domingo, 27 de diciembre de 2020
La nueva antología del maestro de la ciencia ficción contemporánea, Ted Chiang, llega a librerías
viernes, 14 de agosto de 2020
martes, 14 de abril de 2020
Spike Jonze / Her / Ese amor virtual, esa soledad
Ese amor virtual, esa soledad
Me acerco a 'Her' con la sospecha de que mi paciencia no va a resistir hasta el final
Y sin embargo salgo conmovido
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domingo, 26 de enero de 2020
'La llegada' / Una obra maestra de la ciencia ficción lastrada por el lirismo
'La llegada', una obra maestra de la ciencia ficción lastrada por el lirismo
viernes, 17 de enero de 2020
¿Ted Chiang? / El genio de la ciencia ficción que está detrás de 'La llegada'
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| Ted Chiang |
¿Quién es Ted Chiang? El genio de la ciencia ficción que está detrás de 'La llegada'
Un escritor estadounidense de origen chino se ha convertido con apenas un puñado de relatos cortos en la nueva estrella del género. Uno de ellos sirve de argumento al filme del año: 'La llegada'
Daniel Arjona
18 de diciembre de 2016
'La llegada' es una de esas historias que obligan a cuadrarse ante el rey de los géneros imaginativos modernos, el que mejor cifra la suma de nuestros miedos, la mejor vacuna contra el shock del futuro. Porque la ciencia ficción es una estajanovista proveedora de maravillas y, cuando a su fondo dorado le acompaña también la forma (esto último, ay, suele faltar), ningún otro género puede competir. En el caso del relato de Ted Chiang en que se basa la película escrita por Eric Heisserer y dirigida por Denis Villeneuve la fusión es total: la peripecia del primer encuentro entre la Humanidad y los extraterrestres no sólo se resuelve con una imaginación casi ofensiva que habrá hecho que otros escritores se den de cabezazos contra la pared mientras exclaman "¿cómo no lo pensé yo antes?", sino que además se cuenta con una estructura hipnótica y un poderoso talento.La historia de tu vida


Ocho soles
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domingo, 12 de enero de 2020
lunes, 28 de enero de 2019
Elvira Lindo / Amor y guerra
AMOR Y GUERRA
Está visto que una pareja enamorada puede destruir el planeta
27 de enero de 2019
jueves, 24 de noviembre de 2016
‘La llegada’ / Lo que cuentan los extraterrestres
‘La llegada’: Lo que cuentan los extraterrestres
Villeneuve estrena 'La llegada', que mezcla lingüística, naves espaciales y sentimientos
El cineasta continúa en la ciencia-ficción y rueda ahora la secuela de ‘Blade Runner’
Madrid 24 NOV 2016 - 03:59 COT
El idioma que hablamos cambia nuestra manera de ver el mundo. ¿Cierto? ¿Falso? A Denis Villeneuve (Trois-Rivières, 1967) no le importaba la respuesta, sino la idea. La descubrió en un relato de ciencia ficción, La historia de tu vida, de Ted Chiang. Se quedó intrigado. Tanto que al menos sacó otra respuesta: “Sí”. La pregunta, de los productores, le planteaba si quería convertir esa historia en una película. Así que La llegada aterriza hoy en España, alabada por la crítica internacional.
Hay aliens, naves espaciales y, por tanto, la etiqueta de ciencia ficción no desentona. Sin embargo, La llegada está en otro planeta respecto a las batallas cósmicas de Independence Day y sus hermanos. (Casi) nada explota, apenas se dispara. Está protagonizada por una lingüista y un físico (Amy Adams y Jeremy Renner) y habla de comunicación, sentimientos y de las elecciones clave que cada ser humano afronta en su vida. Puro Villeneuve. Y el nuevo reto de un director al que cuesta no reconocer talento y ganas de arriesgar. Las anteriores Incendies, Prisioneros o Enemy están ahí para demostrarlo.
Cambia el género, pero no su receta: cazar lo distinto. “El día que pierda mi punto de vista original voy a dejarlo. Es instinto, es la clave. Por eso soy malo rodando anuncios: no me puedo inspirar con unos tomates”, defendía el director en el festival de Venecia, ante un grupo de periodistas. Aunque, por más que se esfuerce, nunca le parece suficiente: “Siento que no lo consigo del todo. Me encantaría algún día lograr hacer algo totalmente original”.
Por lo menos, en La llegada lo volvió a intentar. Hasta la estética tenía que ser peculiar: “Quería un filme sucio, una ciencia ficción de una mañana chunga de un martes. Cuando dirijo intento ser un autista, olvidar lo que se ha visto antes y actuar como si fuera el primero en hacer algo. Si no, no podría seguir. ¡Cada imagen ya ha sido rodada!”. Tras la cámara, trata de perder la memoria y mentirse a sí mismo. Porque sabe perfectamente que “si pones una cosa vertical negra gigante en la pantalla, ya se ha visto”.
