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viernes, 2 de agosto de 2019

Michael Haneke / El gélido cirujano de la sociedad

Michael Haneke
Ilustración de Rupert Smissen


Michael Haneke, el gélido cirujano de la sociedad

El director austriaco, ganador de dos Palmas de Oro, insiste en ‘Happy End’ en la incomunicación contemporánea


GREGORIO BELINCHÓN
Madrid 19 JUL 2018 - 16:49 COT



Michael Haneke, durante un festival de literatura en Colonia en marzo. En vídeo, tráiler de la película Happy End.  AFP
A Michael Haneke (Múnich, 1942) le ha perseguido durante años la tupida sombra de la frialdad, de la distancia emocional que también defendía en su cine Ingmar Bergman. "Es un gran director. Aunque no sé, no veo el paralelismo. Si usted lo cree así...", responde el austriaco. Es complicado entrevistar al austriaco, ganador de dos Palmas de Oro por La cinta blanca y Amor, y del Oscar por esta última, creador de obras implacables, gélidas, dolorosas. En persona el director ríe, hace bromas, pero no le gusta hablar de sus películas. "En el cine actual se tiende a explicar todo, en pantalla y fuera de ella. Eso me aburre", asegura ante un grupo de cinco periodistas europeos en el festival de Cannes, donde se presentó Happy End. La esgrima dialéctica la acabará ganando Haneke, aunque por el camino deje algunas migas de información.

Haneke habla inglés y francés, pero se niega a usarlos ante la prensa. "Entiéndame, quiero ser puntilloso con mis palabras, déjenme usar mi alemán materno". Acabará explicándose también en francés. Hijo de un actor alemán y una actriz austriaca, no vio mucho a su padre durante su infancia y adolescencia, aunque acabó dirigiéndole en una obra teatral. En el libro Haneke por Haneke (Editorial El Mono Libre), de reciente publicación, cuenta que empezó en el teatro por casualidad: "Monté mi primera obra gracias a mi novia de entonces. Era actriz, se quejaba de las indicaciones de su director de escena; le propuse ayudarla a preparar las obras, se negó porque yo solo era un aficionado, e insistí hasta que acabó haciéndome caso". Durante lustros, Haneke disfrutó mucho compaginando teatro y televisión, y no sintió la necesidad de saltar al cine. "Yo no quería volverme loco buscando financiación. Soy austriaco, y si hago ahora películas grandes es porque la mayor parte del dinero de mis presupuestos entra desde Francia... y porque la Quincena de Realizadores estrenó mi primer largo, El séptimo continente, en 1989. Tuve suerte: buscaban filmes austriacos y yo estaba allí", rememora ante la prensa. "Pero por favor, no me pregunten más por mi biografía. Cuando yo veo una película no me interesa la vida del director; y en mi caso tal vez el único tema fílmico relacionado con mis experiencias sea el temor y el rechazo con la violencia".

Michael Haneke / La pianista


Michael Haneke
Annie Girardot
LA PIANISTA
2001





La Pianiste / Schubert, Piano Trio N° 2, II.




La Pianiste 

Schubert , Piano Trio N° 2, II





"La Pianiste" (2001),dirigida por Michael Haneke, protagonizada por Isabelle Huppert y Benoît Magimel


lunes, 23 de julio de 2018

Amor, de Michael Haneke / La devastación y el afecto





Jean-Louis Trintignant
Emmanuela Riva
Isabelle Huppert

La devastación y el afecto

La posición de la cámara de Haneke extrae todo el potencial dinámico y narrativo del movimiento de sus personajes protagonistas

JORDI COSTA
Madrid 10 ENE 2013 - 18:57 COT



Michael Haneke da instrucciones a Emmanuelle Riva y a Jean-Louis Trintignant en el rodaje de 'Amor'.
Michael Haneke da instrucciones a Emmanuelle Riva y a Jean-Louis Trintignant en el rodaje de 'Amor'.

