Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más poderoso: la literatura.
******
Mónica Ojeda decidió hacerse escritora el día en que su madre descubrió un relato en el escritorio del ordenador familiar. Se trataba de un cuento de ciencia ficción protagonizado por una chica, Nixi Ling, que tenía poderes. Después de leerlo, la mujer miró a sus dos hijas por encima del monitor y preguntó: “¿De quién es?”. Cuando Mónica levantó el dedo, la madre arrugó la nariz. No se creyó que aquella niña de trece años a quien no se le daban nada bien los estudios fuera la autora de un relato tan perfecto, y le ordenó que escribiera otro delante de ella. Aquel gesto de desconfianza enrabietó tanto a la preadolescente que ese mismo día, mientras ponía las manos sobre el teclado, decidió que de mayor sería escritora.

















