
El poeta con su amigo Philip Cummings, en agosto de 1929
Deseo y sexo en Lorca
El hispanista estadounidense Christopher Maurer organiza en Granada la primera gran exposición sobre el poeta y el amor
Adolfo S. Ruiz Sevilla
13 de octubre de 2019
Christopher Maurer explica que “respetando el misterio y sus límites y haciendo lo posible para no confundir a Lorca y sus personajes”, ha intentado dejar hablar al poeta, o no hablar, mediante la selección más amplia posible de cartas, fotos, textos literarios, libros y objetos personales conservados en el Centro Federico García Lorca y en otros archivos públicos y privados: “restos del jardín deshecho de su breve vida”.
“Lorca sostiene desde sus primeras obras una profunda, extática y a veces agónica meditación sobre el amor, uno de los temas esenciales de su vida y su obra”, señalaba Maurer hace unos días. El público podrá seguir en la muestra todos los terrenos amorosos de Lorca, desde sus primeros sentimientos de atracción hacia muchachas de la Vega granadina, como María Luisa Egea, hasta alcanzar sus grandes pasiones, “todos hombres”.
“Lo normal es el amor sin límites, porque el amor es más y mejor que la moral de un dogma, la moral católica”, escribió el poeta
Con 18 años Lorca sabía que la cuestión sexual “no iba como debería ir. Sus amigos se iban con prostitutas y disfrutaban, pero él no. Para él fue una tragedia cuando se dio cuenta”, escribía Francisco Umbral en Lorca, poeta maldito . Con todo, Maurer destaca en un artículo que la frustración amorosa no fue la fuerza impulsora de la vida de Lorca, ni de sus criaturas literarias. “En el centro de todo está más bien el deseo, una fuerza infinitamente más poderosa que el apetito erótico”, añade.
Por el alma de Lorca pasan Salvador Dalí, una de las grandes pasiones en su época de la Residencia de Estudiantes; el escultor Emilio Aladrén; Rafael Rodríguez Rapún, compañero en La Barraca y a quien dedicó S , y Eduardo Rodríguez Valdivieso, su último amante antes de que los falangistas fusilaran al poeta en agosto de 1936. “Me asalta la idea de si tú no me querrás como yo a ti”, escribe Federico a Eduardo. La correspondencia entre Dalí y Lorca, de la que una parte se expondrá en la muestra, se prolongó entre 1923 y 1936. Fue recogida con amplitud y profundidad en Querido Salvador, Querido Lorquito, gracias al periodista Víctor Fernández.
Maurer cita unas palabras de Ian Gibson cuando señala que “al acercarnos a Lorca debemos recordar su condición de homosexual, de homosexual para quien asumir plenamente su condición de tal, en una sociedad intolerante, fue una lucha cotidiana nunca del todo resuelta antes de que los fascistas acabaran con su vida a la edad de 38 años”. En el joven Federico siempre quedó interiorizada la moral sexual católica de la época y nunca podrá buscar con desenfado el disfrute sexual, aclara Maurer.
“Sólo hombres he conocido. La normalidad no es ni lo tuyo de conocer sólo a la mujer, ni lo mío”, respondió Lorca a su amigo, director de escena y dramaturgo Rivas Cherif cuando éste le preguntó por su orientación sexual. Para el poeta, “lo normal es el amor sin límites, porque el amor es más y mejor que la moral de un dogma, la moral católica. No hay quien mande, no hay quien domine, no hay sometimiento. Se necesita una verdadera revolución; una moral nueva, una moral de libertad entera”, señalaba Lorca.
Christopher Maurer ya fue el impulsor de una gran exposición sobre el poeta granadino en la Biblioteca Pública de Nueva York con el título Poeta en Nueva York, sobre el periplo americano de Lorca, un viaje que, en opinión del hispanista, marcó un cambio radical en su poesía y sus ideas sobre el teatro y la justicia social
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