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jueves, 14 de mayo de 2026

Sobre Gordon Lish y Raymond Carver





Sobre Gordon Lish y Raymond Carver


Javier Zamudio 
30 de abril de 2026
¿Cuál es la función del editor? En la actualidad parece relegado a encontrar los nuevos ‘talentos’ literarios y al marketing, pero el caso de Lish y Carver demuestra que los editores, a veces, también tienen un indiscutible genio creativo. 

lunes, 13 de abril de 2026

El realismo sucio

 

Raymond Carver según David Levine



EL REALISMO SUCIO

Hubo un momento, a finales de los años 70, en que los lectores se hartaron de los laberintos de espejos y las selvas mágicas. En Estados Unidos, un grupo de escritores decidió que no había nada más fantástico —ni más aterrador— que la vida de un hombre que acaba de perder su empleo o de una mujer que espera una llamada que sabe que no llegará. Bill Buford, editor de la revista Granta, le puso nombre al fenómeno en 1983: Realismo Sucio. No era una etiqueta de prestigio; era una descripción de la mugre emocional que goteaba de aquellas páginas.

sábado, 10 de agosto de 2024

Jenn Díaz / El final de Raymond Carver


raymond carverwikiui
Raymond Carver. (DP)

El final de Raymond Carver

El relato sigue siendo, para el lector más perezoso, un género menor. Parece absurdo, porque el cuento, al ser más breve, debería ser más accesible… pero también es más exigente. Una novela no tiene más misterio: es una historia que cuenta el autor. Habrá más giros, más personajes y más incógnitas, pero son siempre los mismos y el contexto varía a medida que la novela avanza, de una manera progresiva, es decir, cómodamente. El libro te va acompañando. 

Raymond Carver / El don de la ternura

Fotografía de Guy Le Baube
Raymond Carver
EL DON DE LA TERNURA

Tarde en la noche comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé aquella tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
Regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares, vacíos.
No vimos una sola persona.
"Es como si todo estuviera de luto",
fue tu comentario.
Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron a la Argentina,
luego a un departamento en el pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
Pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por su luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.
Una mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente disqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
"Está bien", le dije. "Te entiendo."
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.

Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentas que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. "Yo también."
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Stephen King / El verdadero Raymond Carver

Raymond Carver

Stephen King

El verdadero Raymond Carver


Traducción de Joaquín Ibarburu  
The New York Times 
27 de mayo de 2010

El popular Stephen King escribe sobre una biografía de Carver y su relación con el editor Gordon Lish, quien al parecer es responsable de gran parte del famoso estilo carveriano. Y como anticipo, un cuento sin correcciones editoriales.

Raymond Carver, sin duda el cuentista estadounidense más importante de la segunda mitad del siglo XX, hace una temprana aparición en la exhaustiva –y en ocasiones extenuante– biografía de Carol Sklenicka [Raymond Carver. A Writer's Life, Scribera, todavía no traducida al español] a los tres o cuatro años de edad y con correa. "Claro que me veía obligada a tenerlo con correa", dijo mucho después su madre, Ella Carver, al parecer sin ironía alguna. La Sra. Carver podría haber tenido la idea adecuada. Al igual que los perplejos bebedores de clase media que pueblan sus relatos, Carver nunca parecía saber dónde estaba ni por qué se encontraba ahí. Una y otra vez me hacía pensar en un pasaje deFantasmas, de Peter Straub: "El hombre simplemente manejaba, distraído por esa interminable telenovela de subordinados de los Estados Unidos".

