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martes, 11 de agosto de 2015

Joan Didion / El año del pensamiento mágico

Ideas nuevas en femenino plural

Joan Didion (El año del pensamiento mágico) y Esther Tusquets (Prefiero ser mujer) inauguran sendas colecciones dedicadas a la mujer


ANDREA AGUILAR Madrid 6 JUN 2006


El femenino plural. Esta desinencia verbal ha inspirado dos nuevas colecciones: Nos-otras de la editorial RqueR, y Palabra de mujer de Global Rythm Press. "Se trata de dar voz a ideas nuevas o antiguas que aportan argumentos nuevos sobre un tema tan manido como el de las mujeres. El feminismo es un término y un movimiento desprestigiado en la generación actual. Aunque quedan muchas reivindicaciones pendientes, el feminismo parece encorsetado y ha perdido contacto con las cosas que pasan en la calle", afirma desde RqueR Milena Busquets.
Los textos memorialísticos y de no ficción a los que dará cabida su colección abordarán "todos los temas que afectan a las mujeres y que puedan interesar" desde una perspectiva abierta, en la que no descarta la participación de los hombres como autores y lectores. "Son reflexiones que nos interesan a todos. No creo en la división entre hombres y mujeres: será juntos o no será", asegura. La colección de artículos escritos por Esther Tusquets en la década de los setenta y publicados entonces en La Vanguardia y la revista Debate, reunidos bajo el título Prefiero ser mujer, ha inaugurado el nuevo sello. "Este libro permite ver lo que ha cambiado y lo que queda por hacer. La España de la que habla parece muy lejana pero hay asuntos que se mantienen igual", sostiene Tusquets. En septiembre, dos nuevos títulos darán continuidad a la vocación plural y abierta de Nosotras: ¿Qué habéis hecho con la revolución sexual?, de Marcela Lacub, y Memorial de los infiernos, la autobiografía de una prostituta argentina de los años setenta, firmada bajo el pseudónimo Ruth Gabriel.
Sin renunciar al ensayo ni al pensamiento, en Palabra de mujer pretenden además incorporar ficción, epístolas y poesía escritas por mujeres. Su primer título, el estremecedor y brillante testimonio de Joan Didion El año del pensamiento mágico -que se presenta hoy a las 13 horas en el Círculo de Bellas Artes-, marca de alguna forma la línea sobre la que quieren trabajar. Victorianas y libertinas por un lado y Modernistas, modernas y beligerantes, por otro, estas dos subcolecciones sientan las bases de Palabra de mujer. Al segundo grupo pertenece Didion, una de las grandes escritoras estadounidenses apenas publicada en España, que obtuvo el National Book Award con el ensayo autobiográfico con el que arranca la colección. "Su historia es muy dura, pero gracias al estilo con el que marca la distancia logra hacer una obra importante", afirma Olivia de Miguel, traductora de este libro y directora de la nueva colección. El año del pensamiento mágico muestra de alguna forma "la mirada menos rígida y más redonda", que según De Miguel caracteriza a las mujeres actuales. "No es una cuestión de discriminación positiva. Esta colección sólo intenta reunir la palabra de la mujer y aportar al discurso común una mirada diferente", concluye.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Esther Tusquets / Decálogo laico

Esther Tusquets


Esther Tusquets
DECÁLOGO (LAICO)

Respetada editora, acreditada novelista y ácida pensadora, Tusquets nos ofrece con “Pequeños delitos abominables” (Ediciones B) un catálogo irreverente de buenas maneras que quien esto firma se ha atrevido a resumir en el siguiente decálogo.
Por JORGE DE COMINGES 
REVISTA QUÉ LEER