UN CINEASTA ENTRE BALAS
"Me parece maravilloso cómo aprendemos a través de las imágenes. Cuando diriges una película hacia territorios nuevos es un gran desafío", asegura Villeneuve. El cineasta reivindica el poder y las huellas del cine, y lo explica con un ejemplo personal: "La primera vez que creé violencia ante la cámara paré de inmediato porque me di cuenta de que todo lo que sabia sobre el asunto venía del cine. Habia visto algún acto violento, ido a sitios donde es un problema serio o me encontré con gente que asistió a escenas muy duras. Pero yo nunca la he vivido ni he estado en guerra. Me han disparado, pero nada serio".
¿Cómo? ¿"Nada serio"? Inevitable preguntarle al director por ese episodio: "Ocurrió en Camboya. Estaba en la jungla por la noche y hubo un tiroteo entre los jemeres rojos y el ejército. Estaba a punto de dormirme y de repente las balas empezaron a silbar. Pero fue casual, obviamente yo no era el objetivo".
También es consciente de otro obstáculo a su método: “La referencia de la película fue el arte de James Turrell, pero lo cierto es que si has nacido en los sesenta y haces un filme sobre extraterrestres estás influido por Spielberg. No puedo negarlo, era mi héroe de adolescencia”. Así como amaba a los cómics de Moebius o Bilal y todo lo que en los sesenta y setenta tuviera que ver con la ciencia-ficción. Por eso no veía la hora de dirigir un filme así. Solo esperaba la historia correcta: “La mayoría están escritas para adolescentes”.
Aunque, una vez a bordo, descubrió que el camino hacia mundos inexplorados es una cuesta empinada: “Pensé que sería divertido, pero a los 15 minutos se convirtió en una pesadilla. Es muy difícil imaginar y crear seres que nunca han sido vistos y que tengan sentido”. Y todavía más complejo es su próximo filme: la secuela de Blade Runner, con Harrison Ford y Ryan Gosling, y que se rodó también en España.
Una incógnita
“Es El desafío. Me adentro en un universo creado por otro, cada decisión me quita el aliento. Aunque Ridley Scott me ha dejado libertad absoluta. Necesito ser fiel a la original, pero tengo mi sensibilidad. No tengo ni idea de cómo va a ser recibida. Estamos flirteando con el desastre”, es todo lo que el cineasta se puede explayar. Bueno, eso y que después se tomará un descanso: “Necesito oxígeno”.
Porque desde Incendies, en 2010, no ha parado. Y acabó donde nunca pensó: en Hollywood. “Me invitaron y me supuso un dilema. No quería hacer Una rubia muy legal 5 o algo por el estilo. Creatividad y libertad son esenciales para mí. Fui para probar, sabiendo que me estrellaría”. Pero Prisioneros fue otro triunfo, y se quedó. Hasta le ha cogido el gusto: “Ahora los proyectos de ese alcance son los que me atraen”. Eso sí, trata de seguir fiel a su credo. Y en La llegada impuso sus reglas. Las naves extraterrestres aterrizarían en zonas distintas del planeta, como África o América Latina, y se escucharían varias lenguas. Así se lo explicó a los productores. Ellos, estadounidenses, querían poner el foco solo en su país. Él exigió “meter a los demás en la película”. Hacían falta más idiomas. Y más visiones del mundo.
EL PAÍSsábado, 1 de octubre de 2016
Tom Ford / “Nuestro mundo está construido sobre una idea falsa de felicidad”
Tom Ford
“Nuestro mundo está construido sobre una idea falsa de felicidad”
El modisto regresa al cine con el 'thriller' 'Animales nocturnos'
El célebre diseñador relata la lucha interna que vive por ser un símbolo del consumismo
TOMMASO KOCH
Madrid 1 DIC 2016 - 11:37 COT
Impecable. O no. A primera vista, Tom Ford (Austin, 1961) roza la perfección. Risueño, cercano, políglota, y, cómo no, elegante. Al fin y al cabo, en su mundo la apariencia lo es todo. Y el genio que revitalizó a Gucci, viste a decenas de estrellas e ingresa mil millones de euros al año gracias a su propia marca no puede no estar a la altura. Pero las palabras y los demonios interiores del diseñador cuentan una historia mucho más accidentada, repleta de contradicciones y sombras, alcoholismo y depresión. Caos y altibajos, como en la vida real. Y como en Animales Nocturnos, la segunda película que el modisto presenta ahora, a siete años de su exitoso debut cinematográfico, Un hombre soltero.
