
Mónica Baró Sánchez
Ilustraciones de Manuel Vargas
Podría decirse que los cubanos han vivido permanentemente en crisis. En los últimos años, además, se han enfrentado a una de las oleadas migratorias más alarmantes de su historia. En un contexto de represión, escasez y violaciones a los derechos humanos y a la libertad de expresión, la falta de una alternativa política al régimen comunista ha hecho que periodistas, artistas y activistas tengan que elegir entre el exilio o la cárcel. En el caso cubano, el exilio es un privilegio, fundamentalmente blanco, instruido, intelectual.
“Nos vemos en nueve días”. Eso fue lo último que Yanelys Núñez le dijo a su madre, el 3 de marzo de 2019, antes de salir de Cuba rumbo a Praga para tomar un taller de videoperiodismo, sin saber que ésta sería la antesala de su exilio a Madrid. Se despidieron enfadadas. El activismo que Yanelys hacía en Cuba era una fuente de tensión familiar. También de estrés. Un año atrás, en enero de 2018, a sus veintiocho años, Yanelys había sufrido una parálisis facial, la segunda de su vida. La primera ocurrió cuando tenía diecinueve. La última la interpretó como una alerta. “El cuerpo me estaba diciendo que no podía seguir con ese ritmo de vida”, afirma. Pero en los meses que siguieron, las presiones no disminuyeron, sino lo contrario.