En la entrevista que le hizo Guillermo Cabrera Infante, o su alter ego G. Caín, a Anthony Mann en 1958, publicada en la revista Carteles, el cineasta definía a Ernst Lubitsch como “un director que sabía exactamente dónde situar la cámara”. Y añadía: “Para un director de cine colocar la cámara es como encontrar la palabra justa un escritor”. Algo parecido podría decirse del austriaco Michael Haneke, cineasta que parece definir su identidad estilística en la precisión. A los pocos minutos de metraje de Amor, la posición de la cámara de Haneke logra no solo hacer inteligible la arquitectura del confortable piso donde vive el matrimonio protagonista —dos ancianos profesores de música—, sino también extraer todo el potencial dinámico y narrativo del movimiento de sus personajes sobre ese espacio… Dos notas que empezarán a extraviarse entre los renglones de una partitura limpia que, poco a poco, les irá resultando laberíntica, indescifrable.

martes, 31 de enero de 2017

Muere la actriz Emmanuelle Riva, musa de Alain Resnais y de Michael Haneke




Muere la actriz Emmanuelle Riva, musa de Alain Resnais y de Michael Haneke

La intérprete, que protagonizó filmes como 'Hiroshima mon amour' y 'Amor', fallece a los 89 años



ÁLEX VICENTE
París 29 ENE 2017 - 12:01 COT




Emmanuelle Riva, en Roma, en octubre de 2012.  AFP

La actriz Emmanuelle Riva, responsable de una larga y prestigiosa trayectoria en cine y teatro, falleció este viernes en París por complicaciones ligadas al cáncer que padecía desde hace cuatro años. Riva, de 89 años, había sobrellevado esa enfermedad con su habitual pudor y discreción. Entre otros motivos, porque aspiraba a seguir al pie del cañón hasta el final, y no deseaba que nadie la retirara de la circulación antes de tiempo. Lo terminó consiguiendo, porque ha muerto con las botas puestas. Hace solo un par de años, pese a su fragilidad física (no así interpretativa­), Riva seguía subida cada noche al escenario del Théâtre de l’Atelier, en el barrio parisino de Montmartre, interpretando una obra de Marguerite Duras. En los últimos meses había rodado tres películas, una de ellas en Islandia, que alternaba con un espectáculo teatral en la Villa Médicis de Roma.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Isabelle Huppert / “Peligro sería trabajar en papeles sin interés”







Isabelle Huppert en San Sebastián.
Isabelle Huppert en San Sebastián.  EUROPA PRESS

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

Isabelle Huppert: “Peligro sería trabajar en papeles sin interés”

Mujeres entre la fragilidad y el poder, misteriosas y llenas de matices, la actriz ha vuelto a conmover y mostrar su rigor interpretativo en las dos películas en Zinemaldia


Rocío García
San Sebastián, 22 de septiembre de 2016

Mujeres entre la fragilidad y el poder, misteriosas y llenas de matices. Melancólicas y perplejas, dueñas y defensoras de su destino. Isabelle Huppert (París, 1953) ha vuelto a conmover y mostrar su rigor interpretativo en las dos películas que ha presentado en la sección Perlas del festival de San Sebastián: El porvenir, dirigida por Mia Hanson-Love, y Elle, de Paul Verhoeven. La primera se estrena este viernes en España mientras que Elle llegará el 30.

Delgada, de negro, inteligente, seria y auténtica. Así es al natural una actriz que, con 40 años de carrera a sus espaldas, está considerada una de las intérpretes más impactantes y valientes del cine. “Me parece un poco exagerado. Pienso que es un milagro que mi trabajo, realizado a partir de pequeños toques y momentos, conmueva de esa manera”, asegura la musa de directores como Claude Chabrol o Michael Haneke.
“Quizás es esa forma de entrar en los personajes lo que acaba emocionando al espectador. Siempre intento entrar en la autenticidad y la verdad de una persona y eso nunca puede reducirse a una faceta”, añade. “Me gusta descubrir los recovecos. Las mujeres fuertes y poderosas son frágiles y las que aparentemente son más tiernas esconden cosas más duras. Busco la ambigüedad de los personajes y eso solo se consigue a través de aventuras como las que me han propuesto Verhoeven y Hanson-Love”, reconoce.
Con Haneke acaba de finalizar el rodaje de una historia sobre la indiferencia con los emigrantes en Europa: “El filme de Michael es toda una crítica política a la sordera y ceguera de los europeos, la indiferencia de todos nosotros hacia lo que está ocurriendo. Tenemos que ser conscientes de que vivimos en una burbuja, rodeados de un mundo de pobreza”.
Isabelle Huppert
La pianista, de Michael Haneke