1) Nunca te olvidarás de dar las gracias
Se ha perdido la costumbre de dar las gracias. Cada vez son más las personas que toman como algo natural las atenciones que se tiene con ellas. En el caso de los regalos resulta decepcionante que no se agradezcan y, si no se han entregado personalmente, te quedas en la incertidumbre de que hayan llegado a su destino. También es molesto que la persona a la que has hecho un regalo y te ha dado las gracias por él no lo utilice nunca en tu presencia ni haga referencia a él.
Puntilloso: Al arquitecto Federico Correa le fastidia que, si abandona el asiento del conductor para abrir la portezuela del lado opuesto a una señora, ésta no le dé las gracias o ni siquiera le sonría.
2) Tratarás de usted a los desconocidos
Olvidando que el tuteo era una obligación falangista, los progres de los años 1960 iniciaron una campaña para eliminar el usted, que consideraban una práctica que mantenía las diferencias de clase. Pero no te gusta que la niñata que te lava el pelo en la peluquería o el dependiente del supermercado te hable de tú el primer (ni el segundo, ni el tercer) día que te ve. Aunque más grosero es tratar de tú a alguien que se verá obligado a responderte de usted. Esto sí es clasismo puro y duro.
Caso límite: La compañía Vueling, sin duda para ganarse al público joven, ha establecido el uso generalizado del tuteo.
3) Harás cola sin intentar saltarte el turno
En el marco europeo, colarse es un pequeño delito sureño, más frecuente y tolerado en España, Grecia o Italia que en Inglaterra o los países escandinavos. Nosotros somos más listos y nos colamos siempre que hay posibilidad de hacerlo. Lo peor es que los adictos a colarse no sienten la menor vergüenza -especialmente las pijas malcriadas- si los descubren. Pero también son abominables los empleados que, por ejemplo en los grandes almacenes, se enzarzan entre sí en interminables conversaciones provocando las colas.
Sutileza: Recorrer la cola en busca de algún conocido y pedirle que saque tus localidades junto a las suyas.
4) No abusarás de la calefacción en compañía de otros
Pecado generalmente femenino. La mujer que siempre tiene frío lo manifiesta en tono a veces plañidero o a veces imperioso y consigue que todos los demás agonicen de calor. Hace subir la calefacción o apagar la refrigeración sin ocurrírsele acudir a los locales públicos provista de un jersey o de dos o de una manta para compensar el trastorno térmico de su organismo.
Excepción a la regla femenina: El poeta Pere Gimferrer, capaz, en el curso de una reunión, de quitarse y ponerse la chaqueta seis o siete veces.
5) No dejarás que tus hijos incordien en lugares públicos
En la actualidad, a muchos padres no les queda otro remedio que llevar consigo a sus retoños cuando salen de casa. Pero si los vamos a llevar a todas partes estamos obligados a darles una educación y procurar que no fastidien a los demás. Se les puede enseñar a quedarse quietos sin berrear ni hacer guarradas con la comida sin que esto los haga menos felices ni les ocasione traumas casi irreversibles.
En el restaurante: Los niños suelen sacar de quicio a todos los presentes menos a los que los tienen a su cargo, que siguen comiendo impasibles, conversando con calma, centrando su atención en el espectáculo como si aquello fuera natural, inevitable.
6) Serás puntual en las citas
La impuntualidad constituye una grosería, una falta de consideración abominable que equivale a robar el tiempo de otro, a no concederle la menor importancia. Todavía es más irritante la falta de puntualidad de un médico o un abogado con el que has concertado una cita y al que pagas unos honorarios, y que te tiene apalancado una hora en su sala de espera.
Amiga impuntual: Ana María Moix solía quedar con Esther Tusquets para ir a las sesiones de cine matinales de los domingos. Jamás consiguió llegar puntual a tales citas.
7) No robarás taxis a los desconocidos
El robo del taxi tiene dos modalidades. Una, más leve, cuando haces una seña a un taxi en marcha y otra persona -generalmente un hombre- echa a correr y lo ocupa antes que tú. La otra, de juzgado de guardia, es cuando llevas rato haciendo cola en la parada y llega un taxi que te toca por fin a ti, alguien lo para y lo coge antes.
Truco: Para coger un taxi de noche, ir a la entrada de urgencias del Hospital Clínico, donde hay luz, vigilancia y siempre termina por llegar un vehículo.
8) No hablarás de tus enfermedades
Es aburrido que te hablen todo el tiempo de sus dolencias, achaques y enfermedades varias. Sobre todo si se insiste en detalles desagradables e incluso repugnantes de determinada operación o tratamiento. Peor resultan quienes se obstinan en enseñarte una cicatriz monstruosa, un grano que supura o un golondrino en el sobaco.
Primer desmayo: Lo sufrió Esther Tusquets, a los 10 años, cuando un amigo de sus padres contó, en un restaurante junto al mar, una operación quirúrgica especialmente truculenta.
9) No utilizarás palabras y frases ofensivas
Una especialmente odiosa: “judiada”. También la palabra “gitano”, usada en sentido peyorativo -“viven como gitanos”- y expresiones como “merienda de negros” y el uso sistemático del diminutivo “negrito”, que resulta proteccionista y prepotente. Resulta sorprendente la frase “A mí no me ha hecho nada malo” para poner en duda las críticas y acusaciones contra un determinado individuo, pues te están acusando de poco fiable.
Recuerdos de infancia: Esther y su hermano Óscar, de niños, hacían sonar sus matracas en la ventana, el Sábado de Gloria, para matar judíos (que habían crucificado a Cristo).
10) No presumirás que los demás saben quién eres
Es embarazoso para alguien poco fisonomista (o que no ve a menudo la tele) que personas importantes o simplemente famosas den por descontado cuando coinciden contigo que sabes quiénes son. Parece un rasgo de elegancia que alguien se te acerque y empiece con las palabras: “Soy Nuria Espert”.
Famoseo: La escritora, en un cóctel en casa de su hija Milena, no reconoció a Antonia dell’Atte, ni siquiera cuando ésta, sonriente y desenfadada, le dijo: “Hola, soy Antonia”.
Conclusión:
Estos diez mandamientos se encierran en dos:
1) Practicarás la buena educación: Los buenos modales y la simpatía no son banalidades, pueden mejorar nuestro estado de ánimo y hacernos ver el mundo con mejores ojos.
2) No abusarás de la paciencia de tus amigos: No se debe acosar a los amigos por teléfono sin importarnos si les pillamos o no en un momento oportuno; se ha de salir de casa siempre con algo de dinero encima para no obligar a todo el mundo a invitarte; conviene abordar las cartas de los restaurantes con decisión y no pedir el único plato que no figura en ella.