sábado, 4 de noviembre de 2017

Elvira Lindo / Ondas de radio



Ondas de radio

Nada supera el lazo íntimo que establece una voz con sus oyentes


ELVIRA LINDO
4 NOV 2017 - 16:39 COT

El 10 de octubre caminaba arrastrando mi pesadumbre hacia el Thyssen, que estos días cumple su 25º aniversario, escuchando la radio. La tarde del 27 de octubre volvía a casa desde un Congreso de Mujeres Juristas por la Igualdad concentrada en las voces de la radio. No hace tanto que veíamos pasear a los abuelos con el transistor pegado a la oreja. No hace tanto tampoco, porque el tiempo pasa en la vida como en la radio, volando, que al volver de la escuela merendaba con la muchacha; escuchábamos un programa de coplas dedicadas y yo la observaba llorar su orfandad concentrada en la música mientras cosía su ajuar. Mis recuerdos establecen conexiones sinestésicas y las canciones de entonces saben a foie gras o a mantequilla espolvoreada con colacao. No hace tanto que guardaba silencio para que mis tías escucharan la novela. No hace tanto que, tras unos años adolescentes de despreciar una radio que me olía a rancio, volví a encontrar en las ondas una compañía que no llenó nunca la televisión, ni tampoco (perdón) el periódico. Porque no hay nada que supere el lazo íntimo que establece una voz con sus oyentes. A los seres queridos que se nos fueron los recordamos de vez en cuando en los álbumes de fotos, pero es al encontrar de pronto una vieja grabación cuando el pasado se nos vuelve presente. La voz es lo que antes se pierde y lo que más se añora.
A pesar de las caminatas radiofónicas, la radio no ha dejado de ocupar su lugar preferente en la cocina. La radio sabe a café. Antes de enfrentarme a la palabra impresa, donde la actualidad suena más grave por no estar tamizada por la cordialidad y cercanía de alguien que cuenta, sigo las voces de la radio. Las mías, porque aunque los expertos siguen estudiando por qué nos cuesta tanto cambiar el dial, a los oyentes más que la pereza o la costumbre nos ata la adicción a una manera de hablar que no se parece a otra. Casi todas esas voces corresponden a periodistas que conozco personalmente, sus palabras suenan tan nítidas en mi cocina que es como si los tuviera sentados a la mesa frente a mí. Hay veces que les respondo en voz alta. Otras, estoy tan afectada o implicada en lo que dicen, sobre todo estos días, que no puedo evitarlo y les escribo un mensaje de agradecimiento. Mientras los debates televisivos me alteran, la radio tiene un efecto reconfortante. Pienso, de manera inconsciente: vaya, si ellos son capaces de conseguir que conversen individuos que se detestan es que no todo está perdido.
Sé que hay días en que esas voces nos hablan en un tono distinto. Yo se lo noto, ¿usted no? Tienen la voluntad de contener sus emociones, pero hay momentos en que resulta imposible y se percibe un ligero temblor, un quiebro. No sucede a menudo, pero, si se da el caso de que esta oyente que soy lo capta, mi reacción es pensar que quien me habla es un ser humano que aun debiéndose mostrar profesional no es invulnerable.
Tal y como están produciéndose las relaciones de influencia y poder entre los medios y las redes, tengo la intuición de que la radio está, por valerse de algo tan básico y primitivo como las voces, más capacitada para sobrevivir en este selvático mundo de la información.
La otra noche escuché en Hora 25 de Àngels Barceló que no ha habido momento en la historia reciente en que se recurriera más a Machado para buscar sentido o consuelo a este disparate. Sonreí porque, sí, yo también lo he citado, pero además eso me hizo recordar una historia poética y singular relacionada con Don Antonio. En 1985, Raymond Carver publicó un poema, Ondas de Radio, dedicado al poeta español. Llevaba Carver un tiempo padeciendo una crisis creativa y retirado en una casa de campo en medio de ninguna parte. No tenía televisión, no leía el periódico, su única conexión con el mundo era la radio. Una noche escuchó a un locutor recitar unos versos de Machado, del que no había oído hablar hasta ese momento, y esto es una estrofa del poema que le dedicó a modo de agradecimiento: “Yo pensaba en esas bobadas por la noche / sentado en la silla mientras escuchaba mi radio. / ¡Y entonces, Machado, tus poemas! / Fue casi como ver a un hombre de mediana edad / enamorarse de nuevo. / Algo extraordinario, / y también embarazoso. / Hice tonterías como colgar una fotografía tuya. / Y me llevaba tu libro a la cama / y dormía con él a mano. Una noche un tren / me despertó al pasar por mis sueños. / Lo primero que pensé, con el corazón desbocado / allí en el dormitorio a oscuras, fue: / No pasa nada, Machado está aquí. / Luego pude volver a dormirme”.
Cuenta Carver que recordó siempre lo que Machado aconsejaba a quien le preguntaba qué podía hacer con su vida. “¡Presta atención!”, respondía el poeta. Eso hizo Carver. Eso trato yo de hacer, prestar atención. Ser oyente por encima de todo, aunque no tenga más remedio que hablar para ganarme la vida.