Personajes en la cuerda

No cree que los personajes que acepta resulten más comprometidos y difíciles, por más que Verhoeven no encontrase a ninguna actriz en EE UU que se atreviera a encarnar a la protagonista de Elle, esa víctima de una violación que se enfrenta a la exploración del deseo y la venganza, y tuviese que recurrir a Huppert, quien se atreve con todo, a la protagonista de La pianista, por citar un título que la persigue de por vida. “Hay papeles que te marcan y que contribuyen a que la gente piense que yo soy de una manera o de otra, pero no es así. Hay personajes que te marcan, pero que no te impiden dormir”, incide.
Rechaza categórica la palabra “riesgo” para referirse al cine que ama. “Quizás es la palabra correcta en la percepción del espectador, pero no en la mía. Arriesgarse para una actriz implica peligro, pero yo no encuentro peligro en lo que hago. Peligro sería trabajar con malos directores y papeles sin interés. Es verdad que mis personajes están siempre en la cuerda floja, pero es que no entiendo el cine sin transgresión. Me gusta que el cine tenga un punto amoral y transgresor. La percepción del espectador y el actor no tienen nada que ver. Donde el espectador sufre, el actor disfruta. Yo nunca sufro trabajando”.
Huppert no cree en el poder del cine: “Creer que los actores o directores tienen poder es mera ilusión. Quizás en otras esferas, como la política, el poder representa algo, pero en el cine representa mucho menos de lo que creemos. El poder en el cine es muy volátil; un día lo tienes y al siguiente lo pierdes”, dice esta defensora absoluta de la importancia de la filosofía necesaria para hacerse preguntas y comprender el mundo. Ha trasladado a la pantalla sus reflexiones con El porvenir, donde se enfrenta a una profesora de Filosofía que sabe encontrar la libertad y la independencia después de que su marido la abandone.
La intérprete planta cara a todo. “¿Cómo no voy a estar inquieta y preocupada por las amenazas sobre Europa? Nos tenemos que preguntar por qué hemos llegado hasta aquí. Estamos en un estado de estupefacción. He leído esta mañana que Francia es el país europeo más afectado por este clima de impotencia. Tengo miedo, claro que sí, pero aquí estamos; seguimos viviendo”.

EL PAÍS



viernes, 10 de mayo de 2013

Monstruos / Michael Haneke

Monstruos

Michael Haneke

Está claro que la obra de este vienés tan oscuro y tan poco valsero merece el reconocimiento