QUE LEER



martes, 24 de julio de 2012

Esther Tusquets / Una trayectoria de excelencia


Esther Tusquets

Esther Tusquets

IN MEMORIAM

Una trayectoria de excelencia




¡Qué dolorosa noticia! Esther Tusquets, además de gran editora y escritora, fue también una gran amiga durante muchas décadas. Aunque la conocí ocasionalmente en la primera adolescencia, en un verano que pasamos en Platja D’Aro, nos reencontramos hacia 1960, cuando empezaba a dirigir Lumen y yo tenía un proyecto editorial (que se truncó). Nuestra amistad se consolidó cuando fundamos Distribuciones de Enlace, en 1970, con Barral, Castellet y Beatriz de Moura, entre otros.
Esther, desde sus inicios, llevó a cabo una actividad editorial marcada por la excelencia, en la que destacaría dos colecciones. Una, cuidadísima y pionera (con diseño de los jovencísimos futuros arquitectos Oscar Tusquets y Lluís Clotet), era Palabra e Imagen, que combinaba en cada título textos de autores como Ignacio Aldecoa (Neutral Corner), Camilo José Cela (Izas, rabizas y colipoterras), Miguel Delibes (La caza de la perdiz roja), J. M. Caballero Bonald (Luces y sombras del flamenco) con fotografías de Ramón Masats, Joan Colom, Oriol Maspons y su gran amiga Colita.
Y en la colección Palabra en el Tiempo, que dirigía Antonio Vilanova, se publicaron alguno de los nombres mayores de la literatura del siglo XX, como Franz Kafka, James Joyce, Marcel Proust, Samuel Beckett, Claude Simon o Virginia Woolf. Ediciones elegantes, durante unos años con muchas portadas de Ángel Jové, y con cuidadísimas traducciones: así, Carlos Manzano, del francés, y Marta Pessarrodona, del inglés. Y tuvo dos grandes golpes de fortuna: Umberto Eco, de quien publicó el ensayo Apocalípticos e integrados, se dedicó de repente a la novela y Lumen publicó con extraordinario éxito El nombre de la rosa. Simultáneamente publicó las Mafalda de Quino y el resto de su obra.
Al morir su padre, Magín, quien se ocupaba de los aspectos administrativos y financieros, Esther se desanimó y vendió Lumen a Random. Pero el virus seguía latente y se aventuraron con su hermano Oscar y su hija Milena Busquets con una nueva editorial, RqueR, que no logró despegar y, según me dijo Esther, supuso un descalabro económico.
Además Esther, en 1978, nos pilló de sorpresa: una noche de 1978 invitó a cenar a un nutrido grupo de amigos, cosa que hacía con frecuencia. Pero esta vez nos abría la puerta con un regalo en la mano: un ejemplar de El mismo mar de todos los veranos, una novela que había escrito y editado sigilosamente en Lumen; primera sorpresa. La segunda fue su extraordinaria calidad, con una prosa bellísima, sinuosa y envolvente, llena de meandros e incisos, que recordaba a su admirado Claude Simon. Esta fue la primera novela de una trilogía considerada como una aportación de primerísimo nivel a la novelística española del siglo XX. Luego Esther demostró que era una escritora de largo aliento: después de otras obras en Lumen publicó tres más en Anagrama, entre las que destacaría Correspondencia privada, un libro excepcional con notorio anclaje memorialístico. El tramo final de su obra, publicado en Bruguera, ya fue netamente autobiográfico: así, Habíamos ganado la guerra o Confesiones de una vieja dama indigna, en las que destaca, omnipresente, su peculiar y puntiaguda relación con su madre. El último libro fue su viejo proyecto Tiempos que fueron: una especie de memorias a cuatro manos con su hermano Oscar, recordando, cada uno a su manera, no siempre coincidente, experiencias mutuas o individuales de su infancia y adolescencia.
Esther fue una de mis mejores y más leales amigas y tuvimos una gran complicidad literaria. Prueba de ello fue que cuando, en 1982, estaba preparando nuestro premio de novela y pensando en el posible jurado, además de Luis Goytisolo, Juan Cueto y Salvador Clotas pensé también en Esther Tusquets. Le dije que si, además de los libros de su editorial, tenía ganas de leer manuscritos de nuestro premio, a mí me haría muchísima ilusión. Aceptó de inmediato y formó parte del jurado durante las 25 primeras convocatorias y me demostró, en las distancias cortas, lo que ya sabía: que era una finísima lectora. Lúcida, leal, aguda, en ocasiones inesperada y mordaz, quite a character, como sus grandes escritoras británicas… Adiós, querida Esther.

Umberto Eco / Esther Tusquets

Esther Tusquets

IN MEMORIAM

Me faltará, nos faltará



A principios de los años sesenta me encontraba en la feria de Fráncfort y el puesto de mi editor italiano, Bompiani, estaba junto al de una desconocida editorial española. Montaban el stand Beatriz de Moura y Oscar Tusquets, y más tarde conocí a Esther. La familia Tusquets había comprado poco antes una casa editorial de pequeñas dimensiones, Lumen, y me contaron que querían publicar autores italianos como Gillo Dorfles y Umberto Eco. Llegados a ese punto tuve que confesar que yo era Umberto Eco. Bravos y abrazos. A partir de aquel momento el catálogo de la editorial Lumen aumentó vertiginosamente, la casa albergó alguno de los autores más importantes del momento, y yo me encontré acogido en la que iba a convertirse, tras la muerte de Carlos Barral, en la editorial cultural más prestigiosa de España.


Esther Tusquets

Después, Oscar y Beatriz se fueron por su cuenta, Esther quedó sola al timón y desde entonces he publicado con ella y con Lumen todas mis obras. Incluso si cualquier otro editor ofrecía más dinero, yo siempre he seguido fiel a Esther. Nació entre nosotros una amistad que iba más allá de las relaciones profesionales y, para mí, Barcelona quería decir la casa de Esther. Esther era una intelectual refinada que intentaba que no se notara. Leía y controlaba todo lo que publicaba pero trabajaba en la sombra, de modo que sus autores se sentían libres y respetados. Tuvimos que descubrir por nuestra cuenta (buscando en librerías o leyendo las páginas literarias de los periódicos) que ella era también una autora, y de gran talento. Parecía más interesada en las obras de sus autores que en las suyas. Y pese a que ha sido una persona que con sus decisiones ha ejercido una gran influencia sobre la cultura española, era modesta y una amiga fiel y silenciosa.
Me faltará, nos faltará.