“¡No sé por qué he tardado tanto!”, contaba Ford en el pasado festival de Venecia, donde el filme se hizo con el Gran Premio del Jurado. Aunque a continuación él mismo se contestaba: “He tenido un hijo [Alexander, adoptado junto con su pareja, Richard Buckley], que es lo más importante para mí. He abierto cientos de tiendas y reforcé los otros lados de mi vida, que marcan el ritmo para las películas. Y me costó un tiempo encontrar el siguiente guion, libro u obra que me apasionara”. Hasta que leyó Tres noches (Salamandra), de Austin Wright. Ese thriller metaliterario le dejó tan impactado que adquirió la opción para llevarlo al cine. Y se encerró a trabajar en el guion: aislado en su cama, bajo las mantas, escribió de forma compulsiva hasta tener un borrador definitivo. A ello, sumó un reparto de estrellas, encabezado por Amy Adams y Jake Gyllenhaal, y una poderosa estética, marca de la casa.
Aquel proyecto llega a las salas acompañado por las buenas críticas pero arrastrando dos pesos. Tras una subasta aguerrida, Focus Features adquirió los derechos de distribución hace un año en el festival de Cannes por 19 millones de euros, la cifra más alta jamás pagada en un certamen de cine. Además, tras demostrar que no era un intruso en el séptimo arte—para sorpresa incluso de varios amigos, que le auguraban un ridículo estrepitoso—, Ford se mide con el segundo intento: ¿reafirmación o caída? “Me gusta asumir grandes desafíos. Un hombre soltero me enorgullece, pero tienes que seguir adelante, hacer el segundo filme, el tercero, el cuarto. Has de tomar riesgos si eres una persona creativa. Si no, es bastante insulso”.
Así que el filme arranca con una imagen chocante: varias señoronas bailan desnudas, sacudiendo sus voluminosas carnes. La performance es la enésima idea de Susan, galerista de éxito con una vida personal camino de la depresión. Tras 15 años de silencio mutuo, la mujer recibe de repente la novela que su exnovio Edward por fin ha escrito. Resulta que aquel soñador que ella criticaba por débil y poco ambicioso tenía dentro de sí una prosa animal. Así que Susan se sumerge intrigada en las páginas y el espectador descubre junto con ella el drama salvaje que acontece en el libro. Ambos mundos parecen mezclarse cada vez más, hasta un final que Ford no quiere aclarar, para que el público lo interprete cómo prefiera.
“Susan soy yo. Tiene pertenencias materiales pero se da cuenta de que no son las cosas importantes. Lucha contra el mundo en el que yo vivo: el de los ricos absurdos, de la falsedad y la vacuidad”, relató el cineasta a The Hollywood Reporter. El modisto reconoce que a ratos lucha contra su propia figura. Vende bolsos que valen 18.000 euros, diseña vestidos hasta para Michelle Obama, y ha construido un imperio de lujo y consumismo repartido por 122 tiendas en todo el planeta. Y, sin embargo, afirma: “Nuestra cultura nos dice: ‘¡Bebe esto, serás feliz! ¡Compra esto, serás feliz!’. Lo triste no vende. Nuestro mundo está construido sobre consumidores y una idea falsa de felicidad. Y suena raro que lo diga yo. Es algo con lo que me siento en conflicto, ser una de esas personas que contribuye a crear esa cultura de las cosas”. De hecho, el modisto defiende también que la moda es perecedera y sin mucho valor, mientras que el cine pervive para siempre.
Cualquiera juzgará si la contradicción es hipócrita o sensata. Lo cierto es que, detrás de la superficie envidiable, Ford parece esconder una cara más humana. De pequeño, era excluido y menospreciado por distinto, porque se sentía más artista que futbolista. Ya de mayor, padeció depresión, ahogó sus penas en el alcohol y, cuando en 2004 dejó Gucci, se encontró "perdido". Tenía, eso sí, 100 millones de ases en la manga, tantos como el valor de las acciones de la compañía que retuvo. Así que se lanzó al cine y se financió por su cuenta Un hombre soltero. “Perdí mucho dinero, pero valió cada centavo”, dijo a The Hollywood Reporter. Aunque ni siquiera el éxito en dos sectores distintos aplacó su caos emocional. Asegura que vive en el “constante miedo” de que algo cambie o se tuerza, no pasa "ni una hora" sin que piense en la muerte y acude al analista una vez por semana. Además, cada día acaba tomando demasiados cafés y fía su sueño a las píldoras. A su manera, él también es un animal nocturno.

