martes, 29 de marzo de 2016

Binomios de lujo en la literatura

Raymond Carver

Binomios de lujo en la literatura

La nueva novela de Harper Lee saca a la luz las grandes alianzas entre autor y editor


    En el reino del No abundan ¿aliados o ami-enemigos? ¿profesionales o manipusurpadores? ¿dioses en las sombras o demonios?
    La ruptura del silencio de Harper Lee con la publicación de Ve y pon un centinela, la novela perdida de la cual salió Matar a un ruiseñor, no solo permite ver el corazón genuino de una obra, sino que como una centella ilumina el territorio de los noes literarios reconvertidos en alianzas secretas entre escritores y editores que a veces dan obras maestras o grandes libros.

    Scott Fitzgerald

    Scott Fitzgerald y Thomas Wolfe con Maxwell Perkins, T. S. Eliot con Ezra Pound, Harper Lee con Tay Hohoff, Raymond Carver con Gordon Lish...

    lunes, 12 de mayo de 2014

    Alessandro Barico / el hombre que reescribía a Carver

    Raymond Carver según Rob Stolzer
    Alessandro Barico
    EL HOMBRE QUE REESCRIBÍA A CARVER 

    Raymond Carver es conocido como el padre del "realismo sucio'' y el modelo de novelas como American Psycho. Pero, ¿qué tiene que ver Carver con sus cuentos? La demoledora pesquisa de Baricco demuestra que el editor de Raymond tuvo más tino que el autor: Gordon Lish no sólo eliminó casi el cincuenta por ciento del texto original, sino que creó un estilo.

    Bloomington (Indiana). Todo empezó hace unos meses, en agosto. Compro el New York Times y en la portada del Magazine encuentro un bellísimo retrato de Raymond Carver. Ojos fijos en el objetivo y expresión impenetrable, exactamente como sus cuentos. Abro la revista y encuentro un largo artículo firmado por D.T. Max. Decía cosas curiosas. Decía que desde hace varios años circula un rumor a propósito de Carver: que sus memorables cuentos no los escribió él; los escribía, pero su editor los corregía radicalmente haciéndolos casi irreconocibles.

    domingo, 11 de mayo de 2014

    Raymond Carver / No son tu marido


    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    NO SON TU MARIDO

    Earl Ober era vendedor y estaba buscando empleo. Pero Doreen, su mujer, se había puesto a trabajar como camarera de turno de noche en un pequeño restaurante que abría las veinticuatro horas, situado en un extremo de la ciudad. Una noche, mientras tomaba unas copas, Earl decidió pasar por el restaurante a comer algo. Quería ver dónde trabajaba Doreen, y de paso ver si podía tomar algo a cuenta de la casa.

    Raymond Carver / Vecinos


    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    VECINOS

    Bill y Arlene Miller eran una pareja feliz. Pero de vez en cuando se sentían que solamente ellos, en su círculo, habían sido pasados por alto, de alguna manera, dejando que Bill se ocupara de sus obligaciones de contador y Arlene ocupada con sus faenas de secretaria. Charlaban de eso a veces, principalmente en comparación con las vidas de sus vecinos Harriet y Jim Stone. Les parecía a los Miller que los Stone tenían una vida más completa y brillante. Los Stone estaban siempre yendo a cenar fuera, o dando fiestas en su casa, o viajando por el país a cualquier lado en algo relacionado con el trabajo de Jim.

    sábado, 10 de mayo de 2014

    Raymond Carver / Mecánica popular


    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    MECÁNICA POPULAR
    Traducción de Jesús Zulaika




    Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia. Delgados regueros de nieve derretida caían de la pequeña ventana —una ventana abierta a la altura del hombro— que daba al traspatio. Por la calle pasaban coches salpicando. Estaba oscureciendo. Pero también oscurecía dentro de la casa.

    viernes, 9 de mayo de 2014

    Raymond Carver / El elefante

    Ilustración de Gale Hart

    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    EL ELEFANTE

    Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano. ¿Qué necesidad tenía yo de más deudores? Pero me llamó y me dijo que no podía pagar el plazo de la casa. ¿Oué otra opción me quedaba? No había estado nunca en su casa (vivía en California, a mil quinientos kilómetros de distancia); ni siquiera la había visto, pero no quería que la perdiera. Lloraba en el teléfono, y decía que iba a perder lo que había conseguido en toda una vida de trabajo. Dijo que me devolvería el dinero. En febrero, dijo. Incluso antes. En marzo, a más tardar. Dijo que estaban a punto de devolverle cierta suma que Hacienda le había cobrado de más. Además —dijo—, había hecho una pequeña inversión que daría sus frutos en febrero. Se mostró reservado al respecto, y no quise presionarlo para que fuera más explícito.
    —Confía en mí —dijo—. No te fallaré.

    jueves, 8 de mayo de 2014

    Raymond Carver / Catedral




    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    CATEDRAL
    Traducción de Benito Gómez Ibáñez


    Raymond Carver / Cathedral (Cuento en inglés)

    Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa. Su esposa había muerto. De modo que estaba visitando a los parientes de ella en Connecticut. Llamó a mi mujer desde casa de sus suegros. Se pusieron de acuerdo. Vendría en tren: tras cinco horas de viaje, mi mujer le recibiría en la estación. Ella no le había visto desde hacía diez años, después de un verano que trabajó para él en Seattle. Pero ella y el ciego habían estado en comunicación. Grababan cintas magnetofónicas y se las enviaban. Su visita no me entusiasmaba. Yo no le conocía. Y me inquietaba el hecho de que fuese ciego. La idea que yo tenía de la ceguera me venía de las películas. En el cine, los ciegos se mueven despacio y no sonríen jamás. A veces van guiados por perros. Un ciego en casa no era una cosa que yo esperase con ilusión.

    miércoles, 7 de mayo de 2014

    Raymond Carver / Principiantes



    N. del T: “Principiantes” es una versión primigenia y más extensa de “De qué hablamos cuando hablamos de amor,” relato que forma parte del volumen homónimo editado en 1981. En Diciembre de 2007 la revista norteamericana The New Yorker publicó “Principiantes,” junto con un excelente artículo sobre la relación de Raymond Carver y su editor Gordon Lish y los diversos cortes y diagramaciones que habían sufrido muchos de los relatos de Carver. En 2008 Tess Gallagher, viuda de Carver, re-editó “Principiantes” y otros relatos de Carver sin los cortes de Lish, para que pudiese apreciarse el trabajo de Carver en su forma más “auténtica, original”.
    Título originalBegginers.
    Traducción: Martín Abadía


    RAYMOND CARVER
    BIOGRAFÍA

    PRINCIPIANTES


    Raymond Carver / Beginners (Cuento en inglés)
                                                                                                                                                                071224_carver04_p465El que hablaba era mi amigo Herb McGinnis, el cardiólogo. Estábamos los cuatro sentados en su cocina, bebiendo gin. Era sábado por la tarde. La luz del sol entraba por el ventanal que estaba detrás del fregadero, inundando la cocina. Estábamos Herb, yo, su segunda esposa, Teresa – la llamábamos Terri – y mi esposa, Laura. Vivíamos en Albuquerque pero todos éramos de sitios diferentes. Sobre la mesa había una cubeta con hielo. El gin y el agua tónica pasaban de mano en mano y de alguna forma, llegamos al tema del amor. Herb pensaba que el amor real no era otro que el amor espiritual. Cuando era joven, había pasado cinco años en un seminario, antes de que renunciase para ir a la escuela de medicina. Había dejado la Iglesia en la misma época aunque decía que, al mirar atrás, esos años de seminario habían sido los más importantes en su vida.