EL PAÍS
FICCIONES

DE OTROS MUNDOS

DRAGON

PESSOA

RIMBAUD

DANTE

FOTOS DE TRIUNFO ARCINIEGAS






Esther Tusquets, ante su último mar

Esther Tusquets


Esther Tusquets, ante su último mar

Sobria despedida a la editora y escritora en Cadaqués


Rosa Mora
Cadaqués, 24 de julio de 2012

El primer mar del que se enamoró la editora y escritora Esther Tusquets fue el de Platja d'Aro, donde pasó buena parte de su infancia. De aquel Mediterráneo nació su primera novela, El mismo mar de todos los veranos; más tarde la conquistó Cadaqués, donde su hermano, el arquitecto y diseñador Oscar Tusquets, construyó un grupo de casas. Éste tenía una barca tipo mallorquina que disfrutaba muchísimo. La barca, el mar, los amigos, las perras, las partidas de cartas... Por eso decidió que su último refugio sería Cadaquès. Y en su bellísimo cementerio con vistas a Port Lligat y al Cap de Creus fue enterrada ayer, tras fallecer el lunes en Barcelona a los 75 años.
 Muchos amigos y familiares acudieron con el corazón entristecido y casi todos salieron desolados. El coche fúnebre llegó antes que los familiares; hubo que esperar media hora para enterrarla. El sencillo ataud de madera fue introducido en el nicho 61. No hubo ceremonia de ningún tipo, ni poemas ni parlamentos: no se pronunció ni una palabra. El silencio expectante de los asistentes solo fue roto por un “¡Hóstia!” que se le escapó al operario que sellaba el nicho.
Además de sus hijos, Milena y Néstor, acudieron autores como Ana María Moix (gran amiga de Esther), Marta Pesarrodona y Núria Amat. Editores como Andreu Jaume, de Lumen (que Esther dirigió 40 años), Jorge Herralde y Lali Gubern y Rafael Soriano; la agente literaria Mercedes Casanova, el fotógrafo Leopoldo Pomés, y Miguel y Mari Paz Visor, distribuidores y libreros de Madrid, entre otros. Destacaba la presencia de la perra Patum, la última que tuvo Esther. Estaba triste, pero su nuevo dueño, Enric, exmarido de Milena, la cuidó solícito.
Oscar Tusquets no llegó a tiempo: avisó de que había sufrido una avería en su coche. El último libro de Esther, escrito a cuatro manos con él, Tiempos que fueron, es un maravilloso ajuste de cuentas con sus respectivas memorias y muestra del cariño que se tenían.
Ayer no hubo palabras, pero quedará para siempre todas las que escribió y publicó Esther, mujer valiente sin pelos en la lengua, capaz de ponerse el mundo por montera cuando convenía.

lunes, 23 de julio de 2012

Esther Tusquets / La última confesión de una vieja dama

Esther Tusquets


Esther Tusquets
LA ÚLTIMA CONFESIÓN 
DE UNA VIEJA DAMA

Muere la editora Esther Tusquets

La escritora fallece a los 75 años en Barcelona de una pulmonía, padecía párkinson

