Juan José Padilla, con el quinto toro, en la 11ª corrida de la Feria de Abril en La Maestranza el año pasado. / JULIÁN ROJAS
Fotos memorables
OTRA FOTO INFAME
Por Triunfo Arciniegas
Por Triunfo Arciniegas
La foto, de Julián Rojas, es de 2013. Se ve al torero Juan José Padilla con el quinto toro de la tarde, con la quinta víctima de la estupidez humana, en la Feria de Abril, en La Maestranza, en Sevilla, en España. El torero se recuesta contra el animal como si fuese un mueble, como si pasara una plácida tarde frente al mar. O como un chismoso en el teléfono. El torero se burla del animal. Me hace pensar en un asesino que alardea de su coraje frente a una víctima maniatada. O en un perro que aúlla sobre el cadáver de un león. El animal, vencido, herido de muerte y con la mirada perdida, bañado en sangre y con la lengua fuera, con las dolorosas banderillas colgadas de su lomo, aun no sabe qué ha sucedido. Estará muerto en un par de minutos y el torero será aplaudido y tal vez salga en hombros de plaza, como un héroe. Y la gente que disfrutó del espectáculo de la muerte seguirá la fiesta en las tabernas y luego volverá dichosa a casa.
¿Cómo es posible que tal horror siga sucediendo en nuestro mundo y en nuestra época? Y uno solamente debe admitir que se trata del mundo que nos correspondió. Un mundo de guerras, de muertes y más muertes, de asesinos, de polítícos corruptos, de narcotraficantes, de negociantes asquerosamente ambiciosos que viven de los demás, de personas podridas por la avaricia.
El animal lleva las de perder. Antes de esa tarde no sabe nada: un toro no se torea una segunda vez. No tiene oportunidad de aprender. No tiene una espada ni unas banderillas para defenderse del torero, sólo un par de cuernos y su fuerza bruta. En cambio, el hombre, experto en matar, cuenta con todas las herramientas. El oficio del torero es matar. Se ha entrenado toda la vida para tal fin. Sabe los trucos y cuenta con otras personas, con un equipo, con un montón de expertos en el oficio de matar. Incluso hay música, señores y señoras. Todo es fiesta, diversión, risa, locura, licor, bellísimas mujeres. Pero el toro muere.
El altivo toro, el bravo toro, será humillado faena tras faena para diversión de la gente y finalmente será asesinado por la espada que empuña el torero.
Esta foto, señores y señoras, bien puede hacer parte del museo del horror de nuestros tiempos.
Triunfo Arciniegas
9 de septiembre de 2014