    Enrique Vila-Matas / Como agua que cae del cielo de Carver


    Enrique Vila-Matas
    COMO AGUA DEL CIELO DE CARVER
    BIOGRAFÍA

    En 1988, cuando Raymond Carver se había convertido en el mejor cuentista vivo del mundo, se murió. Estaba en su mejor momento porque había dejado de beber, tenía una estimulante relación amorosa con la poeta Tess Gallagher, y hasta le condecoraban las universidades que en otros días le habrían escupido a la cara por borracho y desdichado. Le llegó la muerte cuando todo por fin le iba bien, quizá demasiado bien. Sus numerosos admiradores creyeron que era el punto final, que todo había ya terminado, que no habría ya nunca más cuentos del genio. En uno de los relatos de Tres rosas amarillas, su volumen de cuentos póstumo, podía leerse: "Se ha ido y nunca volverá. Punto final. Nunca jamás". El narrador de este cuento hablaba de esta forma porque había perdido a su mujer las rupturas de matrimonio eran uno de los platos favoritos de Carver, pero yo me acuerdo de haber leído esas líneas como si fueran la crónica de su muerte, anunciada por él mismo. Este tipo de lecturas trágicas de Carver era muy habitual, por aquellos días, entre sus desolados admiradores. "Se ha ido y nunca volverá. Punto final". Nadie parecía acordarse de que las viudas siempre encuentran carpetas.

    martes, 6 de mayo de 2014

    Raymond Carver / Tres rosas amarillas

    

    Raymond Carver
    BIOGRAFÍA
    TRES ROSAS AMARILLAS

    Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un self-made man cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.

    domingo, 16 de marzo de 2014

    Antonio Muñoz Molina / En el manantial de los Ecos

    Raymond Carver

    Antonio Muñoz Molina

    En el manantial de los Ecos

    Laing sigue el rastro de seis vidas de escritores alcohólicos marcadas por el talento y el desastre


    EL PAÍS


    John Cheever, en un retrato de 1979. / THE NEW YORK TIMES
    Cada escritor sigue inclinaciones poderosas que se repiten transformándose de un libro a otro. Olivia Laing tiende a escribir sobre los itinerarios geográficos de vidas con finales desastrosos. Su primer libro, To the River, cuenta un viaje a lo largo del río Ouse, donde se dejó morir ahogada Virginia Woolf, adentrándose en él con los bolsillos llenos de piedras. El segundo traza un itinerario mucho más largo, no a través de Reino Unido, sino de toda la amplitud de Estados Unidos. En The Trip to Echo Spring, Olivia Laing viaja de Nueva York a Nueva Orleans, de Nueva Orleans a Key West en Florida, de Florida hacia el Norte, hasta Saint Paul, en Minnesota, y de Saint Paul hacia Port Angeles, en la costa noroeste del Pacífico, donde Raymond Carver murió en 1988 de cáncer de pulmón, después de veinte años de alcoholismo y espanto, y diez años breves de serena felicidad. En avión, en coches alquilados, pero sobre todo en trenes, en los trenes destartalados y eternos de América, que cruzan el país en viajes tan largos como los de sus ríos mayores, Olivia Laing sigue el rastro de seis vidas de escritores alcohólicos, las seis marcadas por el talento y el desastre, solo dos de ellas concluidas en la curación. En Nueva York se aloja en el hotel Elysée, en la zona agitada y turística de la proximidad de los grandes teatros, donde Tennessee Williams murió una noche de junio de 1983, devastado por el alcohol y los barbitúricos, solo como un perro, atragantándose con el tapón de plástico de un bote de colirio para los ojos, rodeado de frascos de medicinas, drogas legales e ilegales, ceniceros llenos de colillas, ropa sucia, papeles desordenados, botellas de vino a medio beber. En esa época Tennessee Williams llevaba más de dos años sin estrenar y todas sus últimas obras habían sido fracasos de público y recibido críticas crueles. En el vestíbulo del hotel, en los restaurantes cercanos, en los bares de chulos que frecuentaba, Williams era un espectro familiar y patético. Tuvo que morirse para que los mismos críticos que se habían ensañado tan sin misericordia en sus obras tardías accedieran a celebrar el mérito indeleble de las mejores que había escrito, las que treinta años después de su muerte perviven con la misma belleza que cuando se estrenaron, con su desmesura y su poesía. En una de ellas,La gata sobre el tejado de cinc caliente, un personaje tullido y borracho dice que va a hacer un pequeño viaje a Echo Spring, el manantial de los Ecos. Es un viaje hasta el mueble bar, y ese nombre que suena a refugio arcádico es una marca de bourbon.