Dirigió durante casi 40 años la editorial Lumen


Esther Tusquets, escritora y editora, en una imagen de 2009. / CARMEN SECANELLA

“Tengo sensación de final y quiero empezar a ir ligera de equipaje. A mi edad, uno se lo puede permitir todo”. Hace apenas poco más de dos años que la editora y escritora Esther Tusquets (Barcelona, 1936) justificaba así que se hubiera acentuado levemente su siempre latente irreverencia, que dejó en negro sobre blanco en sus últimos libros de memorias, como en Confesiones de una vieja dama indigna (2009). Ese viaje que intuía ha acabado hoy a los 75 años en el hospital Clínico de Barcelona por una pulmonía, punta de iceberg de un párkinson que padecía desde hacía años. Este martes será enterrada en Cadaquès (Girona), el mismo mar de (casi) todos sus veranos.
“Lo que sé del mundo y de la vida lo he aprendido en las novelas”, aseguraba hace un año para justificar así que en el último traslado a un piso más pequeño abandonara todo el ensayo de su biblioteca. Curioso: nunca fueron su vocación pero su vida fueron los libros. Durante 40 años dirigió la editorial Lumen, destacado sello de la particular santísima trinidad que en la Transición formó junto a Tusquets Editores y Anagrama.
La biblioteca familiar de casa haría las veces de despacho donde, con su hermano Óscar (éste, arquitecto, al frente del diseño y con el que este mismo año contrastaron a cuatro manos sus recuerdos en Tiempos que fueron) empezaría a construir una editorial que arrancó encargando narraciones infantiles a autores consagrados en magníficas ediciones, quizá porque tenía en la cabeza la gran colección de libro infantil del XIX que atesoraba. Como Ana María Matute había acabado de ganar el Premio Nadal, ella fue la primera y el suyo el primer libro que publicó bajo su mandato: El saltamontes verde.

Como en muchas cosas en la vida de Esther Tusquets, fue un proceso un poco azaroso. Su padre, Magí, compraría en 1960 la editorial religiosa fundada en Burgos 20 años atrás para su hija, de siempre una niña difícil, hechizada por el teatro pero poco sociable, angustiada y triste, como se autorretrató; pero que con 23 años y licenciada en Filosofía y Letras tras estudiar con inusual brillantez en el rígido Colegio Alemán, aceptó el reto: “No tenía vocación de editora pero me gustó enseguida”.
Inmediatamente vendrían colecciones como Palabra e Imagen, combinación de textos y fotos que le proporcionaron su primer best-sellerIzas, rabizas y colipoterras, con textos de Camilo José Cela e imágenes de Joan Colom sobre el barrio chino de Barcelona. Para la literatura de creación destinó Palabra en el tiempo, a la que puso al frente a un antiguo profesor suyo, Antonio Vilanova. Así fueron apareciendo Beckett, Styron, Woolf, Joyce, Céline…, siempre autores de calidad (algunos nunca antes editados en España, como Susan Sontag) y que en el caso español a veces eran descubrimiento personal, como ocurrió con Gustavo Martín Garzo, que pasó de publicar en un sello local a ganar el Premio Nacional de Literatura con El lenguaje de las fuentes. En otros casos, y consecuencia de su generosidad, sus descubrimientos fueron para otros, como cuando animó a Álvaro Pombo a presentarse al primer premio Herralde de novela, de la que ella fue jurado. También creó una excepcional colección de poesía nada rentable en aquella época, así como, con los años, la ya emblemática Femenino Singular, colección sólo para mujeres escritoras. “Podría decir Joyce o Woolf, pero hoy estoy orgullosa de haber editado a Bassani”, sorprendía a quien le preguntaba por ello la que la superagente Carmen Balcells bautizó como “la gran dama de la edición”. Ella no la escogió de representante porque “me parece arbitraria”: otra indigna confesión…
