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martes, 15 de agosto de 2023

Alessandro Baricco / Seda / Erotismo japonés


Edición española de Anagrama

Alessandro Baricco
SEDA
Erotismo japonés


Seda es una novela corta, o cuento largo, muy célebre; se lee en menos de hora y media. Fue escrita por Alessandro Baricco en 1996. Es la obra más conocida de este destacado autor italiano, y a ella le debe su fama internacional. La novela ha sido traducida a varios idiomas, incluidos, desde luego, inglés, francés, alemán, español y portugués. Existe una versión cinematográfica de 2007, del director francés François Girard, protagonizada por Michael Pitt, Keira Knightley, Alfred Molina y Miki Nakatani.

jueves, 8 de diciembre de 2022

Nabokov / Sobre un libro llamado Lolita


Vladimir Nabokov
SOBRE UN LIBRO LLAMADO «LOLITA»
Epílogo de «Lolita»


Después de personificar al suave John Ray, el personaje de Lolita que escribe el Prólogo, todo comentario directamente surgido de mí quizá parezca –a mí mismo, en realidad– una personificación de Vladimir Nabokov, que habla sobre su propio libro. Sin embargo, deben discutirse algunos puntos, y el recuerdo autobiográfico puede incitar a fundir imitación y modelo.

sábado, 16 de mayo de 2020

El desorden de leer 8 / “De escritor a escritor: ¿qué te parece Roberto Bolaño?”




EL DESORDEN DE LEER 8

“De escritor a escritor: ¿qué te parece Roberto Bolaño?”

El libro 'El oficio', de Philip Roth, es un buen ejemplo de cómo un autor puede preguntar a otros sobre literatura sin arrogancia ni pedantería


Juan Cruz
5 de mayo de 2020



 Philip Roth, en Nueva York en 2010.
Philip Roth, en Nueva York en 2010.   REUTERS

Este era un joven escritor de nuestra lengua que, reunido como jurado de un premio literario con otros colegas y con Mario Vargas Llosa, acercándose desde el otro extremo de la mesa, le preguntó al oído al Nobel peruano: “Mario, de escritor a escritor, ¿qué te parece Roberto Bolaño?”. El autor de La ciudad y los perros sólo una vez negó una respuesta, y no fue esta, de modo que respondió. No estaba convencido, dijo, de estar tan al tanto de la obra del entonces crecientemente famoso autor chileno como para emitir una opinión honrada o saludable.

martes, 3 de abril de 2018

57 libros admirables para entender la vida



57 libros admirables para entender la vida

Una antología reúne estudios para crear una lista de títulos capitales de las letras occidentales, sin “caer en lo políticamente correcto”, según su coordinador, Jordi Llovet


CARLES GELI
Barcelona 1 ABR 2018 - 11:50 COT



57 libros admirables para entender la vida
FERNANDO VICENTE
Se dice de algo que es admirable cuando se le tiene singular estima por juzgarse sobresaliente y extraordinario. Y ese es el hilo que ata los 56 títulos que conforman el haz libresco de La literatura admirable (Pasado & Presente), que el que fue primer catedrático de Literatura Comparada de Cataluña, Jordi Llovet, ha compilado y analizado junto a 43 colaboradores de alta alcurnia filológica y lectora, desde Francisco Rico y Fernando Savater a Isabel de Riquer y Joaquim Mallafré, pasando por los ya desaparecidos Luis Izquierdo y José María Valverde.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Antonio Muñoz Molina / Mis 12 libros imprescindibles



Antonio Muñoz Molina

Mis 12 libros imprescindibles


El escritor Antonio Muñoz Molina elige sus doce libros imprescindibles, entre los que se encuentran clásicos como Don Quijote y Moby Dick hasta obras más contemporáneas como Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick. 

- Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes: “Dos novelas muy distintas entre sí, escritas con más de 10 años de distancia, y las dos cómicas y experimentales, la primera atropellada, la segunda mucho más construida, las dos inagotables.”



- En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust: “Junto a Don Quijote, creo que es la obra que he leído más veces, y que espero seguir leyendo unas cuantas más a lo largo de mi vida. Tiene algo que me gusta en todas las grandes novelas, su desorden enciclopédico: desde el amor y los celos a la ciencia y la música, no hay asunto del que no trate este libro en sus siete volúmenes.”



- Al faro, de Virginia Woolf: “Esta es una de las novelas mejor construidas y mejor escritas que existen. Su manejo del tiempo es de una sutileza insuperable. Su sección central sucede durante varios años en una casa en la que no hay nadie. Un prodigio.”




- Moby Dick, de Herman Melville: “Esta novela es una bomba que le estalló a su autor en el segundo o en el tercer capítulo. Empieza como una historia de aventuras en el mar y se convierte en una fantasmagoría. Tiene algo de locura bíblica que se aprecia mejor leyéndola en voz alta.”



 Demasiada felicidad, de Alice Munro: “El título de este libro de relatos es el del último de ellos, una novela corta más bien, en la que Munro consigue un prodigio: comprimir un novelón ruso en cincuenta páginas. Un viaje en tren a finales del siglo XIX que se convierte en el viaje de la vida a la muerte.”




- Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós: “La otra novela suprema en español, además de Don Quijote; las vidas privadas y las relaciones de clase y de dominación sexual entremezcladas con el devenir de la historia política. Como en Don Quijote, hay humor y hay amargura.”



- Los papeles privados del Club Pickwick, de Charles Dickens: “La risa cervantina trasladada a Inglaterra. El despliegue glorioso, a los veintitantos años, del talento de Dickens. Una fiesta.”





- Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick: “Es una novela y es una confesión y una divagación bellísima sobre los recuerdos y la vocación por la literatura, un juego de fragmentos, de flashes.”




- Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo: “Una novela escrita a tumba abierta sobre el aprendizaje de vivir en una intemperie sentimental absoluta, sobre la maternidad y la orfandad y la búsqueda del lugar que a uno le corresponde en el mundo.”



- La montaña mágica, de Thomas Mann: “La lectura de la novela acaba equivaliendo a los años de aprendizaje y retiro de los que trata. Sumergirse en ella y pasar al menos un mes dentro es como retirarse a un sanatorio en los Alpes a aprender sobre la vida, el deseo, la enfermedad, la muerte.”



- La educación sentimental, de Gustave Flaubert: “Una novela que discurre plana como un río, contando el tránsito de una vida de la ilusión al desengaño y de un país de la esperanza revolucionaria a la resignación y el tedio. Una de las novelas más agudas políticamente que conozco. Habla de un personaje tan corrupto que estaría dispuesto a pagar por venderse.”



- La vida breve, de Juan Carlos Onetti: “Un hombre cualquiera, en Buenos Aires, una noche, descubre las posibilidades alucinantes de su imaginación, que son las de la capacidad de fabular a partir de la experiencia inmediata. Es una novela que sucede como en un sueño.”


martes, 3 de octubre de 2017

Raymond Chandler / El largo adiós




'El largo adiós', de Raymond Chandler


Junto con Dashiell Hammett es el escritor de novelas negras de mayor prestigio y, probablemente, popularidad. Los dos, aunque primero Hammett, dignificaron un género que hasta entonces era, básicamente, pasto de los lectores de las revistas y las ediciones baratas de usar y tirar. Chandler tenía una formación más rigurosa y académica de lo habitual, pues pese a nacer en Chicago se educó en Londres y completó su formación académica en Francia y Alemania. Regresó a Estados Unidos y trabajó en diversos oficios hasta que en 1932, con 44 años de edad, y tras ser expulsado de la empresa petrolera en la que era ejecutivo, decidió dedicarse exclusivamente a la literatura. En 1954 publicó su novela más afamada y respetada, El largo adiós, que mañana podrá comprar el lector de EL PAÍS por tres euros, y en la que el protagonista volvería a ser su detective Philip Marlowe, un héroe romántico, hombre de honor y caballero escéptico, personaje central de toda su producción novelística. Esta obra, como la gran mayoría de las suyas, fue adaptada al cine, en este caso por Robert Altman, en 1973. Chandler fue uno de los escritores más vinculados a la industria de Hollywood y no sólo porque sus novelas se llevaron a la pantalla, sino porque él mismo trabajó para el cine en calidad de guionista. A él se deben, entre otras, las adaptaciones de Perdición, de Billy Wilder (1944), sobre la novela de James M. Cain, o Extraños en un tren, novela de Patricia Highsmith que llevó al cine Alfred Hitchcock en 1951.

Raymond Chandler / Gatsby en negro


Raymond Chandler

Gatsby en negro


Una fascinación, una especie de enamoramiento, es lo que cuenta El largo adiós (The Long Goodbye, 1953) de Raymond Chandler: la atracción leal que siente el detective privado Philip Marlowe hacia Terry Lennox, desde la primera vez que lo ve, en los aparcamientos de un club nocturno. Lennox ha perdido la conciencia en un Rolls-Royce, va con una pelirroja envuelta en visón, está borracho. Es un joven que tiene el pelo blanco y media cara acartonada, cosida por la cirugía plástica. Luego conoceremos su acento inglés, sus modales impecables. Le brilla el pelo a la luz del Hollywood Boulevard y desaparece en la bruma. Otro día Marlowe lo rescata de la indigencia y la policía, abandonado por su mujer millonaria, siempre borracho. Luego, algunas tardes, Marlowe y Lennox beben juntos. Y por fin Lennox se presenta con una pistola y el cuello del abrigo levantado, palidez y cicatrices, gánster de una película vieja, cuenta Marlowe, narrador paródico. Así oímos la historia de otra cara borrada: a la mujer de Lennox le han aplastado la cabeza con un mono de bronce, y el marido, único sospechoso, quiere que Marlowe lo lleve a Tijuana.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Julio Ortega / Rayuela en París, París en Rayuela


