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jueves, 28 de noviembre de 2024

Aurelia Navarro, la artista que cambió los pinceles por los hábitos debido a la asfixia machista de su época


'Desnudo de mujer' (1908) de Aurelia Navarro. Foto cedida por el Museo Carmen Thyssen de Málaga.

'Desnudo de mujer' (1908) de Aurelia Navarro. Foto cedida por el Museo Carmen Thyssen de Málaga.MUSEO CARMEN THYSSEN DE MÁLAG


Aurelia Navarro, la artista que cambió los pinceles por los hábitos debido a la asfixia machista de su época

Con 26 años, en 1908, la pintora granadina fue premiada y reconocida por ‘Desnudo de mujer’. A los 38, marginada y relegada, se convirtió en la hermana Resurrección


Angeles García

Granada, 24 de noviembre de 2024


Cuando en noviembre de 2020 el Museo del Prado pudo reabrir sus puertas después del cierre forzado por el coronavirus, ofreció una exposición histórica. Bajo el título de Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931) pudieron verse 130 obras muchas de las cuales no habían sido nunca expuestas o habían sido muy poco vistas. Hubo entonces muchas sorpresas, aunque puede que la mayor y más comentada fuera Desnudo de mujer, una pintura con la que Aurelia Navarro (Pulianas, Granada, 1882 - Córdoba, 1968) concursó en 1908 en la Exposición Nacional de Bellas Artes y se llevó la tercera medalla. Tenía 26 años y unas ansias inmensas de comerse el mundo. Se presentó al certamen en dos ocasiones más y volvió a conseguir nuevas medallas. Se cree que pintó casi un centenar de cuadros. Casi siempre mujeres jóvenes y niñas. Su pincelada suelta y su dominio técnico despertaron el interés de sus colegas y profesores. Pero a los 38 años dio un portazo a su convencional y supuestamente cómodo mundo granadino y entró en el convento de las Adoratrices de Granada. Rebautizada como Hermana Aurelia María de la Resurrección murió en el convento de Córdoba con 85 años.

martes, 28 de diciembre de 2021

Paz Errázuriz y Colita / Conversación en el objetivo

 


Las fotógrafas Colita y Paz Errázuriz, en La Fábrica.
Colita y Paz Errázuriz
LUIS SEVILLANO

Paz Errázuriz y Colita: conversación en el objetivo

Las dos fotógrafas son premiadas con los máximos galardones de PHotoEspaña 2015


Ángeles García
Madrid, 2 de julio de 2015

Tanto Paz Errázuriz (Santiago de Chile, 1944) como Colita (Barcelona, 1940) llevan varias décadas a sus espaldas fijándose en lo que ocurre a su alrededor para contarlo y conmover al espectador. La mirada hacia los excluidos, la pasión por el retrato y el gusto por el blanco y negro son algunas de las muchas cosas que estas dos grandes luchadoras tienen en común. Ayer lunes recibieron los máximos galardones que anualmente concede el festival PHotoEspaña. Errázuriz por el rigor y la empatía de una obra armada sobre la documentación y la experimentación estética; Colita, Premio Bartolomé Ros, por la coherencia de su trayectoria y su independencia profesional. Horas antes conversaron con EL PAÍS sobre su manera de entender el oficio, sobre la mirada diferente de la mujer y sobre la existencia de la fotografía latinoamericana, entre otros asuntos.

sábado, 2 de mayo de 2020

Antonio López / “No creo que salgamos mejores de esta crisis”

El pintor y escultor Antonio López contempla este jueves la calle vacía desde el estudio de su casa en Madrid.
Antonio López contempla este jueves la calle vacía desde el estudio de su casa en MadridFOTO DE LUIS SEVILLANO

Antonio López: “No creo que salgamos mejores de esta crisis”

El artista, que perdió a su esposa, la pintora María Moreno, poco antes del confinamiento, trabaja en un autorretrato de su infancia


Ángeles García
Madrid, 30 de abril de 2020


En los paisajes urbanos de Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 84 años) raramente se ven personas. Sus fantasmales escenas de la Gran Vía madrileña son ahora más realistas que nunca por culpa de la pandemia. Al contemplar las fotografías de las ciudades vacías de estos días, aprecia su valor estético, pero le impacta la falta de vida y una soledad que para él ahora es más real que nunca. El 17 de febrero murió su esposa, la pintora María Moreno, de la que no se había separado apenas desde que se conocieron en los años cincuenta en la academia de Bellas Artes. Pocas semanas después, se proclamó el estado de alarma y la reclusión le impidió salir a retratar la ciudad. No le importa demasiado; tiene mucho trabajo por hacer. En una entrevista telefónica cuenta que en su estudio esculpe un autorretrato y en su domicilio está convirtiendo en pinturas los bocetos del interior de la casa que comparte con su hija Carmen, muy próxima a la vivienda de su otra hija, María.

Pregunta. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta. Digamos que bien. Han sido muchos años de enfermedad de Mari durante los que ella me ha seguido acompañando. En el estudio, en los talleres que impartía…

Antonio López / “No piensen que soy un vago”

El pintor Antonio López durante la entrevista.
Antonio López
Foto de Carlos Rosillo

Antonio López: “No piensen que soy un vago”

Los cambios de criterio y composición a lo largo de los 20 años que el artista ha trabajado en el cuadro no han sido demasiados


Ángeles García
Madrid, 3 de diciembre de 2014


Muy pocas obras en la historia del arte han levantado tanta expectación como el Retrato de la familia de Juan Carlos I de Antonio López (Tomelloso, 1936) que este miércoles se presenta oficialmente en el Palacio Real de Madrid y a partir del jueves 4 de diciembre podrá ser contemplado por el público junto a 113 obras dentro de la exposición El retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. Han pasado dos décadas desde que el artista aceptó el encargo de Patrimonio Nacional. Mucho tiempo para lo que estamos acostumbrados, pero no tanto para el ritmo de trabajo del artista, habituado a trabajar en varias obras a la vez. Los retos a los que se ha enfrentado con esta enorme obra, 3 por 3, 39 metros, han sido muchos. Pero por fin el cuadro ha sido firmado y entregado y está listo para el escrutinio público.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Lucien Clergue / La vida íntima de Picasso


Picasso à l'atelier Madoura
Vallauris, 1967


La vida íntima de “don Pablo”

El fotógrafo francés Lucien Clergue recupera imágenes de Picasso obtenidas de una amistad de 20 años


Lucien Clergue tenía solo 21 años cuando se enfrentó por vez primera a la mirada de Pablo Picasso. Fue en la casa que el artista español tenía en Cannes. Clergue recuerda que le temblaban las piernas y sudaba sin control. Hacía días que el joven fotógrafo le había hecho llegar una colección de fotografías de niños y personajes de la calle y quería saber si el ya todopoderoso Picasso, entonces inmerso en su periodo rosa, estaba interesado. Le dijo que quería ver más, que le llevara más material. Fue el comienzo de una intensa relación que se prolongó durante veinte años, los últimos de la vida del artista, de manera que Lucien Clergue se convirtió en una sombra autorizada para tomar imágenes de la vida más personal del artista. Le retrató con sus hijos, con sus amigos, con Jacqueline, en los toros...

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Josef Koudelka / En el corazón del exilio y el dolor

Praga, agosto de 1968
Los tanques del Pacto de Varsovia entran en Praga
Fotografía de Josef Koudelka


Josef Koudelka

En el corazón del exilio y el dolor

Josef Koudelka, el fotógrafo que inmortalizó la invasión de Praga, presenta un libro antológico con 158 imágenes

ÁNGELES GARCÍA
Madrid 21 NOV 2006




En el corazón del exilio y el dolor

Se define como un observador de la vida. Es de los que creen que si las cosas pudieran ser contadas sólo con palabras, no sería necesario cargar todo el día con una cámara. Pero Josef Koudel-ka (Moravia, 1938) sigue con su cámara al hombro inmortalizando todo aquello que le llama la atención y que durante los últimos años tiene mucho que ver con el paisaje. Ayer, el mítico fotógrafo de la agencia Magnum presentó en Madrid Koudel-ka (Lunwerg editores), un repaso a toda su obra en 158 imágenes. El teatro, los gitanos, el exilio y el caos son los temas que inspiran su obra.
A sus 68 años, Josef Koudel-ka conserva el aspecto de un vital y curioso retratista de la vida y los sucesos diarios. Vestido con una camisa verde olivo y un chaleco negro sobre pantalones deportivos, empezó el encuentro con los periodistas asegurando que desde los años setenta considera España como su propio país. "Desde que tuve que dejar Checoslovaquia, empecé a pasar temporadas todos los años en España. Aquí descubrí la música y el gusto por la vida de los españoles. Las playas de Castellón, de Valencia, la Semana Santa sevillana, los toros... no tienen secretos para mí", explica con una mezcla cantarina de castellano e italiano.





"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo"



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La retrospectiva de su obra recogida en el libro recupera una selección de imágenes de los gitanos, tal vez su serie más conocida y en la que el fotógrafo captura conmovedores instantes de la vida cotidiana de niños y adultos en Eslovaquia, la República Checa y Rumanía. La siguiente tanda de fotografías recogen lo que fue la invasión de Praga en agosto de 1968 junto a las imágenes cargadas de tristeza ya en 1969.
El tema de los exilios copa la parte central del libro: desgarro, sombras, soledad, miseria, desalojos, partidas, escombros y muchas miradas perdidas nutren este apartado inspirado en Francia, Suiza, Italia, España, Alemania, Sicilia...
Bajo el epígrafe de El caos, están los paisajes tomados por el fotógrafo durante los últimos 20 años. Se trata de fotografías hechas a partir de los ochenta y, en apariencia, muy diferentes a lo que había realizado hasta entonces. Son miradas panorámicas que, sin embargo, había utilizado en sus primeros años. ¿Qué le interesa en esta última parte? En estas escenas de conjunto, se ocupa de la pobreza, de las catástrofes ecológicas, del abandono de los cultivos, de los desplazados por las guerras. "Estas imágenes panorámicas", explica el fotógrafo, "son como la historia del mundo vista a través de los ojos de la gente, de lo que ella ve".
Asegura que no busca expresamente el dolor. De hecho, explica que lo que busca es la huella que el dolor ha dejado en la gente.
"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo. Me impresiona el dolor porque yo también lo siento y por eso lo retrato. Los pobres soldados rusos que iban en los tanques al entrar en Praga tampoco querían estar allí, también sufrían igual que yo".
Koudelka pone cierta cara de espanto cuando un periodista le pide su opinión sobre las cámaras digitales y el uso de teléfonos móviles para obtener imágenes. No, por supuesto que no tiene, contesta. "No estoy contra los tiempos, pero soy producto de otra época y utilizo mis cámaras de toda la vida. Mi hija, de 15 años, me pidió una de esas cámaras y se la compré, es de lo más cerca que la he visto. No las he utilizado nunca. Son otra cosa".
Tampoco tiene unas reglas claras antes de ponerse a trabajar. "Cada uno tiene sus propios principios morales y fluyen solos cuando escoges el objeto que vas a fotografiar, cuando lo revelas, cuando lo editas. Pero no hay leyes escritas ni normas universales".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de noviembre de 2006