La apuesta por la calidad no fue barata: Lumen perdió dinero los siete primeros años de su mandato. Necesitó de un segundo éxito como las tiras de una niña díscola argentina, Mafalda, de Quino. A ella le gustaba mucho y empezó gestiones para incorporarlo a su catálogo, pero los derechos pertenecían a Carlos Barral, que vía su esposa, Yvonne, se los cedió. Hizo exactamente lo mismo con un semiólogo italiano, Umberto Eco. “Si Barral se hubiera quedado con Quino y Eco, de otro manera le hubieran ido las cosas”, reconocía ella misma.
Eco simboliza el tipo de relaciones que mantuvo con sus escritores, basadas en una fuerte amistad personal que sellaba fidelidades infinitas. Quizá por eso se limitó a poner como anticipo 500.000 pesetas de la época cuando Eco terminó el que sería su gran best-seller mundial, El nombre de la rosa.
Asentado el sello en las librerías pero también dentro de casa (en 1969 marchaban su hermano y la esposa de éste, Beatriz de Moura, que fundaron Tusquets tras el inevitable choque de trenes de personalidades entre ambas mujeres), la estabilidad pareció despertar la vocación escritora de Tusquets, que en 1978 se tradujo en la publicación de su primera novela, El mismo mar de todos los veranos, a la que siguieron El amor es un juego solitario (Premio Ciudad de Barcelona, 1979) y Varada tras el último naufragio, que integran La trilogía del marPara no volverCon la miel en los labios¡Bingo!, dos volúmenes de relatos (Siete miradas en un mismo paisaje y La niña lunática y otros cuentos), que reunió Fernando Valls en Carta a la madre y cuentos completos, fueron configurando su siempre delicada pero muy fluida prosa. En cualquier caso, ella siempre salvó como su mejor libro Correspondencia privada.
A mediados de los 90, cuando la edición ya entró de lleno en la industria del ocio, se hacía difícil que una editorial trabajara con un ambiente tan familiar que sus adorados perros juguetearan entre originales o que no dedicara ya más tiempo a los números que a la literatura en sí. “No encontraba a nadie que llevara bien el negocio y por eso decidí venderla”. La afortunada sería, en 1996, la multinacional Bertelsmann, a través de Random House Mondadori, a la que vendió el 80%. Como en ella, todo rocambolesco: fue hablando con el representante de la firma alemana en el transcurso de una partida de bridge, juego que le enseñó su padre y que, junto al bingo y el póquer, acabarían generándole una a veces descontrolada ludopatía.
“No añoro mi etapa de editora; no volvería por nada del mundo; es un negocio muy complicado: el azar es la mitad del oficio”, declaraba hace poco, pero sí que tras jubilarse creó en 2002 un pequeño sello con su hija Milena, RqR. Aparcada esa vertiente, renació la de escritora, pero esta vez ya con esa famosa sensación de ir dejando lastre, que impregnaba su literatura pero que acentuaría centrándose directamente en recuerdos y memorias: Confesiones de una editora poco mentirosaHabíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna. “Es una escritora proustiana que utiliza la memoria como arma de conocimiento. Con ella realiza un espléndido ajuste de cuentas con las costumbres de la España del último medio siglo”, decía de ella Ana María Moix, una de sus mejores amigas (“era tan racional y certera como apasionada”) y con la que pactó que, de fallecer la otra, no escribirían su necrológica. Esther Tusquets ya hizo la suya con los libros redactados y editados.