Julio Ortega


  
La última vez que estuve en París me ocurrió algo que ahora contaré para empezar esta conversación con ustedes acerca de nuestra relación personal con Rayuela. Y eso porque, me doy cuenta ahora que escribo éste párrafo en Barcelona, en el lado de allá, que leeré mañana en París, en el lado de aquí; aun si mañana ya es ahora, y ahora ocurra ayer—me doy cuenta, digo, que mi relación con Rayuela se debe a cada uno de ustedes. Esto es, a nosotros; esos otros que somos juntos.  No se trata de documentar ahora mi hipótesis sobre la naturaleza dialógica de la lectura (he propuesto que en la conversación de un libro con el lector  hay otra conversación, dentro la cual se despliegan todavía otras conversaciones más, sin confusión ni alarma). Es por ello que toda gran obra postula un gran lector. Alguien que se haga cargo de esta Biblioteca de la Lectura. Por eso, he llegado a creer que estas lecturas configuran nuestra biografía, que habrá que entender como una lectografía.

martes, 3 de mayo de 2016

Juan Rulfo / La escritura de Pedro Páramo

Juan Rulfo
Poster de T.A.

Juan Rulfo
BIOGRAFÍA
LA ESCRITURA DE PEDRO PÁRAMO
Daniel Dominguez
30 de septiembre de 2009





Antes de fotografíar estos paisajes con su Rolleiflex, Juan Rulfo ya los había inventado en una obra esculpida hasta quedar condensada en 250 páginas que cimentan un mundo inagotable. Lo demás es silencio. Pero en nuestro mundo parece que el silencio resulta insoportable así que durante años, desde 1955 en que públicó Pedro Páramo hasta su muerte en 1986, Juan Rulfo tuvo que justificar que hubiera dejado de escribir. Cómo no apreciar en los sucesivos pliegos de descargo los veneros de su voz inconfundible, esencial e inimitable.

Juan Rulfo en la capilla de Tlalmanalco

Uno de esos momentos, esencialmente literarios, que contribuirán a la leyenda rulfiana tuvo lugar el 13 de marzo de 1974 durante un encuentro del escritor con los estudiantes de la Universidad Central en Caracas:

jueves, 31 de diciembre de 2015

Nabokov / Lolita / Cuatro revistas y una caja de dulces

Evan Rachel Wood
Vladimir Nabokov
BIOGRAFÍA
Lolita, Primera Parte, 33
Cuatro revistas y una caja de dulces

En la alegre ciudad de Lepingville le compré cuatro revistas de historietas, una caja de dulces, una caja de toallas higiénicas, dos tortas, un juego de manicura, un reloj de viaje con cuadrante luminoso, un anillo con un topacio verdadero, una raqueta de tenis, patines, zapatos blancos de talones altos, anteojos largavista, una radio portátil, goma de mascar, un impermeable transparente, algunas prendas de vestir –pantalones de vestir, toda clase de vestidos para el verano–. En el hotel tomamos cuartos separados, pero en mitad de la noche vino a mí sollozando, e hicimos el amor sin prisas. ¿Comprenden ustedes? Lo no tenía absolutamente ninguna parte a donde ir.



DE OTROS MUNDOS

FICCIONES

DRAGON



Nabokov / El beso




Vladimir Nabokov
BIOGRAFÍA
LOLITA
Dominique Swain y Jeremy Irons
Música: "Dream", de Priscilla Ahn



Vladimir Nabokov
El beso


Pero ese jueves reveló una gota de preciosa miel en su pulpa. Haze debía llevar a Lo al campamento casi de madrugada. Cuando me llegaron los diversos ruidos de la partida, salté de la cama y me asomé a la ventana. Bajo los álamos, el automóvil ya estaba con el motor en marcha. De pie en la acera, Louise se protegía los ojos con la mano como si la pequeña viajera ya se alejara bajo el fuerte sol matinal. Pero el ademán resultó prematuro. «¡Apúrate!», gritó Haze. Mi Lolita, que había cerrado la puerta del automóvil y bajaba el vidrio de la ventanilla y saludaba a Louise y los álamos, (a ninguno de los cuales volvería a ver nunca más), interrumpió el movimiento fatal: miró hacia arriba y... corrió hacia la casa. Haze la llamó furiosa. Un instante después, oí cómo mi amor corría escaleras arriba. Mi corazón se ensanchó con tal fuerza que casi estalló en mi pecho. Me sujeté los pantalones del pijama, abrí la puerta y simultáneamente Lolita apareció jadeante con su vestido dominguero, y cayó en mis brazos, y la boca inocente de mi adorada palpitante se fundió bajo la feroz presión de unas oscuras mandíbulas masculinas. En seguida la oí –viva, inviolada– bajar las escaleras. El movimiento fatal se reanudó. La pierna dorada se introdujo en el automóvil, la puerta se cerró –volvió a cerrarse– y Haze, la conductora sentada al violento volante, se llevó a mi vida mascullando con sus labios color rojo-goma palabras enfurecidas e inaudibles. Mientras tanto, sin que ni ellas ni Louise la vieran, la señorita Vecina, inválida, agitaba la mano débil pero rítmicamente en su galería con enredaderas.


Vladimir Nabokov
Lolita, Primera Parte, 15



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