CARLOS BOYERO
10 MAY 2013 - 15:21 COT

Había rumores de que solo concedían los humanistas galardones Príncipe de Asturias a gente que esté dispuesta a recibirlos, algo absolutamente consecuente ya que la fiesta queda deslucida e incluso absurda si no aparecen los lógicos protagonistas, si estos desprecian honor tan principesco. Pero esa obligatoriedad no debe de ser cierta ya que el glorioso Dylan, ancestral y arrogante profesional del escaqueo, alérgico a que le puedan instrumentalizar, a los compromisos públicos y a declarar sus opiniones políticas (de acuerdo, nos basta con sus incomparables canciones, incluida Political world) les dio imperdonable plantón a Sus Altezas. Y creo recordar que Philip Roth, algo consecuente en alguien que tituló sombría y simbólicamente uno de sus libros El animal moribundo, tampoco apareció, asegurando que estaba malito, pero es probable que su ánimo ya no tuviera humor para recibir honores en tierras lejanas.
Imagino que habrán contactado con Michael Haneke para asegurarse de que no va a faltar a su eminente cita. Aunque viendo sus desasosegantes películas puedas tener la sensación de que su demoledora visión del mundo y de la maldad en estado puro de los seres humanos, no imaginas que su autor esté pendiente de ir a recoger premios mundanos.
Y está claro que la obra de este vienés tan oscuro y tan poco valsero, merece el reconocimiento. A mí me aburren o me irritan profundamente algunos de sus concienciados y penetrantes retratos de los males de este mundo, como El tiempo del lobo y Código desconocido, me da grima el sadomasoquismo de Huppert en La pianista, pero hay varias películas de Haneke con capacidad para alborotarme el sueño, con atmósfera asfixiante.
Me provocan terror los pulcros monstruos de Funny games, que torturan y asesinan sin motivo, porque disponen de poder, por placer. O los niños y adultos sádicos que se ensañan con los débiles en La cinta blanca, o las imborrables cicatrices de infancia en Caché. Lo peor no es lo que muestra, sino lo que te hace imaginar. Amor también es terrible, pero Haneke se permite el lujo de la piedad y de una extraña ternura. Es alguien con voz propia. No abundan.


DRAGON
Michael Haneke / The Art of Screeenwriting
Hidden / No 9 best crime film of all time

viernes, 26 de octubre de 2001

Isabelle Huppert / Quería mostrar la obscenidad del melodrama



Isabelle Huppert

"Quería mostrar la obscenidad del melodrama"

Isabelle Huppert logra su cima interpretativa con 'La pianista'.


Octavi Marti
26 de octubre de 2001

La pianista logró el Gran Premio Especial del Jurado del pasado Festival de Cannes y, además, le valió a su protagonista, Isabelle Huppert, su segundo premio de interpretación en Cannes. La actriz francesa, nacida en París en 1955, asombró al jurado y a la crítica al conseguir dar humanidad y espesor al personaje de Erika Kohut, una profesora de piano masoquista que, a priori,hubiera debido pasar a formar parte de la galería de locos irrecuperables por los que el público no siente otra curiosidad que la que puedan inspirar los desastres que causan.

La pianista logró el Gran Premio Especial del Jurado del pasado Festival de Cannes y, además, le valió a su protagonista, Isabelle Huppert, su segundo premio de interpretación en Cannes. La actriz francesa, nacida en París en 1955, asombró al jurado y a la crítica al conseguir dar humanidad y espesor al personaje de Erika Kohut, una profesora de piano masoquista que, a priori, hubiera debido pasar a formar parte de la galería de locos irrecuperables por los que el público no siente otra curiosidad que la que puedan inspirar los desastres que causan. 'Cuando se acepta interpretar un personaje es imposible no interesarse por él, no intentar defenderlo, no encontrarle otros puntos de interés más allá de los que propone la historia', dice Isabelle Huppert.
Para la actriz, no se trata de una cuestión de profundización psicológica o de inventarle un pasado al personaje. 'No me preocupé por la infancia de la protagonista, aunque no sea demasiado difícil imaginarla. Tampoco leí el libro de Elfriede Jelinek, en el que se basa la película. Nunca lo hago. Los leo luego, una vez terminado el filme. Lo que necesito saber está en el guión, en el plató y en mí misma'.
En La pianista, Erika malvive con su madre, interpretada por Annie Girardot, que piensa en ella como una futura gran solista cuando, cumplidos los cuarenta, sólo es una muy exigente profesora de conservatorio. Erika, cuando sale de clase, visita los peep-shows de la ciudad, o se automutila. La irrupción de un joven pianista, Walter Klemmer, encarnado por Benoît Magimel, va a hacer explotar esa bomba fría en que se había convertido Erika.