martes, 28 de febrero de 2012

Esther y Oscar Tusquets / "No tenemos claro si los hermanos pueden ser amigos"






Esther y Oscar Tusquets

"No tenemos claro 

si los hermanos pueden ser amigos"


Por Alberto OJEDA  
El Cultural, 28/02/2012

Publican el libro de conversaciones sobre su infancia y adolescencia 'Tiempos que fueron'



El apellido Tusquets tiene una sonoridad muy potente en la ciudad de Barcelona. No suele pronunciarse en balde. Los hermanos Esther (Barcelona, 1936) y Oscar (Barcelona, 1941) han contribuido en particular a ponerlo en el candelero de las conversaciones en los círculos burgueses e ilustrados de la ciudad. Ella ha dirigido la editorial Lumen durante cuatro décadas. Es autora de varias novelas y una minuciosa serie de memorias (Confesiones de una editora poco mentirosa, Habíamos ganado la guerra y Confesiones de una vieja dama indigna). Él es un hombre de un espectro creativo renacentista: pinta, esculpe, escribe... Aunque es la arquitectura (fundó el Studio Per junto a Lluís Clotet) lo que más fama le ha proporcionado. Entre ambos prima una relación fraterna, aunque no ha estado exenta de altibajos y palabras más altas que otras ("No tenemos ninguna habilidad como diplomáticos", explica Esther). Ahora publican un libro de conversaciones escrito a cuatro manos, Tiempos que fueron (Bruguera), donde repasan y cotejan experiencias comunes de su infancia y adolescencia (la narración acaba cuando llegan a la universidad). El relato resultante es un revelador retrato de la burguesía catalana, tan sustanciosa y tan contradictoria ella. 




Pregunta.- ¿Es cierto que las memorias de su hermana le habían despertado alguna contrariedad y quería corregirla en algunos puntos? 

