María
Luisa Bombal
EL ÁRBOL
E
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l pianista se sienta, tose por
prejuicio y se concentra un instante. Las luces en racimo que alumbran la sala
declinan lentamente hasta detenerse en un resplandor mortecino de brasa, al
tiempo que una frase musical comienza a subir en el silencio, a desenvolverse,
clara, estrecha y juiciosamente caprichosa.
