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jueves, 4 de agosto de 2022

Álvaro Uribe / El escritor secreto





Álvaro Uribe, el escritor secreto


Rubio Rosell
14 de marzo de 2022
Álvaro Uribe ha sido definido como un escritor secreto porque a pesar de que abordó un tema central de la condición humana —el ámbito de la pareja desde la perspectiva del desencuentro y del conflicto— ha sido leído por muy pocos, ya que su obra se movía en un territorio discreto en cuanto a esos asuntos que abordaba. Sin embargo, como dice el escritor Geney Beltrán, en sus narraciones desnuda a sus personajes de forma descarnada, mostrando sus mezquindades, veleidades, frivolidades y, al mismo tiempo, su ternura, el desamor y el rechazo que reciben. En efecto, leyendo a Uribe uno se da cuenta de que, como destaca Beltrán, tenía un bisturí muy fino para mostrar a personajes comunes y corrientes que suelen ser varones heterosexuales con cierta cultura libresca, diplomáticos, escritores y profesores universitarios quienes, en realidad, se parecen a la mayoría de sus escasos lectores. Por desgracia, Álvaro ya no podrá ver cómo sus libros, gracias a su indudable solvencia y calidad, ganan público, ya que hace unos días el autor de obras como Topos, El cuento de nunca acabar, La audiencia de los pájaros, El taller del tiempo, La lotería de san Jorge, Expediente del atentado y Autorretrato de familia con perro, falleció en la Ciudad de México a los 68 años, dejando conmocionado al medio literario mexicano, pues era sin duda uno de sus personajes más queridos y admirados. Para Uribe, uno de los maestros del género cuentístico, lo más importante de una historia era cómo hacerla única y absolutamente personal; es decir, que conservara cierta opacidad y ambigüedad, dándole una forma artística al relato. Fundador y coeditor de la revista editada en Francia Altaforte, Uribe recibió el Premio de Narrativa Antonin Artaud 2003, el Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2008 y el Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2014. Su legado se cifra en una de sus grandes convicciones: la de que existe una manera para no morir del todo: escribir sobre la vida y guardar esa memoria en las páginas de un libro, donde también el lector, por el solo hecho de serlo, engaña a la muerte, y eso, como decía, es un privilegio. Y ahí, admirado Álvaro, nos encontraremos siempre.

jueves, 14 de julio de 2022

Álvaro Uribe / Retrato de novelista con Borges

 



Retrato de novelista con Borges


Pablo Sol Mora

6 de diciembre de 2014

Álvaro Uribe
Autorretrato de familia con perro
México, Tusquets, 2014, 242 pp.

“¿Dónde se está mejor que en familia?”, se preguntaba retóricamente el padre de Marguerite Yourcenar, para añadir de inmediato: “en cualquier parte”. La broma sirve para ilustrar la última novela de Álvaro Uribe. No es la primera vez que desciende al infierno de lo doméstico; lo había hecho ya, memorablemente, en El taller del tiempo, centrada en la carnicería de la relación padre-hijo, y toca ahora turno a la fraternidad y al más sagrado de los mitos mexicanos, la madre. Con base en diversas voces narrativas –recurso favorito del autor desde su primera novela, La lotería de San Jorge, y quizá ya algo sobreexplotado–, en este caso las de parientes, amigos, conocidos y hasta la de la mascota (el perro salchicha, Canuto), se cuenta la feroz historia de los gemelos Adán y Alberto Urquidi y, sobre todo, de su madre, la rimbombante Malú. Desde el nacimiento, ella muestra una preferencia descarada y sin disimulos por Alberto, al que colma toda su vida de atenciones, mientras menosprecia olímpicamente a Adán. Pero la predilección tiene sus trampas y expone, al que la ejerce y al que la recibe, a peligros que los desfavorecidos no corren. Al final, desde luego, habrá suficiente amargura y remordimiento para todos. A diferencia, sin embargo, de lo que ocurre en El taller del tiempo, que raya en lo trágico, en Autorretrato de familia con perro todo o casi todo transcurre en un tono de comedia u ópera bufa. Y es que, como diría Malú: “no es para tanto”.