Oscar Tusquets: ¡No, qué va! No hubo contrariedad alguna, solamente observé que recordábamos algunas cosas de forma bien diferente y Esther propuso que escribiésemos ambas versiones. No se trata de enmendar sino de dar una visión alternativa. 


P.- ¿Qué cree que aportan estas conversaciones respecto a lo que ya ha escrito sobre su infancia y su juventud? 
Esther Tusquets: La verdad es que este libro, de todos los que he escrito, es el que menos claro tengo qué es. No ha surgido de plan premeditado, sino que se ha ido construyendo sobre la marcha. Hemos hecho lo que nos ha dado la gana. He intentado eludir todo aquello en que se pudiera solapar con los anteriores. A mí me ha cambiado mucho la imagen de mi familia en algunos aspectos. Y creo que es muy interesante cómo vemos cada uno la relación con nuestra madre. 

P.- Usted siempre dice que a él lo quiso mucho más, y, además, no tienes muy claro que a ti te quisiera. 
E. T: Sí, mi madre lo adoraba. Eso ya lo sabía, pero hablando ahora con mi hermano me he dado cuenta de hasta qué punto era generosa y tierna con él. Y no, no tengo muy claro que me quisiera. 

P.- ¿Está de acuerdo, Oscar? ¿Esa visión le hace justicia a su madre? 
O. T: Nuestra madre ha sido una fuente de complejos y de inspiración para Esther. Como todo buen escritor no se trata de que la haga justicia. La venera y la odia en exceso. 

P.- ¿Y su padre? 
E. T: Era mucho más ecuánime a la hora de repartir los afectos entre los hijos. Aunque era un hombre muy difícil de entender. No creo que ninguno de los dos llegáramos a entenderlo bien nunca. En nuestra familia siempre ha sido complicada la comunicación, porque casi todos, en lugar de hablar, farfullamos. Lo bueno de mi padre es que era muy tolerante y permisivo. Si le pedías dinero, por ejemplo, no estaba preguntándote para qué lo necesitabas. Y siempre nos ha dejado hacer lo que queríamos. 

P.- ¿Ve a su hermano como a un amigo? 
E. T: Nos llevamos cinco años y eso se notaba en la infancia. El máximo grado de complicidad empezó cuando fundamos Lumen, en el trabajo conjunto en la editorial. Viajábamos mucho en coche. ¡A mí me encanta viajar en coche! Y antes era una maravilla, sin tanto tráfico. Íbamos juntos a la feria de Frankfurt. Ahí me sentía muy cercana de mi hermano. 

O. T: A mí en realidad lo que se me da bien no es la arquitectura, ni la pintura, ni la escultura... ¡Es organizar viajes! Creer que los padres pueden ser amigos de sus hijos es una simpleza. No sé si los hermanos lo pueden ser. No sé, no lo tengo claro...

P.- ¿Cuáles son los rasgos de la personalidad de su hermana que más valora? 
O. T: La sinceridad, la libertad, ser ella misma en todas las circunstancias. 

P.- ¿Y usted, Esther? 
E. T: Lo que más me gusta es que siempre me divierto con él. Yo soy alguien que se aburre mucho con la gente, por eso lo valoro tanto. Ante un cuadro, un libro, una película, mi hermano siempre te plantea teorías e ideas muy originales, que nunca antes has escuchado, muy creativas. Y además no es nada vanidoso. 

P.- ¿Y lo que menos soportáis el uno del otro? 
O. T: De mi hermana lo soporto todo pero me enerva un poco lo que en el libro denomino su buenismo zapateril. 

E. T: Su violencia verbal (no física, él nunca ha pegado a nadie), la protesta constante y la agresividad. Aunque yo también peco de lo mismo: no somos nada diplomáticos. Si alguien nos parece tonto, no podemos disimular. 

P.- ¿Hay posibilidad de que esta conversación se amplíe a los tiempos posteriores a la universidad? 
E. T: A mí lo que me pide el cuerpo ahora es volver a la ficción; novelas, que, aunque den menos dinero, me da igual. 

O. T: Pues Dios dirá, pero es difícil porque nuestras vidas surcaron mares algo diferentes a partir de entonces.

Nota: El nombre Oscar ha sido escrito sin tilde por expreso deseo de su portador.

EL CULTURAL