Sin control

'El filme es una historia de control y de pérdida de control', continúa Huppert. 'Erika cree que aún controla algo cuando en realidad ya todo se le ha escapado de las manos'. Sobre el papel, eso podría permitir una serie de situaciones cómicas, convertirse en una comedia: 'Sí, pero el tono es otro. En el libro, la autora opta por el sarcasmo y la película prefiere la ironía. Es cierto que, visto desde lejos, todo ese patetismo tiene algo de risible. Michael Haneke se reía de ello. Para él, estamos en plena parodia del melodrama. La pianista respeta todas las convenciones de dicho género pero enseñando al mismo tiempo lo que hay detrás del decorado. Queríamos mostrar la obscenidad, lo que se oculta detrás de las grandes palabras, de lo sublime, del amor, del arte'.

Aunque todo parecía estar en el guión, éste ocultaba un dato supuestamente fundamental: el final de la historia. 'El guión daba a entender que Erika moría, que se suicidaba justo antes de su primer gran concierto, que una vez más se automutilaba y se negaba a afrontar sus problemas. En un melodrama clásico ella debería morir pero Haneke es un cineasta moderno y Erika abandona el decorado, sale del plano, con el puñal clavado en el pecho y un pequeño hilo de sangre que mancha su ropa blanca. Ese hilillo de sangre es menos un signo de herida que un rastro de vida, de que por fin algo fluye, de que el director decide salvarla y, quién sabe, quizá le permita empezar de nuevo'.
La pianista se rodó en francés a pesar de transcurrir en Viena: 'Los estadounidenses hacen hablar a Van Gogh en inglés y nadie se lo reprocha'. Esa falta de fidelidad idiomática no se traduce en una ciudad falsa o turística. 'La Viena que Haneke enseña no es la de los valses, la de las pastelerías o el Prater, sino una Viena moderna, muy americanizada, pero la relación con la música, la importancia que le conceden, la sabiduría que demuestran los personajes hablando de Schubert, todo eso sí es profundamente vienés. Lo que era imposible era situar ese personaje en el conservatorio de París, por ejemplo, porque su atmósfera hubiera hecho los diálogos mucho más increíbles que el idioma'.

Violencia

La pianista escandalizó por su manera de abordar el sexo, pero también por la violencia física de las relaciones entre Erika y su madre, o entre Erika y Walter. 'Todas las acciones, todo lo que era físico, lo ensayamos mucho y lo repetimos aún más. El sexo y la violencia, su representación, plantean muchos problemas. Para Haneke, era muy importante dejar un espacio importante para la imaginación del espectador, que él tuviera que completar lo que veía. Eso hace aún más duras las situaciones porque te implicas. Y no hay que olvidar tampoco esa idea de que cuanto más vemos, menos creemos. El exceso de realismo acaba por hacer desaparecer la realidad. En el guión y en los primeros ensayos todo era más explícito pero, luego, Haneke nos pedía un trabajo sistemático de reducción, de destilado'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de octubre de 2001

martes, 15 de mayo de 2001

El genio de Isabelle Huppert sostiene la casi insostenible osadía de Haneke en 'La pianista'




El genio de Isabelle Huppert sostiene la casi insostenible osadía de Haneke en 'La pianista'

Rutinaria reconstrucción por Frédéric Kahn del célebre caso del asesino loco Roberto Succo


ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS
Cannes 15 MAY 2001

Le preguntaron ayer aquí a Isabelle Huppert por qué se había metido en las magníficas, pero maléficas y escabrosas, imágenes de La pianista, dirigida por el austriaco Michael Haneke. La eminente actriz francesa soltó esta veloz réplica: 'Porque en mi oficio hay que atreverse a todo'. Y es su atrevimiento, su genial audacia, la cordura con que representa una forma extrema de locura, el alma de este complejo y duro filme, que, sin alarde sanguinario alguno, obliga a veces a cerrar los ojos. Como también los cierran, pero de sueño, Roberto Succo, dirigida por Frédéric Kahn, y El ensayo, dirigida por Catherine Orsini, dos películas francesas completamente innecesarias.