    martes, 4 de marzo de 2014

    Ana María Moix / De qué hablamos cuando hablamos de Carver

    Fotografía de Bernard Plossu
    CARVER POETA
    De qué hablamos cuando hablamos de él?


    La publicación en España de Todos nosotros, la obra poética, incluidos varios poemas inéditos, del estadounidense Raymond Carver (1939-1988), editada por Bartleby Editores, es un acontecimiento por la indiscutible trascendencia del escritor en el panorama literario contemporáneo. Los poemas sirven para cerrar perfectamente el círculo estilístico de un autor célebre por sus relatos realistas. Su mujer, Tess Gallagher, se encargó de la edición original publicada en Londres, en 1996, por The Harving Press. Diez años después, se edita en España una amplia selección de esta obra, que completa la visión panorámica que tenía el lector español de la poesía de Carver hasta el momento. Esta obra estará en las librerías el próximo 18 de septiembre.
    La publicación de Todos nosotros, volumen que compendia toda la poesía de Raymond Carver, es un lujazo para el lector español. La introducción de Tess Gallagher, su viuda -y también poeta- y el prólogo de Jaime Priede, que ha llevado a cabo -de manera notable- la traducción, nos acercan la voz de ese enorme escritor que fue Carver, fallecido en 1988, tras ser considerado uno de los grandes maestros del relato breve del siglo XX. En España, donde el relato no goza del favor de los editores, de la mayoría de los críticos literarios ni -dicen- del lector, los cuentos de Raymond Carver alcanzaron un considerable éxito por parte de la crítica, se vendieron y, lo único que importa, se leyeron.
    ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, CatedralTres rosas amarillasShorts CutsSi me necesitas, llámame (editados por Anagrama) fueron leídos -y todavía lo son- por un público que lleva a Carver en el corazón. Se trata de un público del que muy pocos escritores gozan: es un público que, tras leer uno de los libros de Carver, pasa a devorar el resto. No conozco a ningún lector de Carver que sólo haya leído uno o dos libros de sus libros. Y tampoco a nadie -salvo a algún extravagante con ganas de llamar la atención- a quien no le guste. En este sentido, Carver es sólo comparable a Chéjov, a Katherine Mansfield y a Maupasant (al Maupasant cuentista; el Maupasant novelista es otro cantar). No son nombres al azar.
    Tienen algo en común: parece que hablen de sí mismos, de lo que han vivido, de lo que les rodea, de las cosas más simples del cotidiano vivir; pero, en realidad, nunca hablan de ellos, sino de nosotros. De ahí quizá esa cercanía, sublime, nada pegajosa, que establecen con el lector. Esa cercanía tan íntima y tan limpia que el lector de Carver encuentra también en sus poemas. Porque, no hay que olvidarlo, Carver habla de nosotros cuando parece estar hablando de Carver.
    La voz poética de Carver, un hombre que caminó por la acera peligrosa de la vida de la mano del alcohol y, más tarde, de la enfermedad, nunca es soez porque no apunta a la confesión sino al descubrimiento de algo por parte del lector. Es él, el lector, quien se encuentra abriendo puertas dentro de sí mismos, puertas vedadas anteriormente, antes de la lectura del poema. Hay, en los últimos poemas de Un sendero nuevo a la cascada, escrito durantes los últimos seis meses de vida, un cambio de registro espeluznante en la poesía de Carver. La muerte, el regreso al lugar de las pérdidas esenciales de una vida, el acaso de las sombras del dolor, desaparecen, justamente, cuando el autor se sabe en el umbral del final. Y es entonces cuando una calma extraña planea, no sin ironía, sobre una realidad a punto de quedar presa entre el paréntesis de la nada.


    El regreso poético de Carver

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    La publicación en España de Todos nosotros, la obra poética, incluidos varios poemas inéditos, del estadounidense Raymond Carver (1939-1988), editada por Bartleby Editores, es un acontecimiento por la indiscutible trascendencia del escritor en el panorama literario contemporáneo. Los poemas sirven para cerrar perfectamente el círculo estilístico de un autor célebre por sus relatos realistas. Su mujer, Tess Gallagher, se encargó de la edición original publicada en Londres, en 1996, por The Harving Press. Diez años después, se edita en España una amplia selección de esta obra, que completa la visión panorámica que tenía el lector español de la poesía de Carver hasta el momento. Esta obra estará en las librerías el próximo 18 de septiembre (2006).
    Una mañana de 1956 Raymond Carver se acerca en coche a la parte alta de Yakima, pequeña ciudad del estado de Washington, para entregar un pedido de la farmacia en la que trabajaba como repartidor. Mientras espera que el anciano dueño de la casa busque su chequera, le llama la atención que haya tantos libros esparcidos por todas partes. Su mirada se posa en una revista. Es la primera vez que ve "una de esas revistas de poca circulación". Se trata de un ejemplar de Poetry. El anciano introduce el cheque en ella y se la entrega junto a un ejemplar de The Little Review: "Llévatelas, hijo. A lo mejor un día escribes algo y no sabes adónde mandarlo", le dijo el anciano.
    Aquella noche apenas durmió, se la pasó leyendo las cartas y los poemas de Ezra Pound, sus postulados sobre lo que se debe y no se debe hacer al escribir. Al día siguiente avanzó en el análisis y las discusiones que incluían ambas revistas de los diversos movimientos poéticos del siglo. Percibe entonces que su vida está dando un giro, que toma otra perspectiva ante el mundo. Los nombres con los que se encuentra en aquel par de ejemplares, Pound, Eliot, H.D., Aldington y Joyce, empiezan a resultarle muy familiares tras la jornada laboral. A partir de entonces, Carver empieza a escribir poesía de manera regular. Pocos años después, abre el ejemplar de otra revista, Targets, para encontrarse con su primer poema publicado: The Brass Ring (El aro de latón). El poema hace referencia al aro de latón que colgaba de un brazo mecánico en los tiovivos y que se bajaba por sorpresa a la altura de los niños que iban en él. Quien lograra atraparlo, se aseguraba una vuelta gratis. En sentido figurado, la expresión significa también apuntar alto, alcanzar el éxito.
    A vista de hoy, cincuenta años después de su encuentro fortuito con la mejor poesía angloamericana del momento, parece que Carver ha alcanzado su particular aro de latón. Está considerado como uno de los mejores narradores norteamericanos de su época y como poeta ha logrado crear escuela abriendo espacios apenas transitados hasta entonces, al menos en la poesía española de la época. Uno de esos espacios lo genera el pensamiento concebido como conversación del sujeto consigo mismo, pero no para sí mismo. El mecanismo mental de los escritores norteamericanos está más entrenado en la agudeza que en la abstracción. Se nutre de la perspicacia y de la inminencia.
    El aire renovador que propone la poesía norteamericana cuando empieza a ser traducida en España (más allá de los consabidos clásicos) abre una nueva forma de desvelar la realidad en fotogramas, sin añadidos que tiendan a modificarla. En ese sentido, la recopilación de la poesía de Carver que ahora se presenta ante el lector español puede ser leída como la secuenciación de una vida fragmentada en momentos claves, no caracterizados necesariamente por la rareza sino por la intensidad y el ahondamiento en ellos.
    Carver es Ray en sus poemas. Escribe en el piso de arriba de Sky House. Es un hombre disciplinado en el trabajo. Se sienta todas las mañanas a su mesa, revisa poemas escritos en otra época de su vida y escribe otros nuevos para celebrar la cotidiana inmediatez de sentirse vivo. Es un hombre agradecido. Desde que el 2 de junio de 1977 se encontrara con la poeta Tess Gallagher, con gusto hubiera titulado todos sus poemas Felicidad. Carver comienza entonces su particularvuelta gratis en este tiovivo: diez años más de vida cuando los médicos sólo le habían dado seis meses debido a sus graves problemas con el alcohol.
    A partir del verano de 1977, deja la bebida y comienza una nueva vida junto a Tess. Viven juntos en Ridge House, Port Angeles, Washington, cerca del embarcadero. Le gusta escuchar emisoras musicales por la noche, como cuenta en el poema Ondas de radio, le gusta pasear por la orilla del río leyendo párrafos sueltos de Abel Martín y versos de Machado, uno de sus poetas de cabecera, se aficiona a la pesca y sigue de lejos los resultados del béisbol. Viven en la calma. Cuando enferma de cáncer, ambos se las ingenian para mantener esa calma la mayor parte del tiempo posible, concentrarse en ella y sacarle el máximo fruto. Para eso había vivido su propina de diez años con una sola premisa inscrita en su mechero: AHORA.
    Todos nosotros (Bartleby) se basa en la edición original de la poesía completa de Raymond Carver realizada por Tess Gallagher bajo el títuloAll of Us en 1996 y publicada en Londres por la editorial The Harvill Press. La presente edición pretende completar la visión que hasta el momento tenía el lector español de la poesía de Carver y mostrarle su variedad de registros. A su vez, la presentación del texto original le permitirá conocer de primera mano la poesía de Carver, el alcance de cada matiz y el poder elíptico que la singulariza.
    Una traducción no es más que una percepción, la interpretación de una partitura. Pero, como dice Jaime Siles, la traducción debe ser un texto artístico porque el texto del que se traduce es un texto artístico. Ésa ha sido la intención que me ha guiado en este trabajo, aunque la intención no tenga necesariamente que ver con el resultado. No hay traducciones para siempre, de todos modos. Todo texto traducido requiere siempre una revisión posterior. En este volumen se revisan las traducciones anteriores de la poesía de Carver y se ofrecen versiones de un amplio número de poemas inéditos en castellano. Lo mismo puede ocurrir en un futuro con estas versiones que hora se proponen. Y está bien que sea así. Al fin y al cabo la traducción sigue siendo una lectura más.
    Jaime Priede es traductor de Todos nosotros.

    'FELICIDAD'

    Tan temprano que casi está oscuro todavía.
    Me acerco a la ventana con una taza de café
    y el atasco de siempre a estas horas de la mañana
    en la cabeza.
    Veo entonces al chico y a su amigo
    calle arriba
    repartiendo el periódico.
    Llevan gorras y sudaderas,
    uno de ellos con una bolsa al hombro.
    Son tan felices
    que no se dicen nada, estos chicos.
    Creo que si pudieran, se cogerían
    del brazo.

    Es temprano por la mañana
    y están haciendo esto juntos.
    Se acercan, despacio.
    El cielo empieza a cubrirse de luz,
    aunque todavía cuelga pálida la luna sobre el agua.
    Tanta belleza que, durante un instante,
    la muerte o la ambición, incluso el amor,
    no tienen cabida aquí.
    Felicidad. Llega
    de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente. Cualquier madrugada te lo dice.


    'PROTEGIENDO A LA NÚMERO UNO'

    Ahora que te has ido durante cinco días,
    fumaré todos los cigarrillos que quiera y
    donde quiera. Haré bollos y me los comeré
    con mermelada y con tocino. Haré el vago. Seré indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa sólo
    si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años jóvenes.
    En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
    Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás. Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
    lo que quiera mientras estás fuera!
    Pero hay una cosa que no haré.
    No dormiré en nuestra cama sin ti.
    No. No me apetece.
    Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece, ahí donde duermo cuando estás fuera
    y no puedo abrazarte como lo hago.
    En el sofá roto de mi estudio.


    http://elpais.com/diario/2006/09/05/cultura/1157407